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Recientemente en el
Centro de Desarrollo de
las Artes Visuales de La
Habana colonial, se
expuso una muestra
titulada De tal palo,
tal astilla, suerte
de ejercicio pedagógico
en el que se unió el
trabajo y estética un
maestro
(Aisar Jalil,
1953) y su discípulo
(Esterio Segura, 1970).
Han pasado unos 20 años
y ya Aisar no es
profesor —y sí un
reconocido pintor— y
Esterio no es alumno —y
sí un consolidado
escultor—: con el
segundo y en exclusiva
para La Jiribilla,
conversamos sobre De
tal palo, tal astilla
y otros temas que tienen
que ver con su
formación, sueños, y el
intenso recorrido y
reconocimiento
internacional (desde el
2009 no exponía en la
Isla) que ha tenido su
obra como escultor,
dibujante e instalador.
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Goodbye my love,
2011 |
“Durante seis años,
Aisar fue mi maestro —de
los 13 a los 18— de
escultura y de dibujo y
tengo que agradecerle,
además, que no me
botaran de la escuela
por ciertas
indisciplinas —siempre
fui muy revoltoso con
mis ideas—. En un
momento provoqué
conflictos fuertes por
lo que casi me expulsan:
el pensamiento es muy
complicado y hay que
aprender a modularlo
para poder sobrevivir o
coexistir en un
determinado sitio.
“En aquellos años, tenía
la misma intranquilidad
mental que tengo hoy,
con la diferencia de que
ahora, quizá, ya aprendí
dónde se debe de decir y
cómo se debe de decir.
Además de Aisar, tuve
otros excelentes
maestros; siempre digo
que en la escuela de
Artes Plásticas de
Camagüey (a unos 500
kilómetros de La Habana)
tuve la gran suerte de
recibir un rayo de luz
porque en ese momento
comenzaron a regresar de
Rusia artistas cubanos
que se habían graduado
en las academias de la
antigua URSS, entre
ellos René de la Torre,
Manuel Alcaide, Roberto
Hernández, Lorenzo
Linares y el propio
Aisar Jalil. Ellos
venían con un gran deseo
y un ímpetu tremendo de
enseñar y de demostrar
todo lo que habían
aprendido en las
distintas academias
soviéticas ¡una
tremendísima escuela! y
allí soñé estudiar, pero
se deshizo el campo
socialista y desapareció
esa posibilidad.
“Recuerdo que me
“colaba” en las diversas
clases porque todo me
interesaba y sabía que
había que chupar de
distintos lados a la
hora que fuera y, de
repente, me convertí en
el pupilo que iba con
ellos a dondequiera
—aprendí a
emborracharme, a
analizar el arte, a
buscar novias, es decir,
desde lo más terrenal
hasta lo más
intelectualmente
sofisticado—. Esa
cercanía, también, me
dio la oportunidad de
conocer a muchos músicos
y musicólogos que habían
estudiado en las
academias rusas. Fue una
suerte.
“Aisar fue mi maestro de
escultura y quien me
hizo comprender una
parte importante de lo
que significa lo
decisivo de estudiar, de
observar y, sobre todo,
el tesón en el trabajo.
Es decir, lo esencial
que es leer, estudiar,
ver cine, escuchar
música… discutir con uno
mismo aunque no esté
otro: aprender que no
tenemos el derecho a
estar aburridos. Hace
mucho tiempo, creo, nos
merecíamos una
exposición.”
Pero tengo entendido que
quiere, nuevamente,
motivar a Aisar Jalil a
hacer escultura…
Hace tiempo que Aisar no
hace escultura y siempre
le digo que es un
desperdicio de escultor
y que en su obra
bidimensional hay mucho
de escultura. Estuve
seis años viviendo fuera
de Cuba y desde el 2009
no exponía aquí; en los
últimos tiempos estoy
equipando mi taller, que
cuenta con más de 600
metros, es decir, que
tendré un espacio grande
y sueño con comenzar
—junto a Aisar— un
proyecto que titularemos
No hay peor astilla
que la del mismo palo.
