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Abordar temas vinculados
con las raíces del
fútbol, implica
necesariamente hablar de
barrios, de esos amigos
que jamás se olvidan; de
personas que ya no
están. Conlleva
menciones de épocas,
modas, costumbres; en
fin, periodismo y estos
temas, convergen en una
especie de fenómeno
cultural.
Reconozco que han sido
los avatares de mi vida
profesional los que me
sitúan ante este reto, y
no mi desempeño como
futbolista, disciplina a
la que le dediqué mis
mayores energías hace
unos 50 años, junto a
mis hermanos de
generación, del querido
reparto Lenin, en el
legendario Camagüey.
La palabra fútbol la
escuché por primera vez
en Jaronú (hoy Brasil),
un poderoso central
azucarero del municipio
Esmeralda. Un señor de
apellido Petroff, de
cuando en cuando, tocaba
con los pies una pelota,
similar a las del
voleibol, pero su
semejanza era solo en
los dibujos de las
costuras de los balones
de entonces. David, su
hijo menor, un día me
mostró los “tacos” con
los que el viejo hacía
el ritual; una especie
de botines de cuero, con
SEIS agarres, nada que
ver con los de hoy.
El balompié, como
manifestación deportiva,
lo conocí y me enrolé,
allá, en el mítico
barrio camagüeyano del
INAV, a principios de
1962. Manuel Díaz, un
guagüero con alto
sentido de la
responsabilidad social;
no solo en el barrio,
cuya celebridad le
deparó el cariño de
todos en nuestro
reparto. “Cuco” Díaz,
como le llamábamos, se
convirtió en uno de los
principales activistas
de la pujante Dirección
General de Deportes (DGD),
antecesora del INDER, en
la ciudad de Camagüey.
Este maestro sin aula
creó una de las ligas de
barrio más fuerte que he
visto en mis más de seis
décadas de existencia. A
propósito, también
confieso que cuando vine
al Mundo, ya el fútbol
había recorrido sus
primeros 39 años, de los
cien que ya exhibe su
fructífera vida en
nuestra querida Isla.
A principios de los 60
se produjo mi primer
contacto (como
espectador) con el
fútbol de alta
competencia. La
selección nacional
sirvió de anfitriona de
su similar de Jamaica.
También, por aquellos
años, uno de los equipos
“Dynamo” de la extinta
comunidad socialista, lo
vi jugar en la cancha
que estuvo muy próxima a
la actual: “Patricio Lumumba”, de la capital
camagüeyana.
A lo largo de aquella
década, tan interesante
para nuestro país, vi
jugar a prestigiosas
leyendas de nuestro
fútbol, como fueron los
casos de Sergio Padrón,
“Goyo” Dalmau,
Julito
Blanco, Oña, Nicolás; y
a los exponentes de la
época del fútbol
camagüeyano: Mañico,
Cábula, Chencho,
Pedroso, Izaguirre.
También, a una gran
parte de jugadores
excepcionales de la
familia Sotomayor
(Chica, Saco de Hueso,
Planeta y Agustín, entre
otros).
Era una época que todo
fluía muy rápido. Son
pasajes después del
triunfo de la
Revolución. Antes hubo
buen fútbol sustentado
sobre la cancha, en
algunos casos, por
quienes fueron sus
rectores en la época a
la que hago referencia:
Amador Fernández, Pepín
Cuervo, Mascota,
Peyerano y muchos más.
Ineludiblemente, habría
que sumar a todos los
precursores de la
universal disciplina en
poblados que llegaron a
convertirse en fuertes
plazas futbolísticas
como Balthony, Banes,
Manatí, Jatibonico,
Zulueta, Cárdenas,
Batabanó y “La Polar” de
Puentes Grandes; en este
último punto, todavía, a
cien años de aquel primer
partido entre los
equipos “Robert” y “Hatuey”,
continúan las historias
cubanas, alrededor del
deporte más popular en
el mundo.
Como periodista
(estudiante), debuté en
coberturas de
campeonatos nacionales,
en Santiago de Cuba,
durante la edición de
1973. En lo adelante, el
fútbol nacional marcaría
una parte de mis
ocupaciones
profesionales.
Tal rumbo alcanzó las
máximas dimensiones, a
partir del 21 de
septiembre de 1981, con
la fundación del
Noticiero Nacional
Deportivo de Televisión
(NND).
Desde entonces,
modestamente, intento
contribuir con su
difusión. Fue a través
del NND que entro en
contacto con los máximos
exponentes de este
deporte en nuestro país;
unos fuera del terreno
de juego; y otros en
plenos apogeos de sus
respectivas carreras
deportivas.
En la meca del fútbol en
nuestro país: en el “Campo
Polar” pude hablar con
íconos de este deporte
en Cuba, como fue
Mario
López, considerado el
más grande de los
futbolistas cubanos de
todos los tiempos. Era
un caballero, una de las
personas con mayor
educación empírica que
he visto. También, Juan Ayra, nuestro arquero en
el Mundial del 38, en
Francia; hombre de
impecable presencia y
conducta, a pesar del
paso de los años.
En ese sagrado
rinconcito del fútbol de
nuestro país tuve la
oportunidad de escuchar
a los legendarios Nando
Blanco y Juan Tuña, que
jugaron y se
establecieron en México,
después de los 40 de la
pasada centuria. El
primero dejó bien
definida su última
voluntad: sus cenizas
serían dispersas sobre
la grama de “La Polar”,
como se hizo tras el
final de sus días.
Hay otros ineludibles en
este instante, por su
excepcionalidad en la
historia de nuestro
fútbol, como son los
casos de Mallorca y
Mayola, geniales
maestros de maestros; a
los que tendríamos que
sumar una buena lista de
extranjeros que hicieron
brillar esta disciplina
en Cuba, durante la
primera mitad de la
pasada centuria. Uno de
estos, el costarricense
“Pipa” Cordero, quien
llegó a echar suerte con
nuestro Pueblo en
momentos cruciales de
nuestra Historia.
Por el periodismo conocí
a otras personalidades
que contribuyeron con el
desarrollo del fútbol
nacional, como fueron
los casos —por solo
citar a tres— del
maestro de periodistas
Elio Constantín, de la
señora Sedelina Alfonso,
mamá de Julito Blanco,
el anecdótico arquero,
quien casi por esos
caprichos de la vida
(mejor dicho: del
fútbol), nace en la
cancha de “La Polar”, y
del más mítico de los
aficionados cubanos en
los últimos 50 años: el
célebre Armandito “El
Tintorero”, a quien en
más de una ocasión le
escuché decir que su
gran pasión estaba en el
deporte de las
multitudes.
Todos los protagonistas
de esta centenaria
Historia en Cuba,
siéntanse presentes en
estas líneas. Mencionar
nombres, implica
posibles omisiones. Este
es el espacio de todas
las generaciones de
buenos futbolistas
cubanos que, en estos
más de 50 años de
Deporte Revolucionario
han defendido, de la
forma más pura, el
pabellón nacional y el
de sus provincias.
Alguien señaló: el
Fútbol, al igual que los
Deportes a Motor y el
Tango, esta última como
manifestación artística,
concentran a personas
que se distinguen por su
alta sensibilidad.
Entonces, apelo a ese
sentido colectivo que
distingue a la familia
del fútbol en cualquier
rincón del Planeta y
rindo tributo a todos
los que de una forma u
otra han contribuido con
estos cien años de
Historia.
Al fútbol, gracias por
existir. |