La Habana. Año X.
15 al 21 de OCTUBRE
de 2011

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Conversación con Joel Salazar
Hacer rock n’ roll en Cuba
Abel Sánchez • La Habana

Justo cuando terminábamos de conversar, Joel Salazar me preguntó: “¿La entrevista me la has hecho en calidad de músico o de funcionario?” Una pregunta interesante, pues hasta ese momento no había tomado plena conciencia de que ambas profesiones podían combinarse. Él lo ha conseguido. En las noches, quizá no tantas como quisiera, toca el bajo en Ancestor, una banda de Black Metal. De día, es el director de la Casa del Joven Creador La Madriguera, sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en La Habana.

A quien lo haya visto sobre el escenario —cara pintada, tatuajes, pelo suelto acuchillando el aire— le resultará bastante difícil imaginárselo detrás de un escritorio, sepultado en papeles o presidiendo una reunión. Sin embargo, estuve casi toda una tarde tratando, inútilmente, de contactarlo por teléfono, pues se hallaba en una de esas reuniones que uno sabe cuándo comienzan, pero jamás cuándo acaban.

Aunque no le agrade mucho —pues hubiese preferido que solo mencionara que es músico, a fin de cuentas se trata de un oficio con mucho más glamour—, desde el comienzo de la entrevista solamente me interesaba su cargo institucional. Pero, bien mirado, es el interlocutor perfecto para una conversación de esta naturaleza. Quién mejor que un funcionario-rockero para hablar sobre la relación entre la AHS y el rock que se hace en Cuba.

El primer acercamiento de la AHS al rock cubano ocurrió a inicios de los 90. Era un momento en que la manera de asumir el género, ya fuera desde las instituciones culturales o en el ámbito social, muy lentamente, comenzaba a cambiar. Aquellos estigmas, prejuicios y estereotipos que señalaron al rock desde que llegara de importación a la Isla, iban quedando atrás. Esto coincidió con un momento significativo en la evolución musical de las bandas cubanas. Algunas, como Venus, ya desde mediados de los 80 habían abandonado la mímesis extranjera, para arriesgarse a componer sus propios temas y hacerse de un estilo individual.

“Alrededor de los años 90 hubo una apertura hacia el rock y de algún modo se vio a la AHS como la organización que era capaz de canalizarlo a través de un espacio”, explica Salazar. Luego agrega: “Fue una época en que la Asociación jugó un gran papel. Se retomaron muchísimos festivales. Luego,  a partir de la segunda mitad de la década, se hacían festivales en casi todas las provincias del país. En esa apertura de espacios, la Asociación fue la institución protagonista”.

Un protagonismo que, al menos en relación con el rock n’ roll, se ha mantenido hasta hoy. Eso, sin abandonar la concepción de promover, solamente, un arte de vanguardia, experimental, con determinada calidad estética. En el caso específico de la música, los nuevos miembros de la AHS se eligen a través de un jurado integrado por músicos que forman parte de la institución, quienes conocen cuáles son los valores y criterios estéticos que esta persigue.

Actualmente, la gestión de la AHS ha conquistado espacios que hacían suspirar a los rockeros de los 80. He conocido a varios músicos que atribuyen gran parte del éxito en su carrera al trabajo de la institución. En una entrevista, Dionisio Arce, cantante de Zeus, reconocía el modo en que la institución siempre había apoyado al grupo: “Te lo digo de corazón, el Patio de María y la AHS es lo mejor que nos ha pasado en nuestra carrera”1.

Por tanto, para cualquier músico, ya sea que haga rock n’ roll o no, pertenecer a la Asociación ofrece numerosas ventajas. Y estas van mucho más allá de promover el arte joven, como reza su eslogan. De hecho, Joel Salazar cree que ya la frase le queda pequeña, pues la gestión de la AHS también tiene otras implicaciones, en un sentido más práctico:

“En primer lugar, brinda un respaldo institucional, algo que en Cuba es muy importante. Por otra parte, garantiza espacios de promoción a los que un artista le costaría mucho trabajo acceder por sí solo; como la televisión, la radio, medios digitales e impresos, etc. Además, la Asociación ayuda a los músicos en la producción de espectáculos y conciertos.”

