En la sala Rubén
Martínez Villena, en la
sede la Unión de
Escritores y Artistas de
Cuba (UNEAC) en la
capital cubana, fue
presentado el documental
Isaac…, del
realizador Carlos E.
León. Se trata de un
sintético recuento a
través de varias aristas
de la vida y la obra del
gran guitarrista y
profesor cubano Isaac
Nicola. Hijo de Clara
Romero, la fundadora de
la llamada Escuela
cubana de guitarra,
Isaac constituye uno de
nuestros baluartes en la
enseñanza y la historia
del instrumento en
nuestro país, desde la
primera mitad del siglo
XX y hasta nuestros
días.
En sus palabras previas
a la presentación, León
ofreció detalles de la
realización de este
material. Gracias a la
llegada a su casa, en
manos de uno de sus
hijos, del libro
Isaac, maestro de
maestros, del
también guitarrista y
compositor Aldo
Rodríguez, surgió la
idea para este trabajo.
El libro, como relató
León y se muestra luego
en el filme, es una
larga entrevista que
realizara el
guitarrista, alumno de
Nicola por demás, a su
profesor. También se
refirió a la amabilidad
de Aldo, al permitir que
los textos de su libro,
leídos como en la voz de
Isaac, constituyeran la
guía a través de la cual
se desplaza la película.
Igualmente, el
realizador agradeció,
además de este gesto, la
participación activa y
el entusiasmo del
guitarrista. León
también hizo referencia
a que esta idea le
abordó tras haber
finalizado el documental
Así como soy, una
obra sobre Noel Nicola,
único hijo del maestro
Isaac y, además, uno de
nuestros más relevantes
trovadores.
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El guionista y director
quiso hacer patente su
agradecimiento a la
colaboración y empeño de
su equipo, donde destacó
los nombres de Esther
García Mariño, en la
producción, y el de ese
maestro de la fotografía
cubana, como destacara
León, llamado Raúl
Rodríguez. También dio
las gracias a todos los
asistentes a la muestra
y en especial a Clara
Nicola, por su amistad y
toda su ayuda en el
momento del trabajo. “Y
para poder tenerte
siempre a la distancia
del teléfono, y poderte
decir: Estoy trabado con
una armonía de una
canción de Ela O´Farrill;
tengo perdido un acorde:
¿Cuándo paso por tu
casa?”, concluyó, antes
de la exhibición.
El documental recorre
necesarias explicaciones
familiares, las
intervenciones varias de
Clara Nicola, hermana
del protagonista
reseñado y otra de
nuestras maestras de
guitarra, y las
opiniones del propio
Aldo Rodríguez y de ese
gigante músico que es
Jesús Ortega, también en
su momento alumno de
Isaac.
Asimismo, brinda una
muestra panorámica de la
vida de Isaac Nicola,
sus largos periplos por
Europa y su relación con
grandes creadores, solo
mentar a guisa de
ejemplo ente varios
otros a Joaquín Rodrigo
o a Emilio Pujol, a
quien Isaac asumió como
su maestro. Más tarde,
el material aborda sus
vitales aportes a la
escuela cubana de
guitarra.
En este rubro, es
positivo subrayar que
Isaac Nicola, no solo
jugó un rol fundamental
como profesor y en la
ocupación de diversos
cargos de dirección,
desde distintos
conservatorios hasta la
creación del Instituto
Superior de Arte (ISA),
sino que además, legó a
la pedagogía cubana del
instrumento, un
importante método de
enseñanza, en el que
trabajó justo hasta su
fallecimiento.
Es de aplaudir que
nuestros realizadores
del audiovisual se
acerquen a figuras tan
importantes de nuestra
música y de la cultura
en general, como es la
del maestro Isaac
Nicola. El siempre
temible paso de los
años, más otros males
que nos acechan para
desvirtuarnos la
historia, necesita
recuentos como estos, y
resulta en extremo
válido para nuestra
memoria colectiva, para
la imprescindible
constancia de nuestro
devenir, que queden
asentados registros como
el que ofrece este
documental. Ante la
constante avalancha de
ídolos de momentáneo
barro y de figuras
desechables, para usar y
botar, que el mercado
nos ofrece desde sus
vitrinas, la mención a
los verdaderos pilares
de nuestra cultura, es
más necesaria que nunca.
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Enhorabuena entonces
para Carlos E. León por
este material y
esperemos que sea pronto
exhibido en nuestros
cines o en cualquiera de
nuestros programas
musicales televisivos.
Ojalá otros realizadores
se monten en este
entusiasmo y por igual
nos devuelvan a la
memoria el hacer y la
permanencia de alguna de
las muchas figuras
vitales de nuestro
devenir creativo como
nación.
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