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Ante el reclamo
fraternal y perentorio
de La Jiribilla
he decidido utilizar el
prólogo que escribí el 8
de octubre de 2011 para
Apuntes cronológicos
sobre el Partido
Independiente de Color,
del Archivo Nacional de
Cuba, que aparecerá a
mediados de este año,
por la Editorial
Oriente, precedido por
una nota que solo
pretende añadir algunas
otras precisiones:
Ha comenzado el año del
centenario de la gran
matanza racista de
cubanos negros y mulatos
del verano de 1912. La
posrevolución convertida
en república burguesa y
neocolonizada mostró
aquel verano hasta dónde
podía llegar su esencia
antipueblo en materia
criminal, y el gran
retroceso que significó
respecto a las
transformaciones
experimentadas por las
personas, sus relaciones
y las instituciones en
cuanto a las razas y el
racismo, como
consecuencia de las
luchas políticas y
sociales del último
tercio del siglo XIX.
Fue la respuesta brutal
del nuevo régimen a un
serio intento de
organizar la resistencia
y las demandas de un
sector de la sociedad.
En la república, los
negros y mulatos seguían
sufriendo la situación
social muy desventajosa
en que los dejaron la
esclavitud y el sistema
colonialista, más la
dura marca del racismo.
Antiguos combatientes
mambises y una población
humilde que había ganado
su ciudadanía no podían
conformarse con esa
situación. En agosto de
1908 se fundó una
agrupación política,
convertida pronto en
Partido Independiente de
Color (PIC), que se
propuso organizar la
lucha por igualdad
efectiva y derechos
específicos, utilizando
las vías legales del
sistema político y de la
libertad de expresión.
Sus dirigentes
principales fueron el
veterano Evaristo
Estenoz, el coronel
Pedro Ivonnet —un héroe
mambí de la Invasión y
la campaña de Pinar del
Río—, Gregorio Surín,
Eugenio Lacoste y otros.
El PIC, que contó con
miles de seguidores a lo
largo del país, formuló
demandas sociales
favorables a toda la
población humilde y
trabajadora de Cuba y
mantuvo una posición
patriótica y
nacionalista.
El poder burgués
neocolonial atacó sin
tregua al PIC desde su
nacimiento, porque lo
amenazaba en el terreno
de su hegemonía política
bipartidista,
liberal-conservadora.
Acusados cínicamente de
racistas, en 1910 se
declaró ilegales a los
independientes de color
mediante la Enmienda
Morúa a la Ley
Electoral, y se mantuvo
presos durante seis
meses a dirigentes y
activistas. Hostigados e
impedidos de utilizar la
vía electoral, optaron
finalmente por lanzarse
a una protesta armada el
20 de mayo de 1912,
décimo aniversario de la
instauración de la
república, en busca de
obtener la legalización
del partido. Esa forma
de presionar no era
insólita en el ámbito
político de aquella
época. Pero el gobierno
de José Miguel Gómez
movilizó miles de
soldados y paramilitares
contra ellos, mientras
una sucia campaña de
prensa los satanizaba.
Durante junio y julio
fueron asesinados
Estenoz, Ivonnet y unos
tres mil cubanos no
blancos, la mayoría en
la provincia de Oriente,
principal teatro del
alzamiento. Una ola de
represiones,
persecuciones y una
intensificación del
racismo se extendieron
por todo el país. La
república oficial
celebró el gran crimen,
y lo sometió de
inmediato a un olvido al
que se fueron sumando
—por la dura necesidad
de sobrevivir y labrarse
algún ascenso social— la
mayoría de los
discriminados y
dominados en aquella
sociedad.
En el año 2007 el
Partido Comunista de
Cuba creó una Comisión
Nacional por el
centenario del Partido
Independiente de Color.
Su primera conmemoración
fue la dedicada a la
fundación del PIC, el 7
de agosto de 2008. Un
gran número de
estudiosos y activistas
ha aportado
conocimientos, eventos e
iniciativas desde
entonces a hoy, los
cuales son en realidad
la continuación de las
actividades y estudios
que desde mucho antes
venían realizándose. Nos
une a todos la actitud
decidida de contribuir
al combate contra el
racismo y la unión de
todos basada en la
justicia y la igualdad,
que a la vez forma parte
de la imprescindible
defensa y profundización
del socialismo cubano,
mediante la divulgación,
el debate, el
conocimiento y la
promoción de medidas e
iniciativas. Las
conmemoraciones de este
año constituirán un paso
firme en la recuperación
de aquellos eventos
históricos, y una
expresión clara de la
conciencia de la
necesidad cubana de
asumir la complejidad de
nuestra composición
nacional y cultural.
