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A modo de introducción
Me correspondió
presentar el
libro del
reconocidísimo
historiador Rolando
Rodríguez, Premio
Nacional de Ciencias
Sociales. Fue un honor,
y lo seguirá siendo, el
que me haya solicitado
esa tarea, que no soy su
amigo íntimo ni tampoco
historiador.
Lamentablemente,
circulan opiniones de
que se trata de “un
libro equivocado”,
siendo esta una
calificación muy seria y
sobre todo excesivamente
arriesgada
—yo
diría que aventurera—
para calificar una obra
que cuenta con un cúmulo
de documentación
original que no creo
posea nadie más que el
autor de la obra. Tuve
acceso a ella para
hacerme de mis propias
interpretaciones y,
quien desee superar la
obra del compañero
Rolando deberá, al
menos, tener a la mano
esa misma
documentación.
Más que hablar mucho del
libro, con las licencias
que la presentación de
una obra nos permite, lo
más que hice fue
inspirarme en él, pues
lo considero ciertamente
inspirador para
continuar investigando
dentro de un tema en el
que no creo que nadie
pueda tomarse la
atribución o hacerse la
ilusión de haber dicho
la última palabra.
Quedan muchos espacios
oscuros en nuestra
historia y este,
referido a los
Independientes de Color,
es uno de ellos. Rolando
Rodríguez, por su parte,
aportó información de la
que es posible haber
oído hablar, pero que
nadie consultó como el
autor.
Es cierto que el tema
levanta muchas pasiones,
no se quisiera tirar
sobre los Independientes
la más mínima crítica,
al punto de que yo mismo
hubiera deseado que
algunos documentos no
existiesen; pero existen
y hay que enfrentarse a
ellos porque la ciencia
exige, primero que todo,
honestidad ante los
hechos y valentía para
enfrentarlos, aun cuando
es posible equivocarse.
Los que me conocen saben
muy bien que no soy dado
a las concesiones.
Literatura no es
ciencia, aunque pueden
hacerse ambas a la vez.
Pero si se quiere que
las cosas vayan más allá
de la ficción, los
documentos y su
interpretación son una
condición ineludible
para no caer en la
subjetividad; aunque,
cuando de
interpretaciones se
trata, los documentos
tampoco son la varita
mágica ni el tridente de
Neptuno.
Por eso reitero que el
libro de Rolando
Rodríguez es una obra
inspiradora y quien
desee superar ese
escalón, que es la forma
en que la ciencia
avanza, lo que debe
hacer es publicar una
obra mejor, más
fundamentada en la
información y no
pretender descalificarla
solo en un puñado de
cuartillas.
Mi interpretación
La intervención
norteamericana, a partir
de 1898, no solo expulsó
al Ejército Español de
la Isla, sino que
comenzó un intenso
proceso de
restructuración (norteamericanización)
de la vida cubana,
dentro del cual, sin
duda, los no blancos
apenas tenían cabida. La
definición del cubano,
como hombre blanco, dada
por José A. Saco,
comenzaba a ser aplicada
por los gringos casi con
precisión matemática.
Según el censo de 1907
Cuba tenía 2 048 980
habitantes. De ellos 274
272 negros y 334 695
mulatos. Ambos
representaban el 29% de
la población. A pesar de
todos los esfuerzos
realizados para poner
requisitos que limitaran
la posibilidad de su
participación política,
la temprana aprobación
del sufragio universal
masculino permitía que
aproximadamente un 30%
de la población no
blanca pudiera ejercer
el voto, por lo que,
paradójicamente, los no
blancos devenían un
sector muy codiciado por
los partidos políticos
de la época.
Sin embargo, las
condiciones bajo las
cuales los negros y
mestizos debían hacer
uso del derecho que les
asistía, no les eran
nada favorables. Lo cual
se expresaba, entre
otros fenómenos, en que
las múltiples promesas
de que eran objeto
durante los procesos
electorales por parte de
los líderes de los
partidos tradicionales:
Liberal y Conservador,
una vez concluidos los
comicios, tales promesas
se diluían, y los negros
y mestizos retornaban al
“cuarto de desahogo”
hasta las próximas
elecciones.
Las razones que
explicaban ese
comportamiento tienen
sus raíces a partir del
lugar que históricamente
les correspondió a
negros y mestizos dentro
de la sociedad colonial
cubana. Situación que
una participación en las
Guerras de Independencia
les ayudó a superar
bastante, pues una
inmensa masa de ellos,
la mayoría dentro del
Ejercito Libertador,
ganaron prestigio por su
valentía, arrojo y
sacrificio, que se
hicieron indiscutibles
al finalizar las
contiendas por la
independencia. Muchos
negros y mestizos
disfrutaban de una
autoestima que nadie se
atrevía a discutirles
abiertamente.
Sin embargo, las
autoridades
interventoras
norteamericanas no
tuvieron en cuenta para
nada tales méritos y al
organizar la República,
a los negros y mestizos
se les vio casi al
margen de la
distribución del poder.
Los norteamericanos,
para organizar la
República a su antojo,
prioritariamente se
apoyaron en los
generales blancos, los
autonomistas (en su
inmensa mayoría blancos
también), en los hombres
de negocio españoles que
se quedaron en Cuba y en
el Ejército
Norteamericano de
intervención. Los negros
y mestizos,
prácticamente, apenas
algunos estaban en la
Guardia Rural que se
organizó, el nuevo
ejército, la policía y
el cuerpo de marina y de
artillería, que
finalmente organizó el
entonces presidente José
Miguel Gómez.
Cientos de hombres
fogueados en las
guerras, con méritos más
que suficientes, cuando
lograron ocupar alguna
posición lo hacían solo
en los puestos más
desfavorables, de los
más miserables salarios
y con los grados más
bajos, si es que
lograban formar parte de
algunos de los cuerpos
militares.
El racismo importado por
los interventores
yanquis, ligado al ya
existente, se encargó de
excluir a los negros de
las posiciones de poder
y de los puestos mejor
remunerados. Una
principal demanda de los
negros era que se les
diera más puestos de
trabajo en el gobierno.
Pero, “según el censo de
1907 había 205 empleados
en el gobierno, de los
cuales solo 11 eran
negros” (Fermoselle
p.83).
También los negros
alegaban ser
discriminados en las
fuerzas armadas, donde
de 8 238, solo 1 718, o
sea el 28%, eran negros
(Ob. Cit. p.83).
Habiendo sido mayoría en
el Ejercito Libertador,
apenas ocupaban espacio
dentro del nuevo
ejército y el resto de
los cuerpos armados.
Entre la población de
más de diez años, el
54,9% de los negros eran
analfabetos, mientras
los blancos apenas
llegaban a un 38%. (Fermoselle
p.83).
Otras cifras sirven para
denotar la baja
participación de los
negros en actividades de
prestigio social, pues
el número de
profesionales negros
también era muy
reducido. Tal y como
podemos ver en los datos
siguientes:
-
De 1 349 abogados, solo
4 eran negros.
-
De 1 343 médicos, solo 9
eran negros.
-
Negros había: 40
dentistas, 14
ingenieros, 5
veterinarios y 15
arquitectos.
Excepto para el caso de
la industria del tabaco,
la queja de los negros
estaba justificada, pues
de 27 503 trabajadores
solo 10 485 eran
negros.
La inmensa mayoría de
los negros estaban
empleados en la
agricultura, fábricas de
industrias mecánicas y
también ocupando
masivamente los
servicios domésticos,
todas actividades de las
más bajas
remuneraciones. (Fermoselle,
p.83-84)
Junto con ello, había
comenzado a llegar a
Cuba una inmigración
blanca española,
favorecida, que hacía
aún más difícil la
situación a los negros y
mestizos para encontrar
buenos empleos.
Entre la frustración
acumulada por muchos
independentistas al
finalizar la guerra, la
amañada y desequilibrada
distribución de poder
llevada a cabo por los
norteamericanos durante
la intervención, la
traición de algunos
viejos independentistas
y el especialmente
discriminatorio
tratamiento dado a la
población negra y
mestiza, el ambiente
social no careció de
enrarecimiento, para que
muy pronto comenzaran a
aparecer las primeras
señales de un
descontento que trajo la
emergencia de los
atisbos de que un
movimiento negro
nacionalista se estaba
organizando. En
diciembre de 1906
afloraban los rumores de
que los negros estaban
descontentos con el
Partido Liberal. El
ambiente político ponía
de manifiesto claramente
en qué consistían y
dónde residían las
inconformidades de los
negros y mestizos, las
que se expresaban a
través de varios
llamamientos que veían
la luz en el propio año
de 1907.
Entre ellos, el 3 de
julio de 1907 salió el
llamado “Manifiesto al
Pueblo de Cuba y a la
Raza de Color” publicado
en la ciudad de Santa
Clara por Ricardo
Batrell. En el mismo se
proclamaba fundar una
organización que
permitiera ayudarse
mutuamente y trabajar
por el progreso de la
raza de color.
Ese espíritu de reclamo
de los negros y mestizos
obedecía a que los
mismos estaban
orgullosos de haber
contribuido a la
formación de la
República que había
emergido. Aunque ello se
contradecía sobremanera
con el hecho de no haber
visto aún cristalizadas
sus aspiraciones.
Otro manifiesto, el de
Lajas, del 27 de agosto
del propio año 1907, “Al
Pueblo de Lajas y a la
Raza de Color”, pedía la
unidad de los negros
para obtener sus
derechos. Al mismo
tiempo expresaba que no
volverían a ser
engañados más por lo
líderes que prometían y
no cumplían. Este
llamamiento ponía dentro
del escenario político
temporal un ingrediente
ciertamente explosivo:
los negros esgrimían el
instrumento de su unidad
para alcanzar sus
reivindicaciones y lo
hacían también para
“evitar continuar siendo
engañados por el
liderazgo de los
partidos políticos
existentes”.