Hay algo importante:
considero que la
pedagogía, en Cuba, ha
sufrido un deterioro
lamentable que tiene su
base en la mala memoria
y que se da de manera un
poco triste y escuchas
decir a algunos jóvenes:
“este artista está
viejo”, “no sirve”,
“tenemos que cambiar”,
“esto es obsoleto y hay
que tumbarlo, demolerlo,
quemarlo”… también, por
suerte, te encuentras a
otros que reconocen que
han hecho esto o lo otro
gracias a sus maestros.
En lo personal, creo que
la mejor manera de
rendirle homenaje a un
maestro es invitándolo a
trabajar y darle el
lugar, el reconocimiento
y la altura que se
merece.
¿Cómo se da su choque
con las artes
plásticas?
Era un pequeño muy
tímido y hasta que tuve
unos ocho años mis
dibujos los hacía mi
papá: le pedía que me
pintara un caballo o una
gallina que tenía como
tarea en la escuela, y
papá me dibujaba todo
eso a lápiz, sin color.
Como a los 8 años se me
despertó el bichito y se
lo debo a una aventura
de televisión que se
llamaba La flecha negra
que me encantaba y me
puse a dibujar a un
hombre a caballo vestido
de negro.
La flecha negra me llevó
a la defensa física de
mi obra: recuerdo que
otro niño me estropeó el
dibujo y lo agredí… con
el tiempo comprendí que
si alguien me hiciera
algo así contra la obra,
mi reacción no sería
diferente. Aunque esa
respuesta no fue a nivel
intelectual, sí me dio
en ese momento un
compromiso con lo que
estaba haciendo.
Nunca fui un alumno de
cien puntos, sino más o
menos de 90 y los
maestros decían ¡pero si
es que se pasa todo el
tiempo dibujando y no
atiende! Lo más grande y
hermoso que ha hecho mi
padre por mí fue
llevarme a hacer las
pruebas en la Escuela
Elemental de Artes
Plásticas de Camagüey.
Nací en Santiago de
Cuba, pero mi padre
empezó a trabajar en
Camagüey y hacia allí se
mudó la familia, es
decir, aprendí a andar y
a hablar en Camagüey.
En el año 1982, ingresa
en la Vocacional de
Arte…
Sinceramente, lo que
soñaba era ser piloto de
guerra —volar muy
rápido—, pero me caí de
una cerca y me rompí el
arco superior derecho de
la cara y supe que eso
me impediría volar. Al
hacer las pruebas en la
Vocacional me
preguntaron: ¿qué
quieres ser cuando
crezcas? y con la mayor
ingenuidad dije: ¡voy a
ser un gran pintor! Y,
créeme, me creó un
compromiso a nivel
personal. Hice los
exámenes, aprobé y
entré. El primer día nos
dieron un paseo por
todas las aulas y ahí
fue cuando descubrí que
la escultura es,
también, artes
plásticas. Me resultó
súper atractiva y fue
como un deslumbramiento,
pero durante mi paso por
la Vocacional mi nota
más baja siempre fue la
de escultura: eso me
hizo decidir que iba a
hacer las pruebas de
nivel medio en esa
especialidad.
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Historia
de un viejo
pescador/
History of an
old fisherman,
2011 |
¿Era, entonces, su punto
más débil?
Sí, pero el que me
obligaba a una mayor
exigencia. La mayoría de
la gente me conoce como
escultor, pero realmente
tengo una obra y tengo
intereses en muchos
sentidos: tengo obra
pictórica, dibujos y
fotografía y lo único
que no he hecho es
video. Desde mis años de
estudiante siempre me ha
atraído por conocer
todas las cosas; tuve la
suerte de ser del primer
grupo que se graduó de
la escuela de nivel
medio de Camagüey, pero
me escapaba de las
clases de escultura y
entraba en las de
pintura y las de grabado
¡era muy intruso! Pasé
siete años muy, muy
importantes. Soy de los
artistas que cree,
firmemente, que los
rudimentos clásicos en
el arte son
imprescindibles, son el
entrenamiento. Esos
rudimentos son las
herramientas a la hora
de crear y te permiten
resolver situaciones.
