La Habana. Año X.
14 al 20 de ENERO
de 2012

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José Manuel Espino Ortega
(Matanzas, 1966)

Borges y yo

Borges y yo nos soñamos en un tiempo quizás ido,
zozobrantes por el ruido de la lluvia y sus reclamos.
Borges y yo nos odiamos en páginas casi muertas, tomando
rosas inciertas del jardín que bifurcaba.
Borges y yo ante la aldaba de alguna ciudad sin puertas.
Él que fue esa lluvia de oro, daba sus palos de ciego: Chuang
Tzu, mariposa luego, Ulises sin más decoro que aceptar su
propio azoro, la llanura, el asesino, una estatua en el camino,
entrampamientos de cal, el tigre vasto y fatal, su marasmo
repentino.
Yo le busco en la escritura, tardía forma en que asoma y se
escapa en la paloma dejándonos la espesura.
Yo le busco en la blandura de Buenos Aires, traduzco su pecho
lujoso, brusco entre imágenes macabras, malabar de las
palabras. Yo le busco. Yo le busco.
Borges y yo larga ausencia.
Borges y yo torpes ojos.
Borges y yo qué cerrojos.
Borges y yo cuál demencia.
Borges y yo vil dolencia.
Borges y yo un ajedrez.
Borges y yo su avidez.

Borges y yo fiero puño.
Borges y yo fiel rasguño.
Borges y yo desnudez.
Él pedía alguna gracia, soplaba el viento de averno y era
Borges tan eterno, tan Borges, tan su falacia. La intemperie
que se espacia lo vuelve un ciego perfil, lo confina a un tiempo
hostil que llamarán la memoria, como lluvia provisoria
rompiéndose en el cantil.
Yo fui aquel pez de Agrigento y el hombre que lo recuerda,
 la cicatriz a su izquierda, el mar temeroso, lento; el tajo
en la noche, aliento del azul en su impostura, para amansar
la locura el naufragio por estampa, digamos que fui una trampa,
ficciones, literatura.
Borges y yo, la sospecha de transcurrir en los días repasando
melodías con el alma más deshecha.
Borges y yo, siempre acecha si el organillo prohíbe. No sabemos
ya quién vive o quién muere de los dos, mas descubrimos
a Dios que sin ojos nos reescribe.


Una visita al manicomio

Yo sé que a mi padre lo atormentaban
ciertas voces, algunos rostros
ocultos en la penumbra.

Quizás también yo
en medio de esa algarabía.
Su hijo amado y distante.
Su pobre niño al que las enfermeras
le daban palmadas sobre los hombros
para luego exclamar:
“Ya es todo un hombre”.

Los ejércitos cruzaron
por encima de él.
Quedó alguna medalla y la cicatriz
que le permitía, prójimo de los héroes,
tratarlos de tú a tú.

Nunca nos sentamos juntos
a partir el pan
y conversar sobre las muchachas.

Nunca vimos caer las hojas
trazando en el parque apacible
nuestros torpes corazones.

Nunca compartimos un secreto.
Nunca.
Nunca.
Nunca.

Tiempo de visitas. Caja de música
recién abierta

de la que se aguarda el último compás.

Si todo se desvaneciera en el humo,
si nosotros fuésemos el humo:
tempestad y no cansancio,
tempestad y no amargura,
tempestad y no ausencia.

Aún me estremezco cuando alguien dice:
“Cómo se parece a su padre”.


José Manuel Espino Ortega: Poeta y narrador. Ha publicado los volúmenes: Sueño de una noche de verano (décima, 1989), Barco de sueños (poesía para niños, 1991 y 1995), Rantés vive en la otra puerta (poesía, 1996), El cartero llama tres veces (poesía para niños, 1993 y 1996), Magia blanca (narrativa para niños, 1997), Laberinto (poesía para niños, 1998), El próximo circo (poesía para niños, 1998), Así sea (poesía, 1999), Mapas del hijo pródigo (poesía, 2001) y El libro de Nunca-Jamás (poesía para niños, 2003). Textos suyos están incluidos en varias antologías. Miembro de la UNEAC. Le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.