La Habana. Año X.
1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

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Pelusín del Monte y Amigo,
dos títeres de Pepe Camejo
Rubén Darío Salazar • Matanzas

Para Freddy Artiles y todos los que han contribuido
al desarrollo y la promoción del teatro de títeres nacional

José Ramón Camejo González, más conocido como Pepe Camejo, fue uno de los pioneros del títere profesional en Cuba en los años 50. Su trabajo marcó un antes y un después en el teatro de figuras nacional. Pepe fue un hombre teatral completo: actor titiritero, dramaturgo, director artístico y diseñador. En esta última especialidad, fue donde acumuló mayores celebraciones y resultados.

Quien conozca, en vivo o en fotografías, su obra plástica para el retablo iniciada en el lejano 1949, advertirá el desarrollo ascendente de su estilo, el camino iluminado de su creación. Sí la influencia de las imágenes de las películas de Walt Disney, que ya inundaba las pantallas del mundo desde los años 30, es notoria en sus primeros muñecos, es también evidente el salto que provoca en su estética el encuentro, en los años 60, con el mundo titiritero de los países socialistas. Prueba de ello son sus diseños para espectáculos como Shangó de Ima, Don Juan, La Celestina, El mago de Oz, Ibeyí Añá o La corte de Faraón.

A esa primera etapa de tanteos y definiciones pertenece Kiki Televiqui, un títere de televisión, con las mismas orejas redondeadas y prominentes de su hermano Pelusín del Monte. La nariz, sin embargo, todavía sigue siendo similar a una nariz humana, en el estilo de la de los enanitos de la Blanca nieve o del Pinocho, ya niño, de los Dibujos Animados de Disney. A esos tiempos, y tanto a la televisión como al teatro, pertenecen la muñeca Libélula, negrita simpática y dicharachera, que asumió siempre con efectividad la mismísima Carucha Camejo, hermana de Pepe, e igualmente notable actriz, titiritera, dramaturga, directora escénica e investigadora. El Señor Mascuello, heredado de los textos para títeres de García Lorca, imaginado de manera original por el propio Camejo, entre otros personajes zoomorfos y antropomorfos. Todos crearon un universo pictórico titeril que aún daría más, mucho más.


Libélula, títere de la televisión y el teatro en los años 50

Esa imagen que todos conocemos de Pelusín del Monte, de orejas paradas, cachetes pronunciados, enormes ojazos y boca de melón, fue enriqueciéndose paulatinamente en toda la muñequería de Camejo. A veces eran títeres trigueños; otras, morenos; o rubios, como este Pelusín guajiro, de cabello como las pelusas amarillas del maíz, de ahí el nombre inolvidable y pegajoso. Nunca los muñecos de Pepe sufrieron ninguna discriminación por parte del propio artista, sus creaciones eran similares al ajiaco de razas que conforman nuestra cultura y nuestra población. El encuentro con Dora Alonso, en 1956, fecha de fundación del entonces Guiñol Nacional de Cuba, produjo no solo este personaje campesino como su escritora, a mucha honra, sino a la abuela María Pirulí y toda una tropa de amigos y animales que continuaron en activo en la escena cubana hasta la década de los 60, los 70, los 80, los 90, y continúan aún en el siglo XXI.

En la televisión, estuvo el Peluso durante dos años, mediante la serie Las aventuras de Pelusín del Monte (1961-1963) dirigida por Julito Lot, luego vuelve a aparecer en los 90 en una serie que homenajeaba a la Alonso por sus 80 años, y nuevamente en la serie Despertar con Pelusín, en 2009, esta vez con dirección de Julio Cordero y  guion del investigador, profesor, dramaturgo y Doctor en Ciencias sobre Arte Freddy Artiles, amante, conocedor y defensor del teatro titiritero nacional y universal, cuya tesis doctoral se inspiró en la permanencia de Pelusín del Monte y Pérez del Corcho como títere en escena, para nombrarlo, con autorizada opinión: títere nacional de Cuba.  Si  sumamos además la presencia del Patatuso en los libros de lectura escolar para niños, comprenderemos el arraigo de este muñeco en la cultura popular de todo el país.

Al Pelusín de Pepe y Dora, que nace con la voz entrañable de Marta Falcón, y la animación de Carucha Camejo, le apareció un nuevo hermano en la televisión, que aunque no trascendió como el campesinito a otros espacios de las artes, fue también muy popular y hondamente cubano. Su nombre era Amigo, un encanto de niño, diseñado también por Camejo, animado esta vez por Ulises García, actor titiritero del Guiñol Nacional de Cuba. La voz, era la de la popular locutora y actriz Consuelito Vidal, y a nivel plástico exhibía algunas variaciones en su estética con respecto al campesinito matancero. Si Amigo, con sus cuentos narrados por Estrellita en el programa Amigo y sus amiguitos, siempre el títere cambiándose de vestuario, permanece hoy en la nostalgia de muchas niñas y niños de ayer, y de vez en cuando es resucitado por el juglar Pedro Valdés Piña en su espectáculo Recuerdos de mi infancia, Pelusín sigue ahí, para demostrar que hay personajes que poseen una huella indeleble e intemporal. Lo mismo sucede con el Mister Punch inglés, en activo todavía en los retablos, y con Don Cristóbal, títere popular andaluz, que gracias a las piezas dramáticas de Lorca, continúa en los repertorios de muchísimas compañías que apuestan por los espectáculos con figuras. Alelé, títere nacido en el Teatro Nacional de Guiñol, en 1963, fue también obra de Pepe Camejo, luego su animador Ulises García lo lleva a la televisión cubana en los años 80, en un espacio matinal de mucho arraigo.


Los hermanos Camejo y Pepe Carril con sus títeres en los años 50

Hermanos todos estos muñecos, pertenecen a los bronces del mejor teatro de títeres nacional. Unos vitales como Pelusín, y otros solamente evocados. Pepe Camejo debe estar feliz de sus hijos, son tan nacionales como la palma, la mariposa blanca y el tocororo. Todos están hechos de una misma sustancia, de una misma masa, mezcla de risa, ingenuidad, pasión y cubanía. Quien escuche en el siglo XXI la guitarra inmortal del criollito Pelusín, rubio como el sol cubano, presente ahora mismo en las creaciones del Guiñol de Camagüey, los Títeres de Nueva Línea, el Grupo Paquelé o Teatro de Las Estaciones, sentirá los ecos de otros títeres que le antecedieron y sucedieron y que ya no están. Su voz les dará voz a sus hermanos y revivirá la de Pepe Camejo, maestro, hacedor de sueños, hombre, niño, titiritero inmortal.

 
 
 
 
   
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