Como escribiera el
clásico…
La historia
no es más que la
entonación diversa
de algunas
metáforas.
¿O es la rebeldía
contra el déspota
que administra la
absolución?
La rebeldía contra
los que tienen el
lujo y la soberbia
de las respuestas.
Tomamos partido por
el bando de los
tísicos,
los surrealistas,
Belcebú,
la quebradura del
tiempo.
La división natural
entre el que
responde
y el que interroga
ese deslinde que se
interpone
como animal mutante
entre el espacio del
discovery y la
tierra brumosa
reptando hasta lo
desconocido
como el junquillo en
la hoguera.
Incómodo,
insurrecto, tonto,
maniático de Rimbaud
y Pessoa
por el sagrado
desorden del
espíritu.
En esa paráfrasis
que se descompone
donde lo prohibido
es lo divino.
La palabra
diamante en la
lengua
se convierte en
universo, Biblia,
Corán, Caja
de Pandora,
intervención poética
resquicios y
puentes, laberintos,
socorrido desarraigo
del silencio y la
diáspora.
Y la historia es,
como la poesía,
ante todo
incertidumbre.
De vísperas, +
hambruna, soliloquio
Soy como un antiguo
escriba insepulto
mísero sujeto para
la curiosidad de los
científicos
sin herencia ni
sueño donde el azar
se cruza
con el cadáver de su
rey.
Y no le reconocen
aquella última
estancia
con el rencor, el
celo, la lujuria
las únicas
propiedades que no
pudieron quitarle
en la
resplandeciente
naturaleza del río.
Iluminados quedaron
los dibujos
de
muchachas-sílabas,
de amigos-colegios
de lecturas
dispersas en el
fuego
y dudas en la
superficie de tu
cuerpo.
Imagen de la torre,
del templo, de las
ruinas
donde el rey y el
obispo se confunden
sobre mapas
mutilados
ala y bronce del
cartógrafo
la nave costumbre
que perdió en su
vientre.
Y siglos después
fue la bitácora de
toda una familia
desafiando con sus
fracasos y
alumbramientos
al Gran Arquitecto,
a los ciclones del
Caribe
vértigo sobre sí
mismo
al hacha del destino
y a los vientos que
todo
lo estremecen.
Ni escriba ni rey.
Solo se salva el
cadáver del mulo
que reposa sin
remordimientos.
El Evangelio,
según…
Rebélate, rebélate
contra la muerte de
la luz.
D. Thomas.
El hombre, como un
animal cansado
da dos vueltas y se
echa en sí mismo
se deja caer desde
su yo y su memoria
desde la médula y el
primer aroma de la
infancia
desde el crucifijo y
la pila bautismal
a los nueve años en
la iglesia del
Carmen.
Y aún antes, desde
el primer semen
la primera lágrima,
la primera sangre
de la madre posesiva
y el padre mercader.
Desde el primer
rincón en el fondo
de la caverna
a la luz de unas
brasas agónicas
entre la niebla de
los fluidos
mientras la furia y
el aliento del gran
tigre acechan.
El hombre resucita y
se desploma
en su eterno dolor
de perder y
recobrarse.
¿Dónde la manada, el
recuerdo
molecular del
cazador con el
crujido de la presa
el palio, el sol
hermoso y el sexo
irrepetible?
Si fue dios, y cayó
de sí mismo.
Si se cansó de ser
héroe y traicionó
su casa
mató al niño y no
pudo
contener el pulso
del carnicero.
Fue escupido y
perdonado
por su rebeldía y su
servidumbre
y no puede ser hoy
más
que la atávica
sombra de la derrota
que se alarga desde
el pasado
sobre los médanos
del Coro
expedicionario de
sus miedos
acumulados como las
piedras
de una fortaleza
troyana
llámese
san Severino, san
Juan de Ulúa
o san Juan de Arce.
Un resplandor más
allá de la selva
más allá del iris
del “gran dientes de
sable”
un punto luminoso
perdido en los senos
de la hembra
o en el capullo
cortado que le
perturba.
Da dos vueltas,
lentas y duras
cae sobre su costado
se aplasta en el
silencio de la
tormenta
en el árbol de su
cadalso
reza por algo
imposible, siempre
ha sido así
tiembla, se
estremece, materia
en cámara lenta
arranca la última
brasa
el carboncillo
agónico que todos le
niegan.
Y vuelve a desandar
con la cruz
con el manifiesto a
los obreros
silenciosos
con los dogmas, y
las leyes, y los
principios
que lo hicieron,
santísima trinidad
huérfano–adúltero–profano–pobre
diablo
espiral elevada de
sus derrotas
rostro común, mano
triste
la arruga, el callo,
la joroba
la hosca y flaca
palidez del que
alumbrará
a su padre, a su
hijo, a su otro yo,
al emigrante.
Norberto Codina:
(Caracas, Venezuela,
1951). Poeta y
editor.
Director de La
Gaceta de Cuba,
publicación de Arte
y Literatura de la
Unión de Escritores
y Artistas de Cuba
(UNEAC). Ha
publicado los
siguientes cuadernos
de poesía: A este
tiempo llamarán
antiguo (Premio
David, editado en
1975), Un poema
de amor según datos
demográficos (Plaquette,
1976), Árbol de
la vida (1985),
Los ruidos humanos
(Mención Premio
de la Ciudad de La
Habana, 1986),
Lugares comunes
(Finalista del
Premio de la
Crítica, 1987), y
Poesía V (1988);
autor de la
antología Los
ríos de la mañana
(Poesía cubana de
los 80, 1995),
Material de lectura
de Raúl Hernández
Novás (UNAM,
México, 1996) y
coautor de la
antología Poesía
Joven Cubana
(1979) y las
monografías
Provincia de La
Habana (1979 y
1986).