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En el pasado de los
pueblos han de hallarse
las claves fundamentales
para entender su
presente y trazar los
caminos del futuro. Cada
generación ofrece nuevos
acercamientos a sucesos,
procesos y figuras de la
Historia.
Reivindicar las zonas y
sujetos menos visibles
en los relatos
historiográficos puede
arrojarnos nuevas
respuestas. De ahí el
tradicional interés
editorial que Cuba ha
mantenido por recuperar
acontecimientos
significativos de su
devenir, en los que se
recoge la participación
de grupos sociales
desfavorecidos.
El año 2012 impone
repasar dos sucesos de
trascendencia
imprescindible, pues
pusieron en evidencia la
injusticia y el racismo
imperante en el pasado:
los 200 años de la
ejecución de Aponte,
quien lideró un movimiento
antiesclavista de negros
libres y esclavos, que
terminó con el
ahorcamiento por parte
de las autoridades
españolas de algunos de
sus principales líderes
como escarmiento a todos
aquellos que
pretendieran sublevarse
contra el poder
colonial; y también el
centenario de la Masacre
de los Independientes de
Color, la represión que
sufrieran los
integrantes del Partido
Independientes de Color
tras su levantamiento
armado en protesta por
la ilegalización de su
grupo político y contra
la discriminación de las
personas no blancas en
el país.
Ambas conmemoraciones
llaman a repensar el
aporte del pensamiento,
la voluntad de lucha y
el accionar político de
la población negra en
Cuba, sometida a
condiciones de
explotación e inequidad
de derechos tanto en la
Colonia, como en la
primera República.
A propósito de la
recordación de esos
sucesos y de algunas
interpretaciones sobre
los mismos, La Jiribilla
ha organizado este
dossier que sirve de
pórtico a otros
acercamientos que
conformarán próximas
ediciones durante el año
que comienza. Se
proponen las visiones y
opiniones de los
intelectuales
Fernando Martínez
Heredia,
Eduardo Torres Cuevas,
Esteban Morales,
Guillermo Rodríguez
Rivera,
Tomás
Fernández Robaina,
Félix
Julio Alfonso,
Elier Ramírez,
Joel Nicolás Mourlot
y
Hebert Pérez Concepción.
La Feria Internacional
del Libro será otro de
los espacios desde donde
se promoverá durante el
2012 el debate acerca de
estos episodios.
Asimismo, se prevé
presentar nuevas
investigaciones, con
diversos puntos de vista
que contribuyan a
comprender los
entresijos y
contradicciones que
marcaron el contexto y
las actitudes de quienes
nos precedieron.
Con la intención además
de adelantar una parte
de estas novedades,
La Jiribilla
conversó con Zuleica
Romay, presidenta del
Instituto Cubano del
Libro, quien comentó
parte del programa por
el Bicentenario de la
Conspiración de Aponte y
el Centenario de la
Masacre de los
Independientes de
Color.
Este año Cuba conmemora
el bicentenario de la
ejecución de José
Antonio Aponte y
el centenario de la
masacre de los
Independientes de Color.
¿Qué acciones
editoriales están
concebidas para recordar
estos acontecimientos?
Para algunos temas y
efemérides, en el
Instituto del Libro concebimos el
bienio editorial
2011-2012 como una
unidad. Acompañamos las
celebraciones del Año
Internacional de los Afrodescendientes con la
edición de 15 títulos,
cuatro
de ellos de autores
extranjeros. Son libros
valiosísimos, que
incluyen reediciones
como Deja que te
cuente de Bola
(Ramón Fajardo),
Componentes étnicos de
la nación cubana
(Jesús Guanche), Cómo
Europa subdesarrolló a
África (Walter
Rodney) e
Identidades: Poesía
negra de América, la selección de poemas
de autores caribeños
que, en español, inglés
y francés, preparó
Mónica Mansour hace
algunos años. Pero
también han visto la luz
las primeras ediciones
de
Afrocubanas.
Historia, pensamiento y
prácticas culturales,
antología de Daysi
Rubiera e Inés María
Martiatu, en la que 35
intelectuales cubanos
analizan los aportes de
las mujeres negras al
pensamiento y la
espiritualidad de la
nación cubana, desde el
siglo XX hasta hoy;
Familias, agregados y
esclavos, de María
de los Ángeles Meriño y
Aisnara Perera,
una investigación que
abarcando un período de
poco más de 80 años y
centrada en los padrones
de vecinos de Santiago
de Cuba, devela
interesantes aspectos de
la cotidianidad
colonial; así como las
primeras ediciones en
español de dos
relevantes ensayos:
Cuba insurgente. Raza,
nación y revolución
1868-1878, la audaz
interpretación realizada
por la historiadora
cubanoamericana Ada
Ferrer sobre la
influencia de la
cuestión racial en las
gestas independentistas
de Cuba en el siglo XIX;
y Haití, paisaje y
sociedad, texto del
antropólogo belga André
Marcel D’Ans, que
profundiza en las causas
de la trágica pobreza de
esa hermana nación.
