La Habana. Año X.
27 de AGOSTO al
2 de SEPTIEMBRE de 2011

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Recuerdos de fundadores
Harold Gramatges 

Cuando se inicia la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), esta nace a imagen y semejanza de Nuestro Tiempo para propiciar precisamente esa unidad dentro de la divergencia, por lo que al constituirnos como una institución con sus bases y su reglamento, creamos las distintas secciones: música, literatura, artes plásticas, artes escénicas y cine, radio y televisión que eran casi las mismas secciones que tenía el movimiento pero ahora con el nombre de asociaciones. Es decir, que hay un vínculo histórico entre la UNEAC y la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Todos aquellos jóvenes que formábamos parte de la sociedad, no se puede decir que nos integramos a la Revolución, sino que éramos la Revolución, éramos el intelectual revolucionario. 


Lisandro Otero 

En nuestra Unión de Escritores y Artistas quedó nítidamente