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18
COPPELIA.
EXT. DIA.
David vuelve a la
realidad. Mira al que ha
hablado y queda de una
pieza. Frente a él está
Diego con una copa de
helado de fresa en la
mano. Su facha de
homosexual resulta
evidente y escandalosa a
los ojos de David.
DAVID: (Para sí)
¡Dios mío!
Diego sonríe a David,
deposita el helado sobre
la mesa y comienza a
acomodar sus numerosos
bultos, que terminarán
por copar las dos sillas
vacías y parte de la
mesa. Entre sus cosas,
un ramo de girasoles y
una cámara fotográfica.
David mira hacia los
lados. Ve una mesa libre
a cierta distancia, pero
antes de que intente
levantarse para mudarse,
Germán la ocupa. En el
transcurso de la
secuencia habrá uno o
dos intercuts de Germán,
que disfruta siguiendo
la escena.
Diego termina de
instalarse. David
observa que su copa de
helado de chocolate está
intacta. Diego lo mira
muy amistoso y
almibarado y le dice
refiriéndose a su helado
pero en tono ambiguo.
DIEGO: No pude resistir
la tentación... Me
encanta la fresa.
David mira a Diego con
la peor cara que tiene,
coloca su periódico a
mitad de la mesa como
para demarcar dos zonas,
y comienza a tomar del
helado a toda prisa.
DIEGO: ¡Niño! Te va a
dar la punzada del
guajiro, se te va a
congelar el paladar.
Automáticamente,
David toma el helado más
despacio. Le viene un
acceso de tos.
DIEGO: ¿No te lo dije?
Toma. (Le ofrece su
vaso de agua).
David bebe del suyo.
Vuelve al helado con más
calma.
DIEGO: ¿Se te pasó?
Saca unas llamativas
servilletas de papel. Le
pone una a David. Este
la tira al suelo de un
manotazo. Diego finge no
ver la acción y le pone
otra.
DIEGO: ¡Qué ventolera!
David ignora la
servilleta. Diego le
echa otra buena mirada y
luego, con muchos
melindres, recoge un
poquitín de helado en la
puntica de la cuchara y
se lo lleva a la puntica
de la lengua. Lo degusta
con exageración.
DIEGO: Ex-qui-si-to. (A
David.) Es lo único
bueno que hacen en este
país. (Por lo bajo.)
Ahorita los exportan
para Rusia; y para
nosotros, agua con
azúcar.
David, tenso, sigue
concentrado en su
helado. Diego pega un
gritito. Ha encontrado
una fresa casi intacta.
David le echa una rápida
mirada.
DIEGO: ¡Huy! (Toma la
fresa con la punta de
los dedos. Mira a David
con intención.) Hoy
es mi día de suerte:
encuentro maravillas.
David, cada vez más a
punto de perder las
casillas, se domina.
Diego coloca la fresa en
el borde del plato.
DIEGO: (A la fresa.)
Ahí te quedas, para lo
ultimito. Pero no
seremos egoístas, si
alguien quiere le
daremos. (Hacia David.)
¿Alguien quiere? (Al
no obtener respuesta.)
Él es mudo. (Busca en
sus bolsos.) Bueno,
volemos en alas de la
imaginación, ya que en
otra cosa no se puede.
Estamos en el bulevard
de Montmartre, a côte
de Notre Dame,
derrière Les Champs
Elysées.
Où est Le Cahier du
Cinéma? (Saca una
revista.) ¡Voilà!
Aparta el helado y
coloca sobre la mesa, lo
más cercano posible a
David, un paquete de
libros que saca de una
de sus bolsas. Se
acomoda en la silla y
finge entregarse por
entero a la revista.
DIEGO: ¡Modas para el
verano!
David inspecciona a
Diego con irritación: su
pose, su estampa, su
vestuario, sus maneras.
Luego echa una mirada a
los libros. Se interesa.
Son ediciones
extranjeras de calidad.
Vuelve a mirar a Diego,
quien parece absorto en
la revista, y se
esfuerza por leer los
títulos de los libros.
Un cambio de página de
Diego y regresa al
helado. Enseguida
retorna a los libros.
Detalle de una portada
con las letras
contrarias a David:
Conversación en la
catedral, Mario Vargas
LLosa. David se
entusiasma con el
título. Al levantar la
vista, Diego lo está
observando.
