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¿Qué es el racismo? ¿Qué
ha de entenderse por
partido racista? ¿Son
aplicables tales
definiciones al Partido
Independiente de Color?
Serafín Portuondo
Linares abordó este
problema en el capítulo
XXVII de su obra sobre
los Independientes. En
él está demostrado que
el Partido Independiente
de Color (PIC) no era
racista. Criterio este
aceptado en posteriores
trabajos históricos de
Sergio Aguirre1,
Fernando Portuondo y
otros.
Portuondo señaló
atinadamente que: “la
guerra racista no
mereció este nombre en
verdad, ni los alzados
cometieron las
atrocidades
características de
movimientos de ese tipo,
ni apenas pudieron
resistir a la
persecución del flamante
ejército, creado por el
Presidente Gómez".2
Además de las
declaraciones de sus
máximos dirigentes, las
cuales corroboran que el
PIC no era racista, al
analizar su Programa no
hemos hallado un solo
elemento racista, ya que
ha de entenderse como
tal, es decir, como
partido racista, aquel
que considera la mezcla
de razas como
perjudicial a la salud
moral del país y a la
conservación de sus
características
culturales y de su
unidad espiritual.
El Partido Independiente
de Color no puede ser
definido como
practicante de esa
corriente inhumana. Una
prueba de ello lo
tenemos en las palabras
iniciales de su
Programa, las cuales
expresaban que se
constituían en
agrupación en todo el
territorio nacional para
mantener el equilibrio
de todos los intereses
cubanos.3
No podría tomarse la
petición de incluir en
el cuerpo diplomático y
en la administración del
estado a negros cubanos
que tuvieran capacidad
para ello, como
manifestación de esa
corriente, sino como una
demanda encaminada a
luchar contra la
discriminación de la que
eran objetos.
Uno de los libros que
trata con mayor
objetividad los hechos
históricos de nuestro
país, y a los
Independientes en
particular, expone: "Fue
un movimiento que adoptó
una táctica equivocada
en cuya raíz hallamos
una necesidad totalmente
justificada: la de
luchar contra el acoso
de que eran víctimas, en
todas las actividades de
la sociedad cubana, los
cubanos negros y
mulatos."4
Desde sus inicios, el
PIC fue acusado de
racista. Con ello se
perseguía la finalidad
de restarle fuerzas,
y predisponer a la
opinión pública contra
los propósitos reales
del Partido. Aún no
había surgido la
Agrupación, y ya
Evaristo Estenoz había
sido atacado por la
prensa clasista de la
época, como ocurrió en
la caricatura ya
mencionada en otra parte
de este libro.5
Saliéndole al paso a la
campaña racista
emprendida de singular
manera desde el
Diario de la Marina,
se publicó en
Previsión
un artículo del que
entresacamos los
siguientes párrafos: "Se
nota la marcada
intención de alarmar la
opinión pública más que
llenar esa necesidad de
la prensa en lo que a
información se refiere.
Todo el mundo sabe como
también lo sabe el
Diario de la Marina
que la clase de color de
Cuba no tiene pretensión
de ser gobierno, ni de
gobernar a nadie, que
solo desea y tiene
derecho indiscutible, a
que se le gobierne bien
no solo a ella en
particular, sino al país
en general, del cual
forma ella parte porque
es el país suyo como lo
es también de los demás
cubanos."6
¿Podían ser
racistas los que se
expresaran de ese modo,
los que en cuanta
oportunidad tenían
clamaban por la
implantación del ideario
martiano?
Continuando su defensa
señalaban: "Nosotros por
el contrario, no
aspiramos sino a que en
el seno de la república
todos vivamos contentos
y felices, sin
pretensiones enojosas,
sin odios, sin
rencores.”7
La campaña contra el PIC
llegó a su punto máximo
cuando fue presentada
una enmienda por el
senador Martín Morúa
Delgado, el 11 de
febrero de 1910, con la
finalidad de prohibir
constitucionalmente la
existencia de una
agrupación formada por
miembros de una sola
raza.
En el propio Senado se
combatió contra su
aprobación por
considerarla
inconstitucional, como
en el caso del senador
Laguardia, quien señaló:
"Entiendo, pues, que
resultaría violada la
Constitución al
impedirse a alguien que
se constituyera en
partido político para
encaminarse en cualquier
dirección… Entiendo que
es un derecho inviolable
e indiscutible al cual
no podemos negarnos."
Posteriormente dicho
senador adoptó una
posición incongruente
al abstenerse de votar,
cuando la misma fue
sometida a la Cámara.
Otro que la combatió fue
Gaspar Cisneros
Betancourt. Algunos de
sus alegatos no resisten
un análisis profundo, ya
que entre varias cosas
apuntó: "Yo niego que
aquí haya una cuestión
de razas, no las hubo en
Cuba libre y no puede
haberla en Cuba
republicana.”9
Esas palabras pretendían
ocultar una realidad
inobjetable. Sí había un
problema racial con una
base económica social,
que era la que motivaba
la existencia de la
discriminación racial y
el malestar social
general reinante, no
solo de los negros, sino
de las capas más
necesitadas de la
sociedad. Con esa
pretendida negación del
problema, la esencia del
mismo seguía intacta.
Llama la atención de que
la moción de Morúa haya
sido presentada estando
en prisión Evaristo
Estenoz, y precisamente
el mismo día en que era
condenado por segunda
vez, acusado, junto con
otros miembros del PIC,
de promover la
alteración del orden
contra el Gobierno.
Hecho este que sirvió
para especular y lanzar
la hipótesis de que todo
se había hecho
premeditadamente.
