La Habana. Año X.
3 al 9 de SEPTIEMBRE de 2011

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Jorge Bermúdez regresa a Conrado Massaguer

En busca de un ilustre desconocido

Paquita Armas • La Habana

Imágenes de Conrado Massaguer

Conrado W. Massaguer, hombre de múltiple desempeño en la primera mitad del siglo XX, ha sido poco reconocido por sus numerosas dotes como caricaturista, diseñador y publicista, entre otras profesiones. De ese inmerecido (casi) olvido lo rescata el Dr. Jorge R. Bermúdez con su libro Conrado W. Massaguer. República y Vanguardia. Es este villaclareño por nacimiento el Presidente de la Cátedra de Gráfica Conrado W. Massaguer de la Universidad de La Habana y no desiste en su empeño por contribuir a que el famoso dibujante y hombre —caracterizado por su buen vestir según cuentan— ocupe el lugar que merece en la historia de las artes visuales en Cuba. 
 

Usted se ha dedicado sobre todo al estudio del diseño y la fotografía en Cuba. Si tuviese que seleccionar la mejor revista del siglo XX ¿estaría Social entre las primeras? ¿Por qué?

Por supuesto. No solo estaría entre las primeras, sino que le daría el primer lugar. Ninguna otra revista de su tipo en el pasado siglo, tuvo más sostenida calidad y homogeneidad en cuanto a diseño y contenido en nuestro periodismo cultural. 

¿Cómo llega usted a Conrado W. Massaguer?

Todo el que estudie la cultura visual cubana de la primera mitad del siglo XX, necesariamente, tiene que encontrarse con Massaguer. Luego, si su interés va más allá de la simple lectura, comprenderá que su protagonismo como caricaturista, editor, periodista, publicitario y hombre de empresa llena uno de los espacios más representativos de la gráfica de comunicación cubana del período republicano.   

¿Fue Massaguer el mejor caricaturista de la república o su dibujo forma parte de una obra en conjunto que lo destaca como diseñador, publicista y promotor?

Más exacto es decir que Massaguer está entre los mejores caricaturistas cubanos de todos los tiempos, lo que no es poca cosa teniendo presente la obra de Víctor Patricio de Landaluze, Rafael Blanco, Eduardo Abela, Juan David y José Luis Posada, por solo citar a cinco de los más notables de las pasadas centurias. No obstante, Massaguer fue algo más que un relevante caricaturista, si tenemos presente que fue el editor de tres revistas emblemáticas Gráfico, Social y Carteles, a más de Cinelandia y Pulgarcito, revista esta última, que aún espera por los estudiosos de nuestra literatura infantil. Social fue órgano del Minorismo, grupo que asumió por casi un decenio los postulados de la vanguardia gráfica y literaria del país. En sus páginas se dieron a conocer, en el ámbito nacional e internacional, figuras como Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, José Z. Tallet, Jorge Mañach, Alejo Carpentier y Miguel de Carrión, por solo mencionar algunos de los nombres que pronto destacarían en la historia de la literatura cubana del período republicano. Entre los corresponsales y colaboradores de Social pueden citarse escritores como Alfonso Reyes, José Carlos Mariátegui y Alfonso Hernández Catá. Sus páginas recogieron artículos inéditos de José Martí, Miguel de Unamuno, Tagore, Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Gregorio Marañón, Mariátegui, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Alfonsina Storni, entre muchos otros de Hispanoamérica y el resto del mundo. En sus 20 años de vida (1916-1933; 1935-1938) se computan no menos de 230 números, aproximadamente. No se puede entender del todo la Revista de Avance, sin la contribución que en tal sentido hizo Social a la literatura y las artes visuales del país —entiéndase, ilustración, caricatura, fotografía, diseño gráfico [tipografía, diseño de interiores] y artes plásticas—.  
 


"Don Fernando Ortiz"

¿A qué se debió el silencio expositivo de Massaguer que abarca desde 1947, cuando expone en la Casa Cultural de las Católicas Cubanas, hasta 1986, fecha en que se organiza la exposición 70 Aniversario de la Revista Social, en la Galería de Reproducciones de Arte Universal de Colón, en Matanzas?

A 40 años de haberse iniciado como caricaturista en el periódico yucateco La Campana, de la ciudad de Mérida, es comprensible que su capacidad creativa disminuyera; lo que no significó que Massaguer dejara de crear hasta años antes de su muerte, ocurrida el 18 de octubre de 1965. En 1943, cuatro años antes de la fecha citada, concibió la caricatura más popular de la segunda guerra mundial, “El doble nueve”, partida de dominó entre los líderes de los Aliados (Roosevelt, Churchill y Stalin) y los del Eje (Hitler, Mussolini e Hiroito), dando ganador a los primeros cuando todavía no había nada decidido para ninguno de los bandos en conflicto. De “los grandes” de su tiempo —pensamos en Blanco, Valls, García Cabrera, Sirio, Abela, Her-Car—, él fue el único que se mantuvo activo como caricaturista en el periodismo nacional de los 40 y 50. En El Mundo, por ejemplo, tenía los espacios Massaguericaturas, Massaguerías y En esta Habana nuestra que compartía con su alter-ego “Don Gual”. A inicios de 1949 concluyó, por razones económicas, la última de sus revistas, Desfile. Y en enero de 1959, lanzó su último libro de caricaturas ¿Voy bien, Camilo? Tenía entonces 70 años de edad. Cuenta Juan David, que al nombrarlo el Gobierno revolucionario Consejero Cultural de la Embajada de Cuba en París, fue a despedirse de Massaguer, y ya enfermo  —moriría al año siguiente—, todavía soñaba con reeditar Social. 
 


"El doble nueve"

¿Considera a ¿Voy bien, Camilo? un libro menor? ¿Por qué hubo tanta indiferencia ante la publicación de estas caricaturas?

En ¿Voy bien, Camilo?, Massaguer caricaturizó a casi todos los protagonistas del proceso insurreccional triunfante el 1ro. de enero de 1959, destacándose entre estas las realizadas a los líderes históricos de la Revolución cubana, Fidel y Camilo, en la escena que ilustra la portada, y las de Raúl y Che —cuyo referente es una de las fotos de Perfecto Romero, primeras en internacionalizar la imagen del Guerrillero Heroico. Sin embargo, tal esfuerzo no significó un nuevo despegue en su trayectoria artística. Si algo pone en claro la concepción de este pequeño libro, es que el hecho mismo de la Revolución lo sobrepuja como ciudadano; luego, lo descolocará como artista. Con todo, fue de los que se quedó, aunque fue olvidado a los 70 años de edad. Explicar este periodo harto difícil de su vida, me tomó buena parte de los contenidos del Epílogo de mi libro. Remito al lector a dicho texto, para que tenga una idea mejor de la comentada etapa, y, sobre todo, para que comprenda por qué es el más conocido de los creadores cubanos olvidados. 

Usted acaba de publicar Conrado W. Massaguer. República y Vanguardia, ¿acaso se puede ver como un acto de justicia con un artista prácticamente olvidado?
 

Es un acto de justicia. Y un nuevo paso en el camino hacia la recuperación de este gran artista, sin cuya obra no sería posible comprender en toda su magnitud la historia del arte cubano del período republicano. También es una contribución —junto a otros esfuerzos y textos meritorios de la pasada centuria— a la revalorización de la caricatura, una de las manifestaciones que más ha hecho por nuestra alfabetización visual y elevación ideoestética.
 


"Diego Rivera"

 
 
 
 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.