La Habana. Año X.
31 de DICIEMBRE de 2011 al 6 de ENERO de 2012

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Repasando la literatura cubana de 2011
Una canción para dormir a William
Marianela González • La Habana
Fotos: Kike, R. A. Hdez. y Alejandro Ramírez

Mientras agoniza el 2011…

El libro que reposa en mi mesa de noche, resentido por el abandono en el alud navideño, me ha tendido una trampa. El muy astuto me posee: asume que en mis ratos libres, simplemente engroso la nómina de los que dejan para luego la literatura del patio y, para más tarde, acaso, la de los noveles del patio. A veces, para ser francos; pero esta, me le he ido delante, puedo al menos revertir la jugarreta y sonreírle, mientras su absurdo me llena de ideas para hablar de escritores cubanos. Allá voy.

Mientras agoniza el 2011, William, repaso algunas notas, algunos libros que he comprado en los últimos meses y que conforman, ajados o intactos, un mosaico de la literatura cubana desde que el año pasado, por esta fecha, dejé de contarlos. Ato los cabos y le hago un guiño: si el recuento del último diciembre fue más frío que el propio clima de La Habana, ceñido apenas a una enumeración de títulos, el segundo decenio de este milenio nos ha calentado el hogar con noticias de los autores más jóvenes, de los consagrados e, incluso, de aquellos cuyas obras (de vida) creímos conclusas. Y las referencias llegaron de/hacia todas partes, ¿te acuerdas?

El centenario de José Lezama Lima fue un hervidero de rasguños. La piedra luce ahora las marcas de un Coloquio Internacional (A partir de la poesía: La era de Lezama, le nombraron), de una Valoración múltiple con sello Casa, de una edición facsimilar de Orígenes y una multimedia. ¿Cómo saber si le habría gustado todo esto? Mejor ni preguntar y festejar lo que sabemos cierto: en el 2011 se gritó Lezama por los cuatro costados y, con ello, el entorno cultural en que se nuclearon muchos de nuestros más grandes autores estuvo en la lista de nuestros pasados felices.

La concurrencia de azares nos devolvió, junto con el autor de Paradiso, a Fina García Marruz. El que termina, ha sido también su año: Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana ―justo el día de su cumpleaños 88, escuchamos de Orígenes y de Cintio, de Lezama, de Gastón Baquero, de Eliseo Diego. Ella les agradecía― y un nuevo cuaderno de poemas. Con el reconocimiento desde Madrid y el advenimiento de sus Cancioncillas, Fina nos deslumbró otra vez con su letra ágil. Y no solo a los neófitos: la principal voz poética viva de Cuba, le llamó Roberto Fernández Retamar durante la presentación del volumen, en el Centro de Estudios Martianos.


Fina García Marruz en la presentación de Cancioncillas

Y hubo más de los grandes. Ese delgado de allí, color azul, es Cartas a Toutouche: en el 2011, amigo mío, devoré la correspondencia entre Alejo Carpentier y su madre, durante la primera estancia del cubano en París. Tenía justo mi edad el muy dichoso, cuando daba sus primeros pasos en un ejercicio de creación que le haría eterno.

Fueron tres nombres que nos hicieron a muchos salir de casa, como fuere, para cumplirles. Sin embargo, autores de otras generaciones fueron también noticia a lo largo del año. Cuando el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar llegaba a su décima edición, tres obras escritas por mujeres hicieron que Cuba arrasara con la convocatoria, dejando espacio solo para una mención argentina. Por decisión unánime del jurado, la joven narradora Legna Rodríguez Iglesias se llevaba el Premio, mientras Mairely Ramón Delgado (Dazra Novak) y Laidi Fernández de Juan cargaban con las menciones.

Una golondrina no hace verano, me dirías en alguna frase hecha de tu idioma. Ni tres. Quizá. Pero no fue una, ni tres: otros autores cubanos fueron también reconocidos en el año 2011 en prestigiosos certámenes de convocatoria internacional. Te digo al azar, porque de esos libros muy pocos han sido publicados hasta el momento: échale un vistazo al Premio Casa de las Américas. En la categoría de Cuento, el holguinero Emerio Medina demostró que el Cortázar no habla en vano. En las mismas páginas donde se leerá este recuento, leí también un fragmento de El tiempo dorado por el Nilo. Otra lectura de José Lezama Lima, un hermoso ensayo que le valió al poeta y narrador camagüeyano Roberto Méndez el Premio Internacional Mariano Picón Salas. Y en el librero, junto con la saga del Conde, coloqué el triunfo de una pesquisa casi policial: mi ejemplar de El hombre que amaba a los perros. El gremio de libreros y editores galos le confirió el Prix de Francia como el mejor libro extranjero del año, obtuvo el Premio de la Crítica Literaria en Cuba y, hace apenas unos días, el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas hacía circular la noticia de un reconocimiento entrañable: el Premio Carbet del Caribe y del Mundo, fundado en 1990 por el intelectual martiniqués Édouard Glissant. La publicación de esta obra en Cuba ha sido, sin duda, nuestro suceso editorial del año.


