La Habana. Año X.
24 al 30 de DICIEMBRE 

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Ana Rosa Díaz Naranjo
(Las Tunas, 1973)

Vereda hacia el olvido
 

Los gigantes no fueron ilusión

ni estaba delirando el caballero

su credo lo condujo al desafuero

que produce la ausencia de razón

Porque en todos cohabita una legión

de ángeles demonios y serpientes

un destino que lleva entre sus dientes

el último chasquido del orate

Un Sancho entre molinos se debate

desconoce la paz de los ausentes

Desconoce que la filantropía

va del brazo del bien a dar su cuota

de justicia de amor que la derrota

es un hecho fingido en demasía

Pobre Sancho  no sabe de utopía

no entiende de letargos ni quimeras

desconoce a su amo entre las fieras

voluble  refugiándose en su adarga

Contra el mal de esta vida tan amarga

andante caballero sin fronteras

La locura cifrada en su cabeza

por los libros —cenizas del encono

al tablero infinito y su abandono

es legado sustancia que no cesa

de acercarnos la cruz o su grandeza

para de golpe abrir el escenario

aquí se nos desglosa el obituario

brindándonos su ciclo babilónico

y vuelve a surgir Dios o su antagónico

mirar hacia un futuro imaginario

Quién pudiera romper esa burbuja

temporal sobre el duelo de sus hombros

la palabra con filo en sus asombros

o la luz que su sombra le dibuja

Nadie puede volver desde su aguja

a perderlo en el llanto de otra edad

El Quijote los pies de mi orfandad

La locura doctrina hasta el cansancio

para olvidar un poco el mundo rancio

que da la insoportable levedad

 

 

Vencido entre la niebla del Quijote

va Sancho diligente hacia el presagio

a realzar su cordura en el adagio

que la vida ha sembrado con su azote

Y yo sin derrotero busco el trote

vereda hacia el olvido agonizante

buscando dirección en Rocinante

o el duelo del ilustre en mis ancestros

Hoy soy la letanía los siniestros

deslices que sostiene el caminante

cuando falta una estrella a su simiente

El pandemonium viene y nos abraza

provee de tormentas la coraza

y anima el laberinto de la mente

entonces me deshago piel y diente

me tumbo en la glorieta del olvido

y desde mi catarsis a Dios pido

le dé una luna nueva a mi dolencia

consiga entretejer mi indiferencia

y vuelva a renombrar mi cometido

pues el monstruo ha ganado la batalla

he perdido el contacto con la piedra

y aunque el alma ascendió como la hiedra

no soy Dios ni me ampara una muralla

He deshecho esta suerte por si estalla

un pedazo de mí y encuentro el hilo

que me vuelva a la piedra donde en vilo

falleció mi esperanza contenida

y libere por fin la sacudida

del encierro feroz donde me asilo


Conversación frente al mar

¡Cuánto penar para morirse uno!

Miguel Hernández


Ves Cuasimodo qué gris

se torna el cielo en tu mano

cuando todo se hace vano

y el amor es cicatriz

de antiguos bienes país

lleno de lides y llamas

hombre-pez con sus escamas

a la intemperie

Y el mar…

Dónde erigir el altar

in solidum pero aclamas

austeridad y quietud

El desarraigo es arena

y playa tras la condena

de nuestros nombres laúd

que aumenta esta multitud

de cantigas

Dónde escondo

mis raíces

Yo sin fondo

Insaciable testaferro

fragua de sol donde encierro

otras culpas el trasfondo

para quebrar esta historia

donde el principio fue luz

He visto morder la cruz

de nuestras almas

La gloria

es promesa transitoria

para otros buen amigo

Miro el mar y no consigo

marcar las aguas su curso

es el único recurso

que nos sirve de testigo

 

 

Y en vano teje el destino

sobre mi alma el cordel

de Ariadna

Soy timonel

que desconoce el camino

a lo eterno

Así devino

la soledad Cuasimodo

Pudiste haber sido Frodo

Adonis  Sancho  Morfeo

Ulises o Prometeo

con su luz pero el recodo

conduce a la misma grieta

a los círculos de Dante

Soy la fe del caminante

con el ojo del profeta

Cuasimodo la saeta

se fija al lado más triste

de nuestro andar Dios no asiste

a nuestras premoniciones

Sin luna van las naciones

aunque la locura embiste

y nadie escucha tu llanto

los acordes de esta tierra

que fenece ante la guerra

del desamor

Cuanto espanto

Cuasimodo  nuestro canto

se apaga ante el desafuero

de los hombres mi sendero

se hace oscuro y esta lluvia

inexorable diluvia

sobre el trono donde muero

 

 

Ves  Cuasimodo que el mundo

es un volcán que su lava

es compartida y no acaba

con el ritual donde fundo

mis temores que lo inmundo

apenas nos abandona

que lo perfecto es la zona

inexistente del bien

y esta esperanza un sostén

que jamás se nos perdona

 

 

Cuánta angustia en este pecho

lleno de asombros y dudas

el presagio cuando sudas

la intensidad del asecho

Voy famélica de un hecho

detrás de la soledumbre

y rasuro esta costumbre

desangrando mi orfandad

para urdir la eternidad

                  desde el principio a la cumbre

 


Ana Rosa Díaz Naranjo: Poetisa, narradora y actriz. Cursó estudios de Artes Plásticas. Es graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Tiene publicado el plegable Invocaciones al infinito, y el libro de poesía Pasos en el borde por la editorial Sanlope. Obtuvo, entre otros, el Premio Portus Patris, 2002 y 2003, ambos en poesía, Premio Nacional Décima al Filo, 2003, Premios Nacionales Tu mirada y Donde rompe la crecida, 2005, y Primera Mención en Concurso Iberoamericano Cucalambé de la décima escrita, 2007. Con la obra El cielo prometido ganó el concurso de poesía Flores del alma 2008. Integró el jurado del IV concurso Décima al Filo en el año 2008. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz, de la UNIMA y de la UNEAC.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.