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El villaclareño
Arístides Vega Chapú
deja desde el propio
título del nuevo libro
que propone a través de
Ediciones La Memoria del
Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau un
consejo para no
desestimar: No hay
que llorar, volumen
que se presentó este
miércoles en la sala
Majadahonda de la
institución ubicada en
Muralla 63 de La Habana
Vieja.
Para Laidi Fernández de
Juan, uno de los méritos
del poeta y narrador
resulta, justamente, el
haber podido
convencer a un amplio y
variadísimo conjunto de
creadores para que
“hablásemos de la
incertidumbre, de la
sorpresa del hambre, de
la desolación, de cuán
peligrosa y
divertidamente ilegales
nos volvimos para
sobrevivir en los años
90”.
El texto, que constituye
una
compilación de
testimonios sobre el
llamado período
especial,
contribuirá a que los
más jóvenes, cansados de
escuchar los relatos de
sus padres, comprendan
en qué extrañas
circunstancias llegaron
al mundo, y cuánto
esfuerzo, actos
delictivos e imaginación
desplegamos para
sustentarlos en medio
del peor huracán
económico que nos ha
azotado en los últimos
cincuenta y tantos años,
señaló la escritora.
La presentadora del
libro destacó que a
pesar de la igualdad
alcanzada en esa etapa,
donde “todos fuimos
rotundamente pobres”,
“cada uno de los
testimoniantes de No
hay que llorar
ofrece su particular
manera de evocar ese
tiempo que nos parecía
desgarradoramente
infinito”; en ese
sentido la obra es “voz
de persona, como hubiera
dicho nuestro
inigualable Bola de
Nieve”, que narra los
acontecimientos de esa
década con mayor o menor
humor, con más dolor que
rencor, con desesperanza
o con rabia.
Hombres y mujeres de
diversas generaciones y
geografías de la nación
o que viven más allá de
las fronteras cubanas,
confluyen en las páginas
del libro para regalar
anécdotas y miradas muy
peculiares sobre la
época conocida también
como Opción Cero o
Crisis de los 90; en
resumen, siguiendo a
Laidi Fernández de Juan,
los protagonistas de
este proyecto que fuera
reconocido en el 2009
con el Premio Memoria
del Centro Cultural
Pablo de la Torriente
Brau o de esta
“cuentinovela a 70
manos”, “somos nosotros,
cubanos y cubanas que
supimos, por encima de
todo, incluso de la más
desgarradora duda,
mantener a flote la
dignidad”.
De “homenaje a la
sobrevida” y “canto a la
resistencia de un pueblo
que aprendió que siempre
al final de los túneles
tiene que vislumbrarse
al menos el fogonazo de
una salva de porvenir”,
calificó la escritora
este rescate de la
memoria que nos trae
Vega Chapú desde
distintas voces y
múltiples estilos.
Por su parte, el autor
agradeció la generosidad
de los amigos y artistas
que aportaron sus
reflexiones a veces
personalísimas al
volumen, intento de
rescatar la memoria de
un período que trastocó
de una manera violenta e
irreversible la vida de
una nación y sus gentes.
“Muchos
de los testimonios que
recogemos contrastan
entre sí, pero quise
hacer como un
rompecabezas”, añadió el
autor, quien consideró
que a partir de esas
distintas pistas se
puede construir una
imagen de lo que fueron
los años 90 en Cuba, una
imagen necesaria sobre
todo para los más
jóvenes, para que sepan
de dónde salimos.
Contrario a algunas
tendencias que optan por
no hablar de cosas
desagradables, “yo creo
en la importancia de no
olvidar, de tener
presente las cosas”, por
eso —continúa el también
promotor cultural— este
es un libro “que no
tiene por gusto su
nombre: debemos
sentirnos satisfechos de
haber pasado ese período
y ser lo que somos sin
haber perdido la
cordura, desarrollando
tantos proyectos
culturales”.
Antes de la despedida
musical del encuentro, a
cargo de Raúl Marchena,
Vega Chapú puntualizó
que este es un título de
la alegría de haber
salido de un momento tan
difícil, y un monumento
al valor y la capacidad
que tenemos los cubanos
de hacer de nuestra
pobreza una pobreza
irradiante, según dejó
dicho Cintio Vitier. |