Octubre es un mes
importante para el
pintor cubano Dausell
Valdés:
ha
sido invitado a exponer
en la
Casa Amarilla,
institución
perteneciente a la
cancillería de la
República Bolivariana de
Venezuela, una muestra
titulada La voz de
los vientos.
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El sueño |
La exposición, que tiene
un carácter
retrospectivo, se
exhibirá posteriormente
en el Museo Nacional de
Bellas Artes, de
Caracas, y luego viajará
hacia varios estados
venezolanos —como
Maracaibo y Maracay,
entre otros— lo que
constituye para Dausell
(Pinar del Río, Cuba, 16
de enero de 1967)
“un verdadero privilegio
y una gran
responsabilidad”.
Horas antes de partir
hacia la capital
venezolana, el artista
—de paso por La Habana
donde ultimaba detalles
relacionados con el
catálogo y otros
aspectos vinculados con
la muestra— tuvo la
amabilidad de conversar
en exclusiva con La
Jiribilla y afirmó
que la exposición está
conformada por más de 35
obras.
¿Tamaños?
Hay piezas de grande,
mediano y pequeño
formatos y en el
trascurso de la muestra,
pienso ir incorporando
otras obras, incluso,
algunas de carácter
objetual. Unas las
concebiré en Venezuela y
otras las realizaré en
Cuba y, posteriormente,
se agregarán. Es un
intento de ir renovando
la exposición.
Las obras están
realizadas en acrílico
sobre lienzo, en óleo
sobre lienzo, en tinta
sobre cartulina y
acuarela sobre
cartulina, es decir, son
varios soportes y
materiales. ¿Cuál es el
hilo conductor en cuanto
a técnicas?
Las tintas y las
acuarelas son bocetos de
obras que,
posteriormente, fueron
llevadas al lienzo. Lo
que pretendo es que los
espectadores aprecien
parte del proceso de
creación desde que se
concibe la primera idea
hasta cómo queda,
finalmente, la obra.
Toda esa trayectoria la
he dejado plasmada en
esos estudios-bocetos
que son tintas en
cartulinas y acuarelas
en cartulina.
El mostrar esos trabajos
(que es como
desnudarse), ¿qué puede
tener de provechoso para
el espectador?
Lo más interesante es
enseñar el proceso de
creación. Cuando una
obra se concluye, es
decir, cuando se
entrega, se convierte en
un objeto más: deviene
suerte de mercancía,
pero lo más importante
es el transcurso y que
el espectador se vaya
identificando con el
proceso mental y el
estudio que uno va
realizando hasta que,
por fin, logras lo que
deseas. Eso no quiere
decir que ese es el
único resultado al que
se puede llegar. Una
idea tiene muchas
lecturas y de una idea
se puede concebir una
serie. Eso es lo que
trato de conseguir.
Hacer visible a los
demás ese proceso de
creación del artista, es
decir, la inconformidad
durante el tiempo de
realización de una obra
puntual.
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Levitación y
reposo |
Hay algunos artistas que
prefieren el acrílico
por su secado rápido;
otros, el óleo porque
brinda más posibilidades
de trabajar
calmadamente; otros, se
inclinan por las tintas
debido a la gran fuerza
que tienen; y los menos,
por la acuarela…
Me considero un artista
que está experimentando
constantemente y siento
que soy sumamente
inconforme. Hay quienes
me han preguntado ¿cuál
consideras que es tu
mejor obra?, ¿de qué
obra te has enamorado? Y
contesto lo siguiente:
no me gusta ninguna. Y
soy sincero. Jamás estoy
conforme con lo que hago
y pienso que puedo dar
mucho más y, quizá, eso
es lo que me lleva a
experimentar
constantemente y a ir
encontrando otras
soluciones. A veces
empiezo a trabajar con
acrílico y termino con
óleo porque el óleo te
da grandes posibilidades
con las transparencias.
Por lo general, los
artistas contemporáneos
mezclan estas dos
técnicas. A veces, el
acrílico lo trabajo con
transparencias como si
fuera la acuarela. En mi
obra siempre han estado
muy unidos tanto el
dibujo como las aguadas
—ya sea con acrílico o
con óleo—. Lo más
importante en el proceso
de creación no es la
técnica empleada.
Primero hago una
selección del material,
del soporte y, luego, me
concentro en otras cosas
que van surgiendo, es
decir, esa revisión
constante de la creación
misma. La técnica es un
asunto mecánico y lo
importante es el
resultado final y no si
lo lograste con acrílico
o con óleo o con
acuarela.
Otros artistas me han
comentado que a la
acuarela le tienen mucho
respeto…
Cuando voy a comenzar
una obra nueva, no
espero lo que va a
suceder y el día que lo
espere no continuaré.
Crear en una
experimentación
constante, es la
sensación de saltar al
vacío y uno preguntarse
qué va a suceder. Soy
muy atrevido y sé que la
técnica de la acuarela
es, de todas, la más
difícil. Eso lo aprendí
de Pedro Pablo Oliva que
es mi maestro desde el
año 1978 —tenía 12 años
cuando empecé en el
nivel elemental de artes
plásticas—, y él nos
ponía a trabajar con la
acuarela. Recuerdo que
entregaba los materiales
y quitaba el blanco y
nos preguntábamos por
qué lo hacía si él usaba
el blanco en el óleo,
pero es que son técnicas
absolutamente
diferentes. Considero
que cuando uno ha tenido
un buen maestro, no hay
nada de qué asustarse.
