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Caminando por la Colina,
hojeando algunos títulos
o riéndose de los
simpáticos comentarios
de la improvisada
radio-base, estuvo Pablo
de la Torriente Brau del
15 al 17 de noviembre,
participando, vivo y
activo, en la cuarta
edición del Festival
Universitario del Libro
y la Lectura (FULL) que
tuvo como cierre la
presentación de su libro
Presidio Modelo.
“Es una alegría estar en
la presentación de este
libro, porque representa
la confirmación de esa
decisión que tan felices
nos hace de dedicarle
este festival a Pablo.
Es un gesto hermoso y
justiciero, de la FEU y
de los estudiantes
universitarios, ante esa
figura extraordinaria de
nuestras letras y de
nuestra historia”,
aseguró Víctor Casaus,
director del Centro
Cultural que lleva el
nombre del héroe de
Majadahonda.
Recordó Casaus que este
año, el 12 de diciembre,
se cumplen 110 años del
nacimiento de Pablo e
inscribió esta
presentación en las
numerosas acciones
culturales que se han
venido realizando para
homenajear al escritor y
luchador antifascista.
“La decisión de
presentar Presidio
Modelo es sabia por
muchas razones”,
puntualizó, tras afirmar
que es un libro
extraordinario dentro de
la literatura cubana del
siglo XX porque inicia
un género literario, el
testimonial, que hoy
tiene entre nosotros una
sensible importancia.
Apuntó el director del
Centro Pablo que ese fue
el segundo libro de los
dos únicos escritos por
Pablo como tales —el
otro fue Cuentos de
Batey— y en él se
confirma la importancia
del testimonio como arma
de denuncia y su
capacidad para incidir
en la sociedad que
critica.
“Pablo escribió ese
libro —afirmó Casaus— a
partir de su experiencia
como uno de los tantos
presos de la dictadura
de Gerardo Machado en el
llamado Presidio Modelo
de Isla de Pinos y
estando todavía allí
realizó una
investigación, no solo
con los presos
revolucionarios o
políticos, sino también
con los llamados presos
comunes de esa cárcel
que eran asimismo
víctimas de una política
que hoy llamaríamos
genocida”.
El escritor y cineasta
recordó los esfuerzos
que realizó Pablo para
que se publicara
Presidio Modelo, su
libro más querido según
confesó: un libro de tal
crudeza y realismo en su
denuncia que, como se ha
comentado, “le quemó las
manos a los editores de
la época”. El original
del libro que conservó
fielmente Raúl Roa
—hermano de lucha y
albacea de la papelería
pabliana—tuvo su primera
edición en Cuba, tras el
triunfo revolucionario.
Destacó Casaus como otra
de las virtudes de este
texto y, en general, de
toda la obra
periodística y literaria
de Pablo, su lenguaje
renovador que se
mantiene aún hoy fresco
y cercano, a pesar del
paso de los años.
“Este libro fue escrito
en 1936 y sin embargo
estoy seguro de que los muy
jóvenes que lo lean hoy
van a encontrar una
comunicación con el
autor como si fuera un
libro escrito en
nuestros días, porque
Pablo realizó algo muy
importante: renovar ese
lenguaje, acercando
precisamente las formas
populares de la
conversación a la obra
periodística y
literaria”, dijo.
Rememoró que Pablo era
un hombre que, como él
mismo decía, no le tenía
miedo a las llamadas
malas palabras en la
literatura, y las
utilizaba en su novela o
en sus cuentos o en su
periodismo, porque las
consideraba justamente
como parte de nuestro
lenguaje, de nuestra
lengua castellana.
Casaus consideró que
todo eso hace que se
puedan leer hoy los
textos de Pablo “y
pensar que, como en
realidad es, nos está
hablando un hombre que
está aquí con nosotros,
viviendo esta coyuntura
actual de nuestro país;
no un hombre que murió
hace mucho años en el
frente de Madrid, sino
un hombre que continúa
comunicándose con
nosotros y lo sigue
haciendo a través de sus
libros”.
Y, por supuesto, ha
estado Pablo estos días
con los universitarios,
“hermoso e intenso”,
como lo describió una
joven de la dirección de
la FEU. Ojalá sirva este
festival para acercarlo
aún más a las nuevas
generaciones de cubanos
y, en el orden práctico,
para sacar
definitivamente su busto
del rincón oscuro y
olvidado donde está, y
traerlo al centro de la
Colina, a un lugar con
mucho verde y mucha luz,
como siempre quiso su
hermano Raúl Roa. |