A diferencia del
denominado llamamiento
de Camagüey, el de
Lajas, si pedía la
formación de un “partido
independiente de
negros”. Si se trataba o
no de una solución
políticamente viable, lo
cierto es que no parecía
una mera aventura, sino
algo que emergía de un
nivel de madurez de la
conciencia política,
alcanzado por un gran
grupo de ellos. Que
buscaban una solución
radical a las
dificultades para lograr
su participación
política dentro de la
nación. No pocas veces
habían insistido en que
los partidos
tradicionales, en
particular, el partido
liberal, no daban a los
negros posiciones de
consideración, mando y
prestigio, acorde con la
participación que estos
habían tenido dentro de
la república, incluso en
la llamada Guerrita de
1906.
Por lo que, desde 1907,
ya se ponían de
manifiesto las
contradicciones que
darían motivos al
surgimiento de un
partido independiente de
los negros. Sin duda,
esta era una idea
extremo compleja y hasta
peligrosa pues, aunque
no se quisiera, rompía
con los criterios de la
llamada “fraternidad
racial”, muy defendida,
y que había
caracterizado las
relaciones entre negros,
mestizos y blancos por
muchos años.
Pero esa conciencia
política de negros y
mestizos emergía en
medio de dos tendencias:
la del llamado
“Directorio de la raza
de Color” a nivel
nacional, y una segunda
que ya buscaba la
formación de un partido
político independiente,
de los negros.
Una tercera posición, ya
dentro del movimiento
político de los negros,
buscaba un levantamiento
armado, como resultado,
al parecer, del
resentimiento acumulado
contra los liberales por
sus continuos engaños,
los norteamericanos, y
proveniente de los
intereses que deseaban
provocar de nuevo una
crisis dentro del país.
Pero los negros de más
baja condición económica
estaban atrapados entre
distintos fuegos. Los
Directorios de las
Razas, fundados en
varias regiones,
dirigían sus acciones a
los negros descontentos.
Por su parte, tanto el
Partido Liberal de José
Miguel Gómez, como el
Conservador, trataban de
atraer el voto de los
negros, mientras que
otros negros más
radicales preparaban
levantamientos para
tratar de lograr bajo
presión, lo que no
conseguían
pacíficamente.
Pero, como bien expresa
Aline Helg, “la
concientización de los
negros y mulatos cubanos
y su desafío autónomo,
incitaron a la elite
dominante a hacer más
explícita la ideología
de la supremacía blanca”[8].
La idea de construir un
partido negro
independiente preocupó
sobremanera a la elite
blanca, haciéndola tirar
a un lado la idea de la
“fraternidad racial” y
esgrimir de manera
explícita lo que en su
mayoría habían
defendido: la de la
hegemonía blanca. En
1906, durante la
insurrección liberal
contra Estrada Palma, la
violencia había emergido
como potencial solución
para no pocos, un
antecedente ineludible
para cualquier
análisis.
Las fuerzas políticas
liberales y
conservadoras no querían
esta última alternativa,
pues la suya era que no
se produjera ninguna
desviación del proceso
político, de modo que
contradijese preservar
la formación y hegemonía
de los partidos
burgueses. Lógica
aspiración de los
sectores de poder, de
que todas las fuerzas
políticas que emergiesen
quedasen agrupadas,
encasilladas, dentro de
una estructura de
partidos, cuyo rejuego
político electoral era
el que en definitiva les
permitía mantener su
hegemonía.
De todos modos, alguna
claridad existía sobre
cuál era el trasfondo de
las contradicciones
políticas del momento
pues, en particular, la
opinión del gobierno
norteamericano de la
época era que las
revueltas de los negros
se debían a que estos no
habían recibido una
parte adecuada de los
puestos en el gobierno.
Cínica clarividencia
imperial de su parte.
Luego, aunque las
contradicciones
políticas pudieran
adoptar un rostro racial
y así le convenía a la
elite presentarlas, en
el trasfondo se trataba
de una cuestión de
poder, de clase.
Entre 1898-1902, la
intervención
norteamericana había
dejado como lastre la
inmensa cantidad de
negros y mestizos que,
habiendo combatido a
veces por más de 30 años
por la independencia,
finalmente no les había
tocado nada en la
distribución del poder
de la República.
Por esta razón, los
intentos de construir un
partido negro ya habían
emergido desde
principios del siglo,
después de la llamada
Guerrita de los
Liberales en 1906.
Aunque muchos negros
habían participado en
ella, nunca lograron ver
reivindicados sus
intereses. Simplemente,
los negros y mestizos
fueron utilizados y
después no les tocó nada
en la distribución. La
elite blanca se lo había
repartido todo, como
“botín de piratería.
Con posterioridad a la
aprobación de la
Enmienda Morúa, sin
duda, el papel
desempeñado por EE.UU.
en el derrocamiento de
Tomás Estrada Palma
durante la llamada
Guerrita de 1906 —es
decir, ante la tozudez
de este—, su definitiva
contribución para
descarrilarlo a favor de
los liberales quedaría
como una señal que sería
interpretada por la
dirección del Partido
Independiente de Color
como que EE.UU., en
algún momento, los
ayudaría a derogar la
enmienda[9].
Tampoco es posible
trasladar el EE.UU. de
ahora al de aquellos
tiempos, dentro del cual
la democracia, los
compromisos y la
politiquería tenían un
tono más sofisticado.
Sin duda, la actitud
asumida por EE.UU.
frente a la incapacidad
de Estrada Palma de
negociar ante la
insurrección de 1906,
nos permite colegir que
las esperanzas que los
miembros del Partido
Independiente de Color
pusieron en que el
gobierno norteamericano
los ayudaría,
presionando a su favor
para derogar la Enmienda
Morúa, no era algo
festinado ni pura
ilusión.
Por eso, tal vez,
Gregorio Surin lanzó en
Previsión una
proclama que en realidad
era para estremecer a
los patriotas no
simpatizantes del PIC.
En la misma se decía:
“Si la propuesta de
Morúa se convierte en
ley irían a dirimir ese
asunto de derecho a
Washington, donde
nuestra vida política
había sido sancionada
por un gobierno fuerte
que no temía a las
manifestaciones del
sentimiento popular”
(Rolando Rodríguez.
República de Corcho, p.
302).
En realidad, es difícil
de creer que personas de
una inteligencia normal
y golpeada por la
experiencia política de
la actuación
norteamericana se
creyesen semejante
acción de Magoon como
algo repetible. Esto,
además de una bofetada a
la gran masa del pueblo
cubano, que no resistía
la Enmienda Platt, era
reconocer el derecho de
EE.UU. a meterse en los
asuntos de Cuba. Pero
creo que se manejaba por
el PIC como una
esperanza de algo que en
otro momento había sido
posible. (Para ampliar
ver: Ob. Rolando
Rodríguez p. 302).
Sin embargo, en realidad
un reconocimiento como
ese, del poder de la
Enmienda Platt, no podía
tener mejor resultado
que restarle prestigio
al Partido Independiente
de Color, ante aquellos
en los que más debía
buscar el apoyo
político. Sin duda, no
era un buen camino para
lograr la aceptación que
el Partido necesitaba.
La fundación del PIC
Entre 1878-1889 se había
intentado construir un
partido de negros al
frente del cual estaría
Juan Gualberto Gómez,
pero la idea no
fructificó porque Gómez
era enemigo de dividir a
blancos y negros. Al
contrario, estos debían
unirse contra el poder
español en Cuba.
En 1908, Evaristo
Estenoz y Gregorio Surin,
en La Habana, crearon la
que llamaron Agrupación
de los Independientes de
Color, la que más tarde
cambiaría su nombre por
Partido Independiente de
Color.
Tal vez ante el temor de
una posible sublevación,
Charles Magoon, entonces
interventor en la
Segunda Ocupación
norteamericana, legalizó
el Partido. Pretendía,
según parece, apaciguar
a los negros y mestizos
belicosos, porque sabía
de la participación de
estos en la Guerra del
95 y en la insurrección
de 1906. Pero también es
posible imaginar que esa
aprobación se debía a
que la misma no
contradecía que en los
EE.UU., a pesar del
racismo imperante, los
negros y otros grupos
(minorías) fundaban sus
organizaciones para
reclamar mejoras para su
población.
A finales de agosto de
1908 la Agrupación
comenzó a publicar su
órgano oficial, bajo el
nombre de Previsión.
Este último lanzó
campañas que al parecer
causaban el temor de los
blancos.
Ser blancos
independentistas, a los
negros que habían
luchado contra España.
Visión un tanto torcida
de traición, porque se
partía de un análisis de
colores y no de clases.
Los blancos en realidad
no traicionaban a nadie,
simplemente, muchos de
ellos con poder, dinero
y respaldados,
respondían a la defensa
de sus intereses.
Lamentablemente, aunque
no fuese su intención,
en medio de los temores
que un posible
enfrentamiento racial
producía, el PIC, sin
proponérselo, provocaba
una cierta división
entre blancos y negros,
que asustaba y no era
aceptable para muchos
cubanos de ambas
“razas”. Cosa que los
principales fundadores
de la nación cubana
nunca habrían
permitido.
Incluso, el propio
Antonio Maceo, el negro
más aguerrido y luchador
contra la discriminación
racial, la sufría, pero
nunca se atrevió a decir
ni hacer nada que
pudiese dar la impresión
de que blancos y negros
pudiesen convivir
separados. A pesar de
sufrir no pocas veces la
discriminación, Antonio
Maceo era un
inclaudicable defensor
de la unidad de todos
los cubanos. Lo
principal era hacer la
guerra contra España
para lograr la
independencia y Maceo ya
había vivido las
consecuencias que la
división entre los
cubanos podía provocar.
La República sería otra
cosa. José Martí la
había proclamado “Con
todos y para el bien de
todos”. Sin embargo, ya
estábamos en la
República y el sueño
martiano parecía
evidentemente frustrado,
al menos para la inmensa
mayoría de los negros y
mestizos.
Cierto, no era lógico
hablar de traición a los
negros, aunque realmente
es verdad que los
generales blancos, en su
inmensa mayoría, fueron
evidentemente
favorecidos por una
administración
interventora racista, a
la que ayudaron a
convertir en polvo la
idea de la República
martiana por la que
tantos cubanos, blancos
y negros, habían muerto.
