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Hablar de Ernesto
Fernández, es hablar de
un amigo que conocí en
1959 en el periódico
Revolución,
delgadito y chivador, y
aunque muchas veces
estábamos trabajando
cada uno en distintas
provincias, haciendo
reportajes, nos veíamos
en el periódico y
hacíamos anécdotas.
Recuerdo cuando la
Crisis de Octubre que el
periódico envió a
Ernesto, a Roberto Salas
y a mí a cubrir
fotográficamente lo que
pudiera pasar en la Base
aérea de San Antonio de
los Baños. Recuerdo que
estaban también Ernesto
Vera y Juan Goytisolo,
exactamente detrás de
una batería de 100 mm y
en eso llegó Fidel, y
nos dijo que estábamos
locos, que si empezaba
el cañoneo, los que
íbamos a fastidiarnos
éramos nosotros, que nos
moviéramos a otro lado y
nos preguntó como
estábamos, si dormíamos
y nos alimentábamos. Qué
le vas a contestar en
ese momento al Gigante,
todos le dijimos que no
había problema. Después
nos enteramos que pidió
que nos atendieran y nos
cuidaran.
Cuando Girón, días antes
me enviaron a Guantánamo
con Jaime Sarusky y allí
nos enteramos de que
Ernesto salió a Girón
cuando la invasión, hizo
las fotos, estuvo a
punto de desaparecer
físicamente, pero esas
fotos forman parte de
nuestra Historia.
Ernesto pasó a la
revista Cuba un
poco más tarde, ya no
nos veíamos tanto, pero
la amistad ha perdurado
hasta hoy.
Cuando me enteré de que
le habían otorgado el
Premio Nacional de Artes
Plásticas me alegré
muchísimo, lo llamé
enseguida para
felicitarlo, era un
Premio merecido.
Cuando le entregaron el
Premio en Bellas Artes,
felicitamos a Sonia, su
esposa de siempre, los
conocí noviando cuando
ella trabajaba en la
Biblioteca Nacional, una
pareja ideal.
Comentando entre amigos
de los años sobre el
Premio, nos decíamos que
al fin se acordaron de
un fotógrafo, ya que el
único que lo había
recibido era Raúl
Corrales, en los años
90. Entre las cosas que
pensé en ese momento fue
en Korda, y en el Viejo
Salas, que nunca lo
recibieron, y se lo
merecían por todo lo que
hicieron
fotográficamente por la
Historia de nuestra
Revolución. |