Ambos logros resultan
indispensables para
avanzar en el camino de
la comprensión de lo
esencial de nuestro
proceso histórico y,
sobre todo, en el camino
de la construcción de
una sociedad más justa.
Prólogo a los Apuntes
cronológicos sobre el
Partido Independiente de
Color
Esta cronología pone en
nuestras manos un
instrumento nuevo y un
aporte notable en el
largo camino de los
estudios sobre las
cuestiones de raza y
racismo en Cuba. Un
equipo de investigación
del Archivo Nacional de
Cuba, dirigido por
Bárbara Danzie León, nos
ofrece el resultado de
un prolongado y difícil
trabajo de búsquedas y
localizaciones pacientes
en 14 de las colecciones
que guarda esa
institución que atesora
fondos de una
importancia crucial para
los especialistas, pero
es casi desconocida a
nivel de la sociedad
cubana. El equipo
utilizó también un fondo
del Archivo del
Instituto de Historia de
Cuba. Seleccionó tres
publicaciones periódicas
de la época estudiada y
las trabajó, con la
colaboración de tres
hemerotecas principales
de esta ciudad. El texto
que leerán es el fruto
de ese trabajo y de las
inferencias, selecciones
y comentarios de los
investigadores; al mismo
tiempo, constituye un
buen ejemplo de cómo la
tenacidad y la
laboriosidad pueden
enfrentar y vencer
obstáculos e
incomprensiones.
El trabajo con fuentes
es fundamental en la
investigación histórica,
pero el análisis y las
demás labores
intelectuales y de
exposición realizadas
por el investigador son
indispensables para que
exista un logro válido.
Apuntes cronológicos
sobre el Partido
Independiente de Color
cumple ampliamente
ambos requisitos. Su
asunto es la
organización política
fundada en 1908, el
intento de un conjunto
de activistas sociales y
sus seguidores de
utilizar el sistema
político y la libertad
de expresión de la
primera república cubana
—la que va del 20 de
mayo de 1902 a la
Revolución del 30— para
llevar adelante su lucha
contra el racismo
antinegro y por demandas
de derechos y mejoras de
la situación en que
vivían los no blancos.
Aquella organización fue
calumniada, perseguida,
aislada y finalmente
aniquilada por el
gigantesco crimen del
verano de 1912. Hace
bien la Presentación en
resaltar el recurso que
utilizó el equipo, de
combinar la presentación
de fragmentos de
documentos y de prensa
con los de criterios
expresos de los
participantes e
involucrados en aquellos
eventos. Les dan lugar
de esa manera a dos
tipos de realidades que
siempre componen los
hechos que después
consideramos históricos,
y que está obligado a
establecer y manejar
atinadamente quien
quiera ser historiador:
las que pueden medirse,
datarse, narrarse
—“objetivas”, por mal
nombre—; y las
motivaciones, creencias,
criterios e ideologías
que vivían los que
efectivamente actuaron y
protagonizaron el
evento, que en modo
alguno son secundarias
respecto a las primeras.
Por el primer asiento de
esta Cronología
conocemos que el joven
Evaristo Estenoz fue uno
de los que respondió al
llamado de José Martí y
participó el 24 de
febrero de 1895 en el
alzamiento de Ibarra,
provincia de Matanzas,
junto con Juan Gualberto
Gómez y el estudiante
Juan Tranquilino
Latapier; eran hombres,
como se decía entonces,
“de color”. Por el
último asiento de
Apuntes… conocemos
que en 1918 —23 años
después— Juan Gualberto
y el abogado Latapier se
opusieron a otro intento
de Abelardo Pacheco, uno
de los jefes de los
protestantes de 1912 en
la provincia de Santa
Clara, de constituir un
nuevo partido que se
decía que iba a
continuar la labor del
Partido Independiente de
Color (PIC). Pacheco
había sido uno de los
miles de soldados
humildes del Ejército
Libertador.1
Me impresionó la
coincidencia, pero sobre
todo que los implicados
fueran participantes de
la Revolución del 95.
Aquella experiencia
había formado la
conciencia política y
las actitudes cívicas de
los más jóvenes, y
definido el lugar
histórico que alcanzó el
más maduro, Juan
Gualberto Gómez. Y pensé
que los protagonistas de
los Apuntes… y
gran número de los demás
que se mencionan en
ellos también eran
veteranos del 95.
