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Hace solo unos días fue
noticia un nuevo
pronunciamiento, sin
duda ya histórico, de
quien fuera el padre del
concepto web 2.0, allá
por 2004. Me refiero,
por supuesto, a
Tim O'Reilly. De
forma casi unánime las
secciones de tecnología
en la mayoría de los
diarios digitales de
Iberoamérica dieron
espacio a las
revelaciones de O'Reilly
durante un congreso en
Madrid la semana pasada.
Esta vez el gurú
pronunció la abdicación
de su criatura. "Creo
que la idea está
obsoleta”, dijo,
refiriéndose a la
web 2.0, este
término-marca, esta seña
de nuestro tiempo, que
todavía nos está
convocando hoy, por
cierto, en esta sala.
O sea, el neoevangelista,
que consiguió imponernos
una visión portátil de
nuestra realidad, con
una síntesis magistral
del contexto
sociotecnológico en el
que se estrenaron los
años 2000 en Internet,
nos deja otra vez a
merced de una
"nueva era".
Ante esto, debemos
reconocer que algunos
demoraron tanto en
comprender de qué se
trataba la web 2.0 que
ya no queda sino ir a
saltos y apresurarse en
asumir lo que O´Reilly
ahora denomina como “web
de los sensores”. Nótese
que se escribe con “S” y
no con “C”, por favor.
La web 3.0: la conquista
de una “mente global”
La noción web 3.0 hasta
ahora asociada
fundamentalmente a
trabajos como los de
Tim Berners-Lee y el
W3C para promover
una web semántica, ha
sido reconquistada en
función de una alegoría
mucho más amplia.
O´Reilly nos habla de
que en la nueva
generación web, “los
datos pasan a ser
movidos por dichos
sensores en lugar de por
las personas”. Habrá,
dice, “muchas
herramientas capaces de
recopilar grandes
volúmenes de información
que permiten además
almacenarlos en bases de
datos y subirlas a una
nube”.
Será la consagración de
la soñada simbiosis
hombre-máquina, o lo que
algunos observadores
llaman la
Internet de las Cosas:
carros que me llevan a
donde voy sin que haya
que conducirlos,
smartphones que
toman decisiones por mí,
haciendo
reconstrucciones
inteligentes de la
información que nos es
útil cotidianamente y
que puede ser extraída
de las nubes
informacionales,
etcétera…
Aplicaciones como
Siri, advirtió
O´Reilly, son
solo la punta del
iceberg.
O´Reilly
afirmó además en Madrid
que los servicios en
Internet harán
desaparecer a los
contenidos digitales
como los conocemos hoy.
La web en Internet deja
de ser vitrina de
exposición para
convertirse en un
espacio donde “corren”
aplicaciones que
permiten servicios
informacionales de muy
diverso tipo a partir de
la conexión con una gran
diversidad de
dispositivos de la vida
cotidiana. Internet,
devenido así
prácticamente un sistema
operativo, no será más
un cajón en el que
depositar palabras,
imágenes y sonidos.
Los futuribles
Hay que tomar en serio
esto que dice O´Reilly
no porque haya que creer
en profetas, sino porque
debemos partir de la
certeza de que hombres
como este hablan sobre
el futuro solo cuando ya
lo han construido.
Unos pocos días antes de
morir Steve Jobs
presentó su última
innovación de altos
kilates: el iCloud, que
permite compartir los
contenidos que se
gestionan con iPhone,
iPod Touch, iPad, Mac y
hasta PC, de manera que
se pueda acceder a ellos
con independencia del
dispositivo y disponer
siempre de su versión
más actualizada.
"Vamos a degradar al PC
o al Mac a ser solo un
aparato más. El centro
de tu vida digital
estará ahora en la
nube", decía Steve Jobs.
"Algunas personas creen
que la nube es un disco
duro en el cielo" (…)
"Creemos que es mucho
más que eso", dijo Jobs
en la Conferencia anual
de Desarrolladores de
Apple.
“Más que PC-Free, esto
es USB-Free”, reza un
promocional de Apple.
iCloud es una
constatación de que el
futuro ya está aquí, y
viene a caballo de
nuevos paradigmas a
través de los cuales se
tamizará toda acción
pública o privada,
política o civil,
económica o altruista,
fascista o humanista que
se realice a través de
la red de redes.
En muy pocos años vamos
a “vivir” algunos
grandes cambios, según
nos comentan en el
informe
Internet dentro de 15
años, en 2025,
promovido por Cisco
System y el Global
Business Network (GBN),
considerada la
consultora de escenarios
más importante del
mundo:
·
Predominio de redes de
banda ancha inalámbrica.
El audiovisual será el
lenguaje rey o por lo
menos corregirá la
distancia que hoy lo
separa del lenguaje
verbal.
·
Un aumento considerable
de la cantidad de
“conectados” y la
consiguiente disminución
de la brecha digital por
ese concepto.
