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Suele ser usual que, al
enfrentarse el lector a
un escrito teórico, su
concentración se dirija
hacia el análisis de la
textualidad, las
relaciones internas de
las ideas, los
postulados principales.
Mucho de temor tiene ese
atrincherarse en lo
textual y no mirar
demasiado hacia las
redes dentro de las
cuales todo escrito está
inmerso. Hay que
reconocer que no es
tarea para nada sencilla
estar pendiente de los
vasos comunicantes
múltiples que unen al
autor con sus palabras,
a estas con las dichas
antes, durante y
posterior a ellas; y a
las siempre cambiantes
concretizaciones que en
el acto de lectura se
realizan.
Vista de esta manera, la
estructura textual se
nos presentaría entonces
como un cuerpo vivo que
se comba y se ramifica,
y que no debe nunca
reducirse a la simple
lectura de sus
conexiones internas,
puesto que es parte
conformante de un río
mayor: el de las
palabras y el de los
hombres anclados, de
manera irremediable, a
ellas y a sus procesos
históricos reales.
Esta serie de artículos
son un intento por
entender la trayectoria
de acción y de
pensamiento de un autor
caribeño de influencia
grande sobre el
pensamiento tanto
latinoamericano como
africano y europeo:
Frantz Fanon. Al igual
que otros, como C.L.R.
James o Aimé Césaire,
sus escritos forman una
unidad con su praxis. Su
labor teórica no es,
pues, solo propuestas en
papel y tinta; sino
necesidad sanguínea de
preguntarse a sí y a los
otros por aquello que le
conforma vital y
dolorosamente.
La condición de
colonialidad de los
pueblos otrora sujetos a
metrópolis europeas no
es elucubración de
laboratorio sino
realidad que ha
precisado de ser pensada
y en correspondencia ha
conducido a la acción.
La teoría pensada y
actuada es la marca de
autores como Fanon, en
quien la toma de
conciencia crítica lo
arrastró de la profesión
de psiquiatra a la
entrega del hombre
revolucionario.
Frantz Fanon, nacido en
la isla de Martinica el
20 de julio de 1925,
murió de leucemia con
solo 36 años. Formado
como psiquiatra, fue
enviado en 1953 por el
gobierno francés a la
colonia de Argelia para
fungir como director de
una institución mental
en Blida- Jonville. Sin
embargo, desde su
llegada se afilió al
Frente de Liberación
Nacional argelino,
motivo por el cual fue
expulsado del país. No
se retiró de África,
sino que, comprometido
con las luchas de
liberación argelina se
refugió en la vecina
Túnez, para desde allí
trabajar como miembro de
los servicios de prensa
del recién comenzado
El Moudjahid,
boletín oficial del FLN.
Hasta el momento de su
muerte, con solo 36
años, ya había publicado
dos libros, terminado
uno y escrito lo
suficiente como para
compilar un cuarto:
Peau noire, masques
blancs (1952) y
L'an V de la révolution
algériènne (1959,
reeditado bajo el título
Sociologie d’une
révolution en 1966),
Les damnés de la
terre (1961) y
Pour la révolution
africaine (1964). Es
en la línea marcada por
estos trabajos donde se
aprecia la
radicalización de su
pensamiento, o, mejor,
la universalización de
sus primeras ideas.
En Peau noire,
masques blancs, la
preocupación yace en
explorar las distintas
formas de
“blanqueamiento” de la
subjetividad del negro
caribeño, una vez que se
parte de comprender que
las patologías psíquicas
en las sociedades
colonizadas no se deben
a una “incapacidad
natural” frente al
impacto que implica la
modernización; sino que
son resultado de la
misma configuración
cultural del
colonialismo, puesto que
la colonialidad es la
cara oculta e
inseparable de la
modernidad.
Estas primeras tesis con
respecto a la psicología
del negro caribeño se
extenderán, en Les
damnés de la terre,
hacia consideraciones
mayores sobre los
distintos momentos de la
conciencia y la práctica
del colonizado en
general. En este libro
se evidencian los años
ya consagrados a la
causa argelina: el
compromiso que Fanon
como intelectual asumió
con la lucha por la
descolonización de
Argelia que para él no
fue solo un proyecto
político sino, además,
la posibilidad de
proyectar e implementar
una nueva concepción del
ser humano dentro de
formas de organización
que así lo afirmaran
para todos en igualdad.
