|
No es noticia. Las
evidencias son muchas. Y
es que los intercambios,
préstamos y
contaminaciones en las
relaciones entre la
ficción y el documental
son cada vez más
frecuentes y a nadie ya
le parece raro realizar
este viaje. Ficción
documental o Documental
ficcionado pueblan el
ámbito del cine
contemporáneo, tampoco
importa el soporte.
¿Tendrá (todavía) algún
sentido seguir
dividiendo la creación
cinematográfica en
géneros?
Ficción o documental se:
-Escoge una historia y
se aspira a contarla de
la mejor y más eficaz
manera
-Establece una premisa
argumental
-Busca uno o varios
personajes
-Hace una búsqueda o
investigación
-Selecciona archivo
-Visiona filmes afines
-Seleccionamos las
locaciones
-Organiza entrevistas
referenciales y hace
“trabajo de mesa”
-Organiza el equipo
colaborador. Define
estilo y tono de la
fotografía, a veces
acuerda, matices o
intensidad de la luz
Y… antes, mucho antes:
-Escribe un argumento,
una “escaletta” y
entusiasma al Productor,
convence a su equipo y,
finalmente, “necesita
escribir el guion”. Los
ajustes para el
documental radican en el
mayor espacio y la
jerarquía que el autor
le dé a la
investigación.
Intento con lo anterior
mostrar que para hacer
un documental ¿basta o
es suficiente con una
cámara y registrar lo
que pasa… frente a ella?
Es una opción, se hace,
pero lo que “pasa”
frente a cámara suele
tener detrás miles de
preguntas.
La “ortodoxia” de lo
documental hace tiempo
que ha sido superada o
relegada al “ficcionarse”,
(re)estructurarse, (re)contarse
o (re)crearse la
realidad. La influencia
de lo documental
adquiere, sin embargo,
mayor relevancia y
consideración estética
cuando (pienso en los
filmes Gomorra y
La clase) sus
directores abordan estos
conflictos o historias
desde la óptica del
documental para alcanzar
una apariencia realista.
Pero esto ya lo había
hecho Rosellini —Roma
Ciudad abierta— y
después Franco Solina —La
batalla de Argel— y
también Godard —Vivir
su vida— y Titón —Memorias
del subdesarrollo— y
puedo hacer una lista
mayor de visitas.
Vivir la experiencia,
desencadenar
sentimientos, hacer que
nos impliquemos en esa
personal historia del
otro es un objetivo, una
meta, que persiguen
todos los cineastas.
Entonces hoy, ¿dónde
aparece el conflicto? la
cuestión no parece estar
entre si una obra es de
ficción o si es
documental. El conflicto
está, o creo que puede
estar, en la zona de la
investigación, en el
punto de partida o
premisa. Es ahí donde se
siguen caminos
diferentes. Excavar,
hacer arqueología y
construir una pirámide.
La base de esta pirámide
es la investigación o
reunión de toda la
información disponible.
Saber todo lo que se
puede saber sobre esa
futura historia y sus
personajes. Armar el
escenario de lo que
queremos contar,
estructurar
dramáticamente todo
esto. No importa la
naturaleza de la
historia. Recuerdo el
documental de Susana
Barriga The illusion
¿se proponía exorcizar a
través de una cámara
oculta el conflicto (y
los fantasmas) de la
ausencia paterna? La
decisión entrañaba,
además del desagarro
personal, una postura
ética y estética (filmar
sin el conocimiento del
otro sin otro recurso
que esta cámara) que
también iba a compartir
con los espectadores.
¿Hubo un plan, podía
tener un guion-guía…?
tal vez.
|
 |
En El abogado del
terror,
Barbet Schroeder
reconstruye una época de
acontecimientos
puntuales y las diversas
corrientes o ideologías
de los años 60 a través
de un montaje de
sucesivas entrevistas
con personajes que las
representan o encarnan
pero el abogado Vergès
(hijo de vietnamita y un
francés de las Islas
Reunión) es el eje de
este recorrido
descarnado de
acontecimientos que
abarcan la guerra de
Argelia, la Cambodia de
Pol Pot, el grupo Baader
Menhof, el personaje de
“Carlos” o Ilich
Ramírez… pero es Jacques
Vergès, un combatiente
revolucionario
“desencantado” irónico,
cínico y sincero quien
da sentido y unidad a
este fresco y su
protagonista absoluto.
En el documental,
resalto el dato, el
director incluye una
secuencia de La
batalla de Argel de
marcada factura
documental, hablo de la
secuencia donde las
muchachas argelinas
colocan explosivos en
los bares, esa acción
recreada es clave y
explica la vida
“documental” y la
experiencia personal del
personaje.