Sobrevendrán las
diferencias en cuanto a
la calidad de los
servicios y los
contenidos. Eso sí.
Bautizado como
O3b Networks (Other
3 billion,
otros 3 000 millones, la
mitad de la población
mundial), el proyecto
para conseguir un
Internet global se basa
en el lanzamiento de una
constelación de
satélites en órbita
ecuatorial. Los primeros
ocho artefactos se
lanzarán en 2013.
Con un presupuesto de
mil 200 millones de
dólares, O3b está
impulsado por la
Sociedad Europea de
Satélites
(SES), con un 30% de
la inversión, Internet
Google, el banco SHBC y
Liberty Global, entre
otros.
·
La emergencia absoluta
de dispositivos móviles,
y la decrepitud de las
interfaces comandadas
por el teclado QWERTY.
Aparecerá una
combinación de sistemas
de reconocimiento de
voz, biosensores,
interfaces mediante
gestos, versatilidad
táctil y otras
tecnologías que
permitirán introducir
datos y comandos sin
necesidad de recurrir a
las teclas.
·
Los miembros de las
generaciones nativas
digitales para entonces,
interactuarán con
Internet como parte del
entorno en el que se
desenvuelven; Internet
será casi como una
prótesis de sus propias
aptitudes cognitivas;
sin notarlo ni pensar en
ello. La noción de
“conectarse” podría
incluso desvanecerse
casi por completo.
·
La expansión de la
conectividad inalámbrica
también dará paso a
nuevas fórmulas de pago
para acceder al
Internet, como por
ejemplo el pago por
servicios que conllevan
la conectividad y no al
revés.
En este contexto, y no
de espaldas a él o
creyéndolo fantasioso;
en este, en el que cada
vez más se habla de
f-commerce, social TV,
cloud computing y
serious games,
debemos construir
nuestras posibilidades
de éxito.
Nuestros no son los
dispositivos, ni las
pasarelas por donde
transcurre todo este
torrente tecnoinnovador.
Pero nuestro sí es el
“uso social con sentido”
que podamos hacer
desde perspectivas
libertarias: es decir,
la traducción de los
usos previstos desde el
mercado para estos
“cachivaches” a las
necesidades desde las
que tejemos nuestra vida
social y nuestras
ambiciones ideopolíticas.
Una mínima agenda para
asumir la web
“supersocial” que ya
llegó
1.
Comprender que Internet
no es un medio, es un
fin en sí mismo. Es un
espacio-extensión de
nuestra vida física, no
un mero canal de
comunicación. Para ese
espacio
"no destinamos"
“cosas”, en ese espacio
"construimos"
“cosas”,
fundamentalmente
relaciones sociales,
basados en la data que
emerge de nuestras vidas
cotidianas.
En términos de
comunicación, esto
significa que los
enfoques
cuantitativistas acerca
de “multiplicar nuestro
mensaje”, deben ser
superados por el
criterio de “compartir
nuestro mensaje”.
Compartir requiere
necesariamente
horizontalizar la
relación, despojarnos de
una actitud misionera,
iluminista, egocéntrica;
trascender una visión
transmisiva del acto
comunicacional.
2.
La ubicuidad y calidad
de la conexión futura
nos complejiza cada vez
más la tarea, nos reta.
Mayor acceso significará
también más oferta
informativa ¿Cómo
manejar esa
sobreabundancia que es
ya hoy inmanejable?
¿Cómo hacernos dueños de
la atención de las
personas? Se impondrá la
urgencia de generar
servicios antes que
contenidos. Dentro de
los servicios, y como
consecuencia de ellos,
los contenidos deberán
emerger como un bien
común. No es una utopía
la inteligencia nacida
de la interacción
colectiva. Es ya una
realidad desde los
muchos ejemplos de la
web 2.0 que mucho se
aviene, por cierto, con
los mejores ideales
democratizadores que
podamos defender.
3.
Las batallas políticas,
en la sociedad global,
que se construye a sí
misma también a
instancias de esta web
3.0 que se nos viene
encima, ya no
discurrirán
mayoritariamente entre
grupos elites,
entendidos en las artes
de la diplomacia, el
discurso mediático o la
tradición politológica.
Cada vez con mayores
recursos intelectivos
tanto los migrantes,
como los nativos
digitales,
interpelaremos a
nuestros representantes
y avanzaremos con
identidades propias y
absolutamente diversas.
En la esfera política,
hay que incitar al
“otro” para que
participe tanto como nos
gustaría participar a
nosotros. Hay que
adecentar la política
permitiendo que se
convierta en asunto de
interés popular y
fomentar en Internet los
espacios de deliberación
que permitan la
construcción ciudadana.
Palabras en el Taller
Internacional Los
medios alternativos y
las redes sociales,
nuevos escenarios de
comunicación política en
el ámbito digital, La
Habana, 29 de noviembre
de 2011.
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