De ahí que en La
Discusión de abril
25 se dijera: "Pero si
no se ve ni aparece por
ninguna parte el hilo de
la tremenda conspiración
de los negros contra los
blancos, en cambio se
ve, como el cometa, a
simple vista, la hilaza
de la conspiración del
gobierno contra el
Partido Independiente de
Color; destruir a este,
impedir su formación,
declararlo ilegal,
echarlo al agua,
cerrarle a todo trance
el paso, fue siempre un
propósito evidente. Y
ahí está le ley Morúa,
demostrando que era la
finalidad que se
perseguía."9
A partir de la
promulgación de la
Enmienda, la lucha
contra ella, así como el
incremento de las
medidas organizativas,
va a ser los temas
principales de los
escritos de los
Independientes. Por
tales móviles
reprodujeron el
comentario aparecido en
El Comercio, que
analizaba la Enmienda
del siguiente modo:
"Esto se hace para
evitar la existencia del
Partido Independiente de
Color el cual puede
burlarse de la Enmienda
del Sr. Morúa, sin más
que hacer que
pertenezcan a su
agrupación un solo
individuo blanco, chino
o de cualquier otra raza
que no sea la etiópica,
porque lo que prohíbe es
que haya partidos
formados exclusivamente
por individuos de una
sola raza (...). Y bien
fácil será a los de
color adquirir cuantos
blancos quisieran, no
tienen más que
ofrecerles destinos
[Mutilado) lleva a todos
los blancos cesantes.”10
¿Tendrían que recurrir a
esa táctica los
Independientes para que
no se les aplicara la
Enmienda? ¿Era aplicable
a ellos esa ley
realmente? ¿O los
escritos que aparecieron
negando la exclusividad
racial fueron una
estrategia para evitar
la Enmienda, o el
comenzar a explotar
realmente un aspecto que
había sido pasado por
alto y que había
ocasionado precisamente
los principales
ataques?
En la circular publicada
el 5 de marzo de 1910 se
decía: "No estamos
dentro de las
condiciones a que
refiere la ley… en
nuestros comités están
afiliados individuos de
todas las razas que
pueblan esta Isla y sus
variedades… queremos la
República igualitaria
sin odiosas pretensiones
de razas."11
También en marzo 20 se
publicó otra circular,
esta del PIC de Jagüey
Grande, en la que se
precisaba: "El Partido
Independiente de Color,
hoy prepotente desde
Oriente a Occidente,
llama a su seno a todos
los hombres sin
distinción de razas para
terminar la obra
redentora del inmortal
Martí: La República con
todos y para el bien de
todos."12
En Reivindicación,
órgano del PIC en Sagua
la Grande, se exponía:
"El Partido
Independiente de Color
al surgir a la vida
pública como Partido
Nacional no ha venido
con el fin de que solo
elementos de color
integraran sus filas,
sino que ese Partido en
todas las épocas ha
tenido y tiene las
puertas abiertas a todos
los elementos que
integren esta sociedad y
que con arreglos a la
Constitución y a las
leyes del país estén en
el pleno uso de sus
derechos políticos. El
Partido Independiente de
Color admite sin
reservas de ninguna
especie, cuantos hombres
blancos deseen venir a
sus filas con el mismo
entusiasmo y agrado que
si fueran elementos de
la raza de color, por
cuanto nosotros
proponemos cumplir
nuestro programa en
todas sus partes, cuyo
más amplio espíritu es
la igualdad y la
justicia para todos
igual."13
Desde Previsión
se precisó que "... el
PIC no es racista. Yo
podría dictarle varios
nombres de personas
blancas adheridas al
Comité de este Partido".14
Este hecho no fue lo
suficientemente
explotado por los
Independientes en su
campaña anterior a la
promulgación de la
Enmienda y en la etapa
posterior, tal vez por
carecer de órganos de
prensa que circularan
regularmente durante esa
época, que fue cuando
más se combatió al
Partido, especialmente
en 1912. Previsión,
órgano oficial del
Partido que se publicaba
en La Habana, desaparece
en 1910;
Reivindicación,
vocero del PIC en Sagua
la Grande, circula
esporádicamente y
anuncia en un número de
1911
que
Previsión
volverá a la
circulación.15
En
1912
encontramos el periódico
Libertad,
órgano de los
Independientes de
Santiago de Cuba, del
cual solo localizamos un
ejemplar del mes de
febrero en los Archivos
de la Academia de
Ciencias de esta
ciudad.
No debe extrañar que la
prensa grande, El
Triunfo,
La Discusión
y
Diario
de
la Marina,
entre otros, eliminaran
de sus páginas toda la
información tendente a
demostrar que el PIC
admitía a cualquier
ciudadano sin tener en
cuenta el color de la
piel.
Debemos preguntarnos el
porqué de la Enmienda,
las causas de los otros
partidos para no
reconocer que el PIC no
era racista, si, en
definitiva, los
Independientes habían
obtenido menos de dos
mil votos en las
elecciones del
14
de noviembre de 1908.
En la sección "Al Trote"
del
15
de febrero de
1910,
se publicó un comentario
que podría ayudar a
forjar una idea al
respecto: "El PIC tiene
cerca de
60 000
afiliados, entre ellos
15 000
soldados de la guerra de
independencia,
12
generales,
30
coroneles y centenares
de oficiales de menos
categoría."
Esto refleja que a pesar
de la derrota sufrida en
las elecciones
indicadas, lejos de
disminuir su membresía,
esta había aumentado, y
cada día se hacía más
popular y atrayente para
algunas de las capas más
necesitadas de nuestra
sociedad en aquella
época.
