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Unas horas antes del
estreno de casi,
pieza que
la compañía Danza
Contemporánea de Cuba
presenta en el Gran
Teatro de La Habana, entrevistamos
en exclusiva para La
Jiribilla a Juan Kruz,
bailarín y coreógrafo,
de la compañía Sasha
Waltz, quien comenta: "Quiero mencionar un
asunto que me importaba
mucho cuando llegué a
hacer casi, y es
el hecho de que venía a
Cuba a trabajar con
bailarines cubanos. No
quería hacer lo que
suelen hacer los
coreógrafos cuando
venimos aquí, hacer un
retrato de tarjeta
postal. Quería dejarme
impregnar de lo
intrínsecamente cubano".
¿Por qué casi?
Después de las dos
visitas anteriores a
Cuba y del trabajo que
había hecho con Danza
Contemporánea de Cuba
tenía muchas ganas de
volver a trabajar con
parte del elenco de la
compañía y de concretar
los encuentros en una
obra. Me apetecía darle
una forma acabada al
trabajo. Por eso quería
volver a Cuba. ¿Por qué
casi como
título? Pues porque casi
toca uno de los temas
que más me han
interesado a mí desde
siempre, desde
diferentes perspectivas,
es casi un tema
recurrente en todos los
trabajos que he hecho, y
es esa franja de mucha
vulnerabilidad del ser
humano: estamos casi a
punto de alcanzar
nuestros sueños, nuestro
anhelos, nuestros
deseos; y es el momento
en que acabamos de
perderlos, casi lo
alcanzamos pero se nos
fueron de la mano, casi
fueron nuestros pero nos
damos cuenta de que se
nos fueron de la mano.
Es el lugar donde la
frontera es tan
delicada, donde la
frontera nos pone en
situación de máxima
sensibilidad. La
fragilidad humana es
algo que siempre me
pareció muy sugerente
para el trabajo que
quería hacer aquí en
Cuba.
Hablas de fragilidad,
pero los bailarines de
Danza Contemporánea de
Cuba proyectan mucha
fuerza desde el
escenario, raras veces
es posible ver su
fragilidad. ¿Fue posible
canalizar, controlar,
matizar la fuerza de los
bailarines?
Tocas un punto que es
muy importante para mí.
Cuando venimos aquí y
entramos en contacto con
los bailarines, nos
impresionan mucho, vemos
sus coreografías y
las demostraciones de
técnica de danza cubana,
donde hay un gran
énfasis, como dices, en
la fuerza y el
virtuosismo, hacen
fuegos artificiales
físicos. Quería explorar
con ellos un camino,
también físico porque se
trabaja con el cuerpo,
pero mucho más matizado
y con otros registros,
los que considero menos
trabajado, de los que
ellos podían ser menos
conscientes, y que no
requirieran tanto
virtuosismo.
A veces son
los coreógrafos los que
lo exigen, un
virtuosismo que tiene
algo de narcisista. Me
interesaba explorar todo
eso que normalmente
guardamos para
situaciones más íntimas,
donde todo eso que
consideramos nos hace
más débiles y no los
compartimos tan
fácilmente. Me parece
que son las partes que
nos hacen más humanos,
son aquellas con las que
más se puede identificar
el público. Cuando voy a
ver algún espectáculo,
pero sobre todo de
danza, hay un momento en
que la belleza, la
juventud y el
virtuosismo de los
bailarines me admiran,
pero si no consigo
identificar mis
preocupaciones como
público con lo que estoy
viendo en el escenario,
en algún momento me
saturo de los fuegos
artificiales. Por eso
quería explorar otros
registros con estos
bailarines, que son muy
jóvenes. Increíblemente
no fue fácil, para
bailarines que son
capaces de hacer
movimientos
espectaculares,
conseguir el movimiento
más simple. No era
sencillo, y no por falta
de entrega por parte de
ellos; al contrario, si
en tan corto tiempo
hemos conseguido todo
esto, ha sido por su
entrega, por su
confianza casi ciega en
mi propuesta, me
siguieron incluso en
momentos en que,
probablemente, se hayan
sentido en arenas
movedizas, en terrenos
bien pantanosos y, a
pesar de todo, se han
quedado a mi lado.
El título es breve, pero
la coreografía dura poco
más de una hora. ¿Cómo
lograste, en tan breve
tiempo, trabajar tan
intensamente?
