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Cuentan que tras la
llamada del escritor
Nelson Simón a la
Dirección de Cultura de
Pinar del Río para
anunciar que Nersys
Felipe Herrera acaba de
obtener el Premio
Nacional de Literatura
2011, entre las personas
reunidas surgió la
ovación. Poco rato
después se presentaron
en la casa de la calle
Virtudes, donde vive la
escritora desde su
nacimiento, buena parte
de los intelectuales y
trabajadores de la
cultura de la provincia
para celebrar junto a la
familia y amigos de la
escritora el merecido
laurel.
La noticia ha sido
esperada por años y es
resultado del empeño de
múltiples instituciones
y personalidades en
nominar a una de las
principales autoras de
la literatura infantil
al principal lauro de
las letras nacionales.
“El hecho de que tanta
gente estuviera
interesada en que
obtuviera el premio me
daba un poco de
vergüenza. Desde 2002
Ediciones Hermanos
Loynaz iniciaron las
nominaciones y después
la siguieron varias
editoriales e
instituciones, hasta que
terminaron contagiándome
el interés. Yo
consideraba que no era
posible que me lo
concedieran, pero las
cosas llegan cuando
tienen que llegar, uno
no se puede apurar”,
confesó Nersys a La
Jiribilla, a solo un día
de haber sido
notificada.
“Yo no sabía que la
gente me quería tanto.
No sé cuántas cosas he
tenido que posponer en
mi casa porque
constantemente me llaman
por teléfono de todas
partes de Cuba y me
tocan a la puerta. Eso
me ha dado una medida de
que la gente quiere
mucho mis libros, o me
quiere a mí. Además, fue
un honor y una
satisfacción increíble,
me siento honrada y a
veces pienso que no pude
ser posible”, refirió.
Sus cuentos y poemas,
inspirados en zonas de
su pasado, de su
intimidad, han venido
acompañando a distintas
generaciones de cubanos
y cubanas, pues no solo
se estudian sus textos
en la enseñanza
primaria, sino que
figuran entre lo más
demandado cada Feria
Internacional del Libro
por las primeras edades.
El jurado de 2011,
presidido por Daniel
Chavarría e integrado
además por Zaida Capote
Cruz, Nelson Simón, José
Antonio Baujín y
Georgina Herrera, votó
por mayoría a favor de
la escritora pinareña
entre 18 propuestas.
Entre las razones
argüidas para el fallo
estuvo “la calidad
sostenida de una obra
para niños y jóvenes,
anclada en las más
profundas raíces de la
cultura cubana, pero en
diálogo con lo mejor del
género”.
Además, en el acta se
destacó su dominio tanto
de la narrativa como de
la poesía, que ha
atendido las urgencias
de la cultura de la
Isla, con aliento
nacional y universal.
“La profunda savia
martiana que recorre su
producción alimenta la
vocación formativa de la
autora en los terrenos
estéticos y éticos del
ser humano”, continúa.
Con este premio a Nersys
se reconoce también a la
literatura infantil y
juvenil en Cuba, que no
cuenta con un lauro como
este desde 1988, cuando
recayó en Dora Alonso.
Para la autora no hay
que hacer diferencias
entre uno y otro
público: “un buen libro
para personas mayores y
un buen para niños
tienen el mismo valor”.
Tal vez, argumenta, la
razón de su diferente
valoración se encuentre
en que los infantiles
tienen menos páginas,
porque a los niños “le
horrorizan los bloques”.
“Son más sencillos desde
el punto de vista del
objeto libro, aunque
pueden tener
ilustraciones, y quizás
por eso lo vean como
algo más pequeño. Pero
no creo que piensen que
tiene menos valor. Los
libros infantiles
parecen
que son menos, pero no
lo son”, refirió.
Nacida en 1935, en Guane,
Pinar del Río, Nersys
Felipe ha cultivado por
igual la narrativa y la
poesía. Ha escrito
además guiones para la
radio, ha sido maestra,
actriz, fundadora del
Grupo de Teatro Guiñol
de Pinar del Río y
profesora en la Escuela
de Arte de esa
provincia.
La crítica ha señalado
su sensibilidad para
convertir lo cotidiano
en trascendente, pues
sus obras realistas no
precisan de grandes
acontecimientos sino que
se concentran en las
emociones humanas. Según
escribió el ensayista
Salvador Redonet: “Nersys
Felipe es un clásico de
las Letras Cubanas para
niños por el efecto
emocional (de esos que
se agradecen) que deja
buena literatura a
partir de esa rara
combinación de talento,
vitalidad, honestidad,
sinceridad y
―¿por
qué no decirlo?―
autenticidad (y no solo
de estilo)”.
Entre sus múltiples
lauros se encuentra el
Premio Literario Casa de
las Américas, obtenido
en dos ocasiones por sus
libros Cuentos de Guane
(1975) y Román Elé
(1976). Además, tiene el
Premio La Edad de Oro,
La Rosa Blanca, la
Distinción por la
Cultura Nacional, entre
otros.
La escritora forma parte
de la generación que en
la década del 70 del
siglo pasado comenzó a
impulsar este movimiento
literario en la Isla.
“Todo comenzó a la mano
de Eliseo Diego, que
auspició un congreso
sobre este tema en el
que quedaron instaurados
concursos para
desarrollar el género.
Luego de eso este tipo
de literatura se ha
crecido por sí misma,
con el vuelo que le han
ido dando los
escritores”, comentó.
Sobre el estado actual
de la literatura
infantil en Cuba, Felipe
consideró que estamos en
un momento de sano
crecimiento, bajo la
sombra de Eliseo y de
Martí, de donde viene
todo. “Lo que tenemos es
que seguir trabajando,
los jurados seleccionar
lo mejor y que las
editoriales elijan bien,
para que no se demerite
la saga”.
Sorprende que Nersys
nunca quisiera ser
escritora, sino actriz,
y que comenzara a
escribir solo en la
treintena. “Trabajé como
maestra desde los 17
hasta los 33 años, en
que pasé a la radio y
allí comencé a escribir
libretos de programas
infantiles y esa fue mi
gran escuela de
literatura. Mi maestra
fui yo misma, porque
desde entonces y hasta
ahora no termino de
aprender. Aprendo de los
jóvenes, de los talleres
literarios a los que a
veces asisto, de lo que
leo, de lo que me
equivoco, porque todos
herramos”.
Aunque tienen un nuevo
proyecto de libro, la
escritora ha preferido
dejarlo en secreto.
Adelantó, no obstante,
que lo escribió casi a
cuatro manos con su
nieta Cecilia de 11
años, a quien agradece
lecturas y correcciones.
Solo una cosa no ha
cambiado Nersys en su
vida: su familia, con la
que comparte hoy el
éxito que solo pueden
disfrutar ciertos
elegidos en el mundo de
las letras. Desde ese
patio común que acerca
su casa a la de la hija,
en la entrañable ciudad
de Pinar del Río, de la
que nunca se ha
marchado, un güije
fantasioso le sonríe.
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