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No descubro
absolutamente nada
cuando afirmo que Leo
Brouwer (La Habana,
1939) ha aportado a la
música cubana páginas de
enorme significación
universal sustentadas en
un pensamiento
intelectual lúcido y
abarcador. Si de alguien
se puede hablar en
términos de auténtica
vanguardia es del autor
de La espiral eterna.
De modo que toda
conversación con el
músico trasciende el
ámbito de los sonidos
para transitar por los
caminos de la reflexión,
la inteligencia y la
originalidad. Como la
que en varios momentos
hemos sostenido por
estos días, al margen de
las conferencias de
prensa en las que ha
informado acerca del III
Festival de Música de
Cámara Leo Brouwer que
por su iniciativa inunda
La Habana de novedades y
grávidas propuestas.
Un primer acercamiento
tuvo que ver con la
dedicatoria de una de
las jornadas del
Festival a la memoria de
José Ardévol en el
centenario de su
nacimiento, el músico
catalán que se asentó en
Cuba a finales de los
años 30 del siglo
pasado, asumió cátedra
en el Conservatorio
Municipal de La Habana,
lideró en los años 40 el
Grupo de Renovación
Musical y tras el
triunfo de la
Revolución, participó
activamente junto con
Nicolás Guillén en la
fundación de la Unión de
Escritores y Artistas de
Cuba (UNEAC).
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“Ardévol es uno de los
grandes incomprendidos y
olvidados en la historia
musical cubana. Si al
salir de España hubiera
desembarcado en Nueva
York o Buenos Aires,
estoy seguro otro
hubiera sido el destino
de su obra. Pero lo hizo
en Cuba, en medio
conservador, donde era
difícil, después de la
muerte de Roldán y
Caturla, avanzar nuevas
ideas. Al repasar su
música, pienso en
Stravinski, por la
elaboración intelectual
de las armonías y la
experimentación con la
estructura interna del
discurso musical. Su
catálogo tiene obras en
las que reflejó esto con
mayor fortuna que en
otras, y esas son las
que deben rescatarse. En
vida, lo sabemos,
Ardévol fue un hombre de
una disciplina tenaz y
unos principios
inflexibles. En buen
cubano, caía mal. Aunque
lo respetaban. Pero eso
influyó en que se
marginara su obra hasta
cierto punto. Es hora de
que rindamos a Ardévol
el tributo que merece.”
En la trama del
Festival, se observa una
gama estética variada,
sobre la base de que a
Leo le gusta proponer
músicas que no suelen
frecuentarse en las
salas de concierto. Y
llama la atención, en el
concepto de cámara, la
inclusión de jazz y
rock, de Síntesis a
Chucho Valdés.
“La innovación y la
sorpresa se pueden
hallar en cualquier
parte. No es privativa
de lo que fue la hermosa
y rabiosa vanguardia de
los 60, ni de lo que ha
venido después, eso que
llamamos posmodernismo,
concepto que ha sido mal
explicado, mal entendido
y muy tergiversado. Para
mí ser posmoderno es
tener la capacidad de
articular lenguajes y
estilos contradictorios
con coherencia. La
música de Chucho es algo
más que jazz, es una
revolución dentro de la
música cubana, en tanto
sintetizó los legados
recibidos de aquí y de
otras partes y los
desarrolló hasta un
nuevo estadio que no
termina, puesto que
sigue muy activo. Cuando
Síntesis, antes de ser
lo que es ahora, tenía
como punto de partida el
cuarteto Tema IV,
podíamos advertir ya un
salto de calidad que
dinamitó los esquemas de
cierta manera de hacer
en la llamada música
popular. No solo en este
tipo de música, sino en
todas hay una tendencia
natural a la repetición
de fórmulas. Yo saludo a
todo aquel que intente
romper esas normas. Te
pongo el ejemplo de
Vivaldi. Hasta él, la
secuencia solo admitía
tres pasos. Pero Vivaldi
cometió la barbaridad de
ampliar la secuencia.
Hoy día lo hacen, por
distintos motivos que no
comentaré, compositores
como Michel Legrand. Ah,
pero Vivaldi lo hizo
para ejercitar a sus
discípulas en la
ornamentación barroca y
le salieron obras
estupendas. Ernán López-Nussa,
que estará reinventando
en el Festival la música
de Chucho, junto con un
excepcional guitarrista
flamenco, José Manuel
Hierro, es un buen
ejemplo de no amarrarse
a los esquemas. Es uno
de los jazzistas más
inteligentes de nuestro
medio y si se junta con
seres superdotados como
el baterista Enrique Pla
y el bajista Gastoncito
Joya, ya se verá el
resultado.”
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En otro momento provoco
a Leo: ¿Por qué una obra
suya, un noneto para
cuarteto de cuerdas y
quinteto de vientos,
lleva la referencia a
Cumming?
“Cumming, o como él
firmaba ‘e. e. cumming’,
en minúscula, es uno de
los más extraordinarios
poetas norteamericanos
del siglo XX, muy poco
conocido en español, por
las dificultades de su
traducción. Un músico no
debe cocinarse en su
propia salsa. Tiene que
leer, ver arte, observar
la arquitectura, conocer
a los filósofos. No como
disciplina, sino por
placer intelectual.
Tales experiencias
enriquecen las propias
vivencias musicales y
ese es mi caso. En
cuanto a la poesía
norteamericana, después
de Walt Whitman, yo
recomiendo disfrutar a
cumming, pero también a
William Carlos Williams.”
Y última provocación:
¿No sientes a veces que
ya todo lo que ibas a
inventar en la música lo
has hecho?
“Dos notas nunca son
iguales. El sonido y el
silencio tienen
posibilidades infinitas
de combinación. Por
cierto, estoy tentado a
escribir una obra con
dos notas solamente.
Quizá con una sola.”
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