Además le ahorra mucho
tiempo…
Y te ahorra el conflicto
de preguntar a alguien
cómo es que se hace esto
o lo otro. Con todas
esas herramientas llegué
al Instituto Superior de
Arte de La Habana (ISA).
Imagino que el ISA le
abrió otras
perspectivas…
Otros mundos, otros
conflictos y otros
compromisos: era salir
del escenario del
municipio y de la
provincia para
insertarme en algo que
estaba
comenzando a tener una
proyección
internacional.
Acababan de concluir los
80 y muchos artistas
formaban parte de la
diáspora de ida de Cuba
y ese antecedente o
preámbulo te obliga a
preguntarte cómo me
mezclo y cómo busco un
asientico, ¡mi asientico!
—que siempre hay— en
este sitio. En otras
palabras: cómo empiezo a
trabajar. Uno se dice:
tengo todas estas
herramientas, pero en
qué lugar me pongo y de
qué manera hago confluir
mi discurso con todo lo
que está pasando.
En el año 1999 en el
Centro de Arte
Contemporáneo Wifredo
Lam, expuso la muestra
Espacio ocupado por
un sueño. ¿Cómo
surge la idea de esta
exposición y cuál fue el
significado personal?
Espacio ocupado por un
sueño
es el cuarto bloque de
obra que comencé a hacer
a partir de 1989. El
hecho de estar en el ISA
fue un lujo y lo
interpreto como una beca
gratuita para hacer la
obra, es decir, iba a
las clases de Filosofía
y demás, pero siempre
intenté tener con mis
maestros una relación de
colega y eso hizo que
comenzara a hacer la
obra desde el primer año
del ISA.
Interpreto por lo que
dice que no esperó a
graduarse para comenzar
a hacer su obra.
Fíjate si es así que mi
tesis no la discutí
porque recibió la
condición de “Tesis de
recorrido”, es decir,
que comencé a hacerla
desde que entré en la
institución y no tenía
sentido hacer un
trabajito final porque a
lo largo de los cinco
años estuve haciendo
cosas.
Por ejemplo, “La
diestra”, que está en el
Museo Nacional de Bellas
Artes, la hice desde el
primer año en el ISA y
el “Santo paseo por el
trópico”, que
igualmente está en
Bellas Artes, es trabajo
de segundo año, y las
esculturas que aparecen
en la película Fresa
y chocolate, son de
segundo y tercer años.
Luego en la Bienal
Internacional de Artes
Pláticas de La Habana se
hizo un recorrido por mi
obra producida en los
tres años de paso por el
ISA y Las metáforas
del templo, que
ahora se estudia como
una exposición
antológica, la curamos
entre Carlos Garaicoa y
yo estando en segundo
año de la carrera.
Entonces, desde temprano
enfrenté muy seriamente
el tema de hacer el
primer bloque de obra
llamado Occidente
tropical, el segundo
Mística del resguardo
y la gozadera y el
tercero Sobre
cómo aprendió a caminar
la tierra.
Mi primera exposición
personal fue en la
Galería de 23 y 12
—estaba en tercer año
del ISA— justo me
acababa de graduar y
patrocinada por la
Fundación Ludwig, con
sede en La Habana, hice
en el Centro de
Desarrollo de las Artes
Visuales otra expo que
se llamó Colibrí
libando la memoria
y, luego, fue Espacio
ocupado para un sueño
que constituyó el
preámbulo para mi
participación en la
Bienal de La Habana
siguiente. Soy de los
que piensa que la suerte
se la hace uno mismo
trabajando.