La obra dura una hora y
15 minutos. Cuando
trabajo no me pongo
metas ni límites de
tiempo, pero sé por
experiencia que nunca he
hecho trabajos de menos
de una hora, dependen de
la temática, del tiempo
que tenga para explorar.
Necesito tiempo en
escena para contar las
historias que quiero
contar, de la manera que
quiero contarlas. Me
interesa que el
intérprete, pero sobre
todo el público, sean
capaces de hacer un
viaje. Un viaje en el
que cada parada, cada
visita en cada una de
las escenas, nos dé más
información para llegar
al mensaje —el término
es un poco didáctico
como palabra pero me
ayuda a explicarme— para
ir acumulando emociones
y para ir
transformándolas, de
manera que lo que nos
hizo reír en una escena,
por lo que va a suceder
en la siguiente, nos
demos cuenta de que no
era divertido sino muy
grave. O si descubres
que a un personaje le
sucede algo que era muy
dramático, luego le ves
diferentes lecturas, y
algunas llenas de
esperanza. Hay algo que
me interesa mucho cuando
observo la vida de los
seres humanos en
diferentes sociedades,
en diferentes culturas,
y es ver que la
percepción que tenemos
de las cosas muchas
veces es a través de ese
cúmulo de nuevas
experiencias, de nuevas
informaciones que nos
llegan, son las que nos
hacen tener diferentes
lecturas. Es algo que me
parece importante
ofrecérsela al público.
Si nos referimos a las
tres semanas que he
tenido para hacer ese
trabajo, reconozco que
tiene algo de milagroso,
y no quiero de ninguna
manera echarme flores a
mí mismo. Pudo durar 40
minutos si hubiera sido
ahí adonde hubiéramos
llegado, pero hay varios
factores que influyen.
Es la tercera vez que
vengo aquí a trabajar
con ellos, así que hay
una relación de
confianza, había un
previo conocimiento
antes que viniera, y en
mi visita anterior hice
un taller creativo
durante 12 días por ocho
horas diarias, es decir, ya había trabajado
con ellos y ya conocían
mi método de trabajo, ya
había un camino
recorrido, no hubo que
empezar de cero a
explicar lo que me
interesaba. En ese
taller surgió el
esqueleto dramatúrgico
de lo que ahora es casi,
porque en el taller vi
los temas que quería
desarrollar con más
profundidad. Lo único
que tuve que hacer fue
darle un vocabulario
concreto, un lenguaje
coreográfico y físico
concreto.
Has hablado de historias
y de personajes. ¿Qué
aportaron los
bailarines?
En mis trabajos, no solo
me interesa la forma, la
creación que más me
interesa es la de la
colaboración. Colaboro
con los artistas a los
que invito a formar
parte de mi creación, en
esa colaboración las
relaciones cambian en
dependencia del rol que
juegue la persona en la
producción, y los
bailarines son una parte
esencial de esa
colaboración. Nunca
coreografío imponiendo
movimientos, propongo
pautas para la
improvisación y los
dirijo durante la
improvisación para
sacarles de patrones y
de hábitos de
movimientos que ellos ya
conocen, los llevo a
lugares desconocidos que
los pone en situación de
vulnerabilidad, que les
saque de sus trucos, de
sus acrobacias, del
vocabulario más
conocido. Y, a partir de
esas improvisaciones
dirigidas, empiezo a
coreografiar, a elegir
momentos que voy a
editar, a reeditar,
seguir editando. Vengo
al salón con una idea
muy clara, y eso va a
provocar que ellos
respondan con
movimientos que yo voy
a escribir, a
transformar. En un
diálogo de ping-pong
llegamos a un resultado
que, evidentemente, son
mis elecciones, mis
gustos, mi estética,
pero hubiera sido
totalmente diferente si
lo hubiera hecho con
otra compañía, o con un
elenco diferente de esta
compañía. Cada uno
aporta su esencia como
bailarín, como
intérprete, como ser
humano.
Eres el autor del diseño
escenográfico y del
diseño de vestuario. La
escenografía desnuda el
escenario del Lorca, se
ve la tramoya, los
cables eléctricos, las
paredes sin pintar. El
vestuario es ropa común
y corriente, el que
pueda usar los
bailarines en su vida
cotidiana. ¿Por qué, en
tan poco tiempo,
trabajar todos esos
asuntos?
