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Mientras agoniza
el 2011…
El libro que
reposa en mi mesa de
noche, resentido por el
abandono en el alud
navideño, me ha tendido
una trampa. El muy
astuto me posee: asume
que en mis ratos libres,
simplemente engroso la
nómina de los que dejan
para luego la literatura
del patio y, para más
tarde, acaso, la de los
noveles del patio. A
veces, para ser francos;
pero esta, me le he ido
delante, puedo al menos
revertir la jugarreta y
sonreírle, mientras su
absurdo me llena de
ideas para hablar de
escritores cubanos. Allá
voy.
Mientras agoniza
el 2011, William, repaso
algunas notas, algunos
libros que he comprado
en los últimos meses y
que conforman, ajados o
intactos, un mosaico de la literatura
cubana desde que el año
pasado, por esta fecha,
dejé de contarlos. Ato
los cabos y le hago un
guiño: si el recuento
del último diciembre fue
más frío que el propio
clima de La Habana,
ceñido apenas a una
enumeración de títulos,
el segundo decenio de
este milenio nos ha
calentado el hogar con
noticias de los autores
más jóvenes, de los
consagrados e, incluso,
de aquellos cuyas obras
(de vida) creímos
conclusas. Y las
referencias llegaron
de/hacia todas partes,
¿te acuerdas?
El
centenario de José
Lezama Lima
fue un hervidero de
rasguños. La piedra luce
ahora las marcas de un
Coloquio Internacional (A
partir de la poesía: La
era de Lezama, le
nombraron), de una
Valoración múltiple con
sello Casa, de una
edición facsimilar
de Orígenes y
una multimedia. ¿Cómo
saber si le habría
gustado todo esto? Mejor
ni preguntar y festejar
lo que sabemos cierto:
en el 2011 se gritó
Lezama por los cuatro
costados y, con ello, el
entorno cultural en que
se nuclearon muchos de
nuestros más grandes
autores estuvo en la
lista de nuestros
pasados felices.
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La concurrencia
de azares nos devolvió,
junto con el autor de
Paradiso, a Fina
García Marruz. El que
termina, ha sido también
su año:
Premio Reina Sofía de
Poesía Iberoamericana
―justo el día de su
cumpleaños 88,
escuchamos de Orígenes y
de Cintio, de Lezama, de
Gastón Baquero, de
Eliseo Diego. Ella les
agradecía― y un
nuevo cuaderno de poemas.
Con el reconocimiento
desde Madrid y el
advenimiento de sus
Cancioncillas,
Fina nos deslumbró otra
vez con su letra ágil. Y
no solo a los neófitos:
la principal voz poética
viva de Cuba, le llamó
Roberto Fernández
Retamar durante la
presentación del
volumen, en el Centro de
Estudios Martianos.
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Fina García
Marruz en la
presentación
de
Cancioncillas |
Y hubo más de
los grandes. Ese delgado
de allí, color azul, es
Cartas a Toutouche:
en el 2011, amigo mío,
devoré la
correspondencia entre
Alejo Carpentier y su
madre, durante la
primera estancia del
cubano en París. Tenía
justo mi edad el muy
dichoso, cuando daba sus
primeros pasos en un
ejercicio de creación
que le haría eterno.
Fueron tres
nombres que nos hicieron
a muchos salir de casa,
como fuere, para
cumplirles. Sin embargo,
autores de otras
generaciones fueron
también noticia a lo
largo del año. Cuando el
Premio Iberoamericano de
Cuento Julio Cortázar
llegaba a su décima
edición, tres obras
escritas por mujeres
hicieron que Cuba
arrasara con la
convocatoria, dejando
espacio solo para una
mención argentina. Por
decisión unánime del
jurado, la joven
narradora
Legna Rodríguez Iglesias
se llevaba el Premio,
mientras Mairely Ramón
Delgado (Dazra Novak) y
Laidi Fernández de Juan
cargaban con las
menciones.
Una
golondrina no hace
verano, me dirías en
alguna frase hecha de tu
idioma. Ni tres. Quizá.
Pero no fue una, ni
tres: otros autores
cubanos fueron también
reconocidos en el año
2011 en prestigiosos
certámenes de
convocatoria
internacional. Te digo
al azar, porque de esos
libros muy pocos han
sido publicados hasta el
momento: échale un
vistazo al
Premio Casa de las
Américas. En
la categoría de Cuento,
el holguinero Emerio
Medina demostró que el
Cortázar no habla en
vano. En las mismas
páginas donde se leerá
este recuento, leí
también un fragmento de
El tiempo dorado por el
Nilo. Otra lectura de
José Lezama Lima,
un hermoso ensayo que le
valió al poeta y
narrador camagüeyano
Roberto Méndez el Premio
Internacional Mariano
Picón Salas. Y en el
librero, junto con la
saga del Conde, coloqué
el triunfo de una
pesquisa casi policial:
mi ejemplar de El
hombre que amaba a los
perros. El gremio de
libreros y editores
galos le confirió el
Prix de Francia
como el mejor libro
extranjero del año,
obtuvo el Premio de la
Crítica Literaria en
Cuba y, hace apenas unos
días, el Centro de
Estudios del Caribe de
la Casa de las Américas
hacía circular la
noticia de un
reconocimiento
entrañable: el
Premio Carbet del Caribe
y del Mundo,
fundado en 1990 por el
intelectual martiniqués
Édouard Glissant. La
publicación de esta obra
en Cuba ha sido, sin
duda, nuestro suceso
editorial del año.
