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Generalmente las
primeras damas de los
países republicanos solo
son eso, meras
acompañantes de sus
esposos presidentes. No
es el caso de
Danielle Mitterrand que
si bien anduvo al lado
del mandatario por
15 años, declaró que
"Las alfombras rojas de
los viajes
presidenciales no me
perdieron, los brillos
no me deslumbraron".
Es que la francesa
nacida en Verdun el 29
de octubre de 1924, hija
de un profesor
destituido por negarse a
denunciar a profesores y
alumnos judíos durante
el gobierno nazifascista
de Vichy, heredó de sus
progenitores,
especialmente de su
papá, la rebeldía y los
principios que regirían
su vida. Precisamente
con la familia va a dar
a Cluny, en el este de
Francia. Allí conocería
a un hombre buscado por
la Gestapo, el capitán
Morland que no era otro
que François Miterrand,
con quien se casó en
1944.
Pero Daniellle no se
convirtió solo en la
esposa de un político y
madre de tres hijos, fue
mucho más. Si en su
juventud fue enfermera
de la resistencia
francesa, a lo largo de
su vida mantuvo sus
ideas políticas, tanto
que Mitterand decía que
era su “conciencia de
izquierdas”.
El matrimonio tuvo
serias desavenencias,
pero Danielle con el
donaire de las grandes
damas las sorteó, por
ejemplo, cuando en 1994
conoció la existencia de
Mazarine, hija
extramatrimonial de su
esposo no armó escándalo
ni realizó declaración
alguna a la prensa.
Incluso cuando él murió
aceptó que en público
apareciera la examante, Anne Pingeo, madre de
Mazarine.
Toda la fuerza de su
posición como esposa del
mandatario galo, la puso
a disposición de luchar
por sus ideas. En 1986
creó la fundación
humanitaria Francia
Libertades, dirigida a
la defensa de los
derechos humanos, además
de difundir un
pensamiento crítico y
los valores de cambio
social. Uno de los
primeros proyectos que
emprendió, fue
la construcción de un
hospital en El Salvador.
La singular dama
francesa tuvo especial
simpatía por América
Latina: defendió la
Amazonia, la causa
zapatistas y luchó por
una solución pacífica a
los conflictos armados
en países como Colombia.
A Cuba la visitó varias
veces y aún los medios
de prensa recuerdan la
cariñosa acogida que le
realizó a Fidel cuando
él visitó París en 1995.
Precisamente en el libro
Cien horas con Fidel,
conversaciones con
Ignacio Ramonet, el
líder cubano se refiere
a las relaciones con
Danielle: “La fundación
que ella dirige [France-Libertés]
ha tenido muchos gestos
de solidaridad concreta
hacia nosotros. Hemos
conversado mucho con
ella. Y le puedo
asegurar que tiene una
personalidad fuerte.
Bueno, usted la conoce,
ella dice siempre lo que
piensa. Sin pelos en la
lengua. Ha expresado a
veces diferencias con
nosotros. Expone sus
desacuerdos con
franqueza. Y nosotros la
escuchamos siempre con
respeto porque es una
persona sincera y
honesta.”
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Danielle gustaba decir
que nació y moriría
siendo una mujer libre.
Poco tiempo después de
la muerte de Mitterrand
como le faltó dinero
vendió los regalos
presidenciales, los
muebles de su marido y
varios de sus libros
incunables. Los dineros
así conseguidos los
empleó en pagar sus
deudas y costear el
proceso judicial contra
su hijo menor, condenado
por tráfico de armas.
En el fin de sus días la
exprimera dama vivía en
su casa hipotecada, en
compañía de sus libros y
un tucán en la cocina.
Autora de obras como
En toutes libertés
(1996) o Le livre de
ma mémoire (2007),
sus restos descansarán
en Cluny por
su decisión, aunque el
recuerdo de sus actos
solidarios en todo el
mundo y especialmente en
Latinoamérica, estará
siempre vivo en quienes
agradecidos recuerden la
libre mujer que los
ayudó. |