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"...los amores cobardes
no llegan a amores ni a
historias,
se quedan ahí, ni el
recuerdo los puede
salvar,
ni el mejor orador
conjugar."
Es este uno de los
versos que más ha
marcado mi vida dentro
de la vasta poesía del
trovador Silvio
Rodríguez, y es, por
supuesto, el primero que
vino a mi mente cuando
terminé de leer la
respuesta a un
internauta puesta en su
blog Segunda Cita
y la
carta que, de conjunto
escribiera con Pablo
Milanés en el año 1986,
ante una provocación de
Carlos Alberto Montaner,
el mismo que hoy
arremete contra Silvio
para ponerlo en lo que
llama “andanada oficial
contra Pablo Milanés”.
No es andanada oficial,
es la defensa a toda
prueba del AMOR, así,
con mayúsculas, el que
Silvio ha profesado
durante toda su vida con
valentía, honestidad y
en consecuencia con sus
principios. No es un
amor cobarde el de
Silvio, es el amor que
hay que recordar y
repensarse para sostener
los más sagrados valores
de esta Revolución, la
misma que ha defendido
con su guitarra y sus
poemas-canciones a pie
de obra, desde aquel día
en que cantó “te doy una
canción y digo patria”,
otro verso convertido en
trinchera para todos
los cubanos que creemos
en lo que estamos
fundando y ayudando a
crecer más y más. Es la
continuación de una obra
que no ignora su
historia ni la sangre
derramada para que hoy
podamos mirar a nuestros
hijos crecer con
dignidad.
Es el mismo Silvio que,
en nombre del amor,
hoy
le canta a los barrios
desde el escenario más
humilde; el que le lleva
su
mensaje de
solidaridad y paz a los
encarcelados por la
causa que fuere y sin
distinción, allí, en las
prisiones donde cumplen
su sanción; el mismo que
hace la gira por la
patria, que la sabe
imperfecta pero es la
nuestra.
Es el que le recuerda a
su antiguo compañero de
batalla que a la patria
se le ama y se le juzga
para verla crecer desde
nosotros mismos —"la
Patria es ara y no
pedestal" como dijo
Martí— y no desde
escenarios foráneos
donde, en todo caso,
habría que cantar "amo
esta isla, soy del
Caribe, jamás podría
pisar tierra firme
porque me inhibe"…
versos de Pablo que se
inscribieron en la
historia de este pueblo
hace más de veinte años.
Soy parte de una
generación de la joven
musicología cubana que
creció arropada por la
ternura de las canciones
de Teresita Fernández
pero también con la
energía y la fuerza de
la nueva propuesta
musical y poética del Grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC, que
promulgaba cambios en la
estética musical de la
trova y que cantaba a la
par de los procesos
revolucionarios que se
gestaban, guitarra y
fusil al hombro, mirada
limpia y segura, paso
firme y andar de prisa.
Así conocimos "La era
está pariendo un
corazón" y "Un hombre se
levanta" de Silvio
Rodríguez, esta última
interpretada por Sara
González; "Canción por
la unidad
latinoamericana" de
Pablo Milanés; "Créeme" de Vicente Feliú;
"Es más te perdono" de
Noel Nicola; entre
tantas otras creadas en
un movimiento que nos
enseñó a pensar y
también, por qué no, a
defender la revolución
desde la música, desde
la cultura, desde el
AMOR. El amor que, en
este mundo de hoy,
globalizado, cruel y
despiadado, no perdona
los amores cobardes.
Por eso, ante la ira y
el dolor de todo lo que
ha sido escrito y dicho;
ante la cínica
exhortación a que los
cubanos recuperemos la
coherencia ética y la
libertad afectiva,
levanta la mano el poeta
de estos tiempos y te
veo llegar de entre los
muchos que no
renunciaremos a morir
como hemos vivido.
Gracias Silvio, una vez
más. |