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No me atrevería a
afirmar que hay una
crisis en el guion
cinematográfico cubano.
Junto con los escasos
guionistas profesionales
ya establecidos (Eliseo
Altunaga,
Arturo Arango,
Eduardo del Llano,
Arturo Infante y otros),
hemos visto aparecer
nombres jóvenes que ya
van conformando una obra
(Xenia Rivery, Patricia
Ramos y otros), sin
contar los directores
que escriben su propio
guion y los escritores
que, sin ser guionistas, coescriben una
adaptación o una idea
original.
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Madrigal |
Una característica que
prospera con el tiempo
es la ampliación de los
géneros en las
propuestas más jóvenes:
desde el thriller
al suspenso al cine
gore y al cine de
ciencia-ficción —lo cual
era casi inexistente en
el cine de la industria.
Se avizora una
diversidad creciente.
Siempre he pensado que
juzgar un guion es la
tarea más difícil y
riesgosa del proceso
cinematográfico. Por
eso, comparto
absolutamente la
definición de Miguel
Machalski cuando afirma,
en su libro editado por
la EICTV, que escribir
un guion es un viaje
azaroso. Un viaje
impredecible, subjetivo,
individual, único e
irrepetible, cuya
llegada a puerto final
depende de muchas
circunstancias. El
audiovisual cubano hoy
desafía esos periplos
con mayor o menor
fortuna, pero no está
paralizado: navega por
las inquietantes aguas
de la creación. |