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XENIA RIVERY: 
Los nuevos scriptores en Cuba hoy
Mabel Machado • La Habana

Si buena parte de los genios del cine (pienso rápido y pronto en Godard, Lynch y Wong Kar-Wai) pueden soltar las amarras de un guion y remover el blanco y negro estáticos del papel con la agilidad de las pantallas y los botones de edición; si algunos directores han sido capaces de agarrar el lápiz por los cuernos y bocetar sus propias historias (Bergman y Tarantino, por ejemplo); si la adaptación, entre otras, de la novela El Padrino por el binomio Puzo-Coppola da fe de que “el ojo del amo engorda al caballo” (o lo que es lo mismo: quien firma debajo del “Directed by/Una película de” hace bien en rescribir el texto original)… ¿para qué prestar atención a las huelgas de escritores cinematográficos de Hollywood y a estas páginas de La Jiribilla, testarudamente empecinadas en pensar el oficio del guionista?

Por acá tenemos a una mujer y la oportuna coincidencia de que uno de sus guiones competirá en la sección de textos inéditos del Festival Internacional de Nuevo Cine de La Habana. Su nombre, Xenia Rivery, aparecerá encima del de Arturo Arango (con quien compartió la escritura del libreto) cuando las letricas del cast rueden sobre la pantalla negra, si algún día llega a filmarse Al borde del río. Para más, Xenia, de 34 años, ha visto ya algunos de sus trabajos traslucirse en la sala oscura. Los cubanos recordarán la cinta Tres veces dos (2003), con la cual incursionaron por primera vez en un largo los jóvenes Esteban Insausti, Lester Hamlet y Pavel Giroud. Xenia trabajó el guion de “Luz roja”, el tercer cuento, aquel de las fantasías eróticas, la muchacha ciega y el stop del semáforo. Luego Rivery participó con Rebeca Chávez en Ciudad en rojo, y ha estado muy cerca de otros directores como Lester Hamlet y Enrique Álvarez en la concepción de algunos de sus últimos proyectos.



Ciudad en rojo

Aprovecharía una conversación con Xenia para mover un poco este asunto del script y los scriptores, porque ella, que también dirige la Cátedra de Guion en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, ha de tener algunas respuestas para mis dudas. ¿Vale la pena pedir que se repita en Cuba un director capaz de llevar al cine un coloso de las letras cubanas como El siglo de las luces, o el relato que se convirtió en la despampanante Oscar nominada Fresa y Chocolate? Tal vez debamos comenzar preguntándole a una época nueva…
 

¿Cuál es el estado actual del guion cinematográfico en Cuba?

No hay en Cuba una larga tradición de guionistas, mucho menos de autores dedicados exclusivamente a la escritura audiovisual. No somos muchos y ha sido corto el tiempo de sentar estilos o escuelas, son apenas 50 años de una industria construida poco a poco, en medio de un fenómeno político y social nuevo, necesitado de una manera distinta de decir y de hacer el cine, de un movimiento nuevo, nueva estética y nuevo pensamiento latinoamericanos.  Aún se construye, con avances y retrocesos. No se puede hablar de crisis tampoco, como hacen algunos, pues entonces daríamos por sentado que alguna vez ha habido un auge. A esta pregunta podría responder con otras preguntas: ¿Cuál es el estado actual de la llamada “industria” cinematográfica cubana? ¿Qué estructuras, qué planes garantizan la producción, el relevo? Hay que tener oportunidad de producir, de decir, de errar y ver en pantalla nuestros propios errores, de aprender en el oficio, de experimentar en la forma, de distribuir, de comparar entre públicos distintos, de mejorar.

¿Qué tendencias siguen los jóvenes que se dedican a la escritura de guiones en el país?

Es difícil hablar de tendencias entre los jóvenes cineastas en la Cuba de hoy. La razón puede ser coyuntural, hasta generacional, pero es muy disímil el paisaje del audiovisual cubano joven. Creo que no hay conciencia de grupo, ni una verdadera necesidad de cohesión y sí de distanciarse de lo establecido. Son nuevas generaciones, viven circunstancias históricas, sociales, económicas distintas, tienen intereses distintos, otros referentes audiovisuales. El panorama cambia en el mundo y Cuba no es la excepción. Sin embargo, con cada obra vista de un/a joven realizador/a, tengo la imagen de un puzzle, de un mosaico inacabado. Tal vez con la distancia se pueda decir algo al respecto, en el futuro. De cualquier modo, si me pidieran encontrar un elemento en común, diría “libertad”, tanto formal como temática. Una libertad que implica frescura, mirada crítica, irreverencia, pero también el riesgo del desconocimiento, el olvido y el irrespeto. 

