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Crónica sobre una maratón con Terry Fox

Ulises Rodríguez Febles • Matanzas

 

Una crónica sobre el 1er maratón–presentación Corriendo con Terry Fox, realizado en la ciudad de Matanzas y la invitación al próximo que está por celebrarse. Inscríbase y corra.

Correr en la maratón presentación de Terry Fox nos dejó deseosos de volver a intentarlo. Especialmente por constituir un desafío a uno mismo como artista-atleta y a la convocatoria de sumar más personas en homenaje al muchacho canadiense. Por eso el 19 de enero a las 3:00 p.m. lo repetiremos para saludar el Día Nacional del Teatro y el nacimiento de nuestro Héroe José Martí. Se sumaran los colectivos teatrales y muchos más, estoy seguro. Llegaremos ese día a los cien maratonistas. Después a los quinientos y un día a los miles de gente corriendo, para después asistir a la presentación de un libro. La acción del primer maratón - presentación ha estimulado a muchos, lo expresan en la calle o en la presentación siempre exitosa de la revista Matanzas, que dirige Alfredo Zaldívar. 

Teatro Icarón y su taller realizará el perfomance preámbulo del texto.  Participarán los zanqueros de Teatro El Mirón Cubano. Participarán los que creen en que la cultura de un país es todo lo que la identifica; los que no creen que el mundo se detiene en el espacio, reducido o amplio, de su creatividad como ser humano. La creatividad y la comunión del ser humano está en lo que podamos hacer juntos, buscando una meta: correr o sembrar un árbol, presentar un libro o trabajar en un estreno inolvidable.  

Todo lleva investigación del ser humano, de su historia, de las ciencias y las leyes que rigen el universo. El ser humano no debe concentrase en el punto exacto donde comienza su conocimiento, sus capacidades, los límites y desbordes de su sensibilidad. Creo en todo y en todos: el ingeniero y el obrero, el artista y el hombre común —para algunos, claro está—  de la calle, que corre y lee un libro. Creo en el ser humano y en lo que es capaz de hacer o creer. 

En el maratón del 6 de diciembre corrieron diez personas entusiastas. Actores, diseñadores, investigadores, poetas y un maratonista, que corre cada día del año en las calles de la ciudad. Llegó para sumarse después de escuchar la convocatoria por la televisión y la radio.  Es un ser humano que una vez estudió en una universidad y que luego —lúcido como el Quijote, tal vez— corre cada día del año, para vencerse a sí mismo. Lo hizo con alegría y después de hacerlo, no regresó a su casa. Participó en la presentación, leyó el libro y me dio su criterio, el suyo, que tiene el valor de lo auténtico.

El día anterior a la presentación del 6 de diciembre alguien que debía apoyarnos en la carrera me preguntó: ¿Cuántos serán? No sé, le dije. Habíamos convocado en grande a la Universidad de Matanzas, a la Escuela de Instructores de Arte, a los artistas y al público en general. De todos modos había que esperar al día siguiente. Él, sin duda, cumplía una tarea de un entusiasta que nos estaba apoyando. El entusiasmo no nace de las tareas, si no de la convicción de saber porque uno hace algo y que hay detrás de esa carrera en la presentación de un libro.  No creo en gentes así. Creo en los que tienen cierta dosis de locura y poesía para enfrentar la vida: John Lennon o Terry Fox, por ejemplo, que se definieron como soñadores y fueron capaces de conmover al mundo. “Soy un soñador, pero no soy el único” —dijo Lennon. También creo que la poesía se puede escribir, hasta en el gesto, de alguien que añora llegar a alguna parte, sin recibir ninguna recompensa. Ese fue uno de los legados de El Quijote, de Cervantes. Algunos los han leído, pero no han comprendido su esencia, como la de la inteligencia humana, eternizada en cada página de libro desde La Biblia hasta hoy.  

