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Imágenes para después

R. A. Hernández • La Habana

Fotos: Ernesto Fernández

 

Cual si fuera a ocurrir el tan anunciado Apocalipsis maya del año 12, me reinvento rescatador de unas pocas materialidades salvables para el ¿hombre? que vendrá después. Entre estas, intento salvar cinco imágenes, cinco grandes fotografías de un hombre llamado Ernesto Fernández que, sin proponérselo ―justo como se logran las grandes cosas―, fue legando tiempos, épocas e ideas para su propio futuro. Gracias a estos negativos congelados del pasado sabemos mejor cómo somos.

I - La primera de estas fotos retrata toda una época, justo como no podría explicarlo ni el mejor libro de historia, una foto, solo una basta para mostrar la ceguera patria que intentaron hacer padecer a los hombres dignos de esta tierra, hombres que justo después (en el 59) lograron arrancarse la venda de sus ojos.
II – La segunda imagen es justamente del 59. Es el Che. Y hay tantas imágenes del Che…, sin embargo, esta me resulta diferente. La fotografía es luz, pero aquí la luz es el Che, un Che rodeado por la gente, por multitudes desenfocadas donde, no se sabe explicar cómo, su imagen es la más nítida, y se vislumbra a la niña que lo abraza, solo una rendija de su rostro reposando en el cuerpo del Hombre, y la mano del Hombre tierna, protectora, la cabeza gacha, los ojos semiderruidos con esa media sonrisa tan sabida por todos…
III – Fidel, el Fidel de las cañas, pero no la primera y más conocida imagen de esa secuencia, sino otra, justo donde un Fidel sacia su sed (y es que pareciera que Fidel no descansa nunca). Su camisa empapada lleva el peso del esfuerzo y se detiene un momento, solo un momento, este, para después seguir andando.
IV – Angola, 1982. Un niño asesinado por las balas del ejército invasor. Ya no se ve en la fotografía, los soldados cubanos le dan sepultura. Toda una historia de dignidad y respeto detrás de una sola toma. Alguien sale a buscar flores, otro le coloca una cruz de madera. Miradas tensas, atentas... La madre, desde el fondo les confía su propio hijo. Los hombres, también casi niños, llevan en sus ojos la marca indeleble de la guerra.
V – Quizá sea la más cubana de sus fotografías. El cubano clásico “vacilando” a la mulata que, para más, está desnuda. El cubano es el gran periodista Ciro Bianchi, la mulata santiaguera: una modelo que posa ante el pintor sugerido en la esquina inferior derecha. El momento es mágico.
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.