¿Qué lugar ocupa la figura del guionista en la cinematografía cubana actual? ¿Considera que es una figura a la cual se reconoce justamente dentro del cine?

Para mí el guion se escribe muchas veces (desde el guionista hasta el espectador) y a la vez, si hay algo que va en contra de la validación pública e incluso gremial del guion literario es esa naturaleza inconclusa, inacabada. Los movimientos del Neorrealismo y la Nueva Ola francesa, luego el Nuevo Cine Latinoamericano, que exaltaban frecuentemente la figura del director-autor, influyeron mucho en la manera de ver y hacer cine en Cuba, en mi criterio.

Actualmente, algunos festivales internacionales y sobre todo, la poca repercusión pública en los medios de prensa acerca del trabajo de los escritores audiovisuales contribuyen a esa manera de pensar. Muchos de los críticos, nacionales e internacionales abundan, con impresionante pericia, en aspectos estéticos de las obras cinematográficas y no se detienen en cuestiones narratológicas, en el trazado estructural de la fábula o en la coherencia de los personajes. Para muchos, el terreno del guion se circunscribe exclusivamente a lo anecdótico y lo dialogado, cuando la mayoría de las veces los cambios naturales en producción y posproducción recaen en estos aspectos de lo “escrito”.  Y ese es también un fenómeno nacional. Impera aun una filosofía en la que el guionista es un mero instrumento del director para llegar a una meta creativa.

Aunque en el mundo comienzan a escucharse poco a poco las voces de los escritores audiovisuales a través de los encuentros internacionales, los sindicatos, las huelgas de guionistas, promotoras no solo de la lucha por los derechos económicos del gremio, sino por una mayor visibilidad y respeto, hay un camino por recorrer a ese respecto en nuestro país.
 

¿Cuáles son los espacios que privilegian la formación de guionistas, la superación y el intercambio alrededor de esta profesión en el país?

Estoy casi segura de que la única instancia de formación de guionistas es la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Me constan los esfuerzos de la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA para cubrir lagunas formativas a este respecto entre sus alumnos, pero no existe el estudio propio de la especialidad. En el mismo Instituto, la Facultad de Artes Escénicas ha graduado estudiantes de dramaturgia con proyectos audiovisuales, pero es ingenuo desconocer el grado de especificidad de la escritura cinematográfica, a pesar de las congruencias dramatúrgicas con el texto teatral. Haciendo sobremesa, conversábamos hace no tanto un grupo de guionistas de varias generaciones sobre la factibilidad económica, por encima al menos de otras especialidades, de fundar cátedra en la FAMCA.

Pero más allá de cuestiones monetarias, nos percatamos de que, efectivamente, no es tarea fácil, pues somos muy pocos los guionistas en activo y no existe en todos el interés o la capacidad de la docencia. Contamos con figuras probadas, incluso en el ejercicio docente, pero haría falta si no mayor capacitación, al menos una labor de sensibilización dentro de nuestro propio gremio. Y, por supuesto, una voluntad constante de hacerlo realidad, no solo desde las directivas universitarias, sino desde las propias instituciones que, en definitiva, son las que establecen las prioridades dentro de sus propias políticas culturales...  La Muestra de Nuevos Realizadores, con el espacio de Haciendo Cine (más vinculado a la producción) o sus talleres (uno de ellos dio origen al proyecto Tres veces dos) y, aunque con un alcance menos local, los festivales de Cine Pobre y de Nuevo Cine Latinoamericano  (con el concurso de guiones inéditos y el taller de guiones latinoamericanos) son, me atrevería a decir, los otros espacios de intercambio alrededor de esta profesión y formación en el país.

 
 
 
 

CINE EN LA JIRIBILLA:

 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
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Información sobre el resultado del Debate
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.