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Las arterias de la
violencia atraviesan
todo México de sur a
norte como los ríos
humanos que suben hacia
EE.UU. El tráfico humano
y el narcotráfico,
enlazados ya entre sí,
han incrementado la
violencia hasta el
paroxismo. Nadie puede
permanecer indiferente
ante ella. La suma de
muertes generada por esa
situación asciende,
cuando menos, a 35 mil
en los últimos cuatro
años, cifra que desafía
la de cualquier guerra
convencional.
El teatro no ha
permanecido ajeno ante
tal estado de cosas,
pero su asunción
estética de la violencia
es discutida hoy al
interior del teatro
desde distintas
posiciones.
El importante crítico
mexicano Rodolfo
Obregón, quien dirigió
el CITRU los últimos 12
años, piensa que cierto
teatro reflejo de la
violencia no debería
generar ni una obra
más.
Dos eventos mexicanos de
distinta naturaleza,
cercanos entre sí, me
permitieron tomar este
pulso al teatro de la
nación azteca.
La IV Feria del Libro
Teatral creció en varios
sentidos. En espacio, en
una mejor distribución
del mismo, en el número
de editoriales
presentes, en
actividades programadas
y en asistencia de
público. Seguramente se
ha convertido ya en la
más importante de las
concurrencias
especializadas en torno
a las artes escénicas
que se realizan en el
entorno iberoamericano
(las otras dos son los
salones del libro
teatral de Buenos Aires,
Argentina, y España).
De cualquier modo
resulta insólito que
tantas casas o sellos
editoriales persistan en
producir libros y otros
soportes con textos
dramáticos o sobre
dramaturgia, técnica o
teoría teatrales. Es
mucho más amor que
negocio.
Organizada por varias
instituciones mexicanas
—Conaculta, INBA, UAM,
CITRU y Paso de Gato—,
la FeLiT, aparte del
área expositiva,
multiplica su quehacer
mediante presentaciones,
mesas de discusión,
ciclos de dramaturgia,
conferencias y mesas
redondas, lecturas
dramatizadas, así como
talleres y actividades
académicas. Destacó
nuevamente el Jam de
Dramaturgia, donde
autores y público
asistente interactúan en
la creación de piezas
dramáticas en vivo.
También se entregó allí,
por segundo año
consecutivo, el Premio
Internacional de Ensayo
Teatral 2011 y el jurado
integrado por el
investigador José-Luis
García Barrientos, el
editor y periodista
Carlos Gil y la
directora Shaday Larios,
ganadora de la
convocatoria anterior,
lo confirieron al
profesor y director
francés Jean-Frédéric
Chevallier por “El
Teatro hoy: una
tipología posible”, al
presentar “una
interesante y original
revisión sobre las
funciones que en la
actualidad cumplen los
tres principales
elementos a los que
suele referirse cuando
se habla del fenómeno
teatral: el actor, el
texto y el espectador,
comenzando por este dada
la creciente importancia
que tiene en el teatro
hoy”.
Por Cuba participamos
Vivian Martínez Tabares,
directora del
Departamento de Teatro
de la Casa de las
Américas y de su revista
Conjunto y este
servidor por la Casa
Editorial
Tablas-Alarcos, del
CNAE. En esta ocasión
juntamos, además, libros
de otras editoriales
cubanas, en acción que
deberá extenderse e
incrementarse en los
próximos años.
La FeLiT debe superar en
el futuro la escasa
asistencia de un público
potencialmente
interesado: la gente de
teatro y buscar que el
propio teatro, mediante
acciones de diversa
índole, penetre más en
el recinto ferial y no
solo lo rodee.
Por su parte, la Muestra
Nacional de Teatro
permite a un crítico no
mexicano, como yo,
observar la escena que
se produce en un
territorio tan grande y
con tantos focos
dispersos.
Aunque sabemos que
ningún evento puede
abarcar la totalidad del
teatro mexicano es, sin
duda, importante el
trazado que cada año la
muestra ofrece sobre los
escenarios regionales y
de la capital federal.
Aun así, lo mejor de la
FeLiT y de la MNT es,
como ya señalé arriba,
la oportunidad que
ofrece para ver el
teatro mexicano de hoy,
en el cual me detendré
más adelante. |