La Habana. Año X.
1ro al 7 de OCTUBRE
de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Berta, una de las imprescindibles
Amado del Pino • La Habana

En casi nada coincidimos de manera rotunda los que nos dedicamos a seguir, estudiar, a veces podría decir amar la historia del teatro cubano del siglo XX. Sin embargo, teatrólogos y creadores parecemos estar de acuerdo en que hay tres nombres básicos en la dirección escénica: Vicente Revuelta, Roberto Blanco y Berta Martínez.

La obra de este trío de maestros daría para todo un grueso libro y ya ha sido objeto de tesis de licenciaturas en el Instituto Superior de Arte. Esta mañana de domingo —con Vallecas, barrio obrero de Madrid, en la ventana y La Habana en la cabeza— me limitaré al recuerdo rápido de estos creadores y dejaré unas leves notas sobre la obra de Berta, que anda de cumpleaños 80.


Bodas de sangre, 1979

En el 2009 cuando tocó la fiesta de Vicente no pude evitar mandar unas notas para el evento que se organizó en Casa de las Américas. Ahí confesaba una impresión que ahora repito. Cuando en los festivales nacionales de teatro en mi querido Camagüey, Vicente entraba al restaurante, tomaba a Tania de la mano y a su pregunta de qué me ocurría, le contestaba: “Es que acaba de entrar Vicente Revuelta”. Puede parecer excesiva solemnidad mía. Recuérdese que se trata de la hora de almuerzo rápido y bullicioso entre colegas. Con nadie más me ha ocurrido en nuestro ámbito. Lo que pasa es que ese hombre delgado y casi alto; con más días y años silencioso que locuaz puso a Cuba en hora con el mundo del teatro; ahondó en teorías y las llevó a la práctica, demostró en su propia piel cómo se puede ser un actor hondo, sabio, virtuoso.

Con Roberto Blanco tuve más confianza personal. Nos dimos algún trago en las tardes del Potín, allá en la callé Línea. Roberto murió bastante antes de rozar los 80. Hombre de amplias lecturas, traductor, fundador de grupos era tal vez de estos tres grandes en el que el magisterio y el poder aglutinador emergían con más claridad. Vicente ha sido el pionero, el hermano mayor, el primer depositario de la vanguardia pero por razones de carácter su legado se transmite de una forma más sutil.

En Berta Martínez se conjugan también la formidable actriz y la directora ya clásica dentro de nuestro panorama. Comenzó con un excelente texto: La casa vieja, de Abelardo Estorino y es una lástima que no haya frecuentado más la dramaturgia nacional. Eso sí, bastaría con su ciclo lorquiano para tenerla entre los nombres imprescindibles. Nunca olvidaré el estreno y las primeras funciones de Bodas de sangre, año 1979 -1980. ¡Cuánta sabiduría  en la interpretación de García Lorca! ¡Qué manera honda y nada esquemática de llevar su ideario marxista a imágenes teatrales preciosas y concretas!

Aquella puesta en escena de Bodas… se convierte en un robusto referente por multitud de elementos. El ámbito escénico precioso y vinculado íntimamente con las ideas en juego; las luces hermosas y expresivas y —tal vez sobre todo— el despliegue de un elenco de lujo. No sé cuántas funciones disfruté para asistir a las pasiones de este Lorca con esencia cubana a través del Leonardo, de Adolfo Llauradó; La Novia, de Isabel Moreno; El Novio, de Pancho García y esa Madre negra —caribeña y muy lorquiana a la vez— de Hilda Oates. El montaje de Bodas… como el de El precio, de Arthur Miller de Vicente o la Mariana— otra vez Federico entre nosotros—, de Roberto Blanco, son tesoros que uno guarda en ese ideario de espectador que nutre la poética de los que nos dedicamos a “pensar en público”, como me diría Roberto en una entrevista también inolvidable.

Estamos ante una creadora que da mucho valor a todo lo que esté sobre un escenario. Me dijo en una ocasión algo que otros han dicho de forma similar pero nadie más poética y precisa: “El vestuario es como la piel de los personajes”. Se refiere a la escena con la misma pasión que a su Yaguajay de la infancia —bastante cerca en kilómetros y sensibilidad de mi Tamarindo—, ese pueblo de la antigua provincia de Las Villas que la artista recuerda como “muy lorquiano”.

A la Berta actriz la he disfrutado menos. No tuve edad para ver su Muda, de Madre Coraje y sus hijos. Donde —como tantos habaneros de más de 40 años— pude apreciar su virtuosismo fue en la Lala Fundora, de Contigo pan y cebolla, la rotunda comedia de Héctor Quintero. Ahí nos dejó una lección de verdad escénica, primorosa cadena de acciones, alternancia de lujo entre la palabra y el gesto.

Y no quiero seguir hablando de teatro, que tanto como la escena amo al periodismo y sus líneas exactas. Decir por último que entrevistar a Berta ha sido también una delicia y que le deseo muy felices 80 a ella y reflexiones hondas a nuestra teatrología con un pretexto tan agradable como este cumpleaños.

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

Berta Martínez, una vida consagrada al teatro

 

LA JIRIBILLA Nro. 66
Virgilio en peso
(Centenario del natalicio de Virgilio Piñera)

 

LA JIRIBILLA Nro. 288
Bertolt Brecht
(Teatro, épica, compromiso)

 

LA JIRIBILLA Nro. 422
80 Revueltas: dos homenajes

 

LA JIRIBILLA Nro. 483
Actrices de la "nueva escena" cubana
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.