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Para Freddy Artiles y
todos los que han
contribuido
al desarrollo y
la promoción del teatro
de títeres nacional
José Ramón Camejo
González, más conocido
como Pepe Camejo, fue
uno de los pioneros del
títere profesional en
Cuba en los años 50. Su
trabajo marcó un antes y
un después en el teatro
de figuras nacional.
Pepe fue un hombre
teatral completo: actor
titiritero, dramaturgo,
director artístico y
diseñador. En esta
última especialidad, fue
donde acumuló mayores
celebraciones y
resultados.
Quien conozca, en vivo o
en fotografías, su obra
plástica para el retablo
iniciada en el lejano
1949, advertirá el
desarrollo ascendente de
su estilo, el camino
iluminado de su
creación. Sí la
influencia de las
imágenes de las
películas de Walt Disney,
que ya inundaba las
pantallas del mundo
desde los años 30, es
notoria en sus primeros
muñecos, es también
evidente el salto que
provoca en su estética
el encuentro, en los
años 60, con el mundo
titiritero de los países
socialistas. Prueba de
ello son sus diseños
para espectáculos como
Shangó de Ima, Don
Juan, La Celestina, El
mago de Oz, Ibeyí Añá o
La corte de Faraón.
A esa primera etapa de
tanteos y definiciones
pertenece Kiki Televiqui,
un títere de televisión,
con las mismas orejas
redondeadas y
prominentes de su
hermano Pelusín del
Monte. La nariz, sin
embargo, todavía sigue
siendo similar a una
nariz humana, en el
estilo de la de los
enanitos de la Blanca
nieve o del
Pinocho, ya niño, de
los Dibujos Animados de
Disney. A esos tiempos,
y tanto a la televisión
como al teatro,
pertenecen la muñeca
Libélula, negrita
simpática y
dicharachera, que asumió
siempre con efectividad
la mismísima Carucha
Camejo, hermana de Pepe,
e igualmente notable
actriz, titiritera,
dramaturga, directora
escénica e
investigadora. El Señor
Mascuello, heredado de
los textos para títeres
de García Lorca,
imaginado de manera
original por el propio
Camejo, entre otros
personajes zoomorfos y
antropomorfos. Todos
crearon un universo
pictórico titeril que
aún daría más, mucho
más.
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Libélula, títere
de la televisión
y el teatro en
los años 50 |
Esa imagen que todos
conocemos de Pelusín del
Monte, de orejas
paradas, cachetes
pronunciados, enormes
ojazos y boca de melón,
fue enriqueciéndose
paulatinamente en toda
la muñequería de Camejo.
A veces eran títeres
trigueños; otras,
morenos; o rubios, como
este Pelusín guajiro, de
cabello como las pelusas
amarillas del maíz, de
ahí el nombre
inolvidable y pegajoso.
Nunca los muñecos de
Pepe sufrieron ninguna
discriminación por parte
del propio artista, sus
creaciones eran
similares al ajiaco de
razas que conforman
nuestra cultura y
nuestra población. El
encuentro con Dora
Alonso, en 1956, fecha
de fundación del
entonces Guiñol Nacional
de Cuba, produjo no solo
este personaje campesino
como su escritora, a
mucha honra, sino a la
abuela María Pirulí y
toda una tropa de amigos
y animales que
continuaron en activo en
la escena cubana hasta
la década de los 60, los
70, los 80, los 90, y
continúan aún en el
siglo XXI.
En la televisión, estuvo
el Peluso durante dos
años, mediante la serie
Las aventuras de
Pelusín del Monte
(1961-1963) dirigida por
Julito Lot, luego vuelve
a aparecer en los 90 en
una serie que
homenajeaba a la Alonso
por sus 80 años, y
nuevamente en la serie
Despertar con Pelusín,
en 2009, esta vez con
dirección de Julio
Cordero y guion del
investigador, profesor,
dramaturgo y Doctor en
Ciencias sobre Arte
Freddy Artiles, amante,
conocedor y defensor del
teatro titiritero
nacional y
universal, cuya tesis
doctoral se inspiró en
la permanencia de
Pelusín del Monte y
Pérez del Corcho como
títere en escena, para
nombrarlo, con
autorizada opinión:
títere nacional de
Cuba. Si sumamos
además la presencia del
Patatuso en los libros
de lectura escolar para
niños, comprenderemos el
arraigo de este muñeco
en la cultura popular de
todo el país.
Al Pelusín de Pepe y
Dora, que nace con la
voz entrañable de Marta
Falcón, y la animación
de Carucha Camejo, le
apareció un nuevo
hermano en la
televisión, que aunque
no trascendió como el
campesinito a otros
espacios de las artes,
fue también muy popular
y hondamente cubano. Su
nombre era Amigo, un
encanto de niño,
diseñado también por
Camejo, animado esta vez
por Ulises García, actor
titiritero del Guiñol
Nacional de Cuba. La
voz, era la de la
popular locutora y
actriz Consuelito Vidal,
y a nivel plástico
exhibía algunas
variaciones en su
estética con respecto al
campesinito matancero.
Si Amigo, con sus
cuentos narrados por
Estrellita en el
programa Amigo y sus
amiguitos, siempre el
títere cambiándose de
vestuario, permanece hoy
en la nostalgia de
muchas niñas y niños de
ayer, y de vez en cuando
es resucitado por el
juglar Pedro Valdés Piña
en su espectáculo
Recuerdos de mi infancia,
Pelusín sigue ahí, para
demostrar que hay
personajes que poseen
una huella indeleble e
intemporal. Lo mismo
sucede con el Mister
Punch inglés, en activo
todavía en los retablos,
y con Don Cristóbal,
títere popular andaluz,
que gracias a las piezas
dramáticas de Lorca,
continúa en los
repertorios de
muchísimas compañías que
apuestan por los
espectáculos con
figuras. Alelé, títere
nacido en el Teatro
Nacional de Guiñol, en
1963, fue también obra
de Pepe Camejo, luego su
animador Ulises García
lo lleva a la televisión
cubana en los años 80,
en un espacio matinal de
mucho arraigo.
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Los hermanos
Camejo y Pepe
Carril con sus
títeres en los
años 50 |
Hermanos todos estos
muñecos, pertenecen a
los bronces del mejor
teatro de títeres
nacional. Unos vitales
como Pelusín, y otros
solamente evocados. Pepe
Camejo debe estar feliz
de sus hijos, son tan
nacionales como la
palma, la mariposa
blanca y el tocororo.
Todos están hechos de
una misma sustancia, de
una misma masa, mezcla
de risa, ingenuidad,
pasión y cubanía. Quien
escuche en el siglo XXI
la guitarra inmortal del
criollito Pelusín, rubio
como el sol cubano,
presente ahora mismo en
las creaciones del
Guiñol de Camagüey, los
Títeres de Nueva Línea,
el Grupo Paquelé o
Teatro de Las
Estaciones, sentirá los
ecos de otros títeres
que le antecedieron y
sucedieron y que ya no
están. Su voz les dará
voz a sus hermanos y
revivirá la de Pepe
Camejo, maestro, hacedor
de sueños, hombre, niño,
titiritero inmortal. |