La Habana. Año X.
14 al 20 de ENERO
de 2012

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Ernesto Fernández:
Viviendo la vida a través del lente
Paquita Armas Fonseca • La Habana
Fotos: Ernesto Fernández y R. A. Hdez.
 

A Ernesto Fernández, padre, lo conocí por sus fotografías y la aureola de artista que estuvo en el momento y lugar exacto para captar la historia. Personalmente primero, a principios de los años 80, tuve delante a Ernesto Javier, su hijo, entonces un pichón de fotógrafo que se acercaba a la revista Somos Jóvenes con un montón de relatos e ideas de fotos bajo el brazo. Era flaco e hiperquinético, conversador y jodedor como todo buen cubano joven, feliz y con deseos de comerse al mundo. 

Luego leyendo o escuchando las historias de Ernesto, padre, me imaginé que así mismo sería en Girón cuando con solo 21 años tiró la primera foto de aquella batalla en la que se decidía mucho más que el destino de su Isla. Pertenecía por entonces al staff del periódico Revolución y según cuenta Eduardo Yasells andaba con él y con el fotógrafo Sergio Canales, ya fallecido, en un carro que corría desde el central Australia hasta Playa Larga.

Dos aviones B-26 se acercaron a la carretera, tenían insignias de las fuerzas aéreas revolucionarias y se confiaron hasta que las ráfagas de ametralladora se incrustaron en los bordes del camino. Ellos se parapetaron y los aparatos siguieron su ruta por el aire.  

No demorarían en encontrarse con un soldado muerto, la cabeza desbaratada, luego de fajarse a tiro con un B-26. La primera foto de aquella contienda se la tiró Ernesto al joven en el suelo. Era Antero Fernández Vargas el que avisó a La Habana de la invasión y partió desde Jagüey hasta Playa Larga con un grupo de milicianos. 

Como esa foto, fueron decenas las que hizo en aquellos días de fuego en la región matancera, hasta se metió a la boca de playa donde los mercenarios dominaban y los retrató prácticamente de frente. Cada uno de sus actos estuvo rodeado por el peligro y ¿por qué no? por la temeridad.
 

Pero Girón no es el único escenario donde Ernesto Fernández demostró qué es ser un corresponsal de guerra. En 1959 lo fue en Venezuela con la invasión de Castro León; en 1962 en la Crisis de Octubre, en  1963 en la Lucha contra bandidos,  en 1965 en la  lucha contra piratas, en 1981 en Angola y en 1984 en Nicaragua.

Con la cámara lista para captar una imagen interesante recorrió lugares llenos de peligros y nunca desistió de una misión de tal naturaleza.

Si la temeridad ha sido una de sus características, la astucia ha estado presente. El Che no gustaba que le tiraran fotos cuando trabajaba. Ernesto lo sabía y se le ocurrió una estratagema: “Él estaba cortando caña en el central Nodarse y yo estaba haciendo un trabajo cerca y me enteré, pero me dijeron que no me acercara que a él no le gustaba que lo retrataran cuando estaba trabajando; en ese entonces yo tenía una cámara Exacta y me acordé que yo había leído que él en México había tenido una igual y fui para donde estaba y le dije que iba a verlo porque tenía un problema, que se me había trabado la cámara y que sabía que él había tenido una y me dijo: “ah, pero eso no tiene problema, eso es un defectico que tiene, dámela acá”. Nos sentamos en el piso, yo le di el rollo, él la destrabó, le di las gracias y le pedí que me dejara hacerle unas fotos y me dijo “tres”. 
 

Así logró unas excelentes imágenes del Comandante guerrillero, una de ellas aparece en el billete de tres pesos. Ernesto también tiene decenas de fotos a Fidel tanto en el trabajo, como en la tribuna aunque lamenta una pérdida: “Se perdieron también los negativos de la  casa de Cojímar de Fidel, y creo que yo fui el único que tiró fotos allí”. 

A la pregunta de cómo conseguir una buena foto, hace un tiempo comentó: “El secreto está en grabar hasta lo más insignificante, ver imágenes, fijarte en todo, y un día la obra sale solita. El que te diga que lo pensó, te dice mentira. Hay veces que miro las cosas y todavía estoy pensando cómo las hice”. 

Si ha disfrutado el riesgo en su profesión también ha sido riguroso en su quehacer “la mayoría de los reportajes los trabajé como ensayos, me metía en los lugares, observaba, estudiaba; para hacer el de la Columna Juvenil del Centenario me pasé alrededor de dos semanas, y estuve yendo todos los días durante una semana, desde las 5 de la mañana para hacer el de Ciudad Libertad y me pasaba todo el día; muchos de los reportajes los tengo como colecciones”. De ahí que la crítica ha valorado su obra como un repertorio visual que echa abajo las fronteras entre el fotorreportaje y el ensayo fotográfico.
 

Tiene guardados miles de negativos que conservan todo el valor de la foto. Comparte las maravillas de las nuevas tecnologías pero ¿serán tan seguras que se preserven por 30, 40 o 50 años? Ernesto tiene dudas y siente cierta melancolía por el misterio que rodeaba tirar una foto hace dos o tres décadas: se usaba 180 o 200 asas, entonces él revelaba un pedacito para ver cómo quedaba. Cuando imprimía los negativos e iba apareciendo la foto como un acto de magia en el laboratorio, inmerso en la oscuridad, entonces era que sabía lo que había logrado. 

Hoy trabaja con Ernesto Javier en todo el proceso fotográfico moderno. Si antes él fue su maestro, ahora a veces es alumno para aprender cómo se forman  imágenes inusitadas mediante la computadora.
 

Ha escaneado decenas de negativos para la exposición que inaugurará en el Palacio de Bellas Artes, como corresponde al Premio Nacional de Artes Plásticas. Él está montando exposiciones desde 1959, en solitario o de forma colectiva. Lo ha hecho en los cinco continentes, pero aspira a que esta sea la mejor. La curadoría se la está dejando a otros especialistas para que seleccionen. Él no podría. Ha sido el mago de dejar constancia de momentos irrepetibles en el mundo de hoy. Cada una de sus fotos forma parte de él y las ama como a hijas. Seguro que esa selección será una muestra de la apasionada forma con la que Ernesto Fernández ha visto la vida a través de un lente.
 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs
Fotografías de Ernesto Fernández (1957 - 1968)


GALERÍA de IMÁGENEs
Fotografías de Ernesto Fernández (1974 - 2006)

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.