El 25 de marzo de 1910,
desde el propio órgano
periodístico, se decía:
"¿Cómo conformarse que
sin un céntimo hayan
organizado un Partido
Nacional con 70000
afiliados?"
La escisión ocurrida en
su seno, cuando un grupo
de los detenidos decidió
acatar la Enmienda y
darlo por disuelto, no
fue lo suficientemente
fuerte como para hacerlo
desaparecer.19
Tampoco tuvo éxito el
intento de fundar el
Partido Independiente
Nacional (PIN) y su
órgano de prensa,
Prevención,
del cual parece que
circuló solo una hoja en
donde se explicaba que,
disuelto el PIC, había
que buscar una nueva
organización para la
lucha. También se
explicaban las bases
programáticas del PIN,
las cuales eran las
mismas que el PIC, pero
no pedía la inclusión
específica de los negros
en la administración
pública y en el servicio
diplomático.20
Referente al problema de
la disolución del PIC,
Evaristo Estenoz
expresó: "Contestando a unos,
desmintiendo a otros y
orientando a mis
correligionarios, que de
buena fe siguen nuestros
principios y mantienen
nuestros ideales, es por
lo que puedo asegurarles
a todos que no ha habido
tal disolución, ni aún
siquiera cambio de
nombre... no hay tal
disolución, lo que solo
es cierto es que algunos
correligionarios se han
dado de baja en nuestras
filas y han renunciado
los cargos que
desempeñaban en las
distintas asambleas."21
La táctica consistente
en la sustitución del
nombre de la agrupación
no fue esgrimida en 1910
y menos aún en 1912, de
forma particular, con
sobrada razón, puesto
que solo podían
concurrir a las
elecciones
presidenciales los
partidos que se habían
presentado a las de
1908. La alteración del
nombre para escamotear
la ley los
imposibilitaba de
presentarse a los
comicios.
Por lo tanto, en 1912,
al PIC no le quedaba más
remedio que luchar para
demostrar que no era
racista, y para intentar
la derogación de la
Enmienda por
considerarla
inconstitucional. Por
ello centraron todos sus
esfuerzos en combatir la
Enmienda destacando los
aspectos señalados,
considerándose como un
modo de presionar al
Gobierno para obtener su
anulación, la
posibilidad de una
protesta colectiva, de
manera que éste, ante el
temor de una nueva
ocupación militar,
satisficiera sus
demandas; o, por el
contrario, que el
Gobierno de Washington
intercediera con el
presidente José Miguel
Gómez para que éste
reconociera al PIC, por
haber nacido dicha
entidad política al
calor de las leyes
norteamericanas durante
la segunda
intervención.
Una de estas dos
posibilidades ya habían
sido esgrimidas, como
bien se indica en el
siguiente artículo de
Previsión:
"El Presidente de la
República no debe estar
muy dispuesto a que le
intervengan el gobierno
que él representa,
dándose cuenta del
asunto, la vete antes de
recibir una lección de
un gobierno extraño."
Es innegable que algunas
figuras, entre ellas
Estenoz, trataron de que
los norteamericanos
presionaran a José
Miguel Gómez para poder
concurrir a las
elecciones, agotadas ya
todas las vías legales.
Esta posibilidad había
sido ya contemplada en
1910, cuando se planteó
el envío de una comisión
a Washington para
gestionar la supresión
de la Enmienda, y que
ocasionó la publicación
de un manifiesto firmado
por exmiembros de los
Independientes que se
declaraban contrarios a
esa medida.23
Parece que Estenoz no
vaciló en retomar esa
posibilidad al ver en
peligro los objetivos de
la protesta. En carta
dirigida al Secretario
de EE.UU., decía
Estenoz, después de
señalar los crímenes y
desmanes del Gobierno
cubano contra los
Independientes: "Quiero
con esto demostrar al
mundo entero que somos
nosotros más capacitados
y más civilizados que
las propias fuerzas del
gobierno que tan
malamente nos han venido
dirigiendo
(sic).
Por lo tanto, nosotros
creemos del todo
imposible llegar a un
acuerdo con este Gob.
Toda vez que no nos
merece absolutamente
ninguna confianza: pues
este no ha hecho otra
cosa más que dividir la
opinión en el país,
haciendo creer a los
blancos nativos que
nosotros los odiamos y
que nuestra justa
reclamación es una
guerra de razas, de
negros contra blancos,
siendo lo contrario,
toda vez que nuestros
hechos son las mejores
pruebas de lo dicho por
sí.
"Esperamos pues, que
igual que otras veces,
nombre ese Gob. un
representante si lo cree
a bien que en el mismo
campo de la Revolución
se convenza de todo lo
que expongo, pues de
seguir así los
atropellos con nuestras
familias nos veremos en
la necesidad de
establecer represalias.
"El General Monteagudo
trata de valerse de
algunos de las fuerzas a
su mando para quemar
algunas propiedades
norteamericanas y con
ello proporcionarnos el
odio de Uds. todos."
Todo parece indicar que
los Independientes
adoptaron esa posición
como una táctica, al
igual que otras que
habían adoptado con
anterioridad, ya que
ellos tenían muy en
cuenta quiénes eran los
norteamericanos. Muchas
de sus manifestaciones
sobre EE.UU. habían sido
publicadas, como la del
30 de enero en
Previsión:
"Nosotros vemos en la
Patria el centro de
todas nuestras
afecciones, sufrimos con
sus dolores y reímos con
sus alegrías. Para
nosotros Guantánamo y
Bahía Honda son dos
heridas por donde
sangrará siempre nuestro
amante corazón. La
intromisión
norteamericana es un
baldón que ningún
bienestar podría
disminuirlo en toda la
horrible angustia que
nos hace padecer."
