La Habana. Año X.
24 al 30 de DICIEMBRE 

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Una centuria de sueños
Osmany Torres • La Habana

Para muchos era un domingo más. Simplemente otro día de diciembre. Sin embargo, ese primer día de la semana marcaba el centenario del fútbol en Cuba. Cómo olvidarlo si los medios de comunicación difundieron durante los primeros días del mes las actividades de la Asociación de Fútbol de Cuba para conmemorar la fecha en que el Hatuey y el Rovers se enfrentaron en el primer partido oficial en la desaparecida cancha de Palatino.

Los medios rememoraron la destacada participación de la selección cubana en el Mundial de París 1938. En la lid parisina, Cuba igualaría a dos goles su primer partido ante Rumania, para luego vencerlos 3-2 y avanzar a octavos de final. En esa instancia y en condiciones adversas, perdieron ante Suecia por 8-0. A pesar de ello, se considera que la actuación en la Copa del Mundo fue buena y, por demás, la más sobresaliente en materia futbolística para la Isla.

Mas, el fútbol cubano cuenta con otras historias que no por menos gloriosas dejan de ser relevantes. Corría el año 1930 y Cuba se hallaba en una convulsa situación política. El régimen de Gerardo Machado azotaba el país pero La Habana sería la sede de los II Juegos Centroamericanos y del Caribe en los que se incluiría el fútbol por primera vez dentro del calendario competitivo.

El honor de ser el primer campeón de los Juegos correspondió a los locales. Cuba se erigía como referente futbolístico en el área. Para 1935 el fútbol cubano era reconocido por su nivel técnico y encaraba los III Juegos Centroamericanos con la intención de retener la corona. Pero esta vez la historia no tendría el mismo final. El resultado del torneo recogería un tercer lugar para la Isla.

El impass futbolístico mundial que devino con la Primera y Segunda Guerras Mundiales sumió en un letargo a las selecciones nacionales que reaparecen en el contexto internacional en 1954 durante los séptimos Juegos Centroamericanos y del Caribe jugados en México. La actuación sería aceptable al igual que las siguientes incursiones en los Panamericanos de Chicago‘59 y los Centroamericanos de Kingston‘62. En Ciudad de México terminaron en el quinto puesto, igual posición que en la capital jamaicana; mientras que en la ciudad estadounidense ocuparon la séptima posición.

Un movimiento revolucionario estaba transformando el país en todas las esferas sociales y el deporte constituía uno de los pilares fundamentales de la obra renovadora. Tras la creación del INDER en 1963 se comienzan a dictar una serie de medidas encaminadas a llevar el deporte a todos los rincones  del archipiélago y convertirlo en una actividad masiva.

La primera clarinada de lo que sería el fútbol cubano en la siguiente década llegaría durante los décimos Juegos Centroamericanos y del Caribe en San Juan, Puerto Rico. Solo un gol apartaría a Cuba del segundo lugar. El regreso al tercer escalón del podio sería el primer paso del camino hacia la gloria.

Importantes figuras del fútbol nacional dirían adiós en los años previos a 1970. Una nueva hornada de jugadores sustituiría a grandes como Julio Blanco o Gregorio Dalmau. Era la hora de José Francisco Reinoso, René Bonora y compañía. Se abría una nueva etapa para el fútbol cubano: la década de oro.

Los Juegos Centroamericanos de Panamá 1970, Santo Domingo‘74 y Medellín‘78 coronarían a una generación sin precedentes en la historia del fútbol nacional. Estos éxitos se unen al tercer peldaño en los Panamericanos de Calí ‘71 y el subtítulo de San Juan ‘79, considerado como la cúspide de la práctica en el país. Destacar además las dos participaciones olímpicas en Montreal ‘76 y Moscú ‘80. En la lid canadiense se igualaría a un gol con Polonia, tercer lugar mundial en 1974 y campeón olímpico de 1972. Mientras que en la capital rusa se alcanzarían victorias frente a Venezuela y Zambia para acceder a cuartos de final.

La década siguiente marcaría el descenso del fútbol cubano. Problemas personales, mala gestión competitiva y un supuesto cambio generacional, que nunca tuvo lugar, llevaron al fracaso en los Juegos Centroamericanos de La Habana ‘82. Cuba tenía jugadores con talento para ganar los juegos pero decisiones desacertadas terminaron con la supremacía centro caribeña. Habría que conformarse con el tercer lugar.