¿Se reconoce, entonces,
discípulo de Pedro Pablo
Oliva, Premio Nacional
de Artes Plásticas?
Sí y aún continúo
considerándome su
alumno. En lo personal
somos muy buenos amigos
y conversamos mucho,
intercambiamos
experiencias, le pido
criterios y consejos.
Siempre lo voy a
considerar mi maestro,
aún cuando no puedo
negar que he tenido la
ayuda de otros muchos
artistas que, en un
momento determinado, me
han servido de gran
apoyo como Fabelo,
Rancaño, Kcho y
otros pintores pinareños
como Juan Suárez Blanco
y Julio César Banasco. A
todos les debo, pero
—que no se ponga bravo
nadie— le agradezco
infinitamente a Pedro
Pablo Oliva.
Alguien lo ha calificado
como “el pintor de las
ideas” o “el pintor del
pensamiento”. ¿Sobre qué
bases considera se
asienta esta
afirmación?
No me considero un
pintor de paisajes
propiamente —como muchos
otros artistas de Pinar
del Río, provincia en la
que vivo— y que asumen
el género como medio de
expresión.
Efectivamente, me siento
un pintor de ideas, si
bien es cierto que el
medio en que habito ha
influido y que incluye
la naturaleza, es decir,
la representación de la
naturaleza como vía de
expresión: lo acepto y
lo asumo. El paisaje es
el pretexto para plasmar
una idea —no estoy
criticando porque no
solamente en Pinar del
Río sino en toda Cuba
hay muy buenos
paisajistas—, pero no me
interesa el paisaje
contemplativo o
naturalista.
¿Un paisaje más
comprometido con el
hombre?
Exactamente, más
comprometido, más
renovador, más
estimulador del
pensamiento. Un paisaje
que sirva para afirmar o
para cuestionar el
propio comportamiento
del ser humano.
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El
pensamiento
visible |
¿Sobre qué bases se ha
concebido la curaduría?
Las cuestiones que
tienen que ver con la
curaduría y la
museografía se las dejo
a otros especialistas.
Por ejemplo, hay una
obra que se titula “La
filosofía del disparate”
en la que aparece
una simple sombrilla que
intenta evitar una
lluvia de piedras: ¡un
disparate, como tantos
que existen en este
mundo!; “La voz de los
vientos” —que es esa
enorme roca flotando con
dos micrófonos—
alegórico no solamente
al discurso político,
sino al discurso que
tiene que ver con el
amor, con lo poético y
con lo artístico y a su
vez es un absurdo ¡una
piedra flotando!; “El
pensamiento visible”,
que es un signo de
interrogación hecho con
un paisaje levitando
sobre el mar…
Pero ¿en esta muestra
vuelve la figura humana
a imbricarse en el
paisaje?
Considero que esa fue
una etapa pasada. Lo que
sucede es que esta
exposición tiene un
carácter de
retrospectiva y aparecen
obras realizadas en el
año 2000 y hasta la
fecha, pero eso lo dejé
de hacer hace mucho
tiempo.
Luego de esta exposición
¿algún otro proyecto?
Hace un tiempo estoy
tratando de consolidar
el proyecto comunitario
Monte soy —que es tomado
de un poema de Martí— en
el Consejo Popular donde
resido, en Pinar del
Río, que incluye unos 31
mil habitantes; es el
Consejo Popular más
densamente poblado de la
provincia y, sin
embargo, no posee un
centro cultural. Monte
soy contará con un
círculo de interés de
pintura, de literatura y
de teatro, entre otras
manifestaciones y se
hará realidad gracias a
los apoyos recibidos por
el Partido y el gobierno
de la provincia.
También existe otro
proyecto colectivo con
artistas profesionales
de la localidad. En
estos momentos estamos
tratando de construir un
parque de esculturas
llamado Descanso en el
arte porque los
bancos serán las propias
esculturas de diferentes
artistas y la gente se
sentará a reposar sobre
una obra de arte.
También soñamos en la
venidera Bienal
Internacional de Artes
Plásticas de La Habana,
hacer una exposición
colateral en Pinar del
Río. Tengo pensado
exponer el año que viene
en La Habana porque
siento que es una deuda
no cumplida con el
Historiador de la
Ciudad, el doctor
Eusebio Leal.
Me da la impresión de
que está buscando la
tridimensión ¿me
equivoco? o ¿acaso será,
en el futuro, una nueva
línea de trabajo?
Cuando cursé estudios en
el nivel elemental,
siempre sentí una gran
atracción hacia la
escultura. Incluso, me
gustaba más que la
pintura, pero por
limitaciones de espacio
terminé haciendo la obra
bidimensional. Creo que
llegó el momento del
cambio: lo necesito
porque mi espiritualidad
me lo está demandando.
En estos momentos, me
encuentro en un proceso
de maduración.
¿Florecerá, acaso, un
Dausell escultor?
Sería muy interesante,
pero no estoy seguro, no
obstante, haré el
intento. Aún no me
siento totalmente
conforme con lo que he
logrado hasta hoy.
Siento que puedo dar
más.
¿Qué le hace mantenerse
fiel a Pinar del Río?
Es mi contexto y allí
nací. Es el lugar donde
está mi familia, mis
amigos, mis raíces.
Simplemente siento que
ese es mi sitio y que el
pueblo pinareño me
necesita: si todos los
que “salimos adelante”
—como dice la gente en
la calle— abandonamos la
provincia, nunca
podremos avanzar. Es una
cuestión de elección
personal. Y está hecha.
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