DIEGO: Mejor los guardo,
¿verdad? Con tu permiso.
David se hace el
desentendido y vuelve a
su helado. Diego guarda
los libros en una bolsa.
DIEGO: Ha sido una
imprudencia imperdonable
de mi parte. ¿Sabes lo
que pasa? Que nuestros
policías son cultos, y
si cruza alguno y nos
agarra con este material
mañana estamos cortando
caña. Los dos: yo por
sacarlos y tú por
permitírmelo.
David lo fulmina con
una mirada.
DIEGO: De verdad, de
verdad. ¿Con las cosas
que dice este señor del
comunismo? Mira, si
quieres te lo presto...
y en casa tengo a Severo
Sarduy y a Goytisolo
completo. A Juan, por
supuesto, no a los
otros.
David lo mira con mala
cara.
DIEGO: ¿Vargas Llosa es
quien te interesa? Este
está dedicado de su puño
y letra, pero tengo otro
ejemplar en casa. ¿Vamos
a buscarlo? Es a dos
pasos de aquí.
DAVID: Yo no voy a casa
de... gente que no
conozco.
DIEGO: Aprovecha, niño,
no seas tontito. ¿Dónde
vas a conseguir estos
libros?
David se pasa el carné
rojo de Militante
Comunista de un bolsillo
de la camisa a otro.
Diego capta la acción y
mira hacia los lados
como para asegurarse de
que nadie lo oye.
DIEGO: (Confidencial.)
Capté. Solo puedes leer
los libros que te
autoriza la Juventud.
Los forras, viejo, ten
imaginación.
DAVID: No tengo que
forrar nada, yo leo lo
que me da la gana. Y no
tengo ganas de hablar.
¿Está bien?
DIEGO: ¡Qué mal humor!
¿Estuviste de guardia
anoche? ¡Esas guardias!
Miguel llega a la cola
para comprar tiques para
el helado. En la mesa,
Diego vuelve a la carga.
DIEGO: Yo a ti te
conozco.
David lo mira.
DIEGO: Sí. Te he visto
muchísimas veces
saliendo de la
Universidad.
DAVID: No soy yo.
DIEGO: Sí, niño, cómo no
vas a ser tú.
DAVID: (Molesto.)
¡No soy yo!
DIEGO: Ah, perdona...
Tor-val-do...
La palabra
“Torvaldo”
desconcierta por
completo a David. Mira
perplejo a Diego.
DIEGO: (Humilde.)
Solo quería enseñarte
unos libros... y unas
fotos de cuando actuaste
en Casa de muñecas
en aquel Festival.
DAVID: ¿Tú tienes fotos
de la obra?
DIEGO: Muchísimas.
¡Quedaste maravilloso!
Fíjate que a todos los
amigos a los que se las
enseño quedan locos
contigo y te quieren
conocer.
DAVID: Tú no puedes
tener fotos mías, y
enseñarlas mucho menos.
¿De dónde las sacaste?
DIEGO: Soy fotógrafo.
DAVID: Me las tienes que
dar.
DIEGO: Por supuesto.
Vamos a buscarlas, están
en casa.
DAVID: ¿Dónde tú vives?
DIEGO: Cerquita de aquí.
(Enseguida añade...)
Con mis padres y unas
tías que no salen nunca.
DAVID: Vamos a buscarlas
ahora mismo. Me las
tienes que dar con los
negativos.
DIEGO: Claro, claro.
David se incorpora.
DAVID: Vamos.
DIEGO: Déjame terminar
el helado.
DAVID: No, vamos ahora.
Tú vas delante y yo
detrás, y en la calle no
me hables ni me mires. (Sale.)
Diego recoge
precipitadamente sus
cosas y se va volando
tras David. Germán,
asombradísimo de la
rapidez de la conquista,
viene hasta la mesa,
toma la fresa que
finalmente quedó en el
borde del plato y se la
come. Sale.
Escena 18 de Fresa y
Chocolate, guion de
Senel Paz a partir de su
relato "El lobo, el
bosque y el hombre
nuevo".
Senel Paz:
Escritor y periodista
cubano. Licenciado en
Periodismo por la
Universidad de La Habana
en 1973. Fue coguionista
de la película cubana
Fresa y chocolate
inspirada en su cuento
“El lobo, el bosque y el
hombre nuevo” y ganador
del Premio Juan Rulfo de
Radio Francia
Internacional.
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