En otro escrito se
demuestra muy bien como
los Independientes
reconocían que la
discriminación racial
que había en Cuba en
aquella época, había
sido alimentada por la
presencia de los
norteamericanos, al
plantearse, entre otras
cosas, lo siguiente:
"¿Qué nos importa el
turismo ni la
prosperidad que con su
trabajo puedan esos
yankees traer a Cuba si
gracias á ese turismo y
á esos yankees
precisamente se han
establecido diferencias
que no existían a raíz
de la independencia; que
sin ellos, sin su
influencia nefasta no
tomaran los caracteres
alarmantes que revisten
hoy."
Un ejemplo más de que
ellos no buscaban la
intervención ni habían
pensado en la
posibilidad real de un
levantamiento armado, lo
hallamos en este otro
artículo publicado en
Previsión: "Nadie ha
pensado en levantarse en
armas porque todos los
hombres de color nos
damos cuenta exacta de
lo que sucedería y
nosotros no queremos que
el americano tenga que
intervenir más en
nuestro país. Por eso
nuestra lucha es
ordenada y legal."27
También habían expresado
que: "... ¿puede
llamarse civilización
la de un pueblo que
mantiene
odiosas
discriminaciones, que
tiene por deshonra
conversar
con un negro, que cree
contaminado el vaso
sobre el cual pose su
labios un negro y cambia
de sitio en los
ferrocarriles, en las
fondas, y en los cafés
al ver en el mismo vagón
o en la misma mesa
vecina a un hombre cuyas
venas están matizadas de
negro?"
Opinión bien contraria,
por ejemplo, a la
expresada en el diario
Cuba: "Los
cubanos veríamos con
agradecimiento y el
mundo con simpatía que
el pueblo grande que nos
ayudó á ser libres
viniera á ayudarnos a
sostener nuestra
libertad. Y si es esto
lo que los Estados
Unidos intentan hacer,
bueno será que piense en
ello nuestro Gobierno y
vea cuánto nos
convendría aceptar la
noble oferta."
Todo esto se escribía
para propiciar la
creación de una
atmósfera favorable a la
intervención, a pesar de
que los Independientes
no significaban ningún
peligro, ya que en el
mismo periódico se
decía: "Hasta el momento
[mayo 27] las fuerzas
enviadas aquí no han
tenido ni un solo
encuentro con rebeldes.
Resulta pues, que los
negros rehúsan
combatir."30
Las declaraciones de dos
figuras sobresalientes
del movimiento en
Oriente, Eugenio Lacoste
y Gregorio Surín,
aparecidas en El
Cubano Libre, son
una prueba irrefutable
que demuestra que los
Independientes no
buscaban la
intervención, y que la
finalidad de la protesta
era la derogación de la
Enmienda.
El primero de ellos
declaró: “Dieron
el día 20 el grito de
guerra o abajo la ley
Morúa, único objeto por
el cual realizaron el
movimiento armado,
movimiento que ellos
creyeron que no
llegarían a donde llegó,
porque creían que el
señor Presidente de la
República, temeroso de
un conflicto grave,
accediera a derogar la
citada ley. Pero se
equivocaron porque
enterado el General
Gómez que ellos a pesar
de ser muchos carecían
de armas y pertrechos,
les lanzó encima toda la
fuerza pública (...)
dice que no se explica
qué motivos ni qué datos
se han podido tener para
calificar de racistas al
movimiento cuando se ha
visto palpablemente que
ningún blanco ha sido
atropellado por ellos.
"No se le había ocurrido
nunca la idea de hacer
un movimiento para traer
a este país una
intervención
norteamericana, que
jamás pensaron los
independientes de color
en independizar a
Oriente del resto de la
República y mucho menos
construir un gobierno."31
Surín, el segundo de los
entrevistados, fue uno
de los que se había
separado del PIC al
promulgarse la Enmienda
Morúa, pero se reintegró
posteriormente a las
filas cuando vio la
posibilidad de que los
Independientes pudieran
presentarse a las
elecciones de 1912. Es
probable que en este
sentido
vislumbrara algún
arreglo. No hay que
descartar
lo anterior,
pues se habían publicado
artículos en
los que se
decía: "A nosotros nos
importa bien poco
que triunfe
el Liberal como el
Conservador
o
el
Independiente."32
Por lo que podemos
pensar que el columnista
vislumbraba la
alternativa de que los
Independientes
triunfaran o, al menos,
pudieran concurrir a las
elecciones. Es
importante, además,
destacar el
reconocimiento de la
existencia de ese
Partido, no obstante
estar fuera de la ley,
en virtud de la
aplicación de la
Enmienda Morúa.
Las declaraciones de
Surín son importantes,
pues reflejan la
magnitud de los crímenes
cometidos por las tropas
del Gobierno; pero hay
que ver con cautela
otras declaraciones que
hace, dada la situación
que él tenía en aquel
momento: preso y acusado
de alterar el orden
público. Por ello sus
palabras pueden parecer
contradictorias, sobre
todo cuando enjuicia a
Evaristo Estenoz. Sobre
el levantamiento dijo:
“Solo tenía por objeto
pedir la derogación de
la ley Morúa, aunque
tuviera el carácter
racista que le han
querido dar, pues en el
monte hay muchos
blancos, particularmente
españoles."