A muchos generales de la
Guerra de Independencia
hasta Gerardo Machado y
Morales, el último de la
lista, que se
beneficiaron
sobremanera, les cabe el
lamentable honor de
haber puesto en práctica
el modelo neocolonial
diseñado para Cuba por
EE.UU., mientras que un
general de cuatro
guerras como Quintín
Banderas no recibió más
que un miserable puesto
de cartero, para
finalmente morir
vilmente macheteado.
En 1908, la agrupación
presentó candidatos
legislativos en La
Habana, pero solo
alcanzó 2 000 votos y
ninguno resultó elegido.
El mismo Estenoz obtuvo
solo 95 votos,
fallándoles entonces la
idea de que debían ir en
lista independiente (Fermoselle,
pp.111-112).
Los Independientes de
Color no buscaban
supremacía de raza, sino
que no hubiera
supremacía. Se unían no
como negros y mestizos,
sino como oprimidos.
Tampoco la agrupación
era un fin en sí mismo,
por lo que impedirles
unirse era permitir que
continuase la supremacía
blanca y la desigualdad.
En sus filas se
permitían blancos, y se
integraron muchos
españoles anarquistas.
Su programa era
nacionalista con base en
la búsqueda de la
igualdad social y
racial, pro obrero y pro
campesino, favorable a
la educación universal y
a una justicia de verdad
equitativa. Por esto es
muy posible que los
ataques de racistas con
que les persiguieron
siempre, no fueran más
que un modo también de
tapar la animadversión y
la cobardía que les
provocaba a los sectores
blancos de poder el
tener que soslayar
enfrentarse con un
programa que ni
cínicamente hubieran
podido ser capaces de
adoptar.
Pero, lamentablemente,
también se manifestaba
en el Partido
Independiente de Color
cierta dualidad
contradictoria respecto
a EE.UU.
-Reclamaban la
aprobación dada por
Magoon, por lo que de
hecho aceptaban así la
Enmienda Platt, al
considerar que era bajo
su autoridad debía
devolvérsele estatus
legal al partido.
-Apelaron a la autoridad
del Presidente de los
EE.UU. para lograr el
reconocimiento de su
demanda.
-Parecían reconocer el
racismo norteamericano,
porque su órgano
Previsión, en la
práctica, defendía la
blandura del racismo
yanqui ante un racismo
más marcado en Cuba.
Sin duda, el PIC buscaba
justicia apelando a los
mecanismos de poder tal
y como estos funcionaban
en aquellos momentos.
Pero lamentablemente las
claves de ese poder no
estaba en manos de los
cubanos, sino bajo el
control de EE.UU. por
lo que le quedaban muy
pocas alternativas.
Sin embargo, el PIC
tenía una postura no
solo antirracista, sino
que también se
pronunciaba contra el
expansionismo yanqui y
la propia Enmienda
Platt, considerando
entonces a Guantánamo y
Bahía Honda como dos
heridas en el cuerpo de
la nación. No obstante,
todo parece indicar que
la obsesión por quitarse
de encima a la Enmienda
Morúa, en la práctica
los llevó a soslayar un
poco sus propias
concepciones
patrióticas. Es de
destacar que no estaban
en medio de la guerra,
sino en la República,
controlada por EE.UU. y
administrada por sus
cancerberos, por lo que
se trataba de un terreno
muy resbaladizo, donde
no era difícil quedar
envueltos por la
politiquería, que fue lo
que finalmente les
ocurrió.
En las elecciones
parciales de 1910 solo
tendrían derechos
liberales y
conservadores. Para
entonces el Partido dejó
de llamarse Agrupación y
adoptó el nombre de
Partido Independiente de
Color.
Estenoz fue detenido por
violar la Ley de
Imprenta, acusándolo de
ser el autor de un
violento texto aparecido
el 30 de enero de 1910.
(Ver: Rolando Rodríguez,
La Conspiración de los
Iguales, p. 299). El
gobierno confiscó
Previsión, y Estenoz
fue condenado a 120 días
de arresto.
El Senador Martín Morúa
Delgado aprovechó la
ocasión el 10 febrero
del propio año y
presentó al Congreso una
Enmienda al artículo 17
de la Ley Electoral.
Supuestamente, con esa
acción Morúa defendía la
unidad de los cubanos.
Puede, tal vez, que esa
haya sido su intención
personal, pero en la
práctica no se trató más
que de una trampa para
sacar del juego
electoral al Partido
Independiente de Color.
Comenzó así una larga
batalla político-legal
en la que muchos se
vieron envueltos dentro
de la cámara,
destacándose entre ellos
Salvador Cisneros
Betancourt, al
considerar que “la
Enmienda de Morúa
traería más problemas de
los que trataba de
evitar”, y así fue.
Pienso que de no existir
la Enmienda y de haberse
podido evitar lo
peligroso que resultaba
un partido de filiación
racial, sobre la base de
un debate amplio acerca
de la necesidad de dar
espacio político real a
los negros y mestizos
para que estos no se
viesen obligados a
constituirse en partido
independiente por
sentirse presionados,
pues se trataba de
solucionar el asunto por
la vía de una imposición
como la enmienda, se
habría podido avanzar.
Pero para ello se
requería la voluntad
política de la mayoría
blanca y de los negros
que se oponían. Eran los
blancos sobre todo los
que tenían el poder,
aunque también los
negros exigían una mejor
distribución del mismo.
Sin embargo, creo que la
sociedad cubana de
entonces no estaba
preparada para un debate
de esa naturaleza y todo
solo podía terminar,
como terminó, en una
gran masacre dentro de
la cual los negros no
cedieron, pero los
blancos tampoco. En el
fondo, el asunto no era
un simple problema
racial sino de clase, de
poder, donde la cuestión
racial era solo el
ingrediente que agravaba
la confrontación, pero
no su esencia.
Pensamos que el PIC
absolutizó el
enfrentamiento a la
Enmienda Morúa
reduciéndolo todo a una
batalla electoral y esa
batalla llevó al Partido
Independiente de Color a
cometer un conjunto de
errores políticos que le
restarían muchas fuerzas
para sostener la
totalidad de sus
demandas y focalizar el
debate por alcanzarlas
de una manera más amplia
y positiva atrayendo
hacia ese debate tanto a
negros y mestizos, como
a blancos de la
población humilde, que
podían identificarse con
el programa del
partido.
Entre tales errores
debemos mencionar los
siguientes:
- El primer error fue
olvidar que la batalla
del PIC no podía ser
solo contra la Enmienda
Morúa, sino una lucha
político-social por
ganarse a la masa de
negros y mestizos, y
hasta de blancos, pobres
sobre todo, que podían
encontrar reflejadas
muchas de sus
aspiraciones en el
Programa del Partido;
por cierto, muy
progresista para su
época.
- Prestar más atención
al aspecto organizativo
del Partido para evitar
lo que de hecho se
produjo en algunas
ocasiones, la emergencia
de iniciativas
regionales, que no pocas
veces pusieron en
peligro las intenciones
pacíficas y no racistas
del partido.
-Haber confiado de
manera muy idealista,
apoyados en la
estrategia de 1906
contra Estrada Palma, en
que el gobierno
norteamericano
defendería en Cuba
reivindicaciones
políticas de negros,
cuando dentro de su
propio país practicaban
el racismo más
despiadado. Además, la
diferencia con 1906 era
que fueron blancos los
que lideraron entonces
el movimiento.
-Creer que José Miguel
Gómez se vería obligado
en algún momento a
derogar la Enmienda
Morúa.
-No tomar
suficientemente en
cuenta, los factores de
peligro presentes en el
ambiente político de la
época, tales como: el
interés de algunos
sectores por provocar
la intervención
norteamericana, el
racismo presente en la
vida nacional, el peso
de la propaganda racista
que magnificaba,
tergiversaba y
manipulaba toda
actividad del partido
como una acción dirigida
contra los blancos y sus
familias; además de la
actitud paranoica del
gobierno norteamericano
contra toda actividad
que pudiese afectar sus
propiedades en Cuba.
- Los independientes
confiaron en que
conversar con José
Miguel Gómez les
serviría para adelantar
algo en sus aspiraciones
de abolir la Enmienda
Morúa, pero no valoraron
suficientemente algunos
asuntos que tendrían
consecuencias
desastrosas. Entre
ellos:
- Muy pronto, una vez
producido el alzamiento,
el Presidente comenzó a
sentir la presión
proveniente del gobierno
de EE.UU. para que
protegiera las
propiedades y los
ciudadanos
norteamericanos, a lo
que se aliaban los
cónsules
norteamericanos,
ingleses y franceses.
- Beaupre, Ministro
representante del
gobierno norteamericano
en Cuba, en coordinación
con el cónsul inglés,
francés y otros
funcionarios
representantes de los
negocios norteamericanos
en la Isla, se afanaba
continuamente por
magnificar el peligro
que representaba la
insurrección, e informar
al gobierno
estadounidense acerca de
las incapacidades de la
administración cubana
para proteger las
propiedades
norteamericanas.
-Varias personalidades
presionaban
continuamente por la
intervención
norteamericana.
- Dentro del Congreso se
movían fuerzas dirigidas
a poner en manos de José
Miguel Gómez todas las
capacidades para
terminar la insurrección
de la manera más
violenta posible.
- El Presidente no hizo
el menor caso a la
realidad de que los
insurgentes rehuían los
combates, evitando los
enfrentamientos con el
ejército. Todo lo
contrario, al haberse
corrido fuertemente el
rumor de que había algún
entendimiento con los
líderes del Partido
Independiente para que
lo que tuviera lugar
fuese un simulacro de
enfrentamiento. Gómez
movilizó tropas y
armamentos suficientes
para masacrar la
insurrección. Por lo
que, en el congreso, al
triunfar la idea de la
suspensión de garantías
y definitivamente
aprobarse la Enmienda
Morúa, el General
Monteagudo, jefe del
ejército, se vio
protegido para actuar
con toda violencia y
criminalidad, como
efectivamente lo hizo.
