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Luces, cámaras... ¡guion!

Lo principal de un guion es que uno “vea” la película

Alejandro Brugués (Guionista y director de cine)

Estudié guion en la EICTV. Poco después de graduarme, Manuel Herrera vino a verme con una idea para ver si me interesaba trabajar en ella. Terminó siendo Bailando chachachá. Al mismo tiempo empezaban a moverse los talleres que eventualmente se convirtieron en Tres veces dos. De ahí salió el cuento de Lester Hamlet, "Lila", y a la vez empecé a trabajar en Frutas en el café, de Humberto Padrón. Las tres películas se filmaron en un período de seis meses. Fue un año agitado.

Escribir en Cuba ha sido más o menos como me imagino que sea escribir en cualquier otro lado. La diferencia con algunos lugares es quizá que no hacemos mucho cine, y la mayoría de las veces los guiones que uno escribe parten de una idea que tuvieron los directores (en mi caso, por lo menos, conozco varios con los que ha sido distinto). Quizá por eso me dediqué a dirigir también, porque tenía historias propias que quería contar y sabía que me sería complicado hacerlo.

Los principios de un buen guion son los mismos para Cuba que para cualquier lado. A mi entender, lo principal, claridad en la escritura, que al leerlo uno “vea” la película. Me he leído muchos guiones escritos casi como si fueran novelas. Muy bonito, pero no es una película.

La estructura clásica del guion se puede seguir o no, pero no está de más conocerla antes de querer violentarla. Lo otro, que para mí es de las cosas más importantes, y es lo único que yo marcaría como esencialmente para Cuba, es que no nos olvidemos de que las historias que contamos deben ser sobre nosotros, pero tienen que tener un conflicto universal que haga posible que cualquier persona en cualquier lugar conecte con la película al verla. Se dice mucho más fácil de lo que se hace, la verdad. Y ya de paso, no está de más pensar en historias atractivas, que hagan que el espectador tenga ganas de ir al cine de nuevo (ir al cine es una costumbre que hemos ido perdiendo últimamente). Esto también se dice fácil, pero es increíble lo difícil que puede ser para uno cuando está enamorado de una historia tomar algo de distancia y valorarla fríamente, como si fuera de otro.

Al guionista nunca se lo reconoce lo suficiente en ningún lugar. Son gajes del oficio. Ni aquí ni en ningún lado. Y es el primer paso y posiblemente el más importante. Sin el guion no se hace nada, pero al guionista, desgraciadamente, le ha tocado siempre jugar el papel ese de héroe oculto que echa a andar el asunto. Aquí podemos entrar en esa discusión de si el guionista es o no es un autor, pero no tiene sentido, no va a cambiar nada. Sería bonito que nos reconocieran un poco más, pero tampoco estamos mal. Total, sin nosotros no se puede tirar un pie de película.


Las obras teatrales esperan ser llevadas al cine

Lourdes de los Santos (Directora)

Para mí el guion es el gran punto flaco del cine cubano, no hemos desarrollado lo que en otras latitudes: las productoras compran los guiones y los enriquecen si es el caso pasándolo por una comisión de expertos, dialoguistas, dramaturgos, etc. que, junto con el director trabajan hasta convertir el guion en una obra casi perfecta. Creo que tenemos una riqueza enorme en excelentes obras teatrales que esperan para ser llevadas al cine hace años y muy pocos se atreven.


Un guionista debe ser invisible por definición

Abel Arcos (Director)

Mi experiencia como guionista en Cuba ha sido accidentada, como la de todo buen guionista en un país del Tercer o Cuarto Mundo. Es muy difícil para un guionista, sobre todo cuando se está empezando, establecerse y hacer carrera en un país que no pasa de las diez películas al año. Conozco a más de 15, por solo poner un número, que están en la misma situación, un estado que consiste en escribir y escribir y volver a escribir y no ver ni un guion filmado. En mi caso tuve la suerte de ganar una convocatoria durante la muestra que financió mi primer guion de largometraje titulado La piscina que se estrenará a finales de este año, pero a otros les ha ido peor.

Creo que tanto en Cuba como en cualquier otra parte un buen guion debería ser un pretexto, algo, cualquier cosa, que sirva para una película. Un guion, sobre todo, no es una obra en sí misma, es algo muy efímero, que es bueno y conveniente romper una vez se haya terminado la película… quizá para el cine cubano lo ideal sería que a veces fueran guionistas los que escribieran y no directores con ansias de autores…

Nadie sabe nunca quién fue el guionista de las películas cubanas, y no solo cubanas, o sea que ocupa el lugar que debe ocupar, al menos en mi opinión un guionista debe ser invisible por definición, tanto él como lo que escribe debe trenzarse con la película de tal manera que nadie tenga que preguntarse quién escribió eso. Sin embargo, es cierto que duele un poco cuando en casi todos los medios se habla de la historia del cine cubano sin mencionar a los guionistas, pero solo un poco…


El cine cubano debe perderle el miedo al cine de género

Gustavo Arcos (Crítico y profesor Facultad de Medios Audiovisuales. ISA)

No creo que exista un problema particular con el guion en Cuba, la cuestión está en el problema del cine cubano. No solo hablo del tema económico o tecnológico, sino de los conceptos sobre cómo sacar adelante una industria cinematográfica que rinda frutos, pensando en los espectadores, pero también en el llamado cine de culto o autor. Necesitamos historias que nos diviertan e historias que nos desgarren. Relatos humanos y también sobrehumanos.

Nuestro cine se mira demasiado al ombligo y ha dejado de ser universal. Y en esa nueva estructura que hay que rediseñar, el pilar, la base sobre la que después se realizarán los filmes será precisamente el guion. No se explica cómo fue posible que al crearse una Facultad de Medios en el Instituto Superior de Arte, esta especialidad no fuese comprendida. Es un grave error que lleva 22 años arrastrándose. Cada año tenemos varios cubanos finalistas en el concurso de guiones inéditos del Festival de La Habana. No importa si obtienen el premio o no, los textos están escritos, ahí están esperando por ser filmados. Pero pocas veces llegan a concretarse y así sucede año tras año.  

Por otra parte, debe conformarse una bolsa de guionistas, escritores o dialoguistas que trabajen de forma sistemática con las ideas y los proyectos que reciben o escriben. En otras latitudes se paga no solo el guión terminado, sino también las ideas. Hay que tomar iniciativas que incentiven la escritura de guiones, convocando talleres, concursos y cazando, literalmente, los talentos donde quiere que se encuentren en toda la Isla. No debe haber prejuicios en los temas y mucho menos en los géneros dramáticos o cinematográficos. El cine o audiovisual cubano tiene que perderle el miedo al cine de género, al horror, terror, el fantástico, la ciencia ficción, el tratamiento erótico, el acercamiento a los límites o excesos de la conducta humana, el cine negro, el policíaco, el suspenso y muchos otros subgéneros o formas de articular un relato. Será la única forma, de crecer cinematográficamente.

 
 
 
 

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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.