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Para muchos era un
domingo más. Simplemente
otro día de diciembre.
Sin embargo, ese primer
día de la semana marcaba
el centenario del fútbol
en Cuba. Cómo olvidarlo
si los medios de
comunicación difundieron
durante los primeros
días del mes las
actividades de la
Asociación de Fútbol de
Cuba para conmemorar la
fecha en que el Hatuey y
el Rovers se enfrentaron
en el primer partido
oficial en la
desaparecida cancha de
Palatino.
Los medios rememoraron
la destacada
participación de la
selección cubana en el
Mundial de París 1938.
En la lid parisina, Cuba
igualaría a dos goles su
primer partido ante
Rumania, para luego
vencerlos 3-2 y avanzar
a octavos de final. En
esa instancia y en
condiciones adversas,
perdieron ante Suecia
por 8-0. A pesar de
ello, se considera que
la actuación en la Copa
del Mundo fue buena y,
por demás, la más
sobresaliente en materia
futbolística para la
Isla.
Mas, el fútbol cubano
cuenta con otras
historias que no por
menos gloriosas dejan de
ser relevantes. Corría
el año 1930 y Cuba se
hallaba en una convulsa
situación política. El
régimen de Gerardo
Machado azotaba el país
pero La Habana sería la
sede de los II Juegos
Centroamericanos y del
Caribe en los que se
incluiría el fútbol por
primera vez dentro del
calendario competitivo.
El honor de ser el
primer campeón de los
Juegos correspondió a
los locales. Cuba se
erigía como referente
futbolístico en el área.
Para 1935 el fútbol
cubano era reconocido
por su nivel técnico y
encaraba los III Juegos
Centroamericanos con la
intención de retener la
corona. Pero esta vez la
historia no tendría el
mismo final. El
resultado del torneo
recogería un tercer
lugar para la Isla.
El impass
futbolístico mundial que
devino con la Primera y
Segunda Guerras
Mundiales sumió en un
letargo a las
selecciones nacionales
que reaparecen en el
contexto internacional
en 1954 durante los
séptimos Juegos
Centroamericanos y del
Caribe jugados en
México. La actuación
sería aceptable al igual
que las siguientes
incursiones en los
Panamericanos de
Chicago‘59 y los
Centroamericanos de
Kingston‘62. En Ciudad
de México terminaron en
el quinto puesto, igual
posición que en la
capital jamaicana;
mientras que en la
ciudad estadounidense
ocuparon la séptima
posición.
Un movimiento
revolucionario estaba
transformando el país en
todas las esferas
sociales y el deporte
constituía uno de los
pilares fundamentales de
la obra renovadora. Tras
la creación del INDER en
1963 se comienzan a
dictar una serie de
medidas encaminadas a
llevar el deporte a
todos los rincones del
archipiélago y
convertirlo en una
actividad masiva.
La primera clarinada de
lo que sería el fútbol
cubano en la siguiente
década llegaría durante
los décimos Juegos
Centroamericanos y del
Caribe en San Juan,
Puerto Rico. Solo un gol
apartaría a Cuba del
segundo lugar. El
regreso al tercer
escalón del podio sería
el primer paso del
camino hacia la gloria.
Importantes figuras del
fútbol nacional dirían
adiós en los años
previos a 1970. Una
nueva hornada de
jugadores sustituiría a
grandes como Julio
Blanco o Gregorio Dalmau.
Era la hora de José
Francisco Reinoso, René
Bonora y compañía. Se
abría una nueva etapa
para el fútbol cubano:
la década de oro.
Los Juegos
Centroamericanos de
Panamá 1970, Santo
Domingo‘74 y Medellín‘78
coronarían a una
generación sin
precedentes en la
historia del fútbol
nacional. Estos éxitos
se unen al tercer
peldaño en los
Panamericanos de Calí
‘71 y el subtítulo de
San Juan ‘79,
considerado como la
cúspide de la práctica
en el país. Destacar
además las dos
participaciones
olímpicas en Montreal
‘76 y Moscú ‘80. En la
lid canadiense se
igualaría a un gol con
Polonia, tercer lugar
mundial en 1974 y
campeón olímpico de
1972. Mientras que en la
capital rusa se
alcanzarían victorias
frente a Venezuela y
Zambia para acceder a
cuartos de final.
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La década siguiente
marcaría el descenso del
fútbol cubano. Problemas
personales, mala gestión
competitiva y un
supuesto cambio
generacional, que nunca
tuvo lugar, llevaron al
fracaso en los Juegos
Centroamericanos de La
Habana ‘82. Cuba tenía
jugadores con talento
para ganar los juegos
pero decisiones
desacertadas terminaron
con la supremacía centro
caribeña. Habría que
conformarse con el
tercer lugar.