Acontecimientos
preliminares del
alzamiento armado
Evaristo Estenoz hizo
constar en más de una
ocasión que el PIC había
sido respetado y
considerado por el
gobierno de Washington
durante la Segunda
Ocupación, en la persona
de Magoon. Por su parte,
Pedro Ivonnet,
renunciaba al Partido
Conservador y se les
unía para ser presidente
del PIC en Oriente.
Pero, según se acercaban
los momentos
definitorios de la
contienda contra la
Enmienda Morúa, la
situación política para
el PIC se tornaba más
difícil y compleja.
El 3 de marzo de 1910
apareció en “La Lucha”
un manifiesto de las
Sociedades de Color,
bajo la dirección de
Juan Gualberto Gómez,
que criticaba a los
Independientes por
rígidos e impacientes.
No los apoyaba y este
despegue hacía un gran
daño al Partido, pues se
enajenaba al negro más
importante de la época.
Los liberales se
preocupaban, pues no se
acababa de aprobar la
Enmienda, y los miembros
del PIC continuaban
organizándose y
constituyéndose. En tal
caso, José Miguel Gómez
tampoco quería ceder
terreno a los
Conservadores y
asumiendo un papel de
árbitro supremo, que
supuestamente estaba por
encima de la disputa,
cortejaba a los
Independientes y les
prometía interceder para
que la Enmienda no
quedara aprobada.
Estenoz, como parte de
la campaña para evitar
la aprobación de la
Enmienda, atacó
fuertemente a Gómez,
tildándolo de lechero y
a Morúa de negro
vendido, llamándole
ignorante al coronel
Manduley.
El Club Aponte tuvo una
fuerte polémica debido a
la pertenencia de
algunos de sus miembros
al PIC, a los que
expulsó.
Por su parte, Enrique
José Varona se
pronunciaba contra el
“coqueteo con una
organización que se
basaba en el color”,
señalándolos como
irresponsables que
comprometían el futuro
de la patria.
En el órgano
Discusión les
aconsejaba no agruparse
por la raza y les
sugería aliarse al
Partido Conservador.
No eran pocas las
manifestaciones de
desaprobación que el PIC
recibía continuamente de
miembros de todos los
grupos raciales y
prácticamente de todos
los sectores sociales.
El 22 de abril, el
Ministro norteamericano
Jackson le escribió al
de Estado Knox que se
había reunido con
Estenoz. Este le había
asegurado que su partido
era legítimo, pues lo
había reconocido Magno,
que estaba integrado por
negros y blancos y no
tenía que provocar
acciones para derramar
sangre o provocar una
intervención de EE.UU.
Pero la opinión de Knox
era que detrás del PIC
había blancos que
deseaban crear una causa
de intervención y de
posible anexión. Estos
eran, según él, los que
querían crear una
situación similar a la
de 1906, que a pesar de
su negativa inicial, al
final, había tenido que
aceptar la solicitud de
Estrada Palma de
intervenir en la Isla.
No obstante, en
realidad, la entrevista
con Jackson fue un error
del PIC, pues ya la
proclama de Surin,
mencionada más arriba,
había servido para
levantar la sospecha de
que el PIC buscaba la
temida injerencia de
EE.UU., lo cual
contribuía a enajenarle
las simpatías del
elemento más patriótico
del país, pues realmente
imaginar que EE.UU.
sería fuente de justicia
para los negros en Cuba
era algo ciertamente
descabellado. ¿Cómo era
posible imaginar que el
Gobierno norteamericano
apoyara a negros en su
neocolonia si
prácticamente los
masacraba en su propio
país? Es una respuesta
que no vale la pena
encontrar. Sin embargo,
el PIC insistió en
semejante asunto casi
hasta el cansancio.
La noche del 22 y 23,
hasta el 25 de abril de
1910, fueron arrestados
59 de los principales
dirigentes del PIC. Para
representar al líder se
constituyó como defensor
el General Freyre de
Andrade, dirigente del
Partido Conservador. La
jugada era clara, se
trataba de atraer al PIC
al control de los
conservadores.
Además, la prensa
reforzaba la idea de que
el PIC era el plan de
algunos blancos y
extranjeros para buscar
el derrocamiento del
gobierno y provocar la
intervención de EE.UU.,
algo similar a lo que
había tenido lugar en
1906. Pero en 1906
EE.UU. no había
intervenido en favor de
negros.
La tensión era tal que
el Consejo Nacional de
Veteranos publicó el 23
de abril en El
Veterano el
manifiesto “Ni blancos
ni negros, solo
cubanos”, donde se
acusaba a los
Independientes de Color
de encabezar una campaña
racista encaminada a
destruir la república
cubana por lo que
entonces el PIC tampoco
podía contar con los
veteranos, una fuerza
que poseía arrastre y
prestigio suficiente.
Se creaba así una
atmósfera que hizo que
las Sociedades de Color
de La Habana condenaran
la agitación de los
Independientes de Color.
Previsión se vio
obligado a declarar que
no buscaban la
intervención ni se
proponían el
levantamiento armado. El
periódico trataba de
salir en defensa del
partido en medio de la
situación tan
desfavorable que se les
creaba. Pero el
desequilibrio entre lo
que un solo periódico
del partido podía hacer
en su defensa y el resto
de la prensa era muy
grande.
El 29 de abril de 1910
fallece Morúa Delgado y
el 2 de mayo, sin duda
influenciadas por el
acontecimiento, la
Enmienda es aprobada con
42 votos contra 20, y
pasa a conocérsele como
la Ley Morúa. A partir
de entonces, la batalla
contra la Enmienda
prácticamente concentró
definitivamente todos
los esfuerzos del PIC.
El 20 de junio del
propio 1910 diez de los
detenidos del PIC
decidieron acatar la
Enmienda y declararon
disuelto el PIC. A pesar
de haber sido
excarcelados 57
disidentes, Estenoz
continuaba encerrado y
expresó que el partido
seguiría luchando.
Los que permanecieron en
prisión tomaron la
decisión de que o la
Enmienda Morúa era
derogada, o por la
fuerza la echarían
abajo. Finalmente,
Estenoz es liberado y en
octubre se encarga de
hacer público que el PIC
continuaba, pues su
disolución en la cárcel
no había sido reconocida
por una parte importante
de sus miembros y que él
continuaba siendo el
jefe del Partido.
Pero, en el mismo
octubre de 1910, Isidoro
Santos Carrera y Zamora
Francisco Caballero
(miembros del Comité
Ejecutivo Provincial del
PIC en Oriente) dirigen
una carta al Presidente
de EE.UU. reclamando la
legalidad del PIC que
había hecho Magoon y,
lamentablemente, en la
misiva califican de
visionaria a la Enmienda
Platt.
Sin lugar a duda, una
carta como esa, al
Presidente
norteamericano,
halagando la Enmienda
Platt, le restaba aun
más prestigio al
Partido, haciéndolo
quedar como
antipatriótico.
A la misiva mencionada,
le siguió una carta a
José Miguel Gómez, de
fecha 18 de octubre,
pidiéndole aplazar las
elecciones. Tan nada
aceptable como la
anterior.
En realidad, todas estas
reclamaciones carecían
de valor, pues Estenoz
se había reunido e
invocado el dictamen
dado por Magoon de
beneplácito con el PIC,
lo cual se había basado
en la Enmienda Platt,
pues bajo su
jurisdicción era que
había tenido lugar la
Intervención de 1906.
Como algo nuevamente
lamentable en sus
reclamaciones, llamaban
a Magoon ilustre
ciudadano, cuando todos
sabían de su falta de
prestigio en los EE.UU.
y de sus vínculos
corruptos en Cuba.
En las solicitudes del
PIC se ponía claramente
de manifiesto la
mentalidad de
subordinación existente
en casi todos los
políticos cubanos de la
época. Aunque los del
PIC en su inmensa
mayoría eran negros y
mestizos, por lo que
entonces, ¿qué tenían
que hacer estos últimos
pidiéndole clemencia al
Presidente de la nación
más racista del
hemisferio? De ello
salió el desaire
esperado, donde el
Presidente de EE.UU.,
respondía “… que no
consideraba oportuno
formular sugerencias al
gobierno cubano”.
Otros de los desvaríos
políticos de varios
miembros del PIC se
expresaba en que junto
con los disidentes de la
cárcel, otros también se
expresaban de acuerdo en
votar por el Partido
Conservador, criticando
a los liberales por
haberlos encarcelado.
Estenoz trabajaba
arduamente para reanimar
el PIC que en 1912
tendría como tareas no
apoyar a ningún
candidato y derogar la
Enmienda Morúa. A la
sazón, Fernando Freyre
de Andrade y Armando
André habían presentado
un proyecto de Ley para
derogar la Enmienda
Morúa, pero aun después
de mucho debate no se
logró nada concreto en
la dirección defendida,
entre otros, por el
propio Andrade, Lino
D’ou y Campos Marquetti.
Como un lamentable error
de cálculo, el PIC no
prestaba atención
suficiente al contexto
político en que tendría
que moverse su
pronunciamiento de
levantamiento armado.
Entre otros, sería
grande la alarma que se
crearía, que traería el
recuerdo de las
rebeliones de esclavos y
en particular del “miedo
al negro” que la
Revolución de Haití
había provocado y que
todavía permanecía en la
conciencia de muchos
blancos y negros
también.
El camino hacia el
levantamiento armado
En enero de 1912 fue
presentado un recurso de
inconstitucionalidad
contra la Enmienda
Morúa; pero fue
declarado sin lugar, así
se esfumó la última
esperanza del Partido
Independiente de Color.
Perdidas las esperanzas
de anular la acción de
la Enmienda Morúa, los
Independientes de Color
continuaron trabajando
en las direcciones
siguientes:
-Acentuaron el trabajo
en función de preparar
la protesta armada,
término que no dejaba
muy claro su
significado, su posible
comprensión, aceptación,
ni sus límites. Pero se
hablaba en él de
protesta y de armas.