“Más allá de la promoción, si, por ejemplo, un grupo necesita un backline o una batería, esas cosas también las gestionamos acá. Y esa también es una manera de promoverlo, pues en la medida de que seamos capaces de apoyar a un grupo para que su presentación quede bien, lo estamos promoviendo de la mejor manera”, asegura.

Pero existe otro motivo que hace a la membresía en la AHS un estatus codiciado. Y es que varios artistas ven en ella un escalón inmediato hacia el sueño común de todos: la profesionalización. Tanto es así que muchos, incluyéndome, siempre hemos creído que constituía una especie de adiestramiento antes de pasar a las ligas mayores. Sobre todo si se tiene en cuenta que, en los últimos años, varios músicos se han vuelto profesionales a través de esta vía. No obstante, Joel Salazar me aclara que esa, en realidad, no es la finalidad de la AHS.

“Lo que sucede es que en un momento determinado la Asociación entendió que podía hacer un poco más por los músicos y sostuvo un diálogo con aquellas instituciones que tenían que ver con la profesionalización de los artistas. Así, les sugirió una serie de agrupaciones que reunían las condiciones para ser profesionales. Por eso, varios músicos creen que este es uno de los objetivos de la institución, aunque en realidad no lo sea.”

Sin embargo, con el movimiento del rock n’ roll, la AHS fue mucho más allá, pues promovió la creación de una agencia que respaldara a las bandas de Cuba:

“Hoy existe una Agencia Cubana de Rock gracias al empuje que se llevó a cabo desde la Asociación. Yuri Ávila, la directora de la Agencia y quien siempre ha sido su principal fuerza motriz, salió de aquí. Es decir, antes trabajaba en la AHS y todas las actividades que realizó la Agencia durante sus primeros cuatro años, se promovieron desde la Asociación.”

Una colaboración que se ha mantenido a lo largo de los años ya que, a fin de cuentas, ambas instituciones trabajan por un mismo objetivo: la promoción del rock que se hace en la Isla.

“Del mismo modo que en las actividades en provincia que organiza la Asociación se presentan bandas que pertenecen al catálogo de la Agencia, también en el Maxim Rock se presentan agrupaciones que aún no son profesionales y que en muchos casos son miembros de la AHS. Ambas instituciones recorren un solo camino”, me explica Salazar.

Entonces, tal vez no sea del todo descabellado preguntar, no al músico, sino al funcionario, si la Asociación no ha participado en las gestiones para proveer a las bandas cubanas de un sello discográfico propio. Aunque, bien pensado, el músico también hubiese podido contestarme. A fin de cuentas, es una carencia que afecta a casi todas las agrupaciones de la Isla.

“Hasta donde tengo entendido —responde—, el proyecto inicial de la creación de la Agencia Cubana de Rock incluía un sello discográfico. Pero, como otras organizaciones en el país, tuvo que establecer prioridades de acuerdo a la economía, y algunos elementos necesarios para funcionar como institución se han quedado un poco más rezagados para priorizar otros. Eso es algo que depende del Instituto Cubano de la Música, al que se subordina directamente la Agencia.”

En cuanto a la programación de los conciertos en el país, más allá de las acciones coordinadas entre ambas instituciones, no existe un circuito nacional de espectáculos que programe los eventos en la Isla. Una descentralización que Joel Salazar ve como algo positivo. Con una lógica irrefutable, me explica que, en la práctica, son los promotores y artistas de cada provincia quienes conocen mejor las características de su público y las demandas de las agrupaciones:

