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"One-two-three-zero" |
War (Guerra)
se tituló el proyecto
expuesto en la Casa
Oswaldo Guayasamín, en
la Habana Vieja, y que
constituye una suerte de
diálogo entre fotografía
y texto: iniciativa que
nace de las inquietudes
que rondan y acechan al
sicólogo, pintor y
fotógrafo argentino
Pablo Bobbio.
El también académico,
que desde hace unos 20
años reside en la ciudad
norteamericana de
Houston,
al sudeste del
estado de Texas, visitó
por primera ocasión la
Isla y manifestó
sentirse “profundamente
impactado por la riqueza
cultural y la
inteligencia de los
cubanos” algo que, dijo,
“jamás imaginó”.
En diálogo exclusivo con
La Jiribilla,
Bobbio ofreció detalles
de la exposición que
tiene carácter
itinerante y que va, en
cierta medida,
transformándose de
acuerdo con el lugar
donde se exponga, pero
parte, esencialmente, de
20 fotografías tomadas
por él.
“Sesenta autores, de 18
países, crearon un poema
o un texto que recrea
las imágenes. Creo que
las obras están más
estrechamente vinculadas
a la pintura que a la
fotografía porque son
como montajes
fotográficos con una
concepción plásticamente
pictórica; cualquier
persona que posea alguna
formación en el campo de
la fotografía, va a
tener un apego
originario a las artes
plásticas.
“Son 20 fotografías con
un contenido metafórico
porque tuvimos mucho
cuidado de no caer en
cuestiones panfletarias.
Por la zona de EE.UU.
donde vivo, tuve que ser
precavido y considero
que el arte tiene que
señalar lo que es la
guerra que, considero,
es la peor enfermedad
mental del hombre.”
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"Sacrilege" |
Pero además de señalar,
¿considera que el arte
puede ser transformador?
Desde luego, pero
transforma a partir de
la señalización: esto
está ocurriendo, y el
espectador se va a
ubicar en una situación
de observador para poder
ver lo que está pasando
y de esa manera formar
conciencia. En la
actualidad esa es la
función del arte; la
gente tiene que seguir
pintando, dibujando y
grabando, pero hay que
ver cómo se emplea esta
herramienta porque el
arte tiene,
esencialmente, una
función social. En este
caso focalizo el tema de
la guerra: no la de hoy
ni la de ayer sino,
incluso, la guerra
cotidiana. Es decir,
entender que la guerra
no se da solamente en un
escenario de combate,
sino la que tenemos que
librar todos los días
para poder sobrevivir.
No obstante, War
centra su mirada en la
guerra como fenómeno
bélico…
¡Claro!, en estos
momentos hay guerras por
todas partes y War
pone acentos en cuál es
la motivación de la
guerra y cuál es la
estimulación del hombre
para ser violento. El
hombre es la única
especie que por donde
pasa siembra muerte: en
el reino animal se mata
por sobrevivir, por
buscar el justo alimento
que se requiere para la
supervivencia, es decir,
no hay violencia. Ese
sentido casi dramático
de un ser que destruye
es el señalamiento que
hacer War.
¿Y cómo funcionó War
en
Houston?
El itinerario comenzó en
Houston y exhibió en la
sede del MECA,
institución que durante
casi 40 años defiende
los derechos civiles de
los latinos. Seleccioné
los poetas de acuerdo
con el contexto y en el
caso de Houston escogí,
solamente, a autores
latinoamericanos. Cuando
hice la convocatoria
—vía electrónica— lo
único que solicité fue
que hicieran un escrito
(podía ser poesía o
prosa) con una cantidad
de palabras determinada
para poder realizar una
diagramación de la
muestra —que tiene una
foto y el poema al lado
(en idioma español y en
inglés)—. Aprovecho
para decir que me siento
honradísimo de exponer
en la casa Guayasamín y
quiero agradecer el
respaldo de la
institución al igual que
a la pintora y poeta
cubana Ileana Mulet. Sin
esos apoyos hubiera sido
imposible materializar
este sueño. La versión
que traje a La Habana,
la integran escritores
de América Latina y un
italiano y fue con toda
intención para darle,
quizá, un sentido más
internacional, pero los
otros 19 son de habla
hispana.