El esfuerzo editorial de
2011 sustenta y a la vez
conecta con las
producciones de este
nuevo año, en el que 48
títulos dedicados a las
culturas del Caribe dan
cuenta de nuestra sin par
diversidad, pero también
de historias económicas,
culturales y políticas
que alimentaron símbolos
y códigos identitarios
de indiscutible matriz
caribeña. Varias de las
obras de y sobre el
Caribe dialogarán con
títulos específicamente
concebidos para rendir
homenaje a dos
efemérides dolorosas de
la historia de Cuba: el
asesinato de José
Antonio Aponte y sus
compañeros, y la masacre
de los Independientes de
Color.
Sobre Aponte reeditamos
recientemente el clásico
de José Luciano Franco y
este año, con una nueva
tirada, daremos mayor
oportunidad al público
cubano de disfrutar
Una biblia perdida,
novela de Ernesto Peña,
ganadora del Premio
Carpentier 2010, cuya
trama logra trasladarnos
al escenario de la
conspiración, y revivir
los hechos, sin
renunciar a la belleza
de las formas ni al
suspense de la
narración. Como
novedades editoriales
tendremos en la feria la
primera edición en
español de La
rebelión de Aponte,
del historiador
estadounidense Matthew
Childs, a cargo de la
Editorial Oriente y, hacia finales
del año, un libro con
las memorias del evento
que a propósito del
bicentenario realizará
la comisión creada al
efecto, y que preside el
Dr. Fernando Martínez
Heredia. Comenzaremos
nuestro tributo a Aponte
en la feria, con el
ciclo de conferencias “A
200 años de la
conspiración de Aponte:
el negro cubano en la
lucha por la
emancipación”,
organizado por la
Sección de Historia de
la Asociación Nacional
de Escritores. Este
empeño intelectual
conectará
indefectiblemente con
las batallas que a lo
largo del siglo XX
libraron cubanos de
todos los colores por la
igualdad racial,
incluidos los militantes
del PIC.
Nuestro homenaje a las
víctimas de la masacre
de 1912 también
comenzará en la feria,
con un panel coordinado
por la Dra. Olga
Portuondo. En él se
presentará un tabloide,
que contiene trabajos de
varios historiadores
cubanos. El bajo costo
de este folleto nos
permitirá imprimir
varios miles de
ejemplares para
distribuirlos a través
de Correos de Cuba y
socializar el análisis
de las causas y
consecuencias de esta
tragedia nacional. Los
ciudadanos que deseen
profundizar sus
conocimientos sobre el
asunto, podrán adquirir
el tabloide en los
estanquillos. Por otra
parte, Ediciones
Caserón presentará en
la feria el título
Por la identidad del
negro cubano, que
compila interesantes
ensayos sobre el aporte
de los africanos y sus
descendientes a nuestro
proceso de formación
nacional y nuestras
luchas por la libertad;
tres de los trabajos
contenidos en tan
valioso libro se
refieren a los
acontecimientos de
1912. Más adelante, en
el mes de marzo, la
Academia de Historia de
Cuba efectuará una
jornada de reflexión
sobre tan relevante y
hasta hace poco
silenciado proceso de
nuestra historia; y digo
proceso, no hecho, para
recordar que la tragedia
comenzó a gestarse en
1908, tras la
inscripción del PIC como
partido político y la
divulgación de su
programa nacionalista y
antirracista. La
jerarquía intelectual de
los académicos que
actuarán como
conferencistas, nos han
hecho comprometernos
anticipadamente con la
publicación de las
memorias del evento.
Este título, y
Apuntes cronológicos
sobre el Partido
Independiente de Color,
resultado investigativo
del Archivo Nacional de
Cuba que publicará
Ediciones Santiago,
forman parte de las
obras que serán
apreciadas por primera
vez por los lectores
cubanos.
Adicionalmente, hemos
decidido reeditar obras
con diferentes
interpretaciones de las
ideas, móviles e
intereses de las figuras
y fuerzas políticas que
protagonizaron los
hechos. Tal es el caso
de
Lo que nos corresponde.