En todo caso, espero que
no se lea como que soy
alguien que quiere
controlarlo todo, como
que soy un megalómano,
pero tiene un poquito de
control no porque quiera
imponer mis ideas, sino
porque no concibo un
movimiento si no lo
imagino en un contexto
mayor: quién lo va a
bailar, en qué
escenografía se va a
mover, con qué tipo de
música. Para mí son
diferentes elementos de
la obra y reflexiono
sobre ellos sin cesar. A
veces he encontrado
gente con las que he
tenido tiempo para
desarrollar una relación
artística que me permita
delegar estas
responsabilidades y
establecer
colaboraciones para
confrontar mis ideas con
las de otras personas,
así mis palabras estarán
en diálogos con las
palabras de otras
personas, así surgen
ideas que solo no podría
concebir. No conozco
gente en Cuba a las que
me hubiera gustado
invitar a participar en
casi, la gente que
conozco en Europa no
podía venir por motivos
económicos. Me sentía
capacitado para llevar
sobre mis espaldas todas
esas responsabilidades.
Sabía que para esta
producción habría
límites presupuestarios
muy grandes, yo puedo
trabajar con poco
dinero, con muy pocos
medios, era el camino
más rápido, más cierto y
más barato. Quise poner
la escenografía al mismo
nivel de la coreografía.
Normalmente queremos que
el teatro se vea lo
mejor posible, ocultamos
que se está derruyendo,
que una pared se
descascarilló, quería
hacer con la sala lo
mismo que hice con los
bailarines en tanto
seres humanos,
desnudarlos, quitarles
esa capa de maquillaje
tras la cual nos
intentamos esconder
nuestros defectos,
nuestros monstruos. Me
parece que la sala Lorca
desnuda se ve
increíblemente
maravillosa, se ven
volúmenes y dimensiones
increíbles, ver la sala
en estado de humildad le
da grandiosidad.
Eres el autor de la
banda sonora de la obra,
las canciones son
interpretadas por los
bailarines. ¿Cuál fue el
criterio para la
selección?
Quiero mencionar un
asunto que me importaba
mucho cuando llegué a
hacer casi, y es el
hecho de que venía a
Cuba a trabajar con
bailarines cubanos. No
quería hacer lo que
suelen hacer los
coreógrafos cuando
venimos aquí, hacer un
retrato de tarjeta
postal. Quería dejarme
impregnar de lo
intrínsecamente cubano.
Como punto de partida
para eso, sin querer
hacer un retrato
sociopolítico porque no
podría hacerlo, creo que
sería muy arrogante dar
una opinión sobre Cuba.
Quería buscar aquí lo
que no conseguiría en
otro lugar, y reuní
todos los adjetivos que
pudieran ocurrírseme sin
censura y sin trilla de
las ideas que tenemos en
Europa sobre Cuba, ahí
metí lo que ahora he
descubierto que era
falso, lo que era
verdad, los vicios, los
clichés, las
idealizaciones. Con
todos esos adjetivos que
tienen que ver con la
realidad sociopolítica
cubana y con su entorno
cultural trabajé, luego
los traduje a simples
relaciones humanas que
no tuvieran nada que ver
con Cuba, sino que
fueran más universales,
con las que pudiera
relacionar cualquier ser
humano en cualquier
lugar del mundo, tan
solo que esos adjetivos
iban a ser traducidos e
interpretados por
cubanos. Hubo una
especie de zigzag del
cual no eran conscientes
los intérpretes al
principio, y al final,
indirectamente, me doy
cuenta de que la obra
tiene un perfume, un
olor que solo pueden
haber crecido aquí.
En
la música me gustaba la
idea de llegar a algo
que fuera cubano, pero
que hiciera mención a
quién soy yo como
persona, como artista.
Me apetecía hacer un
viaje que quizá no sea
posible que todo el
público lo siga a nivel
intelectual, pero sí es
posible seguirlo a nivel
emocional porque está
interpretado en vivo por
los mismos bailarines.
Para mí es emocionante
verlos cantar,
sintiéndose superexpuestos porque no
es su punto fuerte, no
tienen armas para no
desafinar, fueron muy
osados al ponerse en esa
situación porque se los
pedí. Comienzan con una
canción sefardí del
siglo XVI que fue sacada
de España por los judíos
que emigraron al norte
de África, se escucha
allí hoy en español,
resultado de la
colonización, y en la
obra termina convertida
en algo típicamente
cubano. Es un viaje
musical que me ayuda en
la dramaturgia personal
y así voy construyendo
el tejido de la obra, y
ayuda a construir los
hilos de la obra que
para mí son importantes.