Interpreto esta muestra
como dialéctica, es
decir, que puede ir
cambiando, mutando en
dependencia del lugar a
donde viaje…
Cuando se exhiba en
Europa que, seguramente,
entrará por Portugal
tendrá intelectuales de
ese país y de otras
naciones aledañas como
España, Italia, Francia,
Finlandia, pero cuando
se cierre en La Habana
irá, nuevamente, a
Houston y se exhibirá en
otra galería. De Houston
irá a Argentina y allí
se conformará con
autores uruguayos,
ecuatorianos, chilenos,
peruanos, colombianos,
costarricenses.
Mi idea inicial era
comenzar el recorrido de
Sur a Norte y detenernos
en La Habana —que
utilizaría como
trampolín para saltar a
Europa—, pero por las
circunstancias de la
crisis económica global,
las fechas se fueron
modificando. En cada
país de origen, los
poetas se han agrupado y
en el caso de Italia
están curando la muestra
por su propia cuenta. Es
una tarea titánica y,
sinceramente, jamás
pensé que tomaría este
cuerpo ni esta
repercusión. Además, lo
más increíble es que
todo el mundo está
trabajando
voluntariamente —nadie
gana un peso por esta
labor— y la idea es
vender esa carpeta y
donar lo recaudado a las
víctimas por la guerra.
La tirada es de cien
ejemplares y están
numeradas y firmadas.
Arte y sicología, un
tema que le apasiona…
En mi vida, el arte y la
sicología han marchado
de manera paralela.
Desde muy joven trabajé
en hospitales
siquiátricos porque
siempre me interesó cuál
era la expresión del
sicótico y qué relación
había con el arte. Con
apenas 18 años me fui a
trabajar al Hospital de
Enfermos crónicos en Mar
del Plata, Argentina,
siempre tratando de
averiguar lo que esta
gente decía y cuál era
la imagen que ellos
expresaban.
El arte es una
herramienta
absolutamente
extraordinaria,
imprescindible, en
términos de establecer
un diagnóstico. Cuando
se trabaja con un equipo
multidisciplinario de
siquiatras, sicólogos y
artistas, los resultados
son asombrosos. Es muy
difícil para un sicólogo
que no haya tenido una
militancia en el arte,
poder, realmente,
emplearlo como
herramienta porque es un
factor que tiene que ver
con la creatividad.
Reúno las dos
condiciones: en un
momento de mi vida
decidí hacer la carrera
de Sicología y luego una
maestría y después un
doctorado en EE.UU.
sobre “Ciencia de la
conducta”. Todo esto
tiene que ver con War
aunque suene un poco
paradójico, porque en
algún momento de mi
vida —en los últimos
diez años— abandoné un
poco la pintura para
investigar en el
lenguaje que tenía más
que ver con el teatro
—hice entrenamiento
actoral y dirección
técnica de obras de
teatro, en Houston—.
Además, empecé a
trabajar en un Servicio
de Familia donde se
agrupaban a chicos
menores de edad que se
retenían en la frontera
de EE.UU. donde, como
sabemos, se da una
especie de tráfico de
esclavos.
En ese Servicio, hice
estudios sobre
desórdenes que se
presentan luego de una
situación traumática
(Desorden de stress
postraumático). Durante
unos cuatro años trabajé
en ese Servicio. El
tráfico —que está en
manos de delincuentes—
es una realidad, existe,
y maneja millones de
dólares y mueven gentes
que vienen de Guatemala,
Honduras, El Salvador,
etc., que entran
ilegales a territorio
norteamericano. Cuando
acceden a EE.UU. —como
son menores de edad—,
separan al niño de la
madre y el padre y estos
van a la cárcel ¡He
visto horrores! desde
niñas de diez y 11 años
embarazadas que han sido
violadas en la frontera,
hasta bebitos que
quedaban separados de la
familia. Esa labor me
provocó un desgaste
completo porque,
simultáneamente, hacía
clínica con soldados que
venían de la guerra.
Creo que desde entonces
esos temas empezaron a
aflorar. Mi inquietud
comienza cuando me digo:
¿qué hago aquí pintando
un cuadro o tomando una
fotografía cuando el
mundo está al revés?
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"Kiss me" |
Tengo entendido que en
la Fototeca de Cuba
impartió una conferencia
sobre la función del
arte…
Estoy “quemado” de
ponerme en el lugar del
que sabe y lo que hago
es conversar, porque
disertar sobre la
función del arte es un
tema extenso que
necesita mucho tiempo.
Además, cada quien tiene
su propia valoración de
lo que es la función del
arte en la sociedad.
War
está señalando una
tragedia humana sin
tomar partido de ninguna
índole. Personalmente
tengo partido: estoy
absolutamente en contra
de la guerra, pero habrá
otros que estén a favor.