Una claridad se vislumbraba al final del túnel. De la mano de Roberto Hernández, la nueva generación haría el viaje hacia República Dominicana. En Santiago de los Caballeros se encendería por última vez la luz. Cuba recuperaba el título y se convertía en la única nación penta campeona de Centroamérica y el Caribe.

En los años 90 tuvo lugar un hecho significativo que marcaría el desarrollo del más universal en Cuba. La desaparición del bloque socialista afectó directamente a la nación caribeña, y el fútbol no fue la excepción. Su preparación dependía principalmente de los vínculos con los países socialistas. Además de la ayuda material, los equipos cubanos perdieron la posibilidad de enfrentarse constantemente a selecciones foráneas de primer orden. Mientras, las confrontaciones regionales imponían el límite de edad para participar en sus competiciones por reglamentación de la FIFA. Menores de 21 años para los Juegos Centroamericanos, por debajo de 22 años para los Panamericanos e inferiores a 23 años para el concurso olímpico.

Tras casi una década alejada de las confrontaciones internacionales, la selección nacional de mayores reapareció en la Copa de Oro de 1998, celebrada en los EE.UU. y el saldo no fue alentador. Los años venideros no resultaron muy fructíferos en lo que a resultados relevantes en la arena internacional respecta.

En aras de revertir esta situación la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) contrataría al preparador peruano Miguel Company. De la mano de Company la selección nacional alcanzaría un nivel competitivo óptimo para encarar cualquier competición.

La Copa de Oro de 2002 encumbró al fútbol cubano. La prensa internacional se haría eco de las actuaciones ante EE.UU. y Corea del Sur, planteles clasificados para el Mundial de ese mismo año en tierras asiáticas. A pesar de no alcanzar victoria alguna en el certamen, el empate a cero frente a Corea del Sur y la derrota por 0-1 ante EE.UU. situaban a Cuba en los lugares cimeros del universo futbolístico del área. 

Los frutos del trabajo realizado serían recogidos en las competiciones venideras. La consistencia de un planteamiento táctico acorde con las características de juego de los cubanos  y la maestría para sacar el máximo rendimiento de sus jugadores hizo de Company el Mesías del fútbol cubano en el nuevo siglo. 

La Copa de Oro de 2003 sería el preludio de un repunte del fútbol nacional. En ese torneo Cuba alcanzaría su primera victoria en el mayor certamen organizado por la CONCACAF al derrotar dos goles por cero a Canadá para así avanzar a cuartos de final.

Giras por Sudamérica y buenos partidos ante clubes como el Vasco da Gama de Romario, y otros de la primera división brasileña ilusionaron a muchos de cara a la eliminatoria mundialista Alemania 2006.

Para algunos el nivel alcanzado frente al combinado costarricense en  aquel momento resultó alentador. A pesar de quedar en el camino se dejó una buena impresión. El empate a dos en el Estadio Nacional Pedro Marrero obligaba a buscar un triunfo o un empate a tres goles en San José, algo bastante difícil ante el conjunto tico teniendo en cuenta su localía. Cuba no se amilanó y pudo haber avanzado a la siguiente fase, pero así de complicado es el mundo del fútbol. El empate a un gol no sirvió de mucho. Sin embargo, dos empates frente a uno de los grandes de la región, asistente a los Mundiales de Francia ‘98 y Corea/Japón 2002 hacían pensar que se estaba en la línea correcta.

Tras varios años de labor, el técnico peruano terminó su ciclo al frente de la selección nacional. Con la partida de Company volvieron las inconsistencias en el rendimiento de los futbolistas cubanos. Cuando se esperaba un salto de calidad en el nivel competitivo las huestes comenzaron a sucumbir.

Fracasos en las Copas Oro de 2005 y 2007, unidas a desilusiones en las Copas del Caribe hacían pensar que la solución a los problemas estaba en el banquillo. Cuba exhibía por momentos el mejor fútbol del Caribe pero en partidos importantes no ganaba y el título no venía a La Habana.   

