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Mario López Alfonso
nació un 9 de diciembre
de 1911, en La Habana,
designado casi un siglo
después como el mejor
jugador cubano del siglo
XX, mención que le
otorga la Confederación
Norte Centroamericana y
del Caribe de Fútbol (CONCACAF),
por su brillante
actuación en el fútbol
cubano en las décadas
del 1920 al 1940, las
cuales fueron muy
importantes para el
fútbol nacional.
Los aficionados de la
época lo bautizan como
“el Andrade” cubano,
llamándolo así, en
alusión al gran
delantero brasileño, por
su similitud en el
estilo de juego, por su
limpieza y habilidad
para golpear el balón y
anotar. Adornaba sus
cualidades con un regate
de calidad superior el
cual dejaba regado a
cuantos lo marcaban y
era un jugador muy
difícil de marcar por
estas cualidades que lo
adornaban. No son pocas
las historias y
comentarios de que hacía
parar las tribunas por
una jugada o por un tiro
a puerta fuera o dentro
del área, atributos
estos que Mario López
poseía de forma natural,
todo lo cual, lo
convertían en la mejor
carta de nuestro fútbol
y en uno de los grandes
de todos los tiempos.
Su primer partido lo
realizó de forma oficial
el 19 de diciembre de
1926, defendiendo los
colores del equipo
América en un encuentro
del concurso llamado de
Verano, en los terrenos
del antiguo parque
Mundial, donde jugó como
defensa. Posteriormente
pasa a jugar en el
famoso terreno Almendares Park, todo un
señor estadio de aquella
época, siempre como
jugador del América,
aunque ya el equipo
Olimpia, que era uno de
los grandes de la época,
buscaba con insistencia
su pase al equipo. Para
ese entonces, alternaba
en la media cancha y en
ocasiones en la
delantera,
convirtiéndose en un
jugador espectáculo,
pues jugaba todas las
posiciones y lo hacía
bien. Pasando el año
1928 comienza a jugar
con el equipo Olimpia.
En 1930 se celebra en La
Habana los II Juegos
Centroamericanos y del
Caribe y la selección
cubana de fútbol logra
la medalla de oro, en
calidad de invicta,
venciendo a Jamaica 3 x
1, a Honduras 7 X 0 y 5
x 0, a Costa Rica 2 x 1
y al Salvador 5 x 2. En
total Cuba marcó 22
goles a favor y solo
cuatro en contra, con
Mario López como líder
goleador del torneo,
anotando en todos los
encuentros.
Durante la década de los 30
consolida su prestigio
internacional. En una
visita a Haití, logra el
que se reconoce como el
gol más impresionante de
su carrera deportiva, al
ir dominando el balón
con la cabeza desde el
centro del terreno
hasta la puerta haitiana
y marcar el gol también
con la cabeza, lo que
provocó que al terminar
el juego, los propios
aficionados haitianos,
lo sacaran en hombros
del estadio para
pasearlo por la ciudad.
Se debe destacar que
todavía hoy, pasados
casi más de 70 años, los
haitianos rememoran
aquella extraordinaria
jugada y lo consideran
como el más grande
jugador que visitó el
país en todos los
tiempos.
Cuba participa en la
tercera Copa Mundial de
Fútbol en Francia, 1938,
pero para dolor de la
afición cubana, Mario
López no puede asistir
por una lesión en la
rodilla.
Debido a ello comienza a jugar como
portero un tiempo más
tarde. Su elevada
estatura y su calidad
técnica le abrieron el
paso en la nueva
posición, no son pocos
los que llegaron a
afirmar que era mejor
como portero que en el
campo. Esto lo llevó a
jugar en los grandes
equipos de la época,
estuvo en la alineación
regular del equipo
Deportivo Centro
Gallego, el cual dirigió
años más tarde como
entrenador; estuvo en el
glorioso equipo Juventud
Asturiana, uno de los
equipos insignes de
aquella época de
esplendor del fútbol
cubano. Tuvo una
destacada actuación como
portero a finales de la
década de los 30 y los
primeros años de los 40. Es
entonces decide
retirarse y dedicarse a
entrenar, de 1948 al
1954, dirige el equipo
Centro Gallego, y quedaron
campeones en el año
1952.
Al triunfo de la
Revolución, sigue
trabajando en el fútbol,
y está entre los
primeros entrenadores
que se suman para ayudar
a formar a los nuevos
cuadros y jugadores.
Dirige varios equipos
amateurs y es elegido
para dirigir la
Selección Nacional del
año 1960, junto con
reconocidos entrenadores
cubanos como Bernardo Llerandi y Enrique
Mayolas.
Cuando comienza la Liga
de los Veteranos en el
estadio de la Polar, de
la barriada de Puentes
Grandes, Mario López es
uno de los que se
integran para dirigir
equipos y formar parte
de esa hermosa pléyade
de jugadores y amantes
del fútbol en la capital
que domingo tras domingo
corren en pos del balón
por amor al deporte.
Por todo su historial
futbolístico, la
CONCACAF lo tiene en
cuenta al seleccionar
los mejores futbolistas
del siglo XX,
otorgándole el lugar 19
entre los más grandes
jugadores de nuestra
área. Es el único
jugador cubano que
ostenta ese gran mérito
deportivo.
En octubre de 2002, la
Asociación Cubana de
Fútbol, con el apoyo del
programa Gol de la FIFA,
le rindió honores y
perpetuó su memoria al
construir la Escuela
Nacional de Fútbol que
lleva su nombre.
De esta forma se le
rindió honor a quien
honor lo merece, a quien
fuera un magnífico
jugador, una excelente
persona y
revolucionario, el
pueblo así lo reconoce,
la afición del fútbol
así lo quiere, y para la
futura generación de
futbolistas cubanos que
no lo conocieron, será
un legado eterno de
entrega y amor por su
deporte sin olvidar sus
raíces y su Patria. Allí
donde se le dé una
patada a un balón y se
busque la gloria
deportiva estará él,
entre su gente, entre
sus niños, en esos
jugadores nuevos y las
generaciones de
futbolistas que estarán
prestigiando al mejor
jugador cubano de fútbol
de todos los tiempos: al
inmortal Mario López
Alfonso. |