Van a tocar fibras
sensibles de los
espectadores por el tipo
de música y por la forma
en que son
interpretadas. Hay rezos
de la tradición
afrocubana que canta un
chico de 18 años con
toda su inocencia y toda
su emoción, en un
momento los rezos
afrocubanos alternan con
música de Bach. No
quiero imponer lecturas,
pero es para mí una
metáfora de las
contradicciones
históricas entre los
países europeos que
colonizaron al mundo y
las culturas que
surgieron productos de
la mezcla. Intento a
través de la música, y
es importante para mí
porque me crié en el
mundo de la música antes
de llegar a la danza, no
decorar sino incorporar
la música a la pieza, la
música tiene el mismo
valor que los otros
elementos que
contribuyen a contar la
historia.
Has vuelto a Cuba por
tercera vez para
trabajar con Danza
Contemporánea de Cuba.
¿En qué medida han
influido estos
encuentros en tu vida
profesional, en tu
entorno personal?
Todo encuentro siempre
es enriquecedor, y si
sigo viniendo es porque
quería venir, por
el contacto humano con
los bailarines, por su
entrega y por el talento
que tienen. Por el
talento creativo y
técnico de los
bailarines fue que pude
desarrollar aspectos que
me interesan y que no
puedo desarrollar en
otros lugares. Y por
otro aspecto que tiene
que ver con los
bailarines porque es con
ellos con quienes estoy
en contacto cuando
vengo, y es la realidad
cubana, a la que no se
puede ser indiferente
cuando vienes de Europa,
y sin querer caer en
clichés, no puedo
caminar por las calles
de La Habana sin dejar
de cuestionarme lo que
sucede aquí, quién soy
yo en Europa, quién soy
yo aquí. Esas
reflexiones que surgen
estando aquí y que luego
continúan golpeándome a
diferentes niveles de
conciencia, van
sedimentándose, van
transformándose, y me
permiten desarrollarme
como ser humano porque
el sentirme como pez
fuera del agua me
permite crecer, no
porque sea un desafío
sino porque me hace
cuestionarme mis
principios, mis ideales,
mis creencias, mis
pasiones, y aunque
algunas no van a cambiar
y otras sí, el solo
hecho de cuestionarlas,
la humildad que ese
gesto requiere, es un
paso adelante como ser
humano, como artista.
¿Qué sucederá con
casi? ¿El proceso de
trabajo concluye el día
del estreno?
Ninguna obra concluye
cuando sube a escena,
eso sería un crimen.
Antes de subir a escena
una obra solo ha hecho
una parte del camino, de
un gran esfuerzo, pero
es solo una pequeña
parte de la madurez que
le queda por alcanzar.
Es la primera
coreografía que hago en
la que no estoy como
bailarín, como siempre
estoy continúan
creciendo y cambiándose
porque sigo cambiando
cosas, no soy ni la
misma persona ni el
mismo artista dos años
después. Me gusta
aceptar el hecho de que
una obra es un reflejo
de quién yo era en un
momento determinado y
debo tener la humildad
de aceptar eso, y darse
cuenta de que tienen
defectos y debilidades y
que en ese momento
llegué adonde pude, pero
ahí también hay lugar
para que la pieza siga
madurando y ganando en
profundidad, el camino
no termina.
Tengo cierta
aprensión porque no veré
el estreno, mis padres
son personas muy mayores
y quiero pasar con ellos
las Navidades. Tampoco
tendré acceso a la pieza
luego, de ahí mi deseo
de controlar la pieza
que te hablé al
principio de la
entrevista. Temo que,
por respeto, no dejen
que la pieza se
desarrolle y que pierda
vida, que no tenga
variaciones, es como una
piedra por la que pasa
el agua constantemente,
que la piedra tome
nuevas formas poco a
poco, que las aristas se
redondeen. No seré
testigo del desarrollo
de la pieza. No quisiera
que la rutina o la falta
de rigor ensucien lo que
hemos conseguido en
estos días, quiero que
la vida fluya, que los
intérpretes crezcan. |