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Daddy how it’s
the blood of the
heroes?, 2011 |
En 1992 obtuvo mención
en una Trienal de
Escultura de Pequeño
Formato, ¿qué le
encuentras de atractivo
al pequeño formato?
He seguido haciendo obra
de pequeño formato, lo
que sucede es que,
luego, lo uno todo y
sale la gran escala.
Como método de trabajo,
¿prueba la obra,
primero, a pequeña
escala?
Tengo mucha obra hecha
en pequeño formato en
grabado y en escultura.
Por ejemplo Mística
del resguardo y la
gozadera son obras
hechas en cerámica y
porcelana que no suben
más de 25 centímetros de
altura; son piezas
eróticas que hice a
partir del conflicto
entre política y
religión… mi obra tiene
mucha relación con la
historia de Cuba y, en
algunos casos, hace una
reflexión sobre la
mística de esta
mezcolanza en la que
vivimos. Tiene un
principio básico a
partir de
investigaciones que hice
en torno a la obra de
Don Fernando Ortiz y del
mexicano Octavio Paz.
Siempre una idea detrás
de la obra…
No hago obra si no posee
una idea, un concepto, e
incluso me es muy
difícil dejar una obra
sin título porque todas
tienen un pensamiento
detrás, una reflexión
para llegar al punto de
hacerse. Pienso mucho la
obra, la escribo, la
rescribo, la cambio y la
vuelvo a cambiar; tengo
obra que corre el
sacrificio de una vez
hechas, si se pasan
mucho tiempo a mi
alcance, vuelven a
cambiar.
Con la colaboración
UNESCO, INIVA y Gasworks
Studio, entre 1995 y
1996, estuvo en Londres
con la categoría de
“artista residente” y en
1997, con el mismo
estatus, permaneció en
Alemania gracias al
Fórum Ludwig, de
Aquisgrán, ¿cómo fue ese
choque?
¡Impresionante! y fue,
también, cumplir un
sueño. La primera vez
que salí de Cuba fue a
México y el país que
quería visitar —primero
que ninguno— era
Inglaterra por
diferentes razones —por
el temperamento, por los
Beatles— y me dije ¡esto
es un accidente yo que
tanto repito que la
suerte me la planifico
yo!, pero estando en
México me llegó la
aprobación de la beca de
Londres. Y ahí fue
cuando me dije: ¡esto no
es un accidente, es una
manera de entrenarme
para lo que viene
después!
Llegué a Londres
chapoteando inglés —era
un requisito
indispensable y no había
nadie que hablara
español— y BBC Word
Service me hizo, a las
dos semanas de estar
allí una entrevista en
inglés. Recuerdo que le
dije a la periodista que
se llama Jakie: ¿me van
a poner un traductor? Y
ella me contesta ¡no!,
así es como nos gusta. A
partir de ahí comencé a
entender lo exótico que
puede resultar uno en un
contexto determinado.
Fue impresionante la
experiencia de Londres
porque tuve la suerte de
estar en un estudio en
el que había otros 15
artistas; tuve la gran
fortuna de conocer a un
coleccionista inglés que
ha llegado a conocer el
arte cubano de una
manera sorprendente
llamado Robert Loder,
que era el dueño de los
estudios. En el caso de
mi estudio era como una
donación de esa beca que
daba la UNESCO y este
señor ponía el espacio y
la galería y el INIVA,
que es el Instituto de
Artes Visuales de
Londres, hacía las
coordinaciones y ponía
todos los materiales.
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Absolut wind,
2011 |
¿Es decir, que en ese
año estuvo produciendo
obra?
Hice una exposición
llamada Birds and
fish in the freeser
—El ave y el pez
dentro del freeser—.
Fue una beca en la que
participaron mil 600
artistas de todo el
mundo y se aprobó la
beca a solo 33 y de
ellos, solamente, dos
iban para Londres y
seleccionaron a un
kenyano Omega Ludenlli y
a mí. Fue una suerte
porque en
Kenya
se hablan 105 dialectos
distintos —el más
importante es el suajili—,
pero la lengua oficial
es el inglés. En las
conversaciones y en las
entrevistas nos
apoyábamos mutuamente.