-Estenoz programó una
visita a Washington para
insistir en reclamar la
aprobación dada por
Magoon.
-A mediados de febrero
una comisión encabezada
por Estenoz se
entrevistó con el
Presidente Gómez. Aquí
el Presidente hizo
algunas promesas de
ayuda, pero reclamó que
borraran el término
“color” de la
denominación del
Partido. Esto último
parecía ser lo que más
preocupaba y molestaba a
las elites blancas de
los partidos
tradicionales. Aunque
también a no pocos
negros.
-Estenoz finalmente
lanzó un ultimátum a
Gómez: si la Enmienda
Morúa no se derogaba
antes del 22 de abril de
1912, los negros
lucharían por preservar
su honor. Acto seguido,
Estenoz, en
Reivindicación,
publicó una circular
amenazando al gobierno
con desatar una ola de
protestas y una
manifestación masiva en
Oriente. En realidad se
trataba de un peligroso
ultimátum, que no tomaba
muy en cuenta las
condiciones bajo las
cuales el Partido lo
realizaba. (Rolando
Rodríguez, pp. 321-323)
El ministro Beaupre,
inmediatamente, informó
al Secretario de Estado
norteamericano, sobre la
visita de Estenoz al
presidente Gómez,
diciendo que Estenoz
había declarado a la
prensa que su Partido
era todopoderoso y que
ningún partido podría
ganar sin su ayuda.
(Rolando Rodríguez p.
323). De modo que
Beaupre informaba que el
PIC pretendía lograr sus
objetivos por tres vías:
-Presionando a José
Miguel Gómez y al
Congreso.
-Por la vía de la
intervención de EE.UU.
-Por una negociación con
las armas en la mano.
Los negros siempre
habían sido columna
vertebral de los
levantamientos armados
en Cuba, pero bajo el
mayoritario liderazgo de
los blancos, nunca
solos. La prensa,
tornando aun más tensa
la situación, insistía
en que el PIC recibía
ayuda de Haití y de
Jamaica, elemento este
que fue extensamente
manipulado.
Por otro lado, la
situación del PIC se
tornaba aún más
complicada y peligrosa,
al continuar insistiendo
en apostar a que una
decisión de EE.UU. les
beneficiara. Esta
política los alejaba
cada vez más de las
simpatías populares que
necesitaban mucho tanto
de parte de los negros,
como de los blancos.
El 21 de marzo, Estenoz
enviaba un cable al
Presidente Taft, en el
que pedía protección y
acusaba al gobierno de
no ofrecer garantías a
su partido. Esta acción
fue realizada también
por decenas de miembros
del PIC, por medio de
Beaupre para hacerlo
llegar a Taft. (Rolando
Rodríguez, la
Conspiración de los
Iguales. p. 326).
A pesar de los
atropellos de que eran
objeto, ofensas y hasta
prisión, ello no
justificaba insistir por
parte de los militantes
del PIC, pues mientras
veteranos y patriotas
solicitaban a EE.UU. no
intervenir en Cuba y
salvar la República
(maltrecha, pero
República al fin) los
Independientes
solicitaban que se les
aplicase el artículo III
de la Enmienda Platt,
con tal de salvar su
partido. Sin duda, se
trataba de un egoísmo
que lindaba con el
oportunismo y la falta
de patriotismo.
La prensa entonces
utilizaba los documentos
emitidos por el PIC para
atacarlos por doblegarse
a Washington,
considerado como
reprobable ante la
conciencia nacional,
aunque esta misma prensa
no se cansaba de adular
a Washington. En
realidad, el patriotismo
de la inmensa mayoría de
esta prensa cabía en el
bolsillo pequeño de
cualquiera; pero con
mucha frecuencia la
demagogia y el cinismo
no pagan entrada, se
cuelan por los
resquicios más
insospechados. Esa misma
prensa que exacerbaba el
sentimiento racista
contra los
Independientes, los
acusaba de
antipatrióticos.
En medio de esta
situación llegó la
artimaña de José Miguel
Gómez. Sabiendo este
último que Estenoz se
entrevistaría con Knox,
el 5 de abril lo convocó
a una reunión a Palacio,
donde le prometió que la
circular que prohibía
los mítines, sería
cancelada y hasta que la
Enmienda Morúa sería
derogada.
El gobierno trataba de
hacerle creer así a
Estenoz que EE.UU. le
demandaba cesar sus
actividades,
comentándoles que habían
recibido cartas de
Washington procedentes
del Presidente Taft
(Rolando Rodríguez p.
329).
Para tratar de captarlo,
Gómez llamó a Ivonnet a
Palacio, quien llegó a
la reunión con las
aspiraciones del partido
y rechazó su cambio de
nombre, así como con la
decisión de apoyar al
candidato presidencial
que más ventajas les
diera[20].
Ivonnet declaró entonces
que regresaba a Oriente
sin haber logrado que el
gobierno derogara la
Enmienda Morúa.
El mismo día 14 de
abril, Gerardo Machado
derogó la circular que
prohibía los mítines al
PIC. Se dice entonces
que en reciprocidad, el
PIC quitó lo del color.
El PIC comprendía que
tendrían que lograr
rápido derogar la
Enmienda Morúa. De lo
contrario, quedarían
marginados del proceso
electoral. Entonces se
estudiaron algunas
opciones. Las más
importantes fueron:
-Cambiar el nombre del
partido y darles cargos
a blancos. Pero entonces
habría que reinscribirlo
y eso significaba en la
práctica abandonar la
batalla.
-Disolver el partido, lo
cual implicaba retirarse
de la contienda
electoral.
-Organizar una protesta
armada, peligrosa
variante que podría
llevar a la ocupación,
como en 1906,
presionando para obligar
al gobierno de José
Miguel Gómez a derogar
la Enmienda Morúa.
(Silvio Castro. p. 129).
A partir de entonces,
comenzaron procesos que
llevaron al desenlace
fatal.
Pienso, no obstante, que
la primera alternativa,
habría ayudado a
convertir al partido en
un movimiento popular.
Con un programa
atractivo, que podía
desplazar a los otros
partidos y atraer masas,
también a los negros de
renombre, como lo eran
Juan Gualberto Gómez,
Silverio Sánchez y otros
que se mostraban
renuentes a brindar su
apoyo al PIC.
El 12 de mayo de 1912,
se reunió el Ejecutivo
nacional del PIC, con la
presencia de Estenoz y
la participación amplia
del resto, 13 en total,
en la calle Virtudes No.
95 (Ver: Silvio Castro.p.90).
Durante la reunión, el
debate se centró en ir a
la Protesta Armada o
cambiar el nombre del
Partido y seguir
luchando dentro de la
legalidad. También se
consideraba necesario
conocer la opinión de
José Miguel Gómez sobre
la derogación de la
Enmienda Morúa y sobre
los obstáculos que les
oponía Gerardo Machado,
ministro de Gobernación,
para la lucha
legal.(Ver: Portuondo
Linares. p. 148).
Se consultó en clave con
los Comités del partido
sobre las opciones. Una
abrumadora mayoría de
las juntas votó por
tomar las armas.
(Portuondo Linares p.
147).
Por su parte, Ivonnet,
presentaba el proyecto
de los Independientes de
la manera siguiente:
Confiaba en que se haría
una asamblea para
cambiar el nombre del
partido y decidir a
quién apoyar como
presidente.
Se irían al Campo las
fuerzas comprometidas
para alzarse. No habría
enfrentamientos de
sangre. A los 8 días se
derogaría la Enmienda
Morúa y después
apoyarían la reelección
de Gómez.
Después de la mencionada
reunión entre Gómez e
Ivonnet, la prensa
hablaba de un pacto
entre ambos. En
realidad, el Presidente
había tenido un diálogo
con el PIC y les había
prometido derogar la
Enmienda Morúa. Pero
ello no significaba que
hubiera un pacto.
Pero, el 26 de mayo, en
una entrevista de
Ivonnet y Estenoz con el
periodista Bacardi, para
El Cubano Libre
de Santiago de Cuba,
cuando ya los
Independientes se habían
ido al monte, rechazaron
que se hubiera
establecido ninguna
combinación con el
Presidente Gómez.
Explicando que le habían
dado a entender a este
último que si no
satisfacían sus demandas
se verían obligados a
adoptar una actitud
violenta. (Rolando
Rodriguez. p.332).
Se especulaba mucho
sobre un posible arreglo
entre el PIC y Gómez,
pero ello es muy
difícil de admitir
debido a su
peligrosidad. Esto
tampoco está probado.
De todos modos, Gómez,
por su parte, para negar
que hubiera habido algún
pacto, tenía que hacer
todo lo posible por
manifestar su voluntad
de aplastar la
insurrección. A lo cual
se sumaban otros
asuntos, tales como:
1-
Las fuertes
presiones en el congreso
para que no se pudiera
derogar la Enmienda
Morúa.
2-
Las intrigas del
ministro Beuapre,
continuamente
sobredimensionando todos
los peligros, para
justificar la ocupación
y una posterior
anexión.
3-
El peligro real
de que el PIC había
aplicado la variante más
peligrosa de rebelión:
la llamada Protesta
Armada.
4-
La actitud cínica
del gobierno
norteamericano, que
nunca mostró la
intención de reiterar la
aprobación que Magoon le
había dado al PIC.
La tesis de un supuesto
acuerdo entre Gómez y el
PIC para el alzamiento,
es totalmente
cuestionable. Pero es
cierto que el Presidente
hizo promesas de derogar
la Enmienda Morúa. Por
lo que tan cercana las
elecciones, e incumplida
la promesa de Gómez,
ello llevó más a los
independientes por el
camino de la violencia.
No era la intención del
PIC derrocar al
gobierno, pero la
variante seleccionada
para lograr sus
objetivos era la más
peligrosa de todas. Al
mismo tiempo, debiendo
buscar apoyo en los
negros, pero también en
los oprimidos en
general, no lo lograron,
siquiera, parece, que lo
hayan intentado con la
mayor fuerza y lo que
hicieron fue moverse
dentro de las
estructuras del poder
interno, el gobierno de
EE.UU. y se olvidaron
del pueblo, perdiendo
todo el carácter social
y movilizador que pudo
haber desplegado su
movimiento.