Ese dato nos devela un
aspecto que a mi juicio
resultó una
condicionante decisiva
para el desenvolvimiento
del PIC y para la
tragedia de 1912. La
Revolución del 95 —que
prácticamente está
ausente en esta
cronología, porque no
forma parte de su
asunto— fue el evento
mayor y el más
trascendente de la
época. Ella modificó a
fondo y de manera
abrupta en Cuba los
reacomodos usuales a la
posemancipación en la
América del siglo XIX,
que dejaban en gran
medida intacto el
complejo de desamparo,
graves desventajas
materiales e ínfimo
crédito social de los
africanos y sus
descendientes, y
mantenían incólume el
racismo antinegro. La
Revolución de 1868-1878
—aunque no pudo llegar
al Occidente, donde
vivía y trabajaba la
mayoría de los esclavos
del país—, tuvo que ser
abolicionista radical
para ser revolución, y
contó con una grande y
destacada participación
de negros y mulatos,
libres y esclavos. Eso
le dio un fortísimo
tinte revolucionario al
fin de la esclavitud y
planteó la posibilidad
de una Cuba integrada
racialmente.2
Pero la colosal
conmoción revolucionaria
de 1895 a 1898 fue
incomparablemente más
lejos, a través de una
guerra popular
anticolonial que creó un
gran Ejército Libertador
—realmente plurirracial
en sus mandos, y no solo
en sus filas—, en el que
negros y mulatos
tuvieron una
participación masiva.
Entre otros grandes
logros de valor
permanente de esa
Revolución —cuya
ideología era
expresamente
antirracista—, estuvo la
conversión efectiva de
los negros de Cuba en
los cubanos negros.
No intentaré sintetizar
aquí lo que he escrito
acerca de la Revolución
del 95 y sus
consecuencias durante la
primera república, en lo
atinente a los no
blancos de Cuba, sus
experiencias y cambios,
las relaciones
interraciales y las
ideologías.3
Pero insisto en que es
imposible analizar bien
y comprender este tema
—y una multitud de otros
temas históricos
cubanos— sin atender e
incluir los
extraordinarios impactos
de aquella Revolución en
la vida de las personas,
la sociedad, las
instituciones, la
política y las ideas
cubanas de la primera
república. Me limito a
apuntar cuatro
comentarios relativos al
asunto de los
Apuntes...
La Revolución
fue la gigantesca y
terrible escuela en la
que adquirieron
capacidades políticas y
actitudes cívicas muchos
miles de personas que
sobrevivieron a ella. Un
nuevo personaje muy
prestigioso apareció en
Cuba de inmediato y se
mantuvo durante décadas:
el veterano. A
diferencia de los
prestigios del siglo
XIX, este no venía del
nacimiento ni exigía ser
blanco, ni posición
económica holgada o
conocimientos librescos.
Venía de la actuación
destacada del individuo
para propiciar el
acontecimiento más
importante y primordial
de la historia del país:
la formación de la
nación y el
establecimiento del
Estado independiente.
Por tanto, ese prestigio
social reunía tanto a
personas cultivadas y
con medios materiales,
como a personas de
condición humilde e
iletradas, y no
distinguía colores de la
piel. Veteranos eran los
presidentes de la
república y los
activistas del PIC. Es
necesario representarse
cuánta seguridad en sí
mismos y legitimidad
sentían los luchadores
por la igualdad y los
derechos de los negros,
y qué fácil les
resultaba promover
confrontaciones o
negociaciones,
presionar, argüir,
organizar, es decir,
actuar en movimientos
sociales y hacer
política.
Eso puso a la orden del
día una cuestión que se
había planteado por
primera vez poco después
del final de la
Revolución del 68: ¿por
qué no hacer un partido
político para impulsar
los derechos y las
demandas de la gente “de
color”? Los primeros
dirigentes y activistas
no blancos de aquel
tiempo comprendieron que
la política popular
tenía que encaminarse
hacia una nueva
insurrección por la
independencia nacional,
aunque al mismo tiempo
formaron dinámicas
organizaciones sociales
de identidad racial y
demandas de derechos.
Veinticinco años
después, la república
recién nacida del
patriotismo y el
sacrificio masivo tenía
muchas conquistas por
satisfacer, y muchos
patriotas impacientes
que reclamaban que los
derechos y los gajes
fueran para todos los
ciudadanos, sin importar
su raza. Lo que en
Brasil tardó casi 50
años después del fin de
la esclavitud —el Frente
Negro de los años 30—,
en Cuba se intentó a los
seis años del inicio de
la república. La vía
revolucionaria había
creado aquí realidades y
condiciones mucho más
favorables. En 1908
nació la agrupación
política que enseguida
se convirtió en el PIC,
con una identidad y una
actuación muy definidas.
