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Teatro de títeres y tecnología moderna:
Una opinión
Julio Cordero • La Habana

En más de una ocasión me he referido a la idea del títere como arte autónomo. Es decir, que con los títeres, de la misma manera en que puedo hacer teatro —desde el más sencillo al más complejo—, también puedo hacer, por ejemplo, función con títeres, carnaval con títeres,  pedagogía con títeres, cine con títeres, televisión con títeres, ballet con títeres, musicales con títeres, ritos con títeres… En fin, que puedo hacer con este medio de expresión lo que me proponga y sea capaz de hacer. Esto no lo digo yo: lo demuestran los hechos.


Monsieur Guignol, títere francés

Como es natural, cada uno de estos medios exige al títere un comportamiento específico tanto en el diseño, como en los recursos a emplear a la hora de su confección, según el lenguaje del medio que se trate. Todo esto obliga al titiritero a una búsqueda incesante de los recursos expresivos de este arte sin igual.

Elementos como los señalados me han hecho meditar acerca de las posibles reglas, o leyes propias, que pudieran ser el objeto de estudio para sustentar una hipótesis como la expresada. Una vez, un periodista, le pidió a  Javier Villafañe, le diera respuesta a la pregunta de qué cosa era para él un títere; y él, sin hacerse esperar le respondió: “Un títere es un títere”. Y no le dio más explicación. En otra ocasión leí que escribió: “Títere, el más díscolo de la familia teatral, y al que más veces han expulsado de su templo”.

Comparto estas definiciones. Me aventuro a decir que:

Primero: Un títere es solo comparable con otro títere, por cuanto ellos constituyen un universo, un todo, que hasta con su cosmogonía y su mitología cuentan, y con una historia muy propia. En este punto vale la pena recordar que, Freddy Artiles, en su Maravillosa historia del teatro universal, fue contando —en paralelo—, la otra maravillosa historia protagonizada por los muñecos, y demostró, quizá sin pretenderlo, que una  y otra tenían muy poco de común.


Pelusín del Monte y Doña Pirulina, títeres cubanos

Segundo: Que son díscolos ex profeso, y que si son expulsados de un templo, es porque su naturaleza es la de habitar todos los templos del arte a la vez.

Tercero: Que tienen el don de la asombrosa adaptabilidad a las reglas que rijan en el templo (entiéndase medio) que los acojan.

De todo esto infiero entonces que su ley principal es la de NO sujetarse a una sola ley en particular. Por ello, creo, les es propicio todo texto escrito a propósito de sus facultades, mas no por esto desechan el banco de la literatura y de la dramaturgia universal.

Que no muestran preferencia alguna por un público en específico, aunque los niños sientan por ellos una atracción muy especial, y viceversa.

Que, quiéralo o no el medio que los acoja, ellos impondrán el sello indeleble de su díscola personalidad.

Y, por último: En cuanto al asunto  de las tecnologías del siglo XXI, a pesar de imaginármelas avasalladoras, no tengo preocupación alguna. Si los siglos precedentes pasaron dejando su impronta de formas y tecnologías, los títeres  se apropiaron de lo mejor de cada una de ellas. Por cuanto, el siglo XXI no será una excepción Es lo que digo: Son autónomos, y esa autonomía los mantendrá  a salvo.


Punch y Judy, títeres ingleses

Lo que sí me preocupa es la amenaza de extinción de la especie humana, o de la extinción de lo humano dentro de la especie. Únicamente así el títere dejaría de ser autónomo, y mi teoría perdería su sentido. Pero la UNIMA (Unión Internacional de la Marioneta), con su visión optimista de la profesión, alienta la sobrevivencia de títeres y titiriteros. Sabe muy bien que el sentido de los títeres es animar la vida, y que ellos, lo único que piden a cambio, es que los quieran, que los vean, que los oigan y que los aplaudan, imperecederamente.
 

Ponencia leída en el Foro del Centro Cubano de la UNIMA, que tuvo lugar dentro del espacio teórico del 14 Festival Internacional de Teatro de La Habana, realizado en la Casa del Alba Cultural.

 

*Director de programas infantiles de la televisión cubana y del proyecto escénico Barco Antillano

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.