Lo cierto es que por la noche —después de su pregunta—  pensé en que Terry Fox corrió solo y cada año convoca —aun después de muerto— millones de personas en diferentes países. Esa imagen era la que me había conmovido para escribir un drama inspirado en su tragedia, vencida por la esperanza. Y pensé en Alejandro Marcelino Hernández, uno de esos maestros que no se olvidan, y que siempre me provocó a correr, a encontrar mi independencia, en el acto de vencerme, en la soledad de una carretera. Él, que murió corriendo, y tenía la sensibilidad anónima de escribir y también de leer libros, desde Cervantes hasta la humilde obra de un alumno suyo, que estudiaba Literatura, pero corría y desafiaba, corriendo a los que no creían, que podía vencerlos. Después del encuentro con El Enviado, estaba listo a correr, incluso solo. Tenía un cartel que anunciaba la presentación por Alfredo Zaldívar en la sede de la UNEAC. Un cartel, pintado, y pegado a mi cuerpo.  

La Casa Social de la UNEAC se repletó de interesados en el libro, pero no en correr, que son dos cosas diferentes. Pero no quería hacer esta presentación sobre el drama humano de un soñador, sin correr, sin vestirme con ropa deportiva y congregar a los que me quisieran seguir.

Cuando a las 9 y 20 de la mañana nos dimos la arrancada, porque ni tan siquiera era imprescindible, pues no había jueces, ni motorizada de la policía, aunque después nos acompañó, tomamos la acera y corrimos. Éramos diez; pero íbamos contentos, manteniendo el ritmo entre los autos y la gente. Muchos nos miraban y leían el cartel en mi pecho. Luego seguían su paso, el de ellos, a la cotidianidad. Nosotros íbamos a otra zona del ser humano: al recuerdo de los que iniciaron un camino y al de la poesía escrita en un drama. 

Éramos diez y competíamos contra la resistencia de cada uno y contra los otros. A la meta llegó primero el poeta y archivista Derbys Domínguez. Recorrimos un kilómetro y medio en 10 minutos por la calle Milanés. Al llegar a la meta no estábamos cansados. Tomamos unos refrescos y nos preparamos para la presentación del libro.

La sala Francisco Manzano de la UNEAC  —dije antes— estaba repleta de gente. Zaldívar habló de mi dramaturgia y del texto. Luego dije unas palabras, que tenían que ver con Terry Fox, con Alejandro Marcelino Hernández, mi entrenador de atletismo en mi etapa de estudiante universitario, y también con mi hermana Gisela, que murió también un día de un tumor en la cabeza. Hablé también de mi prima Lourdes, mujer de atleta, siempre “sola” en cada parto, mientras el Cocodrilo Rodríguez ganaba medallas en campeonatos ciclísticos. Hablé del coraje de gentes como Terry Fox, del teatro y el vínculo con el deporte, de lo perfomático del texto. Hablé de mi experiencia anterior con Béisbol y de la última obra de la trilogía Andrógena y luego se vendió el libro. Firmé autógrafos y conversé con la gente, dispuesto a armar otro maratón–presentación, y también de los que piensan que armar un maratón–presentación es cosa del INDER.  Escuché cosas lindas, muy lindas y me las reservo para otro texto, después de correr en Cárdenas, en Limonar, en Matanzas, en Cienfuegos y en La Habana. Ojalá alcancen los libros —casi agotados— y podamos seguir experimentando esta fusión, extraña y hermosa con el deporte; pero que podemos encontrar en la genética —y no es nada nuevo en el arte— la química, la meteorología, la cibernética, la medicina… 

La esencia está en reunir gentes que sientan como suyo el acto de correr y luego disfrutar de una lectura, de la comunión entre seres humanos. En  incidir sobre la cotidianidad de una ciudad y de su gente. Incluso, en la de uno mismo, que vive en el teatro y  desconoce lo que ocurre fuera, con las otras gentes, los que corren y los que miran correr; los que critican a los que corren y los que sienten envidia de los que lo hacen. Los que observan y creen que su mundo, no forma parte, ni de una zona, ni de la otra: ni la del arte, ni la del deporte o las de la cotidianidad de un país que se llama Cuba o Canadá o  Irak.  

Mientras escribo sobre esta experiencia, alguien me llama para apuntarse en el maratón–presentación. Alguien con cáncer, dispuesto a correr, junto a nosotros, con Terry Fox. Correr con un muchacho que sigue corriendo por una carretera desierta, mientras en otras calles, de otros lugares del mundo, miles, millones, corren por la esperanza, recordando a un soñador, que jamás se ha detenido y sigue, sigue… 

 

Autor de Corriendo con Terry Fox. Para comunicarse y asistir al maratón–presentación del 19 de enero a las 3:00 p.m. Escribir a cdimtz@atenas.cult.cu

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.