La Habana. Año X.
27 de AGOSTO al
2 de SEPTIEMBRE de 2011

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CONVERSANDO CON AMADO DEL PINO Y ALEJANDRO PALOMINO,
ANTE EL ESTRENO DEL PREMIO CARLOS ARNICHES 2008

Cuatro menos para mojarnos los pies

Marianela González • La Habana

Fotos: Maribel Amador

ANDRÉS. ¿Y qué me queda? ¿Quieres que me acomode en mi rinconcito seco y me ponga a rezar para que el agua no me moje los pies?

TAMARA.  Yo necesito pensar en mí, ser egoísta. Me quedan unos años para parir. Mi hijo no cambiará ninguna cifra, pero será el mío. Y aquí no cabe.

ANDRÉS. ¿Aquí? ¿Dónde? ¿En este cuarto? ¿En este país? (Bajito, trémulo) ¿En mi cabeza?

TAMARA.  El último de esos lugares para mí es lo primero. (Silencio.

Es un fragmento de la primera puerta de Cuatro menos, el texto con que el dramaturgo cubano Amado del Pino conquistara en el año 2008 el Premio Internacional Carlos Arniches (Alicante, España). El próximo viernes 2 de septiembre conocerá las tablas, de la mano del director cubano Alejando Palomino y el conjunto Vi-Tal Teatro, en la sala Tito Junco del Centro Cultural Bertolt Brecht. Allí ensayan, por estos días, el cierre de la trilogía que inauguraran con Triángulo y En falso. Cuatro menos es la primera obra cubana laureada en los 35 años de creado el Premio y que, al decir de Palomino, marcará una diferencia en el reconocimiento dentro de Cuba del autor de Penumbra en el noveno cuarto      

Desde Tren hacia la dicha, la producción dramática de Amado del Pino lo ha consolidado entre las voces emblemáticas del teatro cubano contemporáneo. Transcurrieron muchos años entre aquel éxito rotundo de 1987 y la continuidad de su obra para la escena. El autor de Cuatro menos llegó a ser confundido con un egresado de la Facultad de Periodismo, acaso por la centralidad que confirió en ese período al ejercicio del criterio. Hoy reside entre La Habana y Madrid, donde incesantemente ha hurgado en las conexiones entre el poeta español Miguel Hernández y nuestro Pablo de la Torriente; pero, “mentalmente”, se siente “parte de la cultura y la vida diaria cubanas”. 

No es necesario que Amado nos lo recuerde. Culmina otra jornada de ensayos y el propio Palomino ratifica una constante entre las inquietudes del autor, expuestas a flor de piel por cada uno de los actores que dirige: “la realidad de los cubanos, el destino de la nación en contraste con los sucesos internacionales. Esas preocupaciones se han mantenido en los tres textos que hemos montado; pero están muy acentuadas en Cuatro menos. Como ha dicho el crítico teatral cubano Osvaldo Cano, esta obra es un punto obsesivo, polémico, en la dramaturgia de Amado del Pino. Él venía desarrollando un estilo sobre la base de la poesía de la crudeza, pero aquí hay una invitación a la polémica, al debate. Su centro de gravedad es la discusión, la movilización del pensamiento hacia un camino mucho más armónico y revolucionario, como dice el propio personaje de Andrés”. 

ANDRÉS. (Obsesivo) ¿Cómo me van a pedir que mienta?

TAMARA. Según los periódicos y la cabecita de tu jefa, la culpa es otra vez de las       mujeres. Queremos ser tantas cosas y tener tanto poder que cerramos las piernas.

ANDRÉS. Y los hombres tampoco queremos responsabilidad.

TAMARA. Bueno, es verdad que muchos se sienten padres porque hacen una llamadita a la semana y dan cuarenta pesos.