Jurado del Premio Casa de las Américas

Siguiendo el hilo de los premios y de los ejemplares que no tengo, llegamos a los Carpentier y Guillén: Roberto Méndez, Mayra Beatriz Martínez y Nara Mansur se inscribieron en esos espacios de legitimación. Junto con los siempre agradecidos Premios de la Crítica (artístico-literaria y científico-técnica), en tanto oportunidades de reedición en una industria editorial apuntalada con carencias, estos lauros reconocen la buena literatura que se hace desde y para la Isla, cualesquiera sean sus géneros, estilos, visiones o propuestas, apostando por obras dignas de ser conocidas por los lectores de cualquier geografía del país. Mientras, los premios nacionales de Literatura, Edición y Diseño del Libro, conferidos este año a Nersys Felipe, Esther Acosta y Pedro de Oraá, hablan por aquellos que no se detuvieron en una sola obra feliz.

Los premios no hacen la literatura, aun cuando lo parezca. Mejor: los premios no deben hacer la literatura. Tampoco los temas de moda ni las polémicas más encendidas deben hacer la literatura científica. No obstante, estimula saber que el pensamiento se mueve ―aunque sea, alguna vez, buscando un premio. Y el premio, eso sí, promueve la obra y la devuelve a aquellas urdimbres donde el autor se sumergió para crear. Si me pidieras un ejemplo ―este asunto no te interesa mucho, ya sé― te hablaría de la revista Temas: de entre autores argentinos, estadounidenses, peruanos, puertorriqueños, brasileños, colombianos y ecuatorianos, los cubanos arrasaron este año con los seis reconocimientos de su Premio de Ensayo. Definitivamente, hay tela por donde cortar.

Claro que mis apuntes no hablan solo de premios. Hablan, también, de muchos de estos libros que descansan en una esquina de mi habitación, de títulos que alguien mencionó en alguna conferencia de prensa, en la calle o en algún encuentro con escritores.

Hablemos de la Feria: 360 mil visitantes a los distintos enclaves literarios durante el evento y más de 800 actividades en las diez sedes colaterales. Como ejes, las culturas de los pueblos del ALBA y la obra de los escritores cubanos Jaime Sarusky y Fernando Martínez Heredia. Del Autor y su Obra, pululan en mi agenda frases sueltas de Aurelio Alonso, Eduardo Heras León, Enrique Pérez Díaz, Olga Portuondo… Puedo mencionarte títulos que nos fueron propuestos en los espacios Libro a la Carta o El sábado del libro, por solo mencionar algunas de las citas más estables con la literatura en la ciudad: Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon (Fondo Editorial Casa de las Américas); Talco, de Abel González Melo (Ediciones Alarcos); El año de todos los sueños, de Germán Sánchez Otero (Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau)… la lista es bastante larga.


20ª. Feria Internacional del Libro

Vienen a mi mente, también, los números de La Gaceta de Cuba, Unión, La Siempreviva, Casa de las Américas, Catauro, Tablas y Conjunto, por solo pasar lista al revistero de 2011. Y tendría que mencionar, también, dos publicaciones seriadas que, aunque no son cubanas, tuvieron este año entre sus colaboradores a autores de la Isla, y a nuestra cultura, como tema central de sus respectivos dosieres: la revista brasileña Estudos Avançados, que recogió en sus páginas artículos sobre cine, religión, literatura, pensamiento social y político en Cuba; y la barbadense Bim, que dirige el narrador, ensayista, poeta y profesor George Lamming. El autor de Los placeres del exilio acudió al presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, como coordinador de esta edición que recorre el pensamiento cubano desde el siglo XIX hasta la actualidad, pasando por sus expresiones artísticas y científicas.


George Lamming visita La Jiribilla

Y ya me tienes, como pretendías, listando títulos. Riegas por el suelo tus páginas sueltas —¿de dónde salió ese aire? Quieres que solo enumere, que no conecte; mas ya lo hice: para la literatura cubana, ha sido un año de asombros. Mientras agoniza el 2011, vuelvo sobre ti, William, porque en esto de leer hay cosas tan fuertes… Pero cuidado, la página amarilla con dibujo de pez cayó sobre Virgilio y lo ha llenado de polvo, tan blancas sus páginas. ¿Qué me hago yo si se desata todo el “aire frío” antes de tiempo? ¿Antes de 2012, su tiempo?

 
 
 
 

LITERATURA EN LA JIRIBILLA:

 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
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Información sobre el resultado del Debate
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.