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Sobre el prólogo a la Novísima poesía cubana, de Ediciones El Puente
Jesús J. Barquet • La Habana

Revisando el prólogo de Roberto Fernández Retamar y Fayad Jamís a su temprana antología de los poetas de la Generación de los Años 50 (“cincuenteros”), titulada Joven poesía cubana (1960), vemos que, en lo referente al supuesto hermetismo de la poesía origenista y al consecuente afán de humanizar la poesía, la propuesta ideoestética de los editores “puenteros” (Reinaldo Felipe García Ramos y Ana María Simo) de la Novísima poesía cubana (1962) no difiere sustancialmente de la hecha por varios “cincuenteros” que se habían dado a conocer poco antes de 1959. Según Fernández Retamar y Jamís, entre las “notas no necesariamente comunes” a estos autores está “un manifiesto deseo de humanizar la poesía (sin olvidar las conquistas expresivas que son ya ganancia irrenunciable), de devolverla aún más a los menesteres del hombre, alejándola todo cuanto sea posible de las aventuras formales de la exquisitez o herméticas de la trascendencia”.

La reacción antiorigenista no fue, pues, novedad entre los “puenteros”: la propia Novísima reconoce que ya Virgilio Piñera, desde dentro del Grupo Orígenes, y algunos “cincuenteros” (y citan a Escardó, Baragaño, Fernández Retamar, Jamís y Pablo Armando Fernández, todos presentes en la Joven poesía) habían querido y hasta logrado “romper con las limitaciones” que el origenismo les imponía Felipe y Simo. Es decir, los “puenteros” establecen aquí un cordón umbilical con los “cincuenteros”, pero no consideran concluida esa tarea común de humanizar plenamente la poesía ya que ven entronizado entonces, en 1962, un peligro quizá mayor: la poesía como panfleto político. Y —valga aclararlo— no señalan el panfleto como un rasgo exclusivo de ningún grupo o generación.

Resulta curioso, pues, que en 2007, sin explicarnos sus razones y a diferencia de los nuevos críticos del grupo de Ediciones El Puente, Arturo Arango califique todavía de “endebles” los “argumentos estéticos” expuestos en el prólogo a la Novísima. Pero también el propio editor de dichas Ediciones, José Mario, le había hecho ya injustos reparos en 1969 a la Novísima cuando afirmó, entre otras cosas, que, además de las limitaciones debidas a los escasos años de sus compiladores (Felipe y Simo tenían entonces 18 y 19 años, respectivamente), estos cometían “el error de pasar precipitadamente por gran parte de la poesía anterior a la nuestra”. Sin embargo, debemos recordar que dicho prólogo no pretende abarcar toda la poesía cubana anterior, ya que, de hecho, comienza explícitamente su revisión desde una fecha (“En 1944…”) y con un grupo en mente (Orígenes). Tampoco resultan absurdas sus preocupaciones ante la todavía fuerte gravitación origenista y el amenazante panfleto, porque todo ello había aparecido ya en el prólogo a la Joven poesía, y, desplazado el Grupo Orígenes, la reacción contra el panfleto se continuará todavía cuatro años después en los poetas (“caimanes”) de El Caimán Barbudo.

Por otra parte, resulta parcialmente erróneo afirmar que solo con los “caimanes” y su interés por la poesía conversacional se establece, poco después de desaparecidas las Ediciones El Puente, el primer vínculo entre los poetas nacidos en los años 40 (parte de los cuales eran “puenteros”) y los “cincuenteros”. Aunque en sus gestiones personales y editoriales prefirieron diferenciarse y distanciarse de estos, los “puenteros” sí concordaron fundamentalmente con la actitud de los “cincuenteros” hacia la llamada “poesía origenista” y varios “puenteros” (Georgina Herrera, Rogelio Martínez Furé, Manolo Granados, Silvia Barros y Joaquín González Santana) por su fecha de nacimiento podrían asociarse a la Generación de los Años 50. Pero fueron, sin duda, los “caimanes” como grupo quienes establecieron fuertes lazos ideoestéticos y editoriales con los “cincuenteros”.

Por todo lo anterior se comprueba que los editores de la Novísima revisaban conscientemente, sin la explosiva iconoclasia que caracteriza usualmente a los jóvenes, la poesía cubana de su momento, siempre en función de sus propios —y para ellos válidos— intereses generacionales. La escasa edad de Felipe y Simo no hace sino más destacable —y atípica entre chicos que quieren irrumpir como grupo en un espacio dominado por adultos que cargan pasadas rencillas no resueltas— la racional argumentación del prólogo de la Novísima, el cual contó incluso con 12 reflexivas notas finales.

 

Versión de la “GLOSA 3: Sobre el prólogo a la Novísima poesía cubana”, que aparece en la compilación crítica Ediciones El Puente en La Habana de los años 60: lecturas críticas y libros de poesía, editor Jesús J. Barquet (Chihuahua, México: Azar, 2011).

 

Obras citadas:

Arango, Arturo. “Con tantos palos que te dio la vida: poesía, censura y resistencia.” Criterios (15/5/2007): 1-43. Acceso: 10/10/2008 en www.criterios.es/pdf/arangotantospalos.pdf.

Felipe García Ramos, Reinaldo y Ana María Simo, eds. Novísima poesía cubana I. La Habana: El Puente, 1962.

Fernández Retamar, Roberto y Fayad Jamís, eds. Joven poesía cubana. Lima: Editora Popular de Cuba y del Caribe, 1960.

Mario, José. “Novísima poesía cubana”. Mundo Nuevo 38 (agosto de 1969): 48-54.
 

 
 
 
 
   
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