Por su parte, el
gobierno norteamericano,
al producirse el
alzamiento, apoyó la
masacre que realizaría
el Ejército Nacional y
los voluntarios, bajo el
mando del General
Monteagudo.
Sin duda, aquellos
negros, orgullosos de su
papel en la Guerra de
Independencia, parecían
no comprender que los
enemigos ahora no eran
los mismos, ni ellos
tampoco eran los mismos,
a quienes se les
enfrentaban entonces
ahora como negros
armados contra blancos
de la elite en el
poder.
El levantamiento armado
Fue en Oriente donde se
focalizó el conflicto.
Lógico, si al observar
el censo se ve que de
los 609,000 negros y
mestizos que se decía
entonces había en Cuba,
en Oriente había
195,000, concentrándose
la mayoría en la franja
sur de la provincia.
(Rolando Rodríguez, p.
336). Donde también
estaban los líderes más
importantes del
partido.
Al mismo tiempo, se
prestaba atención a la
composición racial de la
zona donde, según el
censo de 1907: El caney
tenía 53% mestizo, Alto
Songo 71,8% y San Luis
68,9%.
El 17 de mayo, en el
parque Crombet, de
Santiago de Cuba, se
llevó a cabo una
concentración, en la que
Estenoz, se dice, lanzó
una amenaza: “Si la
Enmienda Morúa no era
derogada pronto su
partido arruinaría a
Cuba” (Rolando
Rodríguez, p. 337).
Se cuenta, que al día
siguiente del mitin,
Estenoz se presento en
la herrería de
Buenaventura Parada y le
dijo: “ Es preciso nos
vayamos al campo, todas
las provincias están
preparadas ya para el
movimiento y el partido
comprometido para
alzarse… no habría
derramamiento de sangre,
las tropas no nos
encontrarán y si acaso
nos encontráramos,
sostendremos un pequeño
fuego del que nada ha de
resultar, a los 8 días
se derogará la Enmienda
Morúa y después hemos de
apoyar la reelección del
general Gómez ( La
Lucha, 1ro. de
agosto de 1912 ).
Según, Silvio Castro, es
de este pasaje sobre el
plazo de 8 días y el
apoyo a Gómez de donde
se extrae, la supuesta
complicidad del
Presidente con el
alzamiento. (Silvio
Castro, p. 163). Después
Parada, que había
referido este asunto,
cambió su versión de la
conversación, narrada en
condiciones muy
especiales, estaba
preso, pero de todos
modos, no se puede
inferir de lo dicho que
haya habido una
confabulación expresa
entre Gómez y el PIC.
En realidad, la
situación política era
muy tensa, pero la
versión de Estenoz sobre
lo que él consideraba
que sería el alzamiento
resultaba poco menos que
increíble. Pues era una
verdadera idealización
imaginar que con las
armas en la mano y en
medio del ambiente de
desaprobación que
sufrían los
independientes, todo
terminaría tan fácil y
rápido.
Se dice que el
alzamiento comenzó el 19
de mayo, en casa de
Ivonnet.
Ya el 17 de mayo, el
Regimiento No. 2 del
Ejército nacional,
informaba de una
escaramuza entre ellos y
4 hombres. El 18 hubo
alzados del PIC en Sagua
la Grande y Cruces, y el
rumor de alzamientos de
negros se esparcía por
momentos.
Mientras comenzaba el
alzamiento en Oriente,
Freyre de Andrade en La
Habana, el 19 de mayo,
luchaba por introducir
un cambio en el orden
del día del congreso
para tratar de derogar
la Enmienda Morúa. Su
insistencia fue
continua, pero frente a
sus esfuerzos,
legisladores negros como
Campos Marquetti y Costa
Rondón, no dieron el
apoyo que se esperaba.
Freyre de Andrade diría:
“…Mis defensas a las
reformas no son de la
raza de color, sino de
las libertades del país…
la esclavitud negra en
Cuba ha costado también
sangre de la raza
blanca.” (Portuondo
Linares p. 143).
Se pensaba entonces que,
el levantamiento armado,
promover el debate en el
congreso y la
intervención de EE.UU.
presionando a Gómez,
podrían traer la
derogación de la
Enmienda Morúa y así,
supuestamente, podría
terminar todo. Pero no
se logró nada en el
congreso, el
levantamiento devendría
una masacre, y los
yanquis no harían nada
para reiterar la
política seguida por
Magoon de aprobar sus
derechos al PIC y se
generó de tal modo una
encerrona de la cual fue
imposible salir.
Estenoz, por su parte,
parecía tener una visión
un poco irreal de la
situación, pues creo era
necesario explotar al
máximo el contenido
social del movimiento de
los independientes,
aunque lo consideraran
como algo eminentemente
político.
No obstante, de todos
modos, el PIC parecía
estar condenado. Porque
si los negros triunfaban
en sus empeños
políticos, liberales y
conservadores sentirían
el temor a esta nueva
fuerza, al convertirse
en una fuerza para sí.
Ello, en realidad no era
imposible, pero los
líderes del PIC, con sus
errores, situaron tal
posibilidad a una
distancia inalcanzable.
Porque, en particular,
el alzamiento podría
provocar la intervención
norteamericana y con
ella la ocupación de la
república, lo cual
preocupaba tanto a
negros, como a blancos,
que habían luchado por
ella. (Rolando
Rodríguez. p. 340).
Las dos razas habían
luchado por la república
y aunque esta última, un
poco maltrecha,
resultaría que un
segmento de la
población, por muy justa
que fuera su causa, iba
a provocar el fin de los
esfuerzos de 30 años.
Aunque los negros con
sus reivindicaciones
¿adónde irían a parar?
Se trataba de una
verdadera trampa que no
tenía solución.
Por su parte, Theodore
Roosevelt había dicho:
“…si una de estas islas
que libertamos no es
capaz de gobernarse a sí
misma, entonces debemos
nosotros gobernar hasta
que llegue esa
condición” (Rolando
Rodríguez. p. 341).
Para dar a entender
nexos con el
anexionismo, por parte
del PIC, incluso, se
llegó a afirmar por la
prensa que Estenoz, se
había reunido con
Steinhart, con el fin de
recabar dinero para su
causa. (Rolando
Rodríguez p. 341). No
existe nada que pruebe
que Estenoz estaba en
nexos anexionistas con
Steinhart.
En realidad, no se puede
decir que hubiese
intenciones anexionistas
por parte del PIC, pero
su aceptación de ser
apoyados contra la
Enmienda Morúa, y
recuperar la
autorización dada por
Magoon, los hacía
sospechosos y
manipulables dentro del
tema, aunque ello no
demostraba nada, salvo
la intención negativa de
alguna prensa. De todos
modos, Estenoz
justificaba sus
contactos con Steinhart
diciendo que era para
conseguir el apoyo de
EE.UU. a sus derechos.
Pero, sin duda, el PIC
se movía dentro de un
terreno muy resbaladizo
que podía acarrearles
serios problemas.
Estenoz y los dirigentes
de su partido, no medían
justamente la
correlación existente
entre sus propósitos de
lograr la legalidad del
partido, destruyendo la
Enmienda Morúa u
obteniendo la
legalización de su
organización y los
medios para conseguirlo,
sin al parecer
percatarse de cómo se
perjudicaban con algunos
métodos que utilizaban
para conseguir lo que
pretendían.
El Presidente Gómez, por
su parte, ya iniciado el
levantamiento armado,
aprovechaba muy bien las
desventajas del PIC, a
quien la prensa atacaba
despiadadamente, los
veteranos no lo apoyaban
y sufrían la no
aceptación de los negros
y mestizos más
prominentes.
La, “declaración de
guerra” de hecho se
produce el 22 de mayo de
1912, cuando Ivonnet
cursa una carta al
Presidente Gómez en que
le decía: “El PIC ha
empuñado las armas para
protestar de los errores
cometidos contra el
expresado partido… a mi
mando tengo 4 000
Independientes de Color
y que no son todos los
independientes ni son
todos negros, pues
también hay blancos”.
A partir de entonces,
aunque el alzamiento
había comenzado antes,
empezaron a moverse las
tropas del gobierno. Ya
antes, el 21 de mayo,
los veteranos negros y
blancos, comenzaron su
apoyo al gobierno. Ni
uno solo de los grandes
patriotas como Juan
Gualberto Gómez, Rabí,
Cebreco, Pedro Díaz y
otros, respaldaron a los
Independientes. Sin
percatarse de ello, el
PIC había dividido no
solo a los cubanos, sino
también a los negros y
desde el primer día ya
perdía la batalla con la
prensa y la opinión
pública. (Rolando
Rodríguez p. 345).
No obstante, un
individuo como Armando
André, enemigo de los
Independientes, decía:
“Por lo pronto hasta
ahora, por lo menos no
puede decirse… que sea
un levantamiento
racista… ni la
sublevación va contra
los blancos, por más que
este es un plano muy
inclinado y fácil de
recorrer.”
Ya el día 21 de mayo, el
ministro Bauprés, que no
esperaba más que una
mínima confirmación de
sus deseos o la
inventaba, telegrafió a
Washington que el
movimiento negro se
había difundido y era
alarmante. Intentando
transmitir la inquietud
para provocar la
ocupación
norteamericana.
Durante todo el tiempo
que duró el
levantamiento y aun
cuando ya se reconocía
que había concluido,
este señor, antes
mencionado, estuvo
sobredimensionando los
peligros, combates,
saqueos etc. Para
mantener activa a la
flota norteamericana
contra Cuba. Combinando
todo ello con la amañada
apreciación de que el
gobierno de Gómez no
estaba en condiciones de
sofocar el
levantamiento. También
instigando de que otros
financiaban el
movimiento de los
independientes. Ello
desempeñó un papel
fundamental en la
disposición del
Presidente por acometer
con fiereza contra los
alzados y brindarle al
general Monteagudo todos
los recursos y
garantías, para
convertir las acciones
militares del gobierno
en una verdadera
carnicería.