Sus organizadores
creyeron que ese partido
cabría dentro del
sistema político.
Pero el nacionalismo era
la ideología más
arraigada y poderosa en
la sociedad cubana, y su
forma de patriotismo
popular era la
representación más
avanzada de los asuntos
cívicos. Ese
nacionalismo era
compartido por los
líderes y miembros del
PIC, y a él se referían
cada vez que venía al
caso, sin advertir que
algunos de sus rasgos
principales se volverían
contra su partido.
Porque la representación
de cubano que vivía y
defendía el pueblo era
hija de una profunda
unificación política que
realizó una epopeya y se
sometió a un baño de
sangre para vencer al
colonialismo, y
protagonizó colosales
jornadas cívicas frente
a la intervención
extranjera. Esa
representación de cubano
tendía a ser ciega
frente a las cuestiones
raciales y laborales, y
las rechazaba en cuanto
parecieran menoscabar la
unión nacional. El
nacionalismo popular
—que albergó siempre la
frustración del ideal
mambí, la contradicción
con la dominación
burguesa y neocolonial y
un proyecto de república
por alcanzar— pudo ser
entonces manipulado
contra los movimientos
sociales y raciales por
los dominantes, que se
proclamaban depositarios
y guardianes de la
nación, y que en su
mayoría eran también
nacionalistas dentro de
su posición de clase.
Pero todo eso pudo
suceder porque el mundo
ideológico y espiritual
tenía los rasgos que
describo, y porque la
posrevolución
republicana recortó a
fondo la ideología
mambisa, mantuvo
creencias coloniales
acerca de la limitada
capacidad del cubano
para gobernarse y
fomentó un orden social
conservador que
favoreció la permanencia
del racismo.
Como es usual cuando es
reciente el final de las
revoluciones, era muy
fuerte la tendencia a
evitar confrontaciones y
a ceder o conceder en lo
que fuera necesario para
lograrlo. La
eventualidad de una
nueva intervención de
EE.UU. —después de la
segunda, que se extendió
de septiembre de 1906 a
enero de 1909— provocaba
más temor que rechazo, y
se podía invocar para
justificar acciones
contra las demandas de
sectores populares y a
favor del mantenimiento
a ultranza del orden. En
la coyuntura trágica de
1912, el imperialismo
amagó con intervenir “en
defensa de sus
nacionales y sus
propiedades”, y los
Independientes de Color
fueron acusados de
antinacionales, de
propiciar la
intervención extranjera
y, naturalmente, de
racistas. No hubo
solidaridad para ellos,
se quedaron solos en los
campos de su patria, y
así enfrentaron la gran
matanza que en Oriente
sacrificó a muchos
humildes por ser negros,
como un gran escarmiento
que fijara claramente
los límites que no
podían trascender los de
abajo en la república
cubana.
En la Presentación que
leerán ustedes a
continuación se hace una
exposición de calidad
relevante y muy
detallada acerca de las
características de los
Apuntes…, el
conjunto del cual forma
parte y otros datos de
interés. Eso me releva
de alargar este prólogo.
Sin embargo, no quisiera
terminar sin destacar la
abnegada, perseverante y
silenciosa labor que
está detrás de trabajos
como este, que son
puestos al servicio de
los investigadores y los
estudiosos. En este
caso, la cronología
constituye un paso firme
hacia adelante en el
conocimiento de un
movimiento y unas ideas
que fueron sometidos al
más riguroso olvido. Hoy
le damos a su rescate,
además del homenaje tan
merecido a los que no se
conformaron con menos
que toda la justicia
—como le había prometido
Martí a Juan Gualberto
al borde mismo del 24 de
febrero—, una
pertenencia y un sentido
mayores, sumándolos a
los combates actuales
contra el racismo en
Cuba y por el logro de
una sociedad más justa y
mejor integrada.
Notas:
-
Ver, por ejemplo, de F.
Martínez Heredia,
Andando en la Historia
(Instituto
Cubano de Investigación
Cultural Juan Marinello
/ Ruth Casa
Editorial,
La Habana, 2009)
e Historias Cubanas
(Ediciones Luminaria,
Sancti Spíritus, 2011).
También “Ricardo Batrell
empuña la pluma”, en F.
Martínez Heredia, R. J.
Scott y O. García
Martínez, coordinadores:
Espacios, silencios y
los sentidos de la
libertad. Cuba entre
1878 y 1912,
Ediciones UNIÓN, La
Habana, 2001, pp.
295-313. |