Dato este importante
para profundizar en
ulteriores estudios
sobre el PIC para
detectar quiénes eran
esos españoles, qué
corrientes ideológicas y
políticas los habían
hecho sumarse al
movimiento, o si toda la
declaración de Surín en
este sentido era falsa.
Surín señaló, además,
que la partida donde él
se encontraba estaba
formada por "... 70 u 80
hombres mal armados y
peor parque, que en el
momento del asalto ellos
estaban, unos durmiendo
y otros cocinando y que
a los primeros tiros,
todos se dispersaron
abandonando todo cuanto
tenían. Asegura que en
el reconocimiento hecho
rápidamente por Ortiz
aparecieron 25 muertos,
pero que al día se
encontraron 20 más".
Ahondó en la
información, y dijo que
Estenoz e Ivonnet habían
ordenado rehuir el
combate para de esa
manera alargar la guerra
y precipitar la
intervención, ya que,
según Surín, ellos
creían que era la única
forma que tenían de
lograr la derogación.
Sin embargo, un
documento cursado por A.
Beaupré al Secretario de
Estado de EE.UU.,
demuestra una opinión
contraria: “Hay varias
teorías sobre el origen
de este movimiento. La
creencia
predominante es que el
movimiento se inició con
propósito de provocar
una intervención
norteamericana para
beneficio de varios
intereses que estimaron
que se beneficiaban con
un cambio de gobierno.
Un movimiento que
tendría a provocar la
intervención americana,
claramente dirigía sus
primeros esfuerzos a la
destrucción de la
propiedad extranjera,
pero como ya se ha
informado, poco se ha
hecho en este sentido.”
Si fueran pocos los
ejemplos mostrados hasta
aquí para convencer al
lector de que el PIC no
planteó un levantamiento
armado en el sentido
estricto de ese
concepto, véase la
declaración, entre
muchas otras, del
Capitán Santiago
Castillo, al referirse a
unos alzados que había
perseguido: "...Se
retiraron a juzgar por
el rastro, dando lugar
con nuestra persecución
a que cayera por la
parte del Ramón, donde
otras columnas con
seguridad han debido
encontrarlos, a menos
que hicieran con estas,
lo mismo que hicieron
con las nuestras, huir,
que es lo único que
hacen hasta ahora.”35
Testimonio
importantísimo que viene
a corroborar aún más
todo lo anterior, lo
tenemos en las
declaraciones de
Guillermo Laza,
secretario personal de
Evaristo Estenoz: “Nunca
pensó Estenoz que la
contienda tuviera el fin
que ha tenido… pues
esperaba la derogación
de la enmienda,
terminando, por lo
tanto, el movimiento,
pero cuando él vio que
no era así la cosa y que
lo que mandaba el
gobierno eran soldados
para combatirnos, toda
vez que sus planes de
campaña eran de que los
rebeldes hicieran desde
lejos una pequeña
resistencia para no
causar bajas ni que nos
la causaran y correr
mucho para cansar a la
fuerza pública y que a
la larga surgiera el
arreglo en que pensaba."36
Laza declara en la entrevista
que él calculaba unos
seis mil rebeldes; que
quinientos de estos
habían muerto
en
la refriega, y que mil
quinientos habían
parecido en las
emboscadas de las
fuerzas del Gobierno, y
puntualizaba: "En los
combates las bajas que
sufríamos los rebeldes
eran numerosas por la
precipitación al huir,
lo cual nos obligaba a
abandonar sobre el campo
a los heridos que morían
sin remisión y ello
disgustaba en gran
manera a la gente.”
Otra fuente testimonial
de suma importancia,
porque arroja luz sobre
la tan mencionada
alianza o pacto entre
Estenoz, Ivonnet y José
Miguel Gómez, es la
declaración de
Buenaventura Parada,
presidente de los
Independientes en
Santiago de Cuba.
Después de hablar de los
actos políticos que
tenían programados y que
no podían celebrarse por
la circular del
secretario de
Gobernación, Gerardo
Machado, que prohibía a
los Independientes toda
actividad o
manifestación política,
señala: "Estenoz inició
entonces las gestiones
para la derogación de
esta circular, cerca del
Presidente Gómez, y este
entonces mandó a buscar
a Pedro Ivonnet que fue
con tal motivo a La
Habana, celebrando con
el Presidente de la
República varias
entrevistas… Las
entrevistas con el
Presidente de la
República fueron en el
mes de abril y nunca
supimos el resultado de
las mismas, pero sí, que
el general Gómez había
autorizado el que
continuáramos la
propaganda de nuestro
partido.
"Cuando regresó Ivonnet,
yo me entrevisté con él
y no me dijo en concreto
de lo que se había
tratado con el general
Gómez, pero sí me afirmó
que había prometido
interponer toda su
influencia para que la
ley Morúa fuese derogada
ocho días después, del
en que terminaron las
entrevistas y que
después de esto se
celebraría una asamblea
magna para ver si se
cambiaba el nombre que
ostentaba el partido y a
cual candidato
presidencial se iba
apoyar."
Ya en víspera del
alzamiento, narra
Buenaventura que Estenoz
llegó a verlo y le dijo:
“Es preciso que nos
vayamos al campo, todas
las provincias están ya
preparadas para el
movimiento y el partido
comprometido para
alzarse… no habrá
derramamientos de
sangre, las tropas no
nos encontrarán y si
acaso nos encontraran,
sostendremos pequeños
fuego del que nada ha
de resultar, a los ocho
días se derogará la ley
Morúa y después hemos de
apoyar la reelección de
General Gómez.”37
De la anterior cita se
desprende que la tan
famosa y no probada
existencia de un pacto
entre José Miguel Gómez
y los Independientes
cobra fuerza, y solo
falta la publicación y
hallazgo de un documento
que verifique lo que
testimonialmente ha
quedado recogido en la
prensa, y personalmente
por nosotros, del hijo
de Pedro Ivonnet.38
Este nos contaba que de
pequeño había oído decir
en su casa que el
Presidente Gómez había
traicionado a su padre.
