Fin de siglo
Nosotros los de
entonces ya no somos
los mismos
Pablo Neruda
Aquí estoy en medio
de la Plaza
haciendo fotos para
la memoria,
hurgando bajo las
camisetas hinchadas
por el odio
con la esperanza de
encontrar algún niño
que me tienda la
mano;
en medio de la plaza
construyendo poemas
para no sentir
miedo,
para no estar
dormido cuando se
abran las semillas,
para levantar la
lámpara y alumbrar
los rincones
con la pureza y el
aplomo de quien nada
espera,
solo la satisfacción
de no rendirse
nunca,
a pesar de las
evidencias.
Destino
Absorto en la
triunfal desarmonía
de este cuerpo
que no tiene otro
destino que morir,
y tal vez exhalar
una o dos líneas
hermosas sobre el
papel,
me pregunto si todo
estuvo mal,
si no hubo otro
camino.
No son dulces los
antiguos recuerdos
sino espadas que se
hincan
y dejan al aire los
tendones.
¿Adónde marcha la
belleza que se
borra?
¿Adónde voy yo
mismo?
Solo hay una
certidumbre:
no nos veremos más
allá,
no nos inclinaremos
juntos otra vez
sobre la hierba,
nuestros rasgos no
se confundirán de
nuevo en el espejo.
Como cualquier
criatura
nos pudriremos solos
al borde del camino,
entre dos
pulsaciones,
con un clavo de oro
hincado en las
espaldas.
Isla
Yo soy quien vela el
trazo de tu sueño
Gastón Baquero
Yo te amo
isla
aunque seas un límite
tejido y destejido
gravándome la sombra
llevándose el verano en
una hoja negra y
traslúcida
aun cuando frágil juegas
en los dedos de la
lluvia
y te padezco en mi
memoria y me
presiento libre
porque tu corazón es un
bosque de furias y
benevolencias.
Yo te amo
isla
fuerza y moneda entre
los dedos
invitando a la
sublevación de los
cuerpos
en los que yo sé que me
repito
en los que yo sé que
existo
cuando la noche renueva
el cristal de su
mejilla
y nace súbita
haciéndome sentir que
nunca me abandonas
que me inventas
que me finges jardines y
cristales
en la pequeña eternidad
de arena e inocencia
donde tú me posees mejor
y para siempre.
Yo te
amo
isla
aun cuando el sueño me
obliga a disolverte
escanciando arena entre
nosotros
aun cuando hasta las
cuerdas inventadas
donde sobrevivo
se deshacen
y dejamos de ser esos
dos personajes de
una misma película
dos seres que yo siento
ahora como una
vocación extraña y
definitiva
aun cuando jugando al
escondite nosotros
perdimos ese algo
que se yergue
y acaba haciéndonos
igual a los demás
hombres.
Yo te amo
isla
conspiración en la
conspiración
fuerza en la fuerza
llena de dardos y
sonidos.
Nadie lo sabe todo mejor
que tú.
Yo te
amo
ínsula
¡quién viene a lamer en
mi cara tu pasado
la extraña indiferencia
de par en par
abierta como un
hombre o
un país
o un manojo a medio
despertar!
Yo te
amo
ínsula
donde familias
tonsuradas con un
hijo plantado en el
desierto o
en
la selva
me hablan sólo de la
gloria y la paz de
los museos
y los cuerpos extendidos
levemente de una
boca a otra boca
propagan esas manchas
increíbles que
asustan como muros o
niños
asesinos
Yo te
amo
isla
espía de mi esfuerzo y
de mi vida
porque ríes en la luz
amarilla del espejo
y me haces recordar que
he sido amenazado
por un gesto
superviril
que me he perdido en una
red vacía
que estoy enfermo de
flores ácidas
que así responde un niño
ante una trampa o
una marca.
Yo soy un silencio de
voces reunidas
de muertos amigos
repitiendo la turbia
indiferencia
soñando siempre la
belleza de algún
lugar remoto
algo como París o la
irrealidad la
alta ceniza que
llenará las bocas
Sí
el mundo es un bello
libro donde leer
cómo huele una época
para descifrar a través
de sus carbones
el sentido último del
delirio o la
tristeza.
Sí
justo cuando lo maduro y
lo imposible
arrancan un pez al
paraíso
y la adrenalina rellena
los cuerpos
aplastados
y los hipocampos y los
jardines invisibles
y los rumores enemigos
tiemblan en su
origen
he creído verte uniendo
los dedos en una
orquídea o en un
Cristo adolescente
que escribe nombres a lo
largo de la costa
con un dedo tan agudo
como una fibra de
ballesta.
