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Cada mañana, en el
gimnasio del Instituto
Cardiovascular me entero
cómo anda Messi, si el
Madrid perdió o hablan
de nombres que realmente
no conozco. Esas
amigables discusiones —a
veces hay que llamarles
la atención por lo alto
de las voces— alternan
con debates acerca de si
Industriales ese año
sigue mal o si la pelota
necesita remodelarse.
Es que si el juego de
bates y bolas es nuestro
pasatiempo nacional, el
de balones y patadas
nunca ha estado ajeno a
nuestro entorno
deportivo. Mucho nos
hemos preguntado por qué
si para jugar fútbol —de
niños— solo hace falta
un solar yermo y dos
“porterías” fabricadas
con palos, no es esta
tierra pródiga en
grandes jugadores del
más universal de los
deportes.
Existen razones: si en
apariencias el fútbol es
barato por donde se
practica, es muy caro a
la hora de participar en
competencias. Las
grandes transnacionales
ganan millones de
dólares en cada copa o
campeonato mundial. Un
buen jugador de fútbol
puede ser vendido
cómodamente de un equipo
a otro en más de 40
millones.
En opinión del
futbolista y periodista
José Francisco Reinoso
“La séptima década del
siglo XX constituye la
más exitosa en los Cien
años del Fútbol Cubano
por resultados de
equipos y figuras que
inscribieron sus nombres
en los anales
competitivos.
“Los futbolistas
conquistaron el título
de los Juegos regionales
de Panamá/70 para
reeditar la actuación de
La Habana/1930, lo que
consiguió igualmente en
República Dominicana/74
y Medellín,
Colombia/78. Influencia
decisiva en esos
resultados tuvo el
técnico coreano, Kin
Yong Ha, quien entre
1968 y 1971 aportó los
fundamentos físicos,
técnicos y tácticos de
la década dorada del
fútbol cubano. Tres
glorias quedaron de
líderes goleadores en
esas lides: José
Verdecia, en el istmo
panameño; Francisco
Piedra, en Quisqueya y
Roberto Pereira, en
Medellín, la ciudad de
las flores.
“El período marcó
también crecimiento en
Juegos Panamericanos
porque luego de discreta
actuación en Winnipeg,
Canadá-67, Cuba
conquistó bronce en
Cali, Colombia/71,
descendió al quinto
lugar en México/75 y
logró plata en Puerto
Rico/79 al caer 0-3 ante
Brasil en la final.”
Para ese momento hacía
muchos años que se
jugaba en Cuba. Todo
empezó el 11 de
diciembre del año 1911
gracias a los esfuerzos
de José Mier y William
Campell, quienes
devinieron progenitores
de la introducción del
deporte universal en la
mayor de las Antillas.
Desde ese momento con
jugadores de otros
países, especialmente
centroamericanos, se
desarrollaron con alguna
sistematicidad
encuentros en uno u otro
lugar del país.
Fue a partir de 1959
cuando se intentó
impulsar un deporte que
“no tenía fijador” como
diría Héctor Zumbado.
Aunque ha tenido épocas
mejores que otras, lo
cierto es que el fútbol
no ha disfrutado una
estabilidad en su
desarrollo. Y, sin
embargo, se convierte en
una fiebre nacional con
los juegos disputados en
Europa entre los grandes
equipos a nivel mundial
del juego de patear la
bola.
Hoy por hoy, los niños
siguen tanto a los
futbolistas de allende
los mares, como a
nuestros grandes
peloteros. En ese
disfrute influye la
televisión cubana que
transmite los partidos
más importantes, algunos
en vivo. Durante la copa
mundial se hizo incluso
en los cines y de allí
salían muchachos y
muchachas con las cartas
pintadas con banderas
del equipo de su
preferencia.
Mi amigo Fidel Díaz
Castro, asegura que tal
política solo está
haciendo daño a la
pelota porque transita
mayor información acerca
del deporte de las
grandes multitudes que
sobre el de la de bolas
y strikes.
En algo tiene razón,
mucho más cuando se
logra montar en Cuba un
campeonato en el que se
enfrenten los mejores
jugadores de la pelota a
nivel nacional. Mientras
Cuba tenga en sus series
nacionales muchísimos
más equipos per cápita
por habitante que Japón
o EE.UU. nuestros
muchachos no “chocarán”
entre los mejores de
ellos ni estarán
preparados para el
estrés que ocasiona un
juego crucial.
Volviendo al fútbol,
cedo el final de este
texto al que dicen ha
sido el mejor portero de
todos los tiempos en
nuestro país, Pedroso:
“en el contexto de las
realidades históricas y
del presente, los
amantes y seguidores del
fútbol cubano abrazan el
Centenario con sueños,
esperanzas y la
convicción de que es
necesario mucho trabajo,
empeño y dedicación
para ascender en el
pujante movimiento
deportivo de la Mayor
Isla del Caribe”. |