Nos refirió que
recordaba haber visto
una carta que demostraba
la traición de que
habían sido víctimas los
dirigentes del PIC.
Recientemente hemos
sabido que la
investigadora Olga
Cabrera ha localizado
una carta cursada entre
el Presidente y el
General Gerardo Machado,
entonces secretario de
Gobernación, que parece
probar la veracidad del
acuerdo, y que ha hecho
suponer que el PIC era
un partido más que venía
a formar parte del
rejuego politiquero de
la Cuba de aquella
época.
¿No podríamos suponer
que quizá todo fuera una
táctica política de los
dirigentes del PIC para
lograr el reconocimiento
legal del partido, y
poder concurrir a los
comicios? ¿No hubiera
podido alcanzar Evaristo
Estenoz posiciones
destacadas dentro del
Partido Liberal,
haciendo mover sus
influencias en ese
sentido, como lo había
hecho Generoso Campos
Marquetti?
¿No había alcanzado
Estenoz una posición
económica desahogada
como resultado de su
trabajo, de quien se
cuenta era experto
maestro de obras
públicas en la ciudad de
La Habana, y que viajaba
regularmente a Francia y
EE.UU.; así como abrirle
una casa de modas a su
esposa, quien era
también famosa modista,
con gran clientela de
"lo mejor de la sociedad
habanera"? ¿Arriesgaría
Estenoz toda la posición
alcanzada por una mayor
ambición de riquezas y
poder; o, por el
contrario, debido a
principios nacidos del
análisis de la
discriminación
existente? Lo cierto es
que, cualquiera que haya
sido el motivo del
pacto, los logros que
ambos bandos pensaron
obtener devino un
fracaso rotundo.
Varios factores tuvieron
un papel decisivo en el
curso de los
acontecimientos, e
influyeron para que
estos se desarrollaran
en sentido negativo para
todos, pero llevando los
Independientes la peor
parte. Entre estos
factores hubo uno que
pudo haber influido,
quizá, en la decisión de
Gómez de no vetar la
Enmienda de un modo
rápido. Nos referimos al
proyecto de ley
presentado por Fernando
Freyre de Andrade, y
otros que tenían la
finalidad de derogar la
Enmienda y declarar
legal a los
Independientes.39
Este proyecto había sido
presentado en noviembre
de 1911, tal vez con el
objetivo de impedir que
José Miguel Gómez se
llevara el triunfo de la
derogación y los votos
de los Independientes.
No cuesta trabajo
pensar, de ser cierta
esta hipótesis, que el
Presidente, ante esta
situación no esperada,
evitara que el proyecto
de ley fuera discutido
en la Cámara como una
treta para evitar su
aprobación. Es probable
que la idea de la
protesta surgiera como
una forma de hallar una
salida a la disyuntiva
del Presidente de vetar
o no la Enmienda, ya que
si la misma se
efectuaba, permitiría al
Poder Ejecutivo
intervenir directamente
en el litigio, logrando
de este modo sumarse la
simpatía y los votos del
PIC.
Sin embargo, al fracaso
del plan anterior parece
haber contribuido de
modo considerable la
prensa, que sin duda
alguna fue un elemento
que determinó que las
circunstancias se
desarrollaran
adversamente
para
todos los que
supuestamente habían
acordado el pacto.
Tuvieron singular
importancia los ataques
de la prensa opositora a
José Miguel Gómez; que
no solo denunció que
todo era un rejuego, una
componenda con fines
reeleccionistas, sino
que creó una atmósfera
de caos, de agitación
tan grande, que obligó
al Presidente a llamar
la atención sobre la
veracidad y tono de las
noticias que se
publicaban,
estableciéndose por tal
causa un proceso contra
La Lucha, La
Prensa y El Día,
el 30 de junio de 1912.
Un ejemplo de las
noticias falsas que se
propagaban, la tenemos
en la carta enviada por
la maestra Concepción
Ureña, en la cual
desmentía la noticia
impresa de que ella
había sido violada por
los rebeldes.40
El 21 de junio se
publicaba en la prensa
que
"…un
mes tenemos ya de
rebelión y de paz no
tenemos otro indicio que
las promesas del
gobierno".41
Para esta fecha, sin
embargo, ya la protesta
había sido aniquilada
prácticamente.
A todos esos ataques hay
que sumarles otros en
los que se acusaba al
Gobierno de no poder
controlar el brote
revolucionario, de no
poder garantizar las
libertades individuales
en el país y la
seguridad del mismo. Se
alertaba, en unos, el
peligro de la
intervención yanqui, de
acuerdo con la Enmienda
Platt.
A José Miguel Gómez no
le podía pasar por alto
que los Independientes
habían surgido durante
el segundo gobierno
interventor. Tampoco
podía olvidar que los
Independientes habían
manejado el temor a la
intervención yanqui,
como un modo de
presionarlo para que
derogara la Enmienda.
Por lo tanto, él no
podía descartar la
posibilidad de que los
Independientes, viéndose
engañados, recurrieran a
Washington para que los
norteamericanos
intermediaran en el
litigio.