Yo te
amo
ínsula
ruiseñor ensimismado en
la vigilia
arrasado en la nube
crujidora
pero quisiera que me
miraras como si no
existiese.
Yo nací deshabitado.
Ah ínsula que entras al
poema y te
conviertes en su
centro
en su rey imaginario
en el súbito horizonte
en mi rostro
en el caballo de la
muerte
yo quisiera sentirme y
perderme en las
raíces jinetes de
los muros
en la ciudad que
recorren los cuerpos
fosforescentes y
capaces de llorar
en las piedras
la
flauta
el estero
en la fruta de escarcha
en el padre loco y su
cuchillo
en el rectángulo de
aguas donde vive la
luna.
Yo soy esa historia tan
serena de ser dos
de ser lana y niño
maldormido
pobres
muros
vagas llamadas
telefónicas
alguien que se despide
como si tras la
puerta hubiera
siempre
un maëlstrom o una
flor carnívora
(Soy un poeta de la mano
izquierda
y esa noticia partirá mi
memoria en dos
pedazos.)
Yo te amo
ínsula
a esas horas suntuosas
cuando las miradas
son tulipanes
amarillos
y después
sin una excusa
tenga o no tenga estas
ganas enormes de
abrazar.
Yo te amo
ínsula
estoy en ti sepultado
bajo el bello peso
de tu cuerpo
sarmentoso y de
jugos
oscuros
estoy muriendo
hablando de otro
tipo de desnudez
y perderme en el aliento
de tu cielo
sentir la sombra de tu
ángel
ser tu criatura gemidora
los ojos inventados una
tarde sobre el mar
el gigante que te mira a
la cara fijamente
y te levanta febril
sobre la muerte.
¡Ah
isla vine a
contemplarte
mientras persistes
como
un dios en
cuyo cuerpo
se olvidan esos
juegos de luces
contra natura donde
yo sé que
existimos!
Big bang
Toda la materia
del universo está en
es punto debajo
del
omóplato
donde tú me has
mordido tantas
veces.
Palabras adecuadas
Tudor Arghezi
Yo no quise cantar ni al
amor, ni al país ni
a mí mismo,
pero todos,
el amor, el país, yo
mismo,
en una bocanada fatal
a mi través se alzaron
y como deidades
invencibles,
por encima del miedo,
deslizaron en mi boca
las palabras adecuadas
para herir y amar,
más altas que el
invierno,
más fuertes,
más perennes que el
diamante;
palabras que cerraron
las puertas de la
huida
y cruzaron mi corazón de
una cuchillada
y se escribieron
solas,
contra mi voluntad de
ser totalmente
libre,
contra mi raciocinio,
e incluso a veces
contra mi propio
corazón!
Alberto Acosta-Pérez
(La Habana,
1957-2012) Poeta,
narrador, traductor
y
promotor cultural.
Su obra, distinguida
con premios
nacionales e
internacionales,
abarca numerosos
títulos de poesía,
una novela y un
volumen de
traducciones de
poetas rumanos.
Entre sus libros más
significativos
figuran Éramos
tan puros,
publicado por la
editorial Letras
Cubanas en 1992;
Monedas al aire,
Premio Los Pinos
Nuevos en 1996;
Música vaga,
Premio Nacional de
la Crítica 2002;
Fotos de la memoria,
Premio Nacional de
la Crítica 2009, y
Experiencias de
amor correspondido
(antología
personal), Ediciones
Unión, 2011. En 1990
obtuvo el Premio
Razón de Ser, de la
Fundación Alejo
Carpentier con la
novela Casa de la
serpiente.
Entre otros
reconocimientos,
también obtuvo el
Premio Internacional
de Narraciones
Alberto Lista,
Sevilla, España,
2006; el Premio Luis
R. Nogueras 1991; un
Accesit del Italo
Calvino en 1996, y
un Accesit del
Premio David de
poesía, UNEAC, 1987,
y el Premio Pinos
Nuevos, del
Instituto Cubano del
Libro, La Habana, en
1996. Miembro de la
Unión de Escritores
y Artistas de Cuba.
Recibió
la Orden por la
Cultura Nacional,
otorgada por el
Ministerio de
Cultura y el Consejo
de Estado de la
República de Cuba.