La prensa exacerbaba el
problema, viendo alzados
y acciones violentas por
todas partes. El miedo,
la mala intención de
otros y el manejo
político de unos
cuantos, deslizaba el
ambiente por las sendas
más tenebrosas. Aunque
no todos se dejaban
llevar por la situación
creada y los rumores que
la sobredimensionaban.
Sobre todo, en los
primeros días, veteranos
de Pinar del Río,
reclamaban la
posibilidad de una
amnistía que les
propiciara a los alzados
regresar al orden. Pero,
lamentablemente, Emilio
Núñez, al frente del
Consejo Nacional de
Veteranos, eliminó toda
intención de posible
negociación con los
alzados e impulsó las
acciones necesarias a
nivel nacional, para que
“…traer a los
independientes a la
legalidad fuera
considerado como algo
incompatible con la
dignidad nacional”. (Aline
Helg: Ob. Cit. p.296,
Rolando Rodríguez, Ob.
Cit. pp. 349-350).
Por su parte, Gerardo
Machado, alentaba al
general negro Agustín
Cebreco, líder liberal y
representante a la
cámara, a emprender una
acción mediadora entre
el gobierno y los
alzados que los trajera
al orden. El gobierno
negó esta gestión, pero
los dirigentes blancos
de importantes clubes de
Santiago de Cuba, como
San Carlos y Unión,
protestaron
drásticamente. (Rolando
Rodríguez p. 350. Meriño
p. 98).
“En la actitud que tomó
finalmente el gobierno
de reprimir el
alzamiento sin
parlamentar, tuvo que
ver el rechazo a tal
conducta del cónsul
estadounidense (Holaday)
en Santiago de Cuba.
(Rolando Rodríguez .p.
350-351. Meriño p. 28).
El idealismo, más bien
inocente, desplegado por
los líderes de los
independientes, se había
confirmado en que,
durante la primera
semana, el alzamiento,
como habían planeado, no
fue violento y solo se
trataba de una
demostración de fuerza
para presionar al
gobierno y al presidente
Gómez. Los
independientes se
reunían y gritaban
“abajo la ley Morúa,
viva Gómez”. (Rolando
Rodríguez p. 349) (Aline
Helg. Ob. Cit. p.270).
Era evidente que los
independientes estaban
lejos de concebir
quienes podrían ser sus
verdugos. Pues se
trataba de una consigna
que encerraba en sí
misma todas las
complicaciones con que
los independientes se
alzaron.
Aunque se trataba de
hombres armados, se
seleccionó la peor
alternativa para
reducirlos a la
obediencia. Matarlos,
donde la posibilidad de
la legalidad pierde todo
sentido. Había otras
variantes posibles de
utilizar, pero se
trataba de negros en
rebeldía, cimarrones,
con los que nunca se
había tenido ningún tipo
de contemplaciones.
Negros armados,
amenazando al gobierno,
a los blancos,
supuestamente a sus
familias y a las
propiedades
norteamericanas;
alterando la
tranquilidad racial. Era
bastante más de lo que
la elite blanca y la
mentalidad racista
predominante podían
soportar. Aunque, para
no pocos, se trata
también de ciudadanos
que podían votar y hasta
antiguos compañeros de
armas en las guerras por
la independencia contra
España.
“De la amenaza de
destrucción no hay
dudas. El mismo 20 de
mayo, Estenoz le había
escrito al administrador
del central Soledad, de
propiedad
estadounidense… y le
describió su movimiento
como una guerra por los
derechos conculcados a
la mitad del pueblo de
Cuba. Si el
administrador no les
suministraba a los
independientes de color
25 rifles y municiones,
en los próximos días,
sabotearían las
plantaciones y el
central”[27].
Aunque se tratara de una
pantomima, resultaba
algo sumamente
peligroso, amenazar las
propiedades
norteamericanas de esa
manera.
Pero además, todos los
días finales de mayo,
Beaupre y el secretario
Knox, se la pasaron
intrigando en varias
direcciones.
- De
qué manera ponían en
situación comprometida
al gobierno de Gómez,
hablando de sus
incapacidades para
reprimir el alzamiento y
proteger las propiedades
norteamericanas.
- Mantener
a Gómez bajo la presión
del gobierno
norteamericano era casi
su tarea más
importante.
- Como
lograban que los barcos
norteamericanos vinieran
y desembarcaran tropas.
- Como
sobredimensionaban el
alzamiento y los
peligros que el mismo
representaba para los
intereses
norteamericanos en la
Isla.
- Manipular
continuamente que el
Presidente Gómez estaba
comprometido con los
independientes y que de
ello provenía su poco
interés por atacarlos
fuertemente.
- El
secretario Knox hacia
causa común con Beaupre
y ambos empujaban a
Gómez hacia la más
drástica solución.
Por otra parte, la
experiencia de 1906
pesaba doblemente. Para
los Independientes,
porque fue el momento en
que Magoon,
representando al
gobierno norteamericano,
había aprobado la
existencia del PIC. Para
Gómez, porque había sido
el momento en que EE.UU.
en lugar de apoyar a
Estrada Palma, ante la
tozudez de este último,
había facilitado el
terreno a los liberales.
Solo que ahora las cosas
eran más complicadas;
para los independientes,
sobre todo, porque a
pesar de que iban solo
contra la Enmienda Morúa
y únicamente presionaban
al gobierno en esa
dirección, se trataba de
negros, a los cuales la
prensa, casi de manera
total, les tergiversaba
su movimiento,
convirtiéndolo todo en
una guerra racial. Lo
cual no gozaba de
simpatía alguna. Ni
entre los liberales, los
conservadores e incluso
ni entre una buena parte
de los negros y
mestizos.
Las cosas se complicaron
aun más para Gómez,
cuando Menocal, de
manera oportunista,
trataba de hacer ver que
el presidente era un
flojo y ofrecía entonces
3,000 hombres para
ahogar cuanto antes la
insurrección. (Portuondo
Linares. p.192)
Por su parte,
Washington, siguiendo la
idea del Secretario de
marina Wintrop, dio
instrucciones a Beaupre
de comunicar al gobierno
de Gómez, que estaba
haciendo movimientos
militares, y que si
Gómez no lograba
proteger vidas y
propiedades, sus tropas
desembarcarían. Se
trataba de un verdadero
ultimátum que Gómez no
estaba en condiciones de
soportar.
De manera que entonces,
Washington, envió además
de los anunciados
buques, 700 hombres, 5
000 fusiles y 1 millón
de proyectiles. Poniendo
en alerta a todos sus
hombres en el Caribe
sobre el 25 de mayo, de
lo que Beaupre informó a
Sanguily. (Rolando
Rodríguez. p. 367).
El 25 de mayo de 1912,
José M. Gómez, no
aceptaba la
intervención, tildándola
de indeseable para la
independencia y por
demás, no acordada entre
ambos gobiernos.
Pidiéndole al presidente
de EE.UU., que diera
marcha atrás, pues Cuba
estaba solucionando el
asunto del alzamiento,
limpiando de occidente a
oriente. Lo contario
desprestigiaría al
pueblo de Cuba y a su
gobierno (Rolando
Rodríguez. p.367).
Por fin, el 3 de junio
de 1912, Gómez propuso
al congreso suspender
las garantías. Pues el
General Monteagudo había
solicitado al Presidente
que adoptara tal medida,
como algo que se
necesitaba para proceder
contra los negros que
adoptaban una actitud
pacífica. Era el toque
de “a degüello”, que
necesitaba Monteagudo
para desatar la masacre.
Sin contemplaciones de
ningún tipo, el ejército
y los voluntarios, se
lanzaron contra los
independientes, pero
también contra los
negros en general,
asesinando incluso a
negros miembros del
cuerpo de voluntarios y
hasta del ejército,
simplemente por ser
negros. Gómez brindó las
facilidades que
Monteagudo necesitaba
para convertir las
acciones militares
contra el movimiento en
un pase de cuentas de
carácter totalmente
racista. Bastaba
entonces con ser negro o
mestizo para ser objeto
de la más brutal
represión, aunque no se
tuviese relación alguna
con el Partido
Independiente de Color y
el alzamiento. Tomando
las acciones del
ejército nacional un
carácter totalmente
racista.
La masacre
Hasta última hora
emergieron posibles
alternativas de
negociación con los
Independientes. Freyre
de Andrade en la cámara,
Kholy, Ducasse, algunos
sectores de Veteranos en
el interior del país,
los intentos de
Marquetti en la cámara,
y otras iniciativas,
incluso de
personalidades
individuales. Pero en
definitiva se impuso la
densidad agresiva que el
contexto histórico
imponía, integrado por
un conjunto de factores
que solo servían para
frustrar el posible
camino de las
soluciones.
El racismo persistente
arrastraba a todos los
sublevados y no
sublevados, hasta
presentarlos finalmente
como metidos dentro de
una supuesta guerra de
negros contra blancos;
del Gobierno
norteamericano era
inútil esperar que
cediera a las demandas;
la prensa, en su casi
totalidad los acogotaba
sobredimensionando y
exagerando cuanta acción
llevaban a cabo; no hay
que olvidar que se
trataba de negros en
rebeldía, armados,
exigiendo que les
permitieran cambiar el
mecanismo partidario
modelado por los
blancos, por demás
poderosos, muchos de
ellos anexionistas
furibundos, con un
gobierno nacional que
temblaba ante las
exigencias de EE.UU.;
sin el apoyo de muchos
de los de su raza,
particularmente de los
más prominentes. Por lo
que todo hacía recordar
las rebeliones de
esclavos, el “miedo al
negro” y los supuestos
intentos de fundar una
república negra, de lo
cual el propio Antonio
Maceo había sido acusado
en su tiempo.
Toda la situación se
deslizaba velozmente
hacia la solución más
violenta.
