La Habana. Año X.
12 al 18 de NOVIEMBRE

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El patriota americano,
joya de nuestra bibliografía periódica
Cira Romero • La Habana

De entre los muchos —más de cien posiblemente— periódicos surgidos en Cuba durante el breve tiempo de la libertad política de imprenta disfrutada en la segunda década del siglo xix,  ninguno tuvo la relevancia del titulado El Patriota Americano, sin dudas “el mejor y más interesante publicado hasta entonces en la Isla de Cuba”, según juicio autorizado de Antonio Bachiller y Morales. Su salida por entregas, cada semana, dio lugar a la conformación de dos preciosos tomos, el primero con números del 1 al 24, y el segundo del 1 al 32, que brillan tanto por la calidad de su hermosa impresión, como por el contenido.

“Obra periódica por tres amigos, amantes del hombre, la patria y la verdad”, se lee en la portada. Fue redactado por el guatemalteco Simón Bergaño —ver nuestro artículo “Una revista criolla para el bello secso: Correo de las Damas, por él fundada— que firmaba Veristasphilo y Philalethes, José del Castillo (Patriophilo y Philopatris) y Nicolás Ruiz (Philantropo y Homophilo). El lema utilizado, tomado del latín,  fue Ut pulchra bonis adderent.

Estos “tres amigos” se propusieron:

1. Presentar todos los materiales útiles y curiosos que encontremos y que se nos remitan, para formar con ellos una historia completa de esta isla.

2.    Dar lo más selecto de cuanto llegue a nuestras manos sobre moral, política y literatura.

3.      Que el mérito de las materias que insertemos, no dependa solo de las circunstancias.

En los párrafos más sobresalientes de la introducción al primer número, los redactores, sin ningún tipo de temor, siempre amparados en el breve lapso de libre expresión disfrutado, proclamaron que:

Acabó el imperio de la tiranía y principia el de la libertad. La adorable justicia va a ocupar el solio que le había usurpado el odioso despotismo; y la ignorancia y el error cederán a la influencia de la razón y la verdad.

Concluían con estas palabras:

¡Ciudadanos ilustrados!, ¡almas sublimes, amantes del hombre, de la patria y de la verdad! Ahora, ahora es tiempo de desplegar toda nuestra energía. El celestial decreto de la libertad política de la imprenta, dictado no por hombres, sino por la sabiduría misma, os autoriza a todos para manifestar vuestras ideas. [...] Hablemos. Escribamos. Ya no hay que temer al maligno influjo de la arbitrariedad; todos podemos y debemos escribir, pues todos somos deudores a la patria, de nuestras luces; y todo ha de ceder a tan sagrada obligación. Digamos pues la verdad; y haciéndola resonar en América para confusión del despotismo y ruina de la tiranía, cubramos de oprobio y de vergüenza al egoísta indolente que no imite nuestro ejemplo.

Nada similar se había escrito en Cuba hasta entonces. Nada podía hacer temblar más a las autoridades españolas que este papel cuasi subversivo, a pesar de la frágil libertad de impresión, pues en estas páginas se criticaron los vicios de la legislación y la administración españolas hacia sus colonias de ultramar, nunca antes combatidas “con tanto vigor como decoro en muchos artículos notables, y en otros, hasta la historia de la isla empezó a desentrañarse con excelentes glosas y deducciones de las viejas crónicas de Arrate y de Urrutia”, según palabras del historiador Jacobo de la Pezuela. Pero se lamenta de que “aun no estaba preparada la masa del público habanero para esas lecturas serias y juiciosas”, y fue justo la falta de suscriptores lo que condujo al fin de la publicación, en diciembre de 1812.

No pocos números de El Patriota Americano fueron secuestrados de la circulación y la Junta Provincial de Censura debió actuar por el carácter “subversivo” de la publicación, que ofendía las Leyes fundamentales de la monarquía e incluso la propia ley de libertad de imprenta dada por España a sus provincias. El gobierno español vio en peligro “las providencias dadas para las seguridades de esta provincia de Cuba”.