Les damnés de la terre
―que fue uno de sus más
influyentes libros―
previene también a los
revolucionarios contra
los riesgos de terminar
reproduciendo el
eurocentrismo y de
permitir a una élite
tomar el poder y
realizar acuerdos
neocoloniales con el
primer mundo. Tales
advertencias no pueden
ser desligadas del duro
golpe que significó para
Fanon el asesinato de
Patrice Lumumba por
fuerzas de su propio
país recién
independizado, el Congo,
apoyadas por los
gobiernos occidentales
(belga, portugués y
norteamericano).1
Entre ambos libros se
ubican los escritos en
relación con la guerra
en Argelia, recogidos en
L'an V de la
révolution algériènne.
Allí Fanon desarrolló la
idea de que si la
sociedad colonial es una
sociedad enferma, es el
proceso de la revolución
quien puede curarla.
Como expondrá luego en
Les damnés de la
terre esto solo será
posible a partir del
establecimiento de
nuevas relaciones
humanas que sean capaces
de superar el deseo de
asimilación cultural a
la otrora metrópoli, el
resentimiento colonial y
todas las formas del
conservadurismo.
Como una serie de textos
circundantes a todos
estos libros pueden
verse los recogidos en
Pour la revolution
africaine, la
edición póstuma, que,
gracias a la ayuda de la
viuda, cuenta con los
numerosos artículos que
Frantz Fanon publicara
no solo en El
Moudjahid (de manera
anónima) sino también en
Afrique Action, y
en la revista francesa
Esprit; así como
la intervención «Racismo
y cultura» en el 1er
Congreso de Escritores y
Artistas Negros,
celebrado en París en
1956, y la carta de
renuncia presentada al
hospital psiquiátrico de
Blide-Joinville en el
mismo año. En estos, en
su mayoría, breves
textos también puede
rastrearse, de manera
paralela a la lectura de
los libros, los vínculos
entre su pensamiento y
su acción.
Señala Nelson
Maldonado-Torres que,
junto con Discours
sur le colonialism
(1950) de Césaire,
Peau noire, masques
blancs y Les
damnés de la terre
son escritos
representativos de lo
que él denomina el
“segundo momento del
giro descolonial”.
Si el primer momento de
giro se evidencia en los
trabajos de autores
norteamericanos como
W.E.B. Du Bois, siendo
sus referentes
históricos de mayor
peso, la Revolución
Haitiana, la Guerra de
Secesión norteamericana
y los Congresos
Panafricanos; en el caso
del segundo momento es
de notar la crisis de
legitimidad que sufre
Europa, a raíz de la
Segunda Guerra Mundial
que implica una crisis
en la conciencia del
colonizado, quien
«dividido y fragmentado
tiene que plantear su
devenir pero ya no puede
contar simplemente con
una tradición autóctona
de antaño o con las
promesas de Europa».2
A ello se ha de sumar
también el peso de las
luchas por la liberación
de las colonias en
África, Asia y el
Caribe, y la Conferencia
de Bandung, en
Indondesia, 1955, donde
se condenaron todas las
formas posibles de
colonialismo y
neocolonialismo,
incluidas aquellas
encabezadas por el, en
aquel momento, mayor
estado socialista: la
URSS.
Los escritos de Fanon
son ancla en su tiempo;
más allá de la palabra
escrita son voz que se
alza con la cadencia del
habla y de la memoria
ancestral, con la fuerza
del grito de los
excluidos. Tal alianza
suya con la palabra
reniega de la
contemplación pasiva; se
lanza a la acción, a la
lucha. Y por más que en
estos tiempos de
descreimiento y
desilusión de la teoría
y de la praxis se
proclame la muerte de
las utopías, la vida
escasa de Fanon nos
muestra la valentía de
proclamar su compromiso
con los condenados de la
tierra.
Notas:
1- Al respecto ver «La
muerte de Lumumba:
¿podíamos actuar de otra
manera?», artículo
publicado en Afrique
Action, núm. 19, 20
de febrero de 1961,
recogido en Por la
revolución africana,
Fondo de Cultura
Económica, México, 1965,
pp. 216-223.
2- Nelson
Maldonado-Torres, «El
pensamiento filosófico
del “giro
descolonizador”», en
Enrique Dussel,
Historia del pensamiento
filosófico
latinoamericano, del
Caribe y «latino»
(1300-2000), CREFAL/
Siglo XXI Editores,
México, 2009, p. 692.
Publicado en
www.casadelasamericas.org/centroestudios/eventos/2011/fanon/
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