Entre las exageraciones
de la prensa sobre las
acciones de los
independientes, las
intrigas del ministro
Beaupre, el miedo de los
blancos, los errores
estratégicos y tácticos
de los independientes,
el racismo acumulado,
las presiones de EE.UU.
y el peligro de
intervención
norteamericana, todo se
correlacionó para
legitimar la matanza de
los negros.
Si un dato de este
proceso aún es
desconocido, es cuántos
negros fueron asesinados
y masacrados dentro de
una contienda, que no
puede ser calificada
como una guerra, porque
en realidad tanto el
numero, como el
armamento y la capacidad
militar de que disponían
los Independientes de
Color, no nos permite
decir que haya habido
como tal una guerra, ni
siquiera que hayan
existido verdaderas
batallas, sino casi solo
escaramuzas y una ardua,
brutal y sangrienta
persecución, contra
individuos que apenas
podían defenderse, mucho
menos atacar.
Más allá de su posición
política que no
compartimos, lo cierto
es que al parecer Morúa
tenía claridad en cómo
terminaría el intento de
los Independientes de
Color. Más allá de su
derechismo, su
intelectualismo, su
incoherente carrera
política y de que su
enmienda respondía a una
concepción partidista de
derecha, para sacar del
juego al Partido
Independientes de Color;
lo cierto es que detrás
de sus posiciones podía
vislumbrarse que intuía
lo que podía ocurrirles
a esos negros que se
habían propuesto
desafiar el poder
blanco, cambiando las
reglas del juego de la
política, dentro de una
sociedad racista, al
nivel en que lo era la
nación cubana a
principios de siglo XX,
por demás bajo el
control de EE.UU.,
entonces el país más
racista del universo
conocido.
No era difícil para la
prensa de derecha vender
la idea de que lo que el
Partido Independiente de
Color había iniciado era
un movimiento racista
para destruir la
independencia nacional.
Muy mal administrada y,
sobre todo, peor
distribuida, pero
defendida a sangre y
fuego, sobre todo, por
los que se beneficiaban
de ella. Pues se
consideraba que los
negros habían violado
los frágiles límites de
la democracia racial
cubana.
Aunque la derrota y la
masacre de los
Independientes fue ante
todo el resultado de la
represión blanca, que la
lideró, utilizando
incluso a los propios
negros, ello fue
facilitado también por
el limitado apoyo que el
PIC tenía entre los
negros. Entre los cuales
muchos habían incluso
condenado la creación de
un partido constituido
por negros, aunque
hubiese entre ellos
algunos blancos.
El sentimiento extendido
entre los blancos, era
aplastar el
levantamiento y no hacer
concesiones de ningún
tipo a los negros
alzados. Por otro lado,
no es posible presentar
una foto en que se
pudieran ver marines
ahorcando negros, pero
la marina norteamericana
movió amenazadoramente
los barcos de guerra,
desembarcaron tropas y
dieron todo el apoyo
logístico necesario al
Ejército Nacional y a
los voluntarios, para
que estos se pudieran
concentrar en la tarea
de descabezar y aplastar
sangrientamente la
rebelión.
El 27 de mayo de 1912,
el presidente Gómez
había enviado a Oriente
al General José de Jesús
Monteagudo con 1 200
hombres. Iba acompañado
por el Coronel José
Martí Zayas-Bazán (el
hijo de José Martí y de
Carmen Zayas Bazán) como
jefe de Estado Mayor;
los tenientes coroneles
José M. Guerrero y José
Pereda Álvarez; los
comandantes Lisandro
Torriente y Rigoberto
Fernández; y los
capitanes Antonio
Torres, Andrés R.
Campiña y Federico
Patterson.
La carnicería llevada a
cabo por el General
Monteagudo se extendió
hasta el mes de agosto,
tratándose de un
verdadero paseo militar.
Los sublevados, en su
mayoría desarmados,
fueron masacrados por la
artillería y cayeron
sobre ellos miles de
hombres de la Guardia
Rural, el Ejército y los
voluntarios, bien
entrenados y
perfectamente armados.
La desproporción en los
enfrentamientos se hizo
evidente, cuando se
sabe, que todas las
fuerzas oficiales no
tuvieron ni diez bajas y
solo aproximadamente una
treintena de heridos.
Mientras que entre los
independientes, todos
hablan de no menos de 3
000 muertos entre las
escaramuzas, la
persecución y los
asesinatos.[32]
El propio general
Monteagudo declaraba, en
cables enviados al
presidente Gómez, que en
Oriente, lo que estaban
haciendo era una
verdadera carnicería.
Al mismo tiempo, se
desplegaba la represión
en las ciudades y
poblados, donde se
perseguía a los negros,
no solo a los
Independientes. En la
ciudad de La Habana, en
los municipios de Regla
y Marianao, fue donde la
represión se hizo más
notable. Persecuciones,
detenciones arbitrarias,
no solo de miembros del
partido, sino también de
ciudadanos negros
comunes que no tenían
vínculos con el
alzamiento. Asesinatos,
linchamientos incluso
(en el municipio de
Regla).
Ya en medio de la
represión más brutal, el
4 de junio, el congreso
se reunió y le concedió
al presidente Gómez
suspender las garantías,
en la provincia
oriental. Sin conceder
al Presidente la
potestad de extenderla a
otras regiones. Aunque
en definitiva,
Monteagudo no necesitaba
más, porque el foco de
la rebelión era
precisamente Oriente
Sur. Podía
tranquilamente continuar
la matanza.
Poco antes, el 3 de
junio (bastante tarde
por cierto) en medio de
los debates entre las
más relevantes
personalidades negras
sobre el camino a
seguir, en busca de una
salida para detener la
guerra, encabezada por
Juan Gualberto Gómez,
Lino Dou, el general
Cebreco y el senador
Nicolás Guillén, estos
habían lanzado un
manifiesto en que
condenaban a los alzados
que habían provocado una
situación tan grave para
el país. Tal llamamiento
dirigido a “Nuestro
Pueblo” negaba que
hubiera problemas
raciales en Cuba.
Es opinión nuestra que
se trataba de una
posición, que además de
tardía, no iba al centro
del problema: la
necesidad de detener la
masacre que ya se
desplegaba contra los
negros y no solo contra
los miembros del Partido
Independiente de Color.
Además, negar que
hubiera un problema
racial en Cuba, parecía
una actitud casi
infantil o de
oportunismo político.
No solo estas
personalidades antes
mencionadas se opusieron
a la existencia del
Partido Independiente de
Color y a su protesta
armada, en lo cual
podían tener la razón,
porque en medio de la
situación existente era
una verdadera temeridad
y tal vez una locura
pensar que una
experiencia como esa
pudiera tener éxito.
Pero que en medio ya de
la más brutal masacre y
represión contra los
negros y el asesinato de
sus líderes, Estenoz e
Ivonnet, se apareciesen
con un llamamiento como
“A Nuestro Pueblo”, en
lugar de oponerse
fieramente y con todas
las armas políticas a su
disposición, al horrendo
crimen que estaba
teniendo lugar, era,
como en definitiva
ocurrió, dejar que todo
terminase
sangrientamente como
terminó. Como una
masacre de negros, que
ha quedado como una
imborrable mancha en
nuestra historia
republicana. Por demás,
celebrada con un
fastuoso banquete en el
Parque Central.
La descomunal fuerza
manejada por el Ejército
Nacional y el apoyo
logístico de EE.UU., que
pudieron haber sido
utilizados para imponer
una solución por la
fuerza, pero no
criminal, fue utilizada
para masacrar a los
negros. Como para que no
se atreviesen más nunca
a cuestionar el poder y
la hegemonía blanca y ni
siquiera volver a
recordarle a esta última
que también los negros
habían luchado por la
república y que tenían
derecho a ella.
Sin duda, los líderes
del PIC se equivocaron,
cayeron dentro de una
turbulencia política que
nunca llegaron a dominar
y de la que nunca
salieron; cometieron
errores tácticos y
estratégicos, pero
seleccionaron su
variante de lucha, sin
imponérsela a nadie, la
llevaron adelante,
luchando con dignidad,
valentía y murieron por
ella. No traicionaron
directamente los ideales
por los que antes habían
luchado en las Guerras
de Independencia, aunque
provocaron cierto
retraso de la patria y
casi una nueva ocupación
que afectaba la igualdad
racial. Se vieron
envueltos en una
situación, donde el
arrojo y la valentía no
eran suficientes. Hacía
falta suspicacia
política, más
experiencia, manejo de
la situación política
tan compleja del momento
y sobre todo poder, del
cual carecían. Pero
murieron defendiendo una
causa justa, la de la
igualdad racial, causa
que merece un lugar de
honor en nuestra
historia. Al ser
desacertados en los
métodos, en la práctica,
casi sin percatarse de
ello, actuaron en
perjuicio de la causa
que defendieron y por la
que murieron.
Septiembre 25 de 2011.
Aline Helg: Lo que
nos corresponde: la
lucha de los negros y
mulatos por la igualdad
en Cuba, Imagen
Contemporánea, La
Habana, 2000, p. 21.
El asunto de la unidad
entre blancos y negros
ha resultado muy
complejo en toda la
historia cubana. Aun
hoy, en circunstancias
muy diferentes, hay
personas que se niegan a
tratar el problema al
considerarlo siempre
como un asunto que
divide a la nación. Lo
que ha traído como
consecuencia que los
negros hayan sufrido
durante siglos el
racismo blanco y ellos
mismos hayan tenido que
elaborar una
contra-ideología, pues
no se puede hablar de
verdadera unidad
mientras el racismo
exista.
Ver:
Aline Helg, Ob Cit.,
pp.217-260.
En realidad muchos
negros y mestizos se
fueron al monte, pero
era muy fuerte el
desnivel educacional y
político entre los que
lideraban el movimiento,
lo que se le oponían y
los que se habían
alzado. Tal vez ello
influyó también en las
descoordinaciones y
ciertos actos de
bandidismo que restaban
prestigio al movimiento
máxime si tenemos en
cuenta que la prensa de
derecha los magnificaba
todo continuamente.
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