Nada menos que el Capitán General,  Marqués de Someruelos, fue quien, indignado por tanta desobediencia, y ensoberbecido por la aparición del artículo titulado “Un español nacido en el suelo indiano”, de la autoría encubierta de José de Arango y Núñez del Castillo, primo de Francisco de Arango y Parreño y uno de los fundadores de la Sociedad Económica de Amigos del País,  impuso el oficio de denuncia ante la mencionada Junta Provincial de Censura, alegando en su acusación que “los enemigos tratan de alterar la tranquilidad pública de que se goza en este vecindario e Isla, desacreditando las providencias del Magistrado, queriendo subrogar otras que exponen al público, y porque de continuar estos u otros escritos tratando de materias de Gobierno se irían aumentando los prosélitos, como ya se está experimentando, y resultarán daños gravísimos a los mismos vecinos y al servicio del Rey y causa pública”. El Marqués de Someruelos no podía admitir que un criollo, por demás Tesorero General de La Habana, criticara embozadamente en su trabajo el traslado a la capital de un batallón de tropas americanas para cuidar de esta plaza.

Quizá auspiciado por el propio gobernador, aunque no tengo pruebas de ello, El Patriota Americano encontró un débil contendiente en El Frayle, dirigido por el español Francisco Montalvo y Ambulodi, que se propuso “purgar los institutos religiosos de las calumnias del Patriota Americano y destinar el producto del periódico, deducidos los gastos de la imprenta, para mantener uno, o más soldados al mando del inmortal Rovira”, en alusión directa al antes mencionado artículo de José de Arango. Y prometían: “Iremos siempre a la sustancia, no agitaremos cuestiones de poco momento”. Su primer número apareció el 4 de enero de 1812 y llegó hasta el 37. No solamente combatió en sus páginas a El Patriota..., sino también a la masonería, con el fin de impedir el establecimiento en la capital de una logia constituida bajo los auspicios del Gran Oriente de Pennsylvania. Pero El Frayle no mermó la repercusión de El Patriota Americano, muy superior a él y a todos cuantos salieron en aquellos años.

Finalmente, la antes aludida falta de suscriptores terminó con El Patriota Americano. En una “Advertencia” aparecida en su número final, sus redactores señalaban:

Intentábamos continuar esta obra, a lo menos hasta acabar de publicar las noticias y memorias que tenemos sobre la isla de Cuba, que seguramente agradarían. Pero el corto número de los que nos han favorecido, aunque por una parte lisonjea nuestro amor propio por ser casi todos de las personas más conocidas en esta ciudad por su buen gusto, instrucción y talento, sin embargo no es suficiente a cubrir los costos de imprenta. Esta circunstancia nos prueba que aún no ha llegado época propia para esta clase de obras [...] Con todo el deseo de servir a la patria, y nuestro agradecimiento a los señores suscriptores por la liberalidad con que nos han favorecido, nos obliga a dejar la suscripción abierta, resueltos a volver a la empresa por difícil y penosa que sea, siempre que haya un número de suscriptores suficientes.

Lamentablemente no los hubo y los responsables de su publicación, que acogieron en sus páginas a figuras como Francisco de Arango y Parreño, y dio espacio a materias que abarcaron la economía, la moral, las leyes, la filosofía, la política, el comercio y la filosofía, debieron tomar otros caminos, aunque no muy distantes del periodismo, como lo hizo el propio Bergaño, que fundó el Diario Cívico y El Esquife y antes había atendido el citado Correo de las Damas.

El Patriota Americano, cito la valoración que de él se ofrece en el tomo I de la Historia de la Literatura Cubana (2002), “encarnó el ideario liberal del reformismo criollo, abogando por la monarquía constitucional y por el status provincial para Cuba como expresión del autonomismo. También criticó los excesos de la libertad de imprenta por un lado, y, por otro, se cuestionó los verdaderos límites de esa relativa libertad dentro de una sociedad colonial”.

La efímera primera etapa de libertad de impresión dejó en Cuba un saldo de notables periódicos, pero, de todos, El Patriota Americano se coloca a la vanguardia.
 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.