La lucha de los negros y
mulatos por la igualdad
en Cuba, 1886-1912,
de la historiadora Aline
Helg; así como
Los Independientes de
Color
y Otra vuelta a mayo
de 1912, de los
autores cubanos Serafín
Portuondo Linares y
Oilda Hevia Lanier.
La actividad editorial
en torno a estas
conmemoraciones se une a
importantes esfuerzos de
otras instituciones. Se
realizarán exposiciones,
proyecciones de
documentales, eventos
académicos. Entre otras
acciones, se emplazarán
dos monumentos en
recordación a José
Antonio Aponte y sus
compañeros.
¿Cuáles otros hechos o
procesos trascendentales
para la memoria
histórica de Cuba están
previstos de ser
abordados en el plan
editorial del Instituto
Cubano del Libro en este
2012 que recientemente
comienza?
Este año daremos
continuidad al esfuerzo
iniciado en 2010 con la
colección
Alba-Bicentenario,
publicando alrededor de
seis obras, algunas de
ellas ensayos, pero
también textos de
ficción. Entre los
últimos, aspiramos a que
resulten atractivas para
el público lector sendas
novelas del escritor
ecuatoriano Juan Valdano
y del venezolano Gabriel
Jiménez Emán, que
publicará la Editorial
Arte y Literatura.
También celebraremos,
con nuevos títulos o
demandadas reediciones,
efemérides literarias
importantes, como el
bicentenario del
natalicio de Cirilo
Villaverde, el
aniversario 110 de Dulce
María Loynaz y la
primera centuria de
Virgilio Piñera. En el
caso particular de este
último, la colección
conmemorativa Edición
del Centenario, se
conformará con un mínimo
de diez títulos para
abarcar la diversidad
autoral de Piñera,
innovador y auténtico en
cada uno de los géneros
literarios en que
incursionó. Vinculo todo
esto a la memoria
histórica porque aunque
su estrecha relación no
siempre resulta tan
evidente,
historia y literatura
constituyen, desde el
apogeo de la cultura
griega, elementos
importantes para la
construcción de la
identidad cultural de
una nación.
Por la importancia que
tiene la historia para
la construcción de la
identidad de un país,
¿cuán significativo
resulta acercarnos,
desde la historiografía
y las ciencias sociales,
a acontecimientos que en
su momento fueron
silenciados y luego no
se han abordado con
sistematicidad?
Es conocido que la
memoria histórica —esa
acumulación dinámica y
transmisible de
conocimientos, valores,
representaciones y
sentimientos de sujetos
individuales y
colectivos— mantiene un
permanente intercambio
con la memoria
historiográfica, un
ejercicio profesional de
deconstrucción y
relectura del pasado, en
las condiciones de un
presente que
indefectiblemente se
convertirá en pretérito,
otra vez susceptible de
nuevas
reinterpretaciones. Una
y otra se nutren
mutuamente, unas veces
complementándose para la
confirmación de ciertos
hechos y procesos; y
otras, oponiéndose para
refutar, desde el
conocimiento científico
o la memoria familiar,
local, en fin,
colectiva, las leyendas
que perduran en el
imaginario social.
Sobre la masacre de los
Independientes de Color,
una y otra hicieron
silencio durante mucho
tiempo. La sociedad,
avergonzada de tal
manifestación de
intolerancia y barbarie,
intentó cancelar esa
parte de su memoria
histórica; y la ciencia
se mostró cautelosa,
ante un terreno plagado
de obstáculos al
conocimiento, dada la
escasez y diseminación
de evidencias
documentales que
ayudaran a narrar la
historia de las
víctimas, y las
complicadas relecturas
que exigían los hechos,
desaparecidos o muy
ancianos ya sus testigos
presenciales.
Los silencios son la
puerta de escape de la
sociedad ante
conflictos no resueltos
o responsabilidades no
asumidas —por supuesto,
en un sentido
histórico—, sobre todo
si el asunto silenciado
resulta disonante
respecto a los valores
defendidos o proclamados
por la sociedad. Pero
los silencios sociales
son como los gérmenes
del organismo: tarde o
temprano la acumulación
rompe el equilibrio y
aparece la fiebre.
Entonces la ciencia, el
activo social mejor
preparado para detectar
las anomalías del
sistema, vuelve sobre el
pasado, en un intento
por volverse a explicar
aquello que, al parecer,
muchos sabían, pero con
lo que casi nadie estaba
satisfecho, o
convencido. |