ANDRÉS. La mitad de los ochenta…  

Durante más de cuatro horas, desafiando con rigurosidad el calor de una tarde de agosto en La Habana, Vi-Tal Teatro ensaya Cuatro menos en el Brecht. En un pequeño espacio que les sirve de escenario y hogar, Néstor Jiménez ―en el cuerpo de un Andrés temperamental, representante de una generación que a 50 años corteja una Revolución que es la suya― y Laura Moras ―en la piel de Tamara, una mujer cubana que con 35 años de edad saca cuentas de lo que aún no consigue―, protagonizan una escena que a las distintas generaciones de actores, técnicos, periodistas que ocupan las butacas del teatro se nos antojó de una fuerza brutal. Una vez que el director y el dramaturgo prescindieron de algunos fragmentos del texto original, en función de la agilidad de la puesta, cada minuto en escena condensa una significación poderosa. La capacidad comunicativa de los diálogos nos sorprende en un aplauso que preludia, sin duda, el parteaguas del próximo 2 de septiembre.

En momentos en que Cuba entera hurga en las posibilidades de continuar el proyecto social sostenido por más de medio siglo, Amado da a luz seis criaturas de nuestro tiempo. Apenas cuatro espacios de la cotidianidad del cubano ―dos habitaciones y un banco de parque, donde las ideas más íntimas se comparten en absoluta complicidad; y un aeropuerto, umbral donde comienza a concretarse una posibilidad más allá de nuestros bordes― bastan a Andrés (Néstor, Jorge Ferdecaz y Alejandro Palomino, en elencos alternos), Tamara (Laura y Janny Martín), el Pollo (Enrique Bueno y Kelvin Espinosa), Susana (Nora Elena Rodríguez), Ania (Karen Arcís) y Saúl (Michel Labarta) para sostener una polifonía de conflictos y acumulaciones que, en su apariencia irreconciliable, estimulan el contrapunteo sin ofensas, la pluralidad sin exclusiones. “Uno puede amar a un país o a un hombre y estar en desacuerdo, ¿qué te parece?”, dice Tamara a Andrés. Y, poco más tarde, sin mucho más que decir, la sala queda otra vez a oscuras. El resto, va por el público.    

El gran tema de la fragmentación social y familiar que produce la migración desde la Isla vuelve a la escena, como ha estado también en las pantallas de nuestro cine o en la literatura. Esta vez, no obstante, Cuatro menos centra la atención en los jóvenes y su rol en el proceso de envejecimiento que Cuba experimenta desde hace algunos años. Las frustraciones de un hombre que, en su mediana edad, intenta terminar su doctorado; el conflicto de una familia que se ha desintegrado desde su propio surgimiento y cuya explicación, contradictoriamente, parece hallar en la propia fractura, se ven atravesadas por personajes y situaciones que discursan sobre la moral, la pertenencia, el vicio de la complacencia y la inmutabilidad, los dogmas y las voluntades.  

En unas líneas que compartió con La Jiribilla, correo electrónico mediante, Amado insiste en que con Cuatro menos le “ha ocurrido algo que le sucede a uno, con buena suerte, una vez en la vida: el texto es más actual ahora que cuando lo escribí”. La primera versión de la obra estuvo completa en el año 2006; pero la revisión final hubo de esperar hasta los primeros meses de 2008, justo el año en que fue premiada. “La realidad de los últimos meses ―explica el autor― actualiza ideas, criterios, sugerencias sutiles, como deben ser en el arte; pero nítidas, que cuando las escribí podrían parecer bastante críticas, un poco amargas y ahora tienen con mayor plenitud el sentido que siempre me animó: el afán de mejorar nuestra realidad desde adentro, con una mezcla de fidelidad e irreverencia. Más allá del valor artístico de mi texto, la puesta de Vi-Tal Teatro puede constituir una oportunidad más para el análisis social que se vive por estos días. Nada me complace tanto como que las dudas o las humildes sugerencias cívicas que propuse hace más de tres años, formen parte de algunas de las ideas que ahora mismo se están planteando para que nuestra sociedad sea más autocrítica, para conjurar los fantasmas del inmovilismo y sus consecuencias”.

El valor añadido que Amado del Pino le confiere a la puesta, en relación con el texto, impone para Vi-Tal Teatro un reto superior. Alejandro Palomino coincide con el autor en que Cuatro menos tiene ahora una actualidad más evidente que la que pudo tener en el 2008; incluso, alega que a la vigencia temática se le suma una mayor coherencia con el espíritu que hoy anima las reflexiones de los cubanos en torno al futuro de su nación. “Que nosotros los cubanos sepamos discutir y nos respetemos, estemos o no de acuerdo, es una de las claves de Cuatro menos y el espectáculo la apoya. Es una preocupación que se reparte no solo en el personaje guía, Andrés, sino también en Tamara, en Ania, Saúl, Susana y el Pollo, un personaje lleno de contradicciones, con un carácter y un temperamento sólidos dentro de la puesta en escena. Es un conflicto que ahora mismo podemos encontrar en cualquier lugar de la sociedad cubana”.  

