La Habana. Año X.
1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

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Ciertas palabras con Leo Brouwer

Pedro de la Hoz • La Habana

Fotos: Iván Soca

No descubro absolutamente nada cuando afirmo que Leo Brouwer (La Habana, 1939) ha aportado a la música cubana páginas de enorme significación universal sustentadas en un pensamiento intelectual lúcido y abarcador. Si de alguien se puede hablar en términos de auténtica vanguardia es del autor de La espiral eterna.

De modo que toda conversación con el músico trasciende el ámbito de los sonidos para transitar por los caminos de la reflexión, la inteligencia y la originalidad. Como la que en varios momentos hemos sostenido por estos días, al margen de las conferencias de prensa en las que ha informado acerca del III Festival de Música de Cámara Leo Brouwer que por su iniciativa inunda La Habana de novedades y grávidas propuestas.

Un primer acercamiento tuvo que ver con la dedicatoria de una de las jornadas del Festival a la memoria de José Ardévol en el centenario de su nacimiento, el músico catalán que se asentó en Cuba a finales de los años 30 del siglo pasado, asumió cátedra en el Conservatorio Municipal de La Habana, lideró en los años 40 el Grupo de Renovación Musical y tras el triunfo de la Revolución, participó activamente junto con Nicolás Guillén en la fundación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

“Ardévol es uno de los grandes incomprendidos y olvidados en la historia musical cubana. Si al salir de España hubiera desembarcado en Nueva York o Buenos Aires, estoy seguro otro hubiera sido el destino de su obra. Pero lo hizo en Cuba, en medio conservador, donde era difícil, después de la muerte de Roldán y Caturla, avanzar nuevas ideas. Al repasar su música, pienso en Stravinski, por la elaboración intelectual de las armonías y la experimentación con la estructura interna del discurso musical. Su catálogo tiene obras en las que reflejó esto con mayor fortuna que en otras, y esas son las que deben rescatarse. En vida, lo sabemos, Ardévol fue un hombre de una disciplina tenaz y unos principios inflexibles. En buen cubano, caía mal. Aunque lo respetaban. Pero eso influyó en que se marginara su obra hasta cierto punto. Es hora de que rindamos a Ardévol el tributo que merece.”

En la trama del Festival, se observa una gama estética variada, sobre la base de que a Leo le gusta proponer músicas que no suelen frecuentarse en las salas de concierto. Y llama la atención, en el concepto de cámara, la inclusión de jazz y rock, de Síntesis a Chucho Valdés. 

“La innovación y la sorpresa se pueden hallar en cualquier parte. No es privativa de lo que fue la hermosa y rabiosa vanguardia de los 60, ni de lo que ha venido después, eso que llamamos posmodernismo, concepto que ha sido mal explicado, mal entendido y muy tergiversado. Para mí ser posmoderno es tener la capacidad de articular lenguajes y estilos contradictorios con coherencia. La música de Chucho es algo más que jazz, es una revolución dentro de la música cubana, en tanto sintetizó los legados recibidos de aquí y de otras partes y los desarrolló hasta un nuevo estadio que no termina, puesto que sigue muy activo. Cuando Síntesis, antes de ser lo que es ahora, tenía como punto de partida el cuarteto Tema IV, podíamos advertir ya un salto de calidad que dinamitó los esquemas de cierta manera de hacer en la llamada música popular. No solo en este tipo de música, sino en todas hay una tendencia natural a la repetición de fórmulas. Yo saludo a todo aquel que intente romper esas normas. Te pongo el ejemplo de Vivaldi. Hasta él, la secuencia solo admitía tres pasos. Pero Vivaldi cometió la barbaridad de ampliar la secuencia. Hoy día lo hacen, por distintos motivos que no comentaré, compositores como Michel Legrand. Ah, pero Vivaldi lo hizo para ejercitar a sus discípulas en la ornamentación barroca y le salieron obras estupendas. Ernán López-Nussa, que estará reinventando en el Festival la música de Chucho, junto con un excepcional guitarrista flamenco, José Manuel Hierro, es un buen ejemplo de no amarrarse a los esquemas. Es uno de los jazzistas más inteligentes de nuestro medio y si se junta con seres superdotados como el baterista Enrique Pla y el bajista Gastoncito Joya, ya se verá el resultado.”

En otro momento provoco a Leo: ¿Por qué una obra suya, un noneto para cuarteto de cuerdas y quinteto de vientos, lleva la referencia a Cumming?

“Cumming, o como él firmaba ‘e. e. cumming’, en minúscula, es uno de los más extraordinarios poetas norteamericanos del siglo XX, muy poco conocido en español, por las dificultades de su traducción. Un músico no debe cocinarse en su propia salsa. Tiene que leer, ver arte, observar la arquitectura, conocer a los filósofos. No como disciplina, sino por placer intelectual. Tales experiencias enriquecen las propias vivencias musicales y ese es mi caso. En cuanto a la poesía norteamericana, después de Walt Whitman, yo recomiendo disfrutar a cumming, pero también a William Carlos Williams.”

Y última provocación: ¿No sientes a veces que ya todo lo que ibas a inventar en la música lo has hecho?

“Dos notas nunca son iguales. El sonido y el silencio tienen posibilidades infinitas de combinación. Por cierto, estoy tentado a escribir una obra con dos notas solamente. Quizá con una sola.”     

 
 
 
 
   
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.