La Habana. Año X.
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Cimiento de nuestra literatura
Lina de Feria • La Habana

Cuando en 1961, con 16 años, conocí a José Mario, el creador de las  Ediciones El Puente, en La Habana, gracias al dramaturgo argentino Samuel Feldman, nunca pensé que llegaría a ser, tres años después, una personalidad decisiva en mi vida y mi carrera literaria, y uno de los amigos más entrañables de toda mi existencia.

Recuerdo que Feldman me dijo una frase que se sembró en mi interior: “José Mario Rodríguez tiene una imaginación portentosa”. Y fue sobre todo a partir de 1964 —ante mi traslado definitivo de Santiago de Cuba para La Habana, en la búsqueda de amplios horizontes y más fuertes estudios universitarios para mi mejor desarrollo— que fui asumida y aceptada, que aprendí en la dificultad y en la necesidad de ser apoyada para mi inserción en el mundo literario habanero, la importancia de la inteligencia y el talento del autor de El Grito, y su vocación por actuar realmente “como mágica enseña entre los noveles escritores del momento”.

Lunes de Revolución era el suplemento literario que concentraba a la generación de autores del 50, en esos primeros 60. Al decir de algunos, los Lunes… se convertían en una cuña entre los origenistas y la nueva promoción que ignoraban.

Es más que lógico que la labor de imantación sobre los jóvenes escritores desplegada por José Mario lo situara en un punto de crucial importancia pues, a las editoriales marginales que propugnaba el poeta y dramaturgo acudían, para proyectar las primeras escrituras, muchos de los que después llegarían a ser base sólida del devenir de la literatura cubana.

El punto de reunión de su tarea editorial estaba en la casa de Josefina Suárez, en San Lázaro 1156, esquina a Infanta. Ya se ha definido que los jóvenes publicados por José Mario, eran escritores que se desarrollaban en otras instancias, y se proponían sencillamente “asaltar el cielo”.

La Editorial El Puente nunca recurrió a capillas ni “al jardín vedado” para escoger a sus autores. Por eso es que Pío E. Serrano afirmó que “la amplia muestra de los autores que formaron la treintena de títulos publicados, disímiles en sus edades, orígenes sociales, géneros y estilos literarios, permite verificar la flexibilidad de criterios con los que José Mario y Ana María Simo seleccionaban los proyectos”.

Entre los más destacados participantes de las Ediciones El Puente están Isel Rivero, Ana María Simo, Reinaldo García Ramos, Belkys Cuza Malé, Gerardo Fulleda León, Nancy Morejón, Miguel Barnet, Eugenio Hernández, Ana Justina Cabrera, Rogelio Martínez Furé, José R. Brene y Josefina  Suárez.

El Puente fue acusado de extender la homosexualidad, el Black Power, de publicar exiliados y de tener relaciones con el extranjero. Algunos de los miembros fueron enviados a la UMAP.

El crítico Jesús Díaz acusó a José Mario y a El Puente de ser un “grupo disoluto” y “un fenómeno político y estéticamente erróneo”.

Habría que ver de qué manera estaba la mala intención en estas declaraciones puesto que puedo testimoniar que lo que leíamos y admirábamos eran autores como Borges, Lautremont, Rimbaud, Esenin, Vicente Huidobro, César Pavese, Seferis, Dylan Thomas, Holderlin y el poeta cubano Emilio Ballagas, entre otros.

Partíamos de una formación cultural sólida y eso se demuestra en las palabras de Baeza Flores: “se trataba de una generación de jóvenes escritores que surgió en tándem con la Revolución Cubana y que es una generación brillante y crítica”.

El Puente publicaba a personas pobres, negros y mulatos, sin discriminación racial. Después del artículo infamante de Jesús Díaz se le declaró a El Puente una guerra de exterminio. Y finalmente desaparecería del ámbito cultural.

Pero la insensatez había obrado sobre un proyecto que ya tenía muchos frutos, mucha labor acumulada, mucha búsqueda de talento, mucho aprecio y respeto por la sensibilidad del joven escritor. Hoy en día, la historia de las Ediciones El Puente es una de las más buscadas y comentadas, nacional e internacionalmente.

Por mi parte, el espíritu unitario y diverso de José Mario, su enorme capacidad para descubrir talentos, sigue latiendo como si aún fuera posible dar un recital en El gato tuerto, otra vez juntos, con Miriam Acevedo, con José Antonio Méndez, en la inmensa felicidad de la juventud realizada.

15 de noviembre de 2011.

 
 
 
 
   
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.