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La guerra ha sido
declarada; aunque
probablemente nadie
pueda identificar
quiénes son “los buenos”
y “los malos”. Durante
años las partes
involucradas en el
actual conflicto
trataron de entorpecer,
de una u otra forma, el
desarrollo de sus
rivales; pero nunca
antes el mundo de las
nuevas tecnologías había
vivido un enfrentamiento
tan directo entre
compañías que buscan, a
través de las demandas
judiciales por el
control de las patentes,
obtener mayores cuotas
de mercados tan
prometedores como el de
las tabletas
electrónicas y los
teléfonos inteligentes.
Los protagonistas de la
guerra son empresas muy
poderosas y los duelos
se publicitan
ridículamente en no
pocos medios de
comunicación: Samsung
vs. Apple; todos vs.
Google. ¿Argumentos?
Amparados en el deseo de
“proteger sus
propiedades”, los
abogados de estas
empresas han convertido
a las cortes de varios
países en campos de
batallas donde intentan
demostrar que sus
clientes poseen las
patentes de software y
hardware de productos
tan demandados como las
tabletas y los teléfonos
inteligentes. ¿Propósito
de los conflictos?
Evitar que la
“competencia” pueda
vender sus dispositivos
y así no perder cuotas
de mercado.
¿Estrategia de las
empresas? Patentar hasta
las ideas más
controvertidas o
simplemente comprar a
otras compañías que
posean un gran número de
patentes, para así
garantizar una ventaja
sobre los rivales. No
obstante, en el
tratamiento a las
patentes también hay
diferencias, pues, por
ejemplo, Microsoft
quiere que le paguen un
porcentaje de dinero
cada vez que se utilice
una; mientras Apple es
más radical y cerrada:
sus “propiedades” no se
alquilan.
Primer escenario:
Samsung contra la
“manzana mordida”
Este el enfrentamiento
más extendido. Los dos
rivales se acusan de
violar patentes y copiar
diseños, por lo que
dirimen en la actualidad
22 procesos judiciales
en nueve países. Apple
“abrió primero el fuego”
con una demanda contra
Samsung porque creyó que
la empresa sudcoreana
copiaba en sus teléfonos
las variantes
tecnológicas de los
distintos Iphone y luego
exigió que la popular
tableta Galaxy —el
principal competidor del
Ipad— dejara de
venderse, por los mismos
motivos.
Samsung replicó
rápidamente y demandó a
Apple por violaciones de
sus patentes
relacionadas con las
aplicaciones para la
transmisión de datos y
también con la reducción
de la interferencia en
otros dispositivos
móviles. La gran mayoría
de los juicios todavía
no tiene una solución
definitiva; aunque ya un
juez dictaminó que, por
el momento, la Galaxy
10.1 no podía venderse
en Australia ni en
Alemania, porque esta
tableta “tenía un diseño
demasiado parecido al
iPad de Apple.”
Tal vez lo más curioso
de esta batalla judicial
sea que Samsung todavía
es el principal
proveedor de Apple. La
empresa asiática fabrica
los chips diseñados por
los ingenieros de la
“manzana”; pero los
conflictos por las
patentes parece que
resquebrajaron la
confianza mutua —no era
para menos— y en
Cupertino decidieron
buscar a un nuevo socio,
la compañía TSMC.
Segundo escenario: todos
vs. Google
A Google también le
preocupa y mucho las
disputas por los
derechos de propiedad de
las aplicaciones. Esto
ha llevado al líder
mundial en las búsquedas
por Internet a invertir
decenas de millones de
dólares en la compra de
patentes a IBM e ir
todavía más lejos con la
adquisición de Motorola
Mobility.
Google teme que Apple o
Microsoft, sus grandes
rivales en el mercado de
los teléfonos
inteligentes, traten de
bloquear el desarrollo
del sistema operativo
Android —presente en
casi el 50 % de los
smartphones— a
través de las demandas
judiciales por el uso de
las patentes.
Para evitar sustos y
costosos procesos
judiciales, Google
adquirió de IBM más de
mil patentes y con los
casi nueve mil millones
de euros invertidos en
Motorola Mobility
aseguraron el control de
otras 17 mil licencias.
Además, Google
estableció una
interesante alianza con
Intel que producirá los
próximos procesadores de
los teléfonos de Google.
La guerra por las
patentes no se dirime
solo entre empresas de
las nuevas tecnologías.
La fiebre de las
demandas se extendió
hasta la industria
automotriz y la compañía
surcoreana LG pretende
impedir en ese país la
venta de los autos
alemanes BMW y Audi,
porque supuestamente el
fabricante Osram había
violado las patentes de
tecnología LED, que
“pertenecen” a LG.
Entre tantos enredos
judiciales es difícil
arribar a conclusiones.
Cada una de las partes
intenta presentarse como
la “víctima” de
continuos robos; sin
embargo, la idea de
emplear a las patentes
como “arma principal”
contra la competencia
parece una sucia
estrategia. En esa
guerra por el control de
mayores cuotas de
grandes mercados como el
de las tabletas y los
teléfonos inteligentes
al parecer los únicos
que perdemos… el tiempo
somos los usuarios de
Internet. |