SUSANA.  Se va.

SILENCIO BRUSCO. LA SIGUIENTE PREGUNTA DE ANDRÉS ES FORMAL. ÉL SABE.

ANDRÉS. ¿Para dónde?

SUSANA. ¿Quieres café?

SILENCIO INCÓMODO.

ANDRÉS. ¿Estás segura de que no hay peligro?

SUSANA. ¿Tú crees que yo la dejaría tirarse al mar?

ANDRÉS. Disculpa…

 SUSANA.  Ayer se lo confirmaron.

ANDRÉS. ¿Y tú?

SUSANA.  Bien, gracias. 

Además de haber recibido el Premio Carlos Arniches, Cuatro menos fue publicada por la importante colección Teatro Español Contemporáneo. La acogida que el texto recibiera en la nación europea trae a colación, nuevamente, preguntarnos por qué el tema de la emigración de los cubanos hacia otros países continúa siendo un tema atractivo fuera de la Isla, cuando el flujo de personas de una frontera a otra es uno de los signos que distinguen la contemporaneidad a nivel global. En su diálogo electrónico con La Jiribilla, Amado comentó las aristas que sobre este fenómeno propone en la obra, enriquecidas ahora con la experiencia de quien ha pasado los últimos cuatro años de su vida alternando entre una costa y otra del Atlántico.  

“La emigración demasiado politizada es responsable de viejos dolores para la familia y para la nación. Si algo de lo que se está planteando en los últimos meses me parece positivo es que, ¡al fin!, se procuren eludir las trampas de la perenne politización del irse o el quedarse; el entrar y salir. Ya en mi afortunada obra El zapato sucio apunté aquello de las planillas que preguntaban sin tregua: ¿Tiene familiares en el extranjero?”. 

Cada uno de los matices que apunta el autor, han sido cuidadosamente revisados para su traslación escénica por el director de Vi-Tal Teatro. Conocedores de la dramaturgia de Amado, algunos de los actores que encarnan los personajes protagonizaron dos de sus piezas anteriores: Néstor Jiménez, Penumbra en el noveno cuarto; Nora Elena Rodríguez, Triángulo. El proceso de montaje de la obra, como pudiera parecer, no sufrió la ausencia del escritor.
 

“Ha sido un proceso intenso ―explica Palomino, sudando tras el ensayo―. Amado dice de sí mismo que es un viejo del teatro, siempre cerca de los procesos de montaje. Primero sufrió la distancia con Celdrán, ahora con nosotros. Pero el trabajo se ha mantenido por correo electrónico y hasta por teléfono, para discutir juntos sobre la obra. En cuanto al proceso de dirección de actores, tan complejo, prefiero que el dramaturgo asista a los procesos de trabajo; pero en este caso no he sentido tanto la ausencia, por la preocupación constante que él ha manifestado. Hemos avanzado de manera muy orgánica”. Desde España, Amado del Pino confía en Vi-Tal, en la capacidad del director y sus actores para apropiarse del texto y ponerlo a consideración de los cubanos: “el grupo ama la obra, es respetuoso y comprendo que el teatro es un hecho vivo y cambiante. De ahí proviene uno de sus encantos fundamentales”.  

A partir del próximo 2 de septiembre y hasta el 9 de octubre, Cuatro menos se mantendrá en la cartelera del Brecht, uno de los más céntricos espacios teatrales de la capital cubana. Consciente de la expectativa que la cercanía del estreno mundial y absoluto de la pieza ha ido generando, el director de Vi-Tal Teatro confía en que “la gente va a disfrutarlo. Cuatro menos es una oportunidad para venir al teatro a discutir, a debatir, a polemizar. Desde la risa, las miradas, los mínimos roces o la conspiración, el espectador participará sin margen a la complacencia”.

 
 
 
 


galerÍa de imágenes

Ensayo de la obra Cuatro menos, de Amado del Pino

   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.