Lo que traté de cuidar
en la muestra fue no
caer en eso; la
exposición es muy
abierta a partir de un
lenguaje metafórico. De
ahí, que cada artista
—hablando de lo
mismo—escribió de
diferentes maneras
porque la imagen no es
directa, sino que uno
tiene que construir y
asociar para interpretar
el significante que la
imagen posee, que no es
obvia ni directa.
En ninguna imagen
aparece un soldado
matando a un individuo.
No, es mucho más poético
y tiene que ver con la
esencia del arte: hay
muchos pintores y pocos
artistas, muchos poetas
y pocos artistas, ¿qué
es lo que hace la
diferencia entre unos y
otros?: es que uno habla
de lo que es y el otro
de lo que hace;
entonces, el pintor se
va a quedar hablando de
su hacer y no va a poder
pasar esta línea. Sin
embrago, el artista va a
hablar de lo que él es y
lo que él representa
para la especie toda.
Las nuevas tecnologías,
indudablemente,
facilitan la
comunicación, sin
embargo, a veces los
mensajes que se emiten
están carentes de ideas…
No estoy en contra de
Facebook pero sí de cómo
se utiliza, es decir, es
una herramienta muy
ventajosa si no se
emplea para comunicarle
a un amigo que estás
friendo un huevo. El
asunto es utilizar las
nuevas tecnologías con
sentido y así se
convierte en un
instrumento radicalmente
revolucionario.
En estos momentos, en
EE.UU. el Movimiento de
los Indignados está
ocupando plazas y en
otras ciudades europeas
hay manifestaciones; eso
no lo pueden parar
porque viene de un lugar
interno de la gente que
está harta. Las personas
están cansadas de la
politiquería, de la
estafa y del robo que lo
mismo se da en EE.UU.
que en Argentina que en
toda Latinoamérica y en
Europa, ¿quién va a
hacer esta movida?
Evidentemente que la
juventud.
En el contexto del arte
contemporáneo
internacional se está
generando muy buena
obra, pero también hay
obra que está falta de
idea, como hueca, vacía…
Porque juegan con la
belleza por la belleza o
con las ventajas del
comercio o con la venta,
pero esto no es un
fenómeno nuevo. Siempre
ocurrió. La gente creía
que la representación
artística en el terreno
de las artes visuales
tenía que ver con el
virtuosismo y el manejo
de la herramienta. Por
supuesto, hay que tener
maestría en el empleo de
las técnicas, pero no se
acaba ahí.
Por ejemplo, las grandes
orquestas sinfónicas de
Houston están
prácticamente copadas
por asiáticos que tienen
una impecabilidad
extraordinaria en la
ejecución del
instrumento, pero no
pueden tocar la obra del
ruso Rajmáninov ¿por
qué? porque la carga
afectiva no la da el
instrumento. Hace falta
algo más. Por suerte,
somos latinos y tenemos
el privilegio de tener
una locura viva… siempre
digo que EE.UU.
—posiblemente—
está mucho más loco que
nosotros, pero es una
locura muerta. Siempre
hubo gente preocupada
por el virtuosismo y
gente que no, pero ¿qué
hacemos con esto? Hay un
Beethoven que escribe a
lo largo de su vida
nueve sinfonías —la
décima no la termina— y
es un técnico, un
constructor de música y
hay un Mozart que
escribe 46 sinfonías —se
muere con unos 31 años y
tocaba el piano al
revés—; los dos dejaron
legados extraordinarios.
Lo que está ocurriendo
hoy es que la velocidad,
el consumo y el mercado
hacen que los jóvenes
estén apurados por el
éxito y no se preocupan
por la excelencia de la
obra, salvo excepciones.
Por otro lado, existe
una globalización
extraordinaria, puedes
mandar obra por Internet
y veinte años atrás esto
era impensable… hoy en
día en el taller de
cualquier artista al
lado de los pinceles
está la computadora. Es
inevitable.
Ahora bien, lo que hagas
con esto es otra
historia. Puedes tener
la mejor cámara del
mundo y la mejor PC del
universo y no decir nada
y puedes tener una
cámara de plástico y
hacer la foto de tu vida
porque ahí está la idea.
Además, si hay algo que
decir lo vas a decir de
cualquier manera y si no
tienes nada que decir
por más tecnología que
tengas no vas a poder
manifestar nada. Por
eso, me gusta repetir
que el arte es una
manera de vivir y no una
manera de hacer.
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