Una claridad se
vislumbraba al final del
túnel. De la mano de
Roberto Hernández, la
nueva generación haría
el viaje hacia República
Dominicana. En Santiago
de los Caballeros se
encendería por última
vez la luz. Cuba
recuperaba el título y
se convertía en la única
nación penta campeona de
Centroamérica y el
Caribe.
En los años 90 tuvo
lugar un hecho
significativo que
marcaría el desarrollo
del más universal en
Cuba. La desaparición
del bloque socialista
afectó directamente a la
nación caribeña, y el
fútbol no fue la
excepción. Su
preparación dependía
principalmente de los
vínculos con los países
socialistas. Además de
la ayuda material, los
equipos cubanos
perdieron la posibilidad
de enfrentarse
constantemente a
selecciones foráneas de
primer orden. Mientras,
las confrontaciones
regionales imponían el
límite de edad para
participar en sus
competiciones por
reglamentación de la
FIFA. Menores de 21 años
para los Juegos
Centroamericanos, por
debajo de 22 años para
los Panamericanos e
inferiores a 23 años
para el concurso
olímpico.
Tras casi una década
alejada de las
confrontaciones
internacionales, la
selección nacional de
mayores reapareció en la
Copa de Oro de 1998,
celebrada en los EE.UU.
y el saldo no fue
alentador. Los años
venideros no resultaron
muy fructíferos en lo
que a resultados
relevantes en la arena
internacional respecta.
En aras de revertir esta
situación la Asociación
de Fútbol de Cuba (AFC)
contrataría al
preparador peruano
Miguel Company. De la
mano de Company la
selección nacional
alcanzaría un nivel
competitivo óptimo para
encarar cualquier
competición.
La Copa de Oro de 2002
encumbró al fútbol
cubano. La prensa
internacional se haría
eco de las actuaciones
ante EE.UU. y Corea del
Sur, planteles
clasificados para el
Mundial de ese mismo año
en tierras asiáticas.
A pesar de no alcanzar
victoria alguna en el
certamen, el empate a
cero frente a Corea del
Sur y la derrota por 0-1
ante EE.UU. situaban a
Cuba en los lugares
cimeros del universo
futbolístico del área.
Los frutos del trabajo
realizado serían
recogidos en las
competiciones venideras.
La consistencia de un
planteamiento táctico
acorde con las
características de juego
de los cubanos y la
maestría para sacar el
máximo rendimiento de
sus jugadores hizo de
Company el Mesías del
fútbol cubano en el
nuevo siglo.
La Copa de Oro de 2003
sería el preludio de un
repunte del fútbol
nacional. En ese torneo
Cuba alcanzaría su
primera victoria en el
mayor certamen
organizado por la
CONCACAF al derrotar dos
goles por cero a Canadá
para así avanzar a
cuartos de final.
Giras por Sudamérica y
buenos partidos ante
clubes como el Vasco da
Gama de Romario, y otros
de la primera división
brasileña ilusionaron a
muchos de cara a la
eliminatoria mundialista
Alemania 2006.
Para algunos el nivel
alcanzado frente al
combinado costarricense
en aquel momento
resultó alentador. A
pesar de quedar en el
camino se dejó una buena
impresión. El empate a
dos en el Estadio
Nacional Pedro Marrero
obligaba a buscar un
triunfo o un empate a
tres goles en San José,
algo bastante difícil
ante el conjunto tico
teniendo en cuenta su
localía. Cuba no se
amilanó y pudo haber
avanzado a la siguiente
fase, pero así de
complicado es el mundo
del fútbol. El empate a
un gol no sirvió de
mucho. Sin embargo, dos
empates frente a uno de
los grandes de la
región, asistente a los
Mundiales de Francia ‘98
y Corea/Japón 2002
hacían pensar que se
estaba en la línea
correcta.
Tras varios años de
labor, el técnico
peruano terminó su ciclo
al frente de la
selección nacional. Con
la partida de Company
volvieron las
inconsistencias en el
rendimiento de los
futbolistas cubanos.
Cuando se esperaba un
salto de calidad en el
nivel competitivo las
huestes comenzaron a
sucumbir.
Fracasos en las Copas
Oro de 2005 y 2007,
unidas a desilusiones en
las Copas del Caribe
hacían pensar que la
solución a los problemas
estaba en el banquillo.
Cuba exhibía por
momentos el mejor fútbol
del Caribe pero en
partidos importantes no
ganaba y el título no
venía a La Habana.
