La Habana. Año X.
1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

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Federico García Lorca
(1898-1936)

Elegía

Como un incensario lleno de deseos,
pasas en la tarde luminosa y clara
con la carne oscura de nardo marchito
y el sexo potente sobre tu mirada. 

Llevas en la boca tu melancolía
de pureza muerta, y en la dionisíaca
copa de tu vientre la araña que teje
el velo infecundo que cubre la entraña
nunca florecida con las vivas rosas
fruto de los besos. 

En tus manos blancas
llevas la madeja de tus ilusiones,
muertas para siempre, y sobre tu alma
la pasión hambrienta de besos de fuego
y tu amor de madre que sueña lejanas
visiones de cunas en ambientes quietos,
hilando en los labios lo azul de la nana. 

Como Ceres dieras tus espigas de oro
si el amor dormido tu cuerpo tocara,
y como la virgen María pudieras brotar
de tus senos otra vía láctea. 

Te marchitarás como la magnolia.
Nadie besará tus muslos de brasa.
Ni a tu cabellera llegarán los dedos
que la pulsen como
las cuerdas de un arpa. 

¡Oh mujer potente de ébano y de nardo!
cuyo aliento tiene blancor de biznagas.
Venus del mantón de Manila que sabe
del vino de Málaga y de la guitarra. 

¡Oh cisne moreno! cuyo lago tiene
lotos de saetas, olas de naranjas
y espumas de rojos claveles que aroman
los niños marchitos que hay bajo sus alas. 

Nadie te fecunda. Mártir andaluza,
tus besos debieron ser bajo una parra
plenos del silencio que tiene la noche
y del ritmo turbio del agua estancada. 

Pero tus ojeras se van agrandando
y tu pelo negro va siendo de plata;
tus senos resbalan escanciando aromas
y empieza a curvarse tu espléndida espalda. 

¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente!
Virgen dolorosa que tiene clavadas
todas las estrellas del cielo profundo
en su corazón ya sin esperanza. 

Eres el espejo de una Andalucía
que sufre pasiones gigantes y calla,
pasiones mecidas por los abanicos
y por las mantillas sobre las gargantas
que tienen temblores de sangre, de nieve,
y arañazos rojos hechos por miradas. 

Te vas por la niebla del otoño, virgen
como Inés, Cecilia, y la dulce Clara,
siendo una bacante que hubiera danzado
de pámpanos verdes y vid coronada. 

La tristeza inmensa que flota en tus ojos
nos dice tu vida rota y fracasada,
la monotonía de tu ambiente pobre
viendo pasar gente desde tu ventana,
oyendo la lluvia sobre la amargura
que tiene la vieja calle provinciana,
mientras que a lo lejos suenan los clamores
turbios y confusos de unas campanadas. 

Mas en vano escuchaste los acentos del aire.
Nunca llegó a tus oídos la dulce serenata.
Detrás de tus cristales aún miras anhelante.
¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma
al sentir en el pecho ya cansado y exhausto
la pasión de una niña recién enamorada! 

Tu cuerpo irá a la tumba
intacto de emociones.
Sobre la oscura tierra
brotará una alborada.
De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos
y de tus senos, rosas como la nieve blancas.
Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas,
como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas. 


Nocturno del hueco

Para ver que todo se ha ido, 
para ver los huecos y los vestidos, 
¡dame tu guante de luna, 
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío!

Puede el aire arrancar los caracoles 
muertos sobre el pulmón del elefante 
y soplar los gusanos ateridos 
de las yemas de luz o las manzanas.

Los rostros bogan impasibles 
bajo el diminuto griterío de las yerbas 
y en el rincón está el pechito de la rana 
turbio de corazón y mandolina.

En la gran plaza desierta 
mugía la bovina cabeza recién cortada 
y eran duro cristal definitivo 
las formas que buscaban el giro de la sierpe.

Para ver que todo se ha ido 
dame tu mudo hueco, ¡amor mío! 
Nostalgia de academia y cielo triste. 
¡Para ver que todo se ha ido!

Dentro de ti, amor mío, por tu carne, 
¡qué silencio de trenes bocarriba!
¡cuánto brazo de momia florecido! 
¡qué cielo sin salida, amor, qué cielo!

Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa 
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante. 
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente 
para que broten flores sobre los otros niños.

Para ver que todo se ha ido. 
Para ver los huecos de nubes y ríos. 
Dame tus manos de laurel, amor. 
¡Para ver que todo se ha ido!

Ruedan los huecos puros, por mí, por ti, en el alba 
conservando las huellas de las ramas de sangre 
y algún perfil de yeso tranquilo que dibuja 
instantáneo dolor de luna apuntillada.

Mira formas concretas que buscan su vacío. 
Perros equivocados y manzanas mordidas. 
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fósil 
que no encuentra el acento de su primer sollozo.

Cuando busco en la cama los rumores del hilo 
has venido, amor mío, a cubrir mi tejado. 
El hueco de una hormiga puede llenar el aire, 
pero tú vas gimiendo sin norte por mis ojos.

No, por mis ojos no, que ahora me enseñas 
cuatro ríos ceñidos en tu brazo, 
en la dura barraca donde la luna prisionera 
devora a un marinero delante de los niños.

Para ver que todo se ha ido 
¡amor inexpugnable, amor huido! 
No, no me des tu hueco, 
¡que ya va por el aire el mío!
¡Ay de ti, ay de mí, de la brisa! 
Para ver que todo se ha ido.


II

Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo, 
crines de ceniza. Plaza pura y doblada.

Yo. 
Mi hueco traspasado con las axilas rotas. 
Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.

Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo. 
Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.

Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo. Rodeado 
de espectadores que tienen hormigas en las palabras.

En el circo del frío sin perfil mutilado. 
Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.

Yo. 
Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen. 
Ecuestre por mi vida definitivamente anclada.

Yo.
No hay siglo nuevo ni luz reciente. 
Sólo un caballo azul y una madrugada.


Federico García Lorca: Poeta, dramaturgo y prosista español, también conocido por su destreza en muchas otras artes. Adscrito a la llamada Generación del 27, es el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX. Como dramaturgo, se le considera una de las cimas del teatro español del siglo XX, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo. Murió ejecutado tras la sublevación militar de la Guerra Civil Española.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.