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Jurado del
Premio Casa de
las Américas |
Siguiendo el hilo de los
premios y de los
ejemplares que no tengo,
llegamos a los
Carpentier y Guillén:
Roberto Méndez, Mayra
Beatriz Martínez y Nara
Mansur se inscribieron
en esos espacios de
legitimación. Junto con
los siempre agradecidos
Premios de la Crítica
(artístico-literaria y
científico-técnica), en
tanto oportunidades de
reedición en una
industria editorial
apuntalada con
carencias, estos lauros
reconocen la buena
literatura que se hace
desde y para la Isla,
cualesquiera sean sus
géneros, estilos,
visiones o propuestas,
apostando por obras
dignas de ser conocidas
por los lectores de
cualquier geografía del
país. Mientras, los
premios nacionales de
Literatura, Edición y
Diseño del Libro,
conferidos este año a
Nersys Felipe,
Esther Acosta y
Pedro de Oraá,
hablan por aquellos que
no se detuvieron en una
sola obra feliz.
Los
premios no hacen la
literatura, aun cuando
lo parezca. Mejor: los
premios no deben hacer
la literatura. Tampoco
los temas de moda ni las
polémicas más encendidas
deben hacer la
literatura científica.
No obstante, estimula
saber que el pensamiento
se mueve ―aunque sea,
alguna vez, buscando un
premio. Y el premio, eso
sí, promueve la obra y
la devuelve a aquellas
urdimbres donde el autor
se sumergió para crear.
Si me pidieras un
ejemplo ―este asunto no
te interesa mucho, ya
sé― te hablaría de la
revista Temas: de
entre autores
argentinos,
estadounidenses,
peruanos,
puertorriqueños,
brasileños, colombianos
y ecuatorianos, los
cubanos arrasaron este
año con los seis
reconocimientos de su
Premio de Ensayo.
Definitivamente, hay
tela por donde cortar.
Claro que mis apuntes no
hablan solo de premios.
Hablan, también, de
muchos de estos libros
que descansan en una
esquina de mi
habitación, de títulos
que alguien mencionó en
alguna conferencia de
prensa, en la calle o en
algún encuentro con
escritores.
Hablemos de la
Feria: 360
mil visitantes a los
distintos enclaves
literarios durante el
evento y más de 800
actividades en las diez
sedes colaterales. Como
ejes, las culturas de
los pueblos del ALBA y
la obra de los
escritores cubanos Jaime
Sarusky y Fernando
Martínez Heredia. Del
Autor y su Obra, pululan
en mi agenda frases
sueltas de Aurelio
Alonso, Eduardo Heras
León, Enrique Pérez
Díaz, Olga Portuondo…
Puedo mencionarte
títulos que nos fueron
propuestos en los
espacios Libro a la
Carta o El
sábado del libro, por
solo mencionar algunas
de las citas más
estables con la
literatura en la ciudad:
Los condenados de la
tierra, de Frantz
Fanon (Fondo Editorial
Casa de las Américas);
Talco, de Abel
González Melo (Ediciones
Alarcos); El año de
todos los sueños, de
Germán Sánchez Otero
(Ediciones La Memoria,
del Centro Cultural
Pablo de la Torriente
Brau)… la lista es
bastante larga.
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20ª. Feria
Internacional
del Libro |
Vienen a mi mente,
también, los números de
La Gaceta de Cuba,
Unión, La
Siempreviva, Casa
de las Américas,
Catauro, Tablas
y Conjunto, por
solo pasar lista al
revistero
de
2011. Y tendría que
mencionar, también, dos
publicaciones seriadas
que, aunque no son
cubanas, tuvieron este
año entre sus
colaboradores a autores
de la Isla, y a nuestra
cultura, como tema
central de sus
respectivos dosieres: la
revista brasileña
Estudos Avançados,
que recogió en sus
páginas artículos sobre
cine, religión,
literatura, pensamiento
social y político en
Cuba; y la barbadense
Bim, que dirige el
narrador, ensayista,
poeta y profesor
George Lamming.
El autor de Los
placeres del exilio
acudió al presidente de
la Casa de las Américas,
Roberto Fernández
Retamar, como
coordinador de esta
edición que recorre el
pensamiento cubano desde
el siglo XIX hasta la
actualidad, pasando por
sus expresiones
artísticas y
científicas.
Y
ya me tienes, como
pretendías, listando
títulos. Riegas por el
suelo tus páginas
sueltas —¿de dónde salió
ese aire? Quieres que
solo enumere, que no
conecte; mas ya lo hice:
para la literatura
cubana, ha sido un año
de asombros. Mientras
agoniza el 2011, vuelvo
sobre ti, William,
porque en esto de leer
hay cosas tan fuertes…
Pero cuidado, la página
amarilla con dibujo de
pez cayó sobre Virgilio
y lo ha llenado de
polvo, tan blancas sus
páginas. ¿Qué me hago yo
si se desata todo el
“aire frío” antes de
tiempo? ¿Antes de 2012,
su tiempo?
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