Yo tenía un conocimiento
del mundo occidental que
él no lo poseía y nos
ayudábamos de muchas
maneras, además,
veníamos de países
tropicales… llegué por
aire y él, casi, llegó
por tierra porque África
está pegada y por eso le
pusimos “Birds and fish
in the freeser” porque
además llegamos
comenzando el invierno y
el clima era muy frío
para ambos.
Esa experiencia, ¿marcó
su vida y la obra?
Marcó la obra porque me
ayudó a entender y
definir cosas muy
importantes. En
ocasiones —por razones
de menos peso—, decides
hacer un tipo de obra y,
al final, descubres que
lo más importante es la
expectativa de la gente,
es decir, a veces uno se
pone muy egoísta con lo
que está haciendo y se
olvida de que existe una
expectativa creada. En
Londres encontré el
momento de equilibrar.
Lo otro es que aprendí
bastante bien el idioma.
Ese paso por México y
Londres fue la antesala
de Alemania…
No, un mes después de
regresar de Londres me
invitaron a hacer una
exposición en el Art in
General Gallery de Nueva
York, EE.UU. Fui con el
orden inglés en la
cabeza y llegar a Nueva
York y, al segundo día
de estar allí, montarme
en el metro más antiguo
del mundo y que llegaba
a la hora que le daba la
gana y que estaba todo
sucio y todo era como de
un movimiento
vertiginoso me llevó a
dudar si lo podía
aguantar.
A los tres días me dije:
¡estoy en la capital del
mundo! y tomar
conciencia de eso fue
muy importante.
Igualmente, el hablar
medianamente el idioma
inglés me sirvió para
entender una cultura.
Sin lugar a duda, el
lenguaje te abre puertas
y te facilita comprender
modos de pensamiento
distintos y entiendes la
energía que existe
detrás de la obra de
muchos artistas que no
son de tu lengua.
Supongo que Alemania es
otro mundo, otra
dimensión.
Alemania fue, también,
una experiencia vital.
Allí hice Un réquiem
a San Lázaro y se
inauguró la exposición
un 17 de diciembre a
partir de una beca que
me concedió la Fundación
Ludwig, de Alemania —eso
fue en
Aquisgran en el 97—.
Allí fue donde comencé a
dibujar Espacio
ocupado por un sueño
que precisamente redacté
en dibujo y escultura.
Utilizo el término
redactar porque hago mis
obras como si fueran
tomos distintos de una
misma colección.
Fue una experiencia muy
especial porque gracias
a la cercanía geográfica
tuve la oportunidad de
viajar a Holanda,
Bélgica y Francia y,
sobre todo, porque
conocí la energía
alemana. Por lo general,
uno tiene una percepción
muy agresiva en relación
con Alemania, una
culpabilidad que nos han
inculcado desde lejos y
una mirada
fiscalizadora. Sin
embargo, el alemán
actual es una persona
muy loable, muy abierta,
muy transparente y a la
vez de fuerte carácter y
muy disciplinada. Fue
una escuela estar y
trabajar con alemanes y,
además, conocer varios
caracteres: está el
alemán guajiro, el
alemán intelectual y el
alemán ortodoxo. Pero,
son poseedores de una
cultural muy abierta al
conocimiento y al
intercambio y ¡hasta el
idioma me resultó
atractivo!
Hizo obra…
En Alemania hice obra y
también restauré una
pieza mía que se había
estropeado y que,
anteriormente, estuvo en
la Bienal de La Habana.
Esa pieza, antes que
regresara al Museo de
Bellas Artes, la
restauré y la expuse
allí.
¿Sueños?
Cuidar a mi familia,
terminar de equipar mi
estudio, continuar
trabajando y exponer en
mi país.
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