En Política y color
en Cuba[11]
se reproducen varias
cartas que testimonian,
como ya en plena
protesta y estando claro
que el Presidente no
llevaría a cabo lo
pactado —no tanto porque
fuera esa su voluntad,
sino por las condiciones
que se crearon alrededor
del alzamiento—, los
miembros del PIC
buscaron la mediación,
no la intervención
militar yanqui, como la
única vía que tenían
para salir del
atolladero a la que su
táctica y las
circunstancias adversas
los habían llevado. No
debemos confundir el
concepto de la mediación
que ellos esperaban del
Gobierno norteamericano
con el deseo anexionista
de los que públicamente
pedían la intervención.42
En el libro ya
mencionado se recogen
varios documentos que
demuestran que los
Independientes no
buscaban la anexión,
como hemos señalado
donde analizábamos esta
acusación de la que
fueron víctimas. Los
Independientes conocían
muy bien el modo de vida
yanqui, por lo que los
documentos citados
indican una estrategia,
un modo de buscar la
legalidad ante la
traición del Presidente.
Este, por el contrario,
debía y tenía que evitar
a toda costa una tercera
intervención; de ahí los
telegramas cursados
entre Washington y La
Habana, así como el
envío de Orestes Ferrara
a ese país para que
explicara la situación
real que confrontaba el
Gobierno cubano.43
José Miguel Gómez se vio
sumido en una serie de
contradicciones cuya
única salida era la de
dar una imagen de que a)
él no había pactado con
los Independientes; b)
su Gobierno era capaz de
mantener el orden de la
Isla y proteger los
intereses nacionales y
extranjeros; c) él no
permitiría una tercera
intervención. Por lo
anterior se desprende
que las órdenes de
liquidación del
movimiento no se
hicieron esperar. El
desembarco de las tropas
yanquis por diferentes
partes de la provincia
de Oriente se había
hecho como un "gesto de
ayuda", con el fin de
reemplazar las tropas
cubanas que cuidaban las
propiedades
norteamericanas, con el
propósito de que ellas
pudieran dedicarse a
perseguir a los alzados,
que realmente se
convirtió en una
cacería, reflejada esta
verdad por caricaturas,
como en la que aparecen
José Miguel Gómez y el
general Monteagudo con
ropas de cazadores y
acompañados de perros de
caza, mostrando los
jolongos llenos de
cabezas de negros.44
Sin embargo, a pesar de
la terrible matanza
cometida, los negros
cubanos continuaron
demandando
reivindicaciones
sociales, luchando
contra la discriminación
existente. Más adelante
veremos con más detalles
cómo se continuó la
lucha, al igual que en
otros sectores, como en
el aún débil movimiento
obrero.
Cabe destacar en la
lucha social del negro,
en los años posteriores
al 1912, la columna del
periódico La Prensa,
la cual fue tribuna para
la polémica pública. La
misma apareció de 1915 a
1916. Algo más tarde,
La Antorcha continuó
la batalla en contra de
la discriminación. Pero
al estar enmarcada esa
lucha dentro de un marco
filantrópico, sin
ubicarla dentro de un
contexto sociopolítico
más amplio, sin
percatarse de la
necesidad de lucha por
el cambio de la base
económica de la
sociedad, que era la
última instancia la que
daba origen a dicho
fenómeno, todo ese
intento no trascendió.
Habrá que esperar a
finales de la década de
los 20, y en particular
la de los 30, cuando el
Partido Comunista de
Cuba enmarcó la batalla
contra prejuicios y la
discriminación dentro de
la lucha de clases que
se libraba en el seno de
nuestra sociedad, no
solo por el cese de la
discriminación, sino en
contra de la explotación
del hombre por el
hombre. Las pocas
conquistas alcanzadas
por las luchas libradas
durante la neocolonia
republicana contra la
discriminación racial
eran burladas en la
práctica, y poco o nada
se hacía oficialmente
para combatir los
prejuicios.
Con el triunfo de la
Revolución en 1959 y la
liquidación del régimen
imperante en nuestra
sociedad, se dio el
golpe mortal a la
discriminación y el
comienzo de la lucha
objetiva contra los
prejuicios heredados de
tantos años de
coloniaje. Solo a partir
de 1959 se pudo comenzar
a luchar para hacer
realidad el pensamiento
martiano: “cubano es más
que blanco, más que
mulato, más que negro”.
Por eso aún estamos en
campaña.
Notas:
2.
Fernando Portuondo del
Prado: "Sucesos
políticos más notables
del gobierno del General
Gómez", en Historia de
Cuba, Editorial Minerva,
La Habana, 1957, ed.,
pp. 599-
600.
3.
Ver "Programa", en
Previsión, La
Habana, 15 de octubre
de 1908, p. 3.
4. "El crimen horrendo",
en Historia de Cuba,
Ministerio de las
Fuerzas Armadas
Revolucionarias, La
Habana, 1966, pp.
561-566.
5. Ver "Gallo tapado",
en La Lucha, La Habana,
8 de agosto de 1907, p.
1.
6. Diógenes (seud.):
"Falsa alarma", en
Previsión, La Habana,
30 de septiembre de
1908, p. 3.
7. "Temores infundados",
en Previsión, La
Habana, 30 de noviembre
de 1908, p. 2.
8. Diario de Sesiones,
La Habana, 14 de febrero
de 1910, t. 14-15, pp.
12-18.
9. "Cinematógrafo
cubano", en Previsión,
La Habana, 20 de febrero
de 1910, p. 2.
10. "Partido
Independiente de Color.
