Vereda hacia el
olvido
Los gigantes no
fueron ilusión
ni estaba delirando
el caballero
su credo lo condujo
al desafuero
que produce la
ausencia de razón
Porque en todos
cohabita una legión
de ángeles demonios
y serpientes
un destino que lleva
entre sus dientes
el último chasquido
del orate
Un Sancho entre
molinos se debate
desconoce la paz de
los ausentes
Desconoce que la
filantropía
va del brazo del
bien a dar su cuota
de justicia de amor
que la derrota
es un hecho fingido
en demasía
Pobre Sancho no
sabe de utopía
no entiende de
letargos ni quimeras
desconoce a su amo
entre las fieras
voluble
refugiándose en su
adarga
Contra el mal de
esta vida tan amarga
andante caballero
sin fronteras
La locura cifrada en
su cabeza
por los libros
—cenizas del encono
al tablero infinito
y su abandono
es legado sustancia
que no cesa
de acercarnos la
cruz o su grandeza
para de golpe abrir
el escenario
aquí se nos desglosa
el obituario
brindándonos su
ciclo babilónico
y vuelve a surgir
Dios o su antagónico
mirar hacia un
futuro imaginario
Quién pudiera romper
esa burbuja
temporal sobre el
duelo de sus hombros
la palabra con filo
en sus asombros
o la luz que su
sombra le dibuja
Nadie puede volver
desde su aguja
a perderlo en el
llanto de otra edad
El Quijote los pies
de mi orfandad
La locura doctrina hasta el cansancio
para olvidar un poco el mundo rancio
que da la insoportable levedad
Vencido entre la niebla del Quijote
va Sancho diligente hacia el presagio
a realzar su cordura en el adagio
que la vida ha sembrado con su azote
Y yo sin derrotero busco el trote
vereda hacia el olvido agonizante
buscando dirección en Rocinante
o el duelo del ilustre en mis ancestros
Hoy soy la letanía los siniestros
deslices que sostiene el caminante
cuando falta una estrella a su simiente
El pandemonium viene y nos abraza
provee de tormentas la coraza
y anima el laberinto de la mente
entonces me deshago piel y diente
me tumbo en la glorieta del olvido
y desde mi catarsis a Dios pido
le dé una luna nueva a mi dolencia
consiga entretejer mi indiferencia
y vuelva a renombrar mi cometido
pues el monstruo ha ganado la batalla
he perdido el contacto con la piedra
y aunque el alma ascendió como la hiedra
no soy Dios ni me ampara una muralla
He deshecho esta suerte por si estalla
un pedazo de mí y encuentro el hilo
que me vuelva a la piedra donde en vilo
falleció mi esperanza contenida
y libere por fin la sacudida
del encierro feroz donde me asilo
Conversación frente
al mar
¡Cuánto penar para
morirse uno!
Miguel Hernández
Ves Cuasimodo qué
gris
se torna el cielo en
tu mano
cuando todo se hace
vano
y el amor es
cicatriz
de antiguos bienes
país
lleno de lides y
llamas
hombre-pez con sus
escamas
a la intemperie
Y el mar…
Dónde erigir el
altar
in solidum
pero aclamas
austeridad y quietud
El desarraigo es
arena
y playa tras la
condena
de nuestros nombres
laúd
que aumenta esta
multitud
de cantigas
Dónde escondo
mis raíces
Yo sin fondo
Insaciable
testaferro
fragua de sol donde
encierro
otras culpas el
trasfondo
para quebrar esta
historia
donde el principio
fue luz
He visto morder la
cruz
de nuestras almas
La gloria
es promesa
transitoria
para otros buen
amigo
Miro el mar y no
consigo
marcar las aguas su curso
es el único recurso
que nos sirve de testigo
Y en vano teje el destino
sobre mi alma el cordel
de Ariadna
Soy timonel
que desconoce el camino
a lo eterno
Así devino
la soledad Cuasimodo
Pudiste haber sido Frodo
Adonis Sancho Morfeo
Ulises o Prometeo
con su luz pero el recodo
conduce a la misma grieta
a los círculos de Dante
Soy la fe del caminante
con el ojo del profeta
Cuasimodo la saeta
se fija al lado más triste
de nuestro andar Dios no asiste
a nuestras premoniciones
Sin luna van las naciones
aunque la locura embiste
y nadie escucha tu llanto
los acordes de esta tierra
que fenece ante la guerra
del desamor
Cuanto espanto
Cuasimodo nuestro canto
se apaga ante el desafuero
de los hombres mi sendero
se hace oscuro y esta lluvia
inexorable diluvia
sobre el trono donde muero
Ves Cuasimodo que el mundo
es un volcán que su lava
es compartida y no acaba
con el ritual donde fundo
mis temores que lo inmundo
apenas nos abandona
que lo perfecto es la zona
inexistente del bien
y esta esperanza un sostén
que jamás se nos perdona
Cuánta angustia en este pecho
lleno de asombros y dudas
el presagio cuando sudas
la intensidad del asecho
Voy famélica de un hecho
detrás de la soledumbre
y rasuro esta costumbre
desangrando mi orfandad
para urdir la eternidad
desde el
principio a la
cumbre
Ana Rosa Díaz
Naranjo:
Poetisa,
narradora y actriz.
Cursó estudios de
Artes Plásticas. Es
graduada del Centro
de Formación
Literaria Onelio
Jorge Cardoso. Tiene
publicado el
plegable
Invocaciones al
infinito, y el
libro de poesía
Pasos en el borde
por la editorial
Sanlope. Obtuvo,
entre otros, el
Premio Portus Patris,
2002 y 2003, ambos
en poesía, Premio
Nacional Décima al
Filo, 2003, Premios
Nacionales Tu mirada
y Donde rompe la
crecida, 2005, y
Primera Mención en
Concurso
Iberoamericano
Cucalambé de la
décima escrita,
2007. Con la obra
El cielo prometido
ganó el concurso de
poesía Flores del
alma 2008. Integró
el jurado del IV
concurso Décima al
Filo en el año 2008.
Es miembro de la
Asociación Hermanos
Saíz, de la UNIMA y
de la UNEAC.