Pero, sin lugar a duda,
un hecho sacudiría al
deporte de las
multitudes instantes
previos a su centenario.
Tras 14 años de ausencia
Cuba participaría en la
semifinal de CONCACAF,
clasificatoria para el
mundial de Sudáfrica
2010. Tras el buen
desempeño en la
eliminatoria anterior,
la llegada a Cuba del
alemán Reinhold Fanz
para dirigir los
destinos del equipo
nacional auguraba un
resultado relevante.
Sin embargo, las
barreras del idioma, las
divergencias entre la
idiosincrasia europea y
la caribeña, asociadas
al poco conocimiento del
fútbol nacional pasaron
factura a los ideales
del estratega alemán.
Los nacionales en la
justa solo lograrían una
victoria. Un agónico
triunfo ante Guatemala
en el Pedro Marrero no
redimiría a la selección
ante sus seguidores.
Para la Copa del Caribe
de 2010, Cuba se
propondría alcanzar el
título. Un gran ambiente
reinaba en el seno de la
selección. Pletóricos y
dispuestos a conquistar
la gloria partirían de
La Habana rumbo a
Martinica.
Contradictoriamente los
resultados serían otros.
Nuevamente se perecía a
las puertas de un éxito.
Si bien se alcanzaría un
cupo para la Copa Oro de
2011 al culminar
terceros en la justa, la
ausencia de trofeos
prevalecería en las
vitrinas de la AFC.
En el año del
Centenario, la actuación
del equipo principal
dejaría mucho que desear
en el máximo certamen de
CONCACAF al salir
goleados en sus tres
presentaciones. Sin
embargo, en el día en
que Hatuey y Rovers se
midieron por primera vez
en un partido oficial de
fútbol en la Isla, los
futbolistas cubanos
demostraron poder ir a
por más al igualar a un
gol con el seleccionado
costarricense.
En un encuentro amistoso
celebrado en el Estadio
Nacional como homenaje a
la fecha, los discípulos
de Raúl González Triana
dominaron todo el
encuentro y se
adelantaron en el
marcador gracias a un
cobro desde el punto
penal ejecutado
acertadamente por Eviel
Cordovés. La fiesta no
podía marchar mejor, una
victoria de esa magnitud
sería un buen augurio de
cara a una nueva era.
Pero a escasos instantes
del final, Costa Rica
igualaría el partido y
adiós a un triunfo
histórico.
Actuaciones como esa
siempre hacen soñar con
un definitivo despegue,
pero lo cierto es que el
momento aún no llega.
Varios técnicos,
directivos y
practicantes del deporte
en el archipiélago
coinciden en que las
causas del estancamiento
del fútbol cubano
residen en las escasas
confrontaciones
internacionales, en las
carencias materiales y
en la imposibilidad de
llevar el fútbol
nacional a los niveles
esperados en un período
relativamente corto.
La caída del campo
socialista puede haber
limitado al fútbol
nacional, máxime cuando
los jugadores del área,
a diferencia de los
cubanos, pueden
insertarse en las
principales ligas de
Europa y adquirir una
mayor maestría y mejorar
su pensamiento
técnico-táctico. Cuando
un jugador cubano comete
algún error, se le
adjudica a este cierto
grado de ingenuidad, que
puede corregirse
aumentando el nivel
competitivo de la
selección nacional, sin
asimilar aún. A ello se
anexan los continuos
abandonos de varios
miembros del
seleccionado nacional en
sus momentos de máximo
esplendor y madurez
deportiva. Pero solo
serían justificaciones
manidas para continuar
escudándonos en aspectos
que van más allá de la
parcela deportiva y que
pasan por la
construcción de un
sistema determinado, con
características atípicas
al resto del mundo.
Hay un progreso en el
pensamiento táctico, ya
se puede hablar de un
estilo de juego, de una
identidad futbolística
como nación. Quien
observe al equipo
cubano, puede decir que
hay una maestría de los
jugadores en cuanto a
los conocimientos de los
elementos básicos del
fútbol, pero falta el
roce internacional, y
eso es fundamental en un
entorno tan competitivo
y cambiante.
A pesar de la notable
mejoría y los esfuerzos
realizados, los
resultados son
insuficientes, sobre
todo si se tienen en
cuenta los cien años de
historia y desarrollo de
este deporte. En
consecuencia, las
vitrinas de la AFC
continúan desoladas;
mientras la afición
espera un resultado
relevante, coherente a
su vez con la calidad
anunciada respecto a
determinados países del
área que han logrado
incluirse en las últimas
citas mundialistas. Un
nuevo siglo se abre para
el fútbol cubano. En las
nuevas generaciones está
el reto de construir una
historia diferente. |