Jagüey Grande", en
Previsión, La
Habana, 20 de marzo de
1910, p. 2
11. Partido
Independiente de Color.
Jagüey Grande", en
Previsión, La Habana, 20
de marzo de 1910, p. 2
12. Abelardo Pacheco:
"No hay exclusivismo",
en Reivindicación,
Sagua la Grande, 28 de
agosto de 1910, p. 2.
13. Juan Francisco
Ibarra: "Una carta", en
Previsión, La
Habana, 11 de abril de
1910, p. 4.
14. Ver Federico Remus
Pérez: "Hay que
trascender", en
Reivindicación,
Sagua la Grande, de
diciembre de 1911, p. 2.
15.
Ver Rafael Fermoselles:
Política y color en
Cuba: la Guerrita de
1912, Géminis,
Montevideo, 1974, p.
197.
16."Al trote", en
Previsión, La
Habana, 15 de febrero
de1910, p. 1.
18. Ver
"Aclarando", en
Reivindicación,
Sagua la Grande, 2 de
octubre de 1910, p. 2.
Se refiere a la
aparición de una hoja en
que se anuncia que el
PIC está disuelto, y que
en su lugar surge el
Partido Independiente
Nacional con su órgano
oficial: Prevención.
Hemos localizado esta
hoja en el Archivo
Nacional, Fondo Especial
de Periódicos, Caja No.
50.
19. Evaristo Estenoz:
"Carta del señor...", en
El Mundo, La
Habana, 2 de agosto de
1910, p. 2.
20. Ver
"Aclarando", en
Reivindicación,
Sagua la Grande, 2 de
octubre de 1910, p. 2.
Se refiere a la
aparición de una hoja en
que se anuncia que el
PIC está disuelto, y que
en su lugar surge el
Partido Independiente
Nacional con su órgano
oficial: Prevención.
Hemos localizado esta
hoja en el Archivo
Nacional, Fondo Especial
de Periódicos, Caja No.
50.
21. Evaristo Estenoz:
"Carta del señor...", en
El Mundo, La Habana, 2
de agosto de 1910, p. 2.
22. Julián V. Sierra: "Mr.
Taft tiene la palabra",
en Previsión,
La Habana, de marzo de
1910, p. 2.
23. Ver "Los
Independientes de Color
divorciados del General
Estenoz. Disolución de
las asambleas", en El
Triunfo, 5 de agosto de
1910, p. 12; y
"Aclaración al pueblo de
Cuba en general y a los
hombres de color en
particular", en El
Triunfo, La Habana, 20
de febrero de 1911, p.
5. El primer artículo
refuta la carta de
Estenoz aparecida el 2
de agosto.
26. Jean Louis Laroche:
"Señor autor de tengamos
fiestas en paz", en
Previsión, La Habana, 15
de marzo de 1910, p. 5.
27.Antonio Pérez S.:
"Carta abierta", en
Previsión, La
Habana, 24 de mayo de
1910, p. 7.
28. "Los polvos en el
chocolate", en
Previsión, La Habana,
15 de abril de 1910, p.
2.
29. "La rebelión,
nuestra independencia y
el auxilio de los
Estados Unidos", en
Cuba, La Habana, 9 de
junio de 1912, P- 2.
30. Tartarín (seud.):
"Del teatro de la
guerra. ¿Existe la
campaña?", en Cuba, La
Habana, 27 de mayo de
1912, p. 1.
31. "Entrevista a
Eugenio Lacoste", en
El Cubano Libre, La
Habana, 18 de junio de
1912, p. 4.
32. Fernando E. Miranda:
"Seguimos observando. La
política", en El
Hijo del Progreso,
La Habana, 18 de mayo de
1912.
35. "Relatos
interesantes de la
campaña", en La
Independencia, La
Habana, 8 de junio de
1912, p. 1.
36. "Entrevista con
Guillermo Laza", en
La Discusión,
La Habana, 1? de agosto
de 1912, p. 1.
39. Ver Diario de
Sesiones, La Habana,
15 de noviembre de 1911,
t. 16, p. 5, col. 1.
Posteriormente, en
varias sesiones, Freyre
de Andrade pidió que se
discutiera el proyecto:
24 de abril, 26 de abril
y 2 de mayo de 1912.
41."¿En qué quedamos?“,
en La Prensa, La
Habana, 21 de junio de
1912, p.2.
42. Ver Rafael
Fermoselles, Ob. Cit.,
pp. 182-192.
43. "El gobierno de los
Estados Unidos tiene el
deber,
la
obligación de proteger a
todo el pueblo de Cuba"
("Crónica política", en
El Mundo, La
Habana, 13 de mayo de
191 p. 2). Si fuera poco
el ejemplo anterior,
agregamos est fragmentos
aparecidos en la revista
The Cuban Oppor niíies,
reproducidos por el
periódico El Día
del 24 de julio de 1912,
pp. 1 y 12, de donde los
tomamos, al no ha podido
localizar el ejemplar de
la revista en que fue
publicados: "Con el
desembarco de las tropas
americanas en Cuba, la
tercera intervención es
un hecho que
lógicamente no puede
ser seguida sino por la
anexión. El experimento
de hacer en Cuba una
República, ha sido un
ensayo demasiado caro
para el pueblo
americano, y también
podemos asegurar que ha
acabado su paciencia
hasta tal extremo, que
ya la administración no
se atreverá a entregar
el gobierno de la Isla,
como República a los
cubanos. (...) Si los
americanos permitieran a
Cuba establecerse otra
vez como República se
expondrían al ridículo a
los ojos de todas las
naciones civilizadas,"
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