“Son acciones aisladas llevadas a cabo por los promotores que trabajan con el rock en el país. Por ejemplo: la Agencia tiene su circuito, que de algún modo se puede integrar a los festivales de rock que se organizan en las provincias, de una forma u otra ambas se imbrican. Pero no existe una institución que a nivel nacional sea la encargada de promover los conciertos. Creo que así es mucho más práctico porque son más personas trabajando por un fin común y le da un matiz más variado. ¿Te imaginas que todos los festivales de rock en Cuba se organizaran de la misma manera? No existirían eventos como el Atenas Rock en Matanzas, que es un festival completamente atípico en comparación con el resto: se hace en un campismo con la gente en casas de campaña como son los festivales en todo el mundo. Aun así, el resto de los festivales, aunque no se organicen por una misma persona, repiten dinámicas similares: presentaciones de fanzines, exposiciones de tatuajes, conciertos en las noches, etc. Los organizadores de un festival se fijan mucho en otros eventos y tratan de superarlos. Esa especie de competencia que se crea entre los promotores de una provincia y otra, es lo que hace que los eventos sean mejores.”

Lo que nos lleva irremediablemente al festival Caimán Rock, que organiza cada dos años la AHS en La Habana. Aún recuerdo el primero, allá por el 2003, cuando teníamos que ir, a veces en un mismo día, del Anfiteatro de Marianao a La Tropical y de allí hasta los Jardines, forrajeando conciertos. A lo largo de sus cinco ediciones, obviamente ha mejorado en organización y calidad de sonido. No obstante, en esta última, solo vino una banda extranjera, el grupo Piraña, de México. Cifra un tanto escuálida si uno tiene en cuenta que se trata de un festival internacional.

“El Caimán Rock, desde que comenzó, se ha promovido como un festival internacional. Pero si te fijas —me advierte—, La Habana es la ciudad del país que más bandas de rock tiene y, al mismo tiempo, es la única que no tiene un festival de rock anual. De modo que es el Caimán Rock el que viene a suplir este vacío. Por eso fue que decidimos que en esta edición se presentaran la mayor cantidad posible de bandas nacionales, que fueron más de 30.”

“En cuanto a las bandas extranjeras —agrega—, inicialmente habían cuatro confirmadas, hasta que en el último momento solo pudo venir Piraña. Lo que sucede en muchos casos es que todas las agrupaciones que vienen a Cuba, no solo a los eventos de la AHS sino a los de cualquier otra institución, se costean el viaje. Esto es algo que limita el número de agrupaciones invitadas porque no todas pueden asumir ese gasto.

“Otra cosa que queremos mejorar es el sinsentido de que el Caimán sea bianual. Es cierto que lleva un presupuesto bastante alto, pues en la capital todo cuesta más. No se puede hacer un festival en La Habana con la misma cantidad de dinero que se hace en Ciudad Metal en Santa Clara, no es posible. Y eso es lo que obliga a hacerlo cada dos años. Pero es algo por lo que vamos a seguir luchando, pues la capital necesita su festival de rock nacional una vez al año, donde vengan mayormente bandas cubanas, con algunos invitados extranjeros”, remarca esta última frase, quizá para que comprenda que la concepción del festival está cambiando.

Al final, como todo buen friki, acabo comentando sobre lo difícil que es hacer rock n’ roll y los de provincia, lo tienen todavía más duro… Pero me doy cuenta de que Joel, el bajista, no es de los que les gusta quejarse. En realidad, su respuesta aniquila, cortésmente, cualquier tipo de lamento que yo haya intentado aventurar:

“Hacer rock hoy en cualquier parte del mundo es difícil, es algo que se asume como un reto personal y una meta en la que hay que sacrificar muchas cosas. En la medida en que los promotores en los distintos lugares, ya sea los que pertenecen a la AHS, a otras instituciones o aquellos que trabajan de manera independiente, sean capaces de pujar para ganar más espacios, pues estos se abrirán. En la medida en que los artistas, ya sea en las provincias o en la capital, sean capaces de exigir más espacios, los tendrán. La solución no siempre debe partir de las instituciones, el empuje debe ser de los artistas, pues al final se hace por ellos y para ellos.”

 

Nota:

1- http://www.ahs.cu/secciones-principales/musica/noticias/los_van_van_del_rock.html

 

 

 
 
 
 
   
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.