Así que no solo Vergès
da unidad al material,
sino que hay un claro y
preciso “punto de vista”
y se cumple según C.
Hanlet: “La unidad de la
narración se consigue
con la búsqueda del
punto de vista, es
decir, el centro de
interés de las ideas y
de los hechos”. Y
se cumple también lo que
recomienda Shokel: “El
que narra debe excitar
el interés, mantener la
atención, despertar la
curiosidad.” En
el filme de Schroeder,
hay una gran
investigación, una
suerte de detectivismo
cinematográfico que
abarca a varios países,
secuencias con suspense,
buenos y malos, búsqueda
de la verdad y amor…
recursos que pertenecen
de manera natural, por
la tradición, a la
ficción y estoy hablando
de un documental puro y
duro, clásico que
consigue todo esto a
base de sucesivas
entrevistas y el
entrelazado de ellas.
Sin una pizca de dudas:
se necesita un guion
para armar un
documental. A veces esta
acción toma años y
produce obras como
Ana de 6 a los 16,
del ruso Nikita
Mijalkov. Durante diez
años hizo la misma
pregunta a su hija Ana y
fue armando y
construyendo alrededor
de las respuestas la
historia más reciente de
su país: la URSS, su
recorrido hasta
desaparecer y este
personal retrato de
Nikita Mijalkov dice
mucho, muchísimo más que
los reportajes
“objetivos” del momento,
que también usa,
contexto que intensifica
el sentido de la emoción
y el conflicto del
cambio que se vive en
dos dimensiones: el de
su hija que registra
como cineasta y el
propio que experimenta
como artista y
ciudadano. Observación
de la realidad en un
sentido más especial de
mirar y ver. Pero todo
no se puede
“planificar”, ni es
posible usar técnicas y
métodos de los actores
en las “puestas en
escena” cuando se piensa
para un documental… sin
embargo,
Santiago
Álvarez acudía una y
otra vez al siguiente
recurso: colocaba al
entrevistado en un
escenario evocador o
significativo para su
“personaje”, y esta
decisión provocaba el
efecto emocional que
buscaba y era, siempre
lo afirmaba, un posible
camino para llegar a la
reflexión. Santiago
improvisaba pero solo
hasta un punto, salía a
filmar con una idea
central, básica, así iba
armando su “historia”,
con un punto de vista
muy bien estructurado y
que completaba
invariablemente en la
mesa de montaje.
|
 |
Acabo de ver dos
materiales en Internet.
Uno rodado,
aparentemente, sin aviso
en la estación de trenes
de Liverpool, suena por
los altavoces una música
y de repente varias
personas se ponen a
bailar, en un instante
todos se mezclan, se
involucran y desarrollan
una coreografía ante los
ojos de testigos reales,
no citados. Hay varios
ángulos de cámara que
registran el suceso y
eso hace pensar en una
pequeña planificación…
El otro: a través de
Facebook un joven
convoca para el segundo
vagón de una determinada
línea del metro
londinense y a una hora
prefijada entonar una
canción mientras él
declara amor a su novia
(de rodillas y con el
anillo) sorprendida
totalmente… una cámara
en mano ha filmado toda
esta improvisada y
espontánea ceremonia,
está circulando en la
red y es un flashmob.
No es posible ignorar el
alcance de todos los
nuevos medios de
comunicación, saber que
el 90 % de la población
mundial tiene celulares
y que a través de ellos
se han movilizado
cientos de gentes para
una acción o para
divulgar una información
o que se filma una
acción policíaca o un
concierto.
Estos ejemplos, entre
miles que se pueden
citar en la tupida red
de flujo y velocidad de
la información y de las
imágenes, es una de las
consecuencias de las
nuevas tecnologías y de
los desafíos (y nuevas
“contaminaciones”) que
el cine documental tiene
ante sí, porque al
conocido diferendo
ficción no-ficción se le
une, ahora, el debate de
qué es o qué se
considera un reportaje y
cuándo debe ser
considerado documental…
¿dónde está la frontera?
Las nuevas tecnologías
revolucionan muchas
cosas —para mucho bien—
hay dos —al menos dos—
que no han mutado
totalmente: seguimos
soñando alcanzar las
pantallas con la sala
oscura en su sentido más
clásico, y que los
espectadores se paren
frente a la taquilla
para comprar la entrada
para ver este y no otro
filme y que pueda ser un
documental. Y la otra:
aunque te sientes frente
a un ordenador y cuentes
con los programas de
escritura has de
imaginar, fabular y
desatar una historia que
te implique y que
después implique a
otros, es decir,
escribir un guion. Todo
ha cambiado y nada ha
cambiado. |