Pero, sin lugar a duda, un hecho sacudiría al deporte de las multitudes instantes previos a su centenario. Tras 14 años de ausencia Cuba participaría en la semifinal de CONCACAF, clasificatoria para el mundial de Sudáfrica 2010. Tras el buen desempeño en la eliminatoria anterior, la llegada a Cuba del alemán Reinhold Fanz para dirigir los destinos del equipo nacional auguraba un resultado relevante.

Sin embargo, las barreras del idioma, las divergencias entre la idiosincrasia europea y la caribeña, asociadas al poco conocimiento del fútbol nacional pasaron factura a los ideales del estratega alemán. Los nacionales en la justa solo lograrían una victoria. Un agónico triunfo ante Guatemala en el Pedro Marrero no redimiría a la selección ante sus seguidores.

Para la Copa del Caribe de 2010, Cuba se propondría alcanzar el título. Un gran ambiente reinaba en el seno de la selección. Pletóricos y dispuestos a conquistar la gloria partirían de La Habana rumbo a Martinica. Contradictoriamente los resultados serían otros. Nuevamente se perecía a las puertas de un éxito. Si bien se alcanzaría un cupo para la Copa Oro de 2011 al culminar terceros en la justa, la ausencia de trofeos prevalecería en las vitrinas de la AFC.

En el año del Centenario, la actuación del equipo principal dejaría mucho que desear en el máximo certamen de CONCACAF al salir goleados en sus tres presentaciones. Sin embargo, en el día en que Hatuey y Rovers se midieron por primera vez en un partido oficial de fútbol en la Isla, los futbolistas cubanos demostraron poder ir a por más al igualar a un gol con el seleccionado costarricense.

En un encuentro amistoso celebrado en el Estadio Nacional como homenaje a la fecha, los discípulos de Raúl González Triana dominaron todo el encuentro y se adelantaron en el marcador gracias a un cobro desde el punto penal ejecutado acertadamente por Eviel Cordovés. La fiesta no podía marchar mejor, una victoria de esa magnitud sería un buen augurio de cara a una nueva era. Pero a escasos instantes del final, Costa Rica igualaría el partido y adiós a un triunfo histórico.

Actuaciones como esa siempre hacen soñar con un definitivo despegue, pero lo cierto es que el momento aún no llega. Varios técnicos, directivos y practicantes del deporte en el archipiélago coinciden en que las causas del estancamiento del fútbol cubano residen en las escasas confrontaciones internacionales, en las carencias materiales y en la imposibilidad de llevar el fútbol nacional a los niveles esperados en un período relativamente corto.

La caída del campo socialista puede haber limitado al fútbol nacional, máxime cuando los jugadores del área, a diferencia de los cubanos, pueden insertarse en las principales ligas de Europa y adquirir una mayor maestría y mejorar su pensamiento técnico-táctico. Cuando un jugador cubano comete algún error, se le adjudica a este cierto grado de ingenuidad, que puede corregirse aumentando el nivel competitivo de la selección nacional, sin asimilar aún. A ello se anexan los continuos abandonos de varios miembros del seleccionado nacional en sus momentos de máximo esplendor y madurez deportiva. Pero solo serían justificaciones manidas para continuar escudándonos en aspectos que van más allá de la parcela deportiva y que pasan por la construcción de un sistema determinado, con características atípicas al resto del mundo.

Hay un progreso en el pensamiento táctico, ya se puede hablar de un estilo de juego, de una identidad futbolística como nación. Quien observe al equipo cubano, puede decir que hay una maestría de los jugadores en cuanto a los conocimientos de los elementos básicos del fútbol, pero falta el roce internacional, y eso es fundamental en un entorno tan competitivo y cambiante.

A pesar de la notable mejoría y los esfuerzos realizados, los resultados son insuficientes, sobre todo si se tienen en cuenta los cien años de historia y desarrollo de este deporte. En consecuencia, las vitrinas de la AFC continúan desoladas; mientras la afición espera un resultado relevante, coherente a su vez con la calidad anunciada respecto a determinados países del área que han logrado incluirse en las últimas citas mundialistas. Un nuevo siglo se abre para el fútbol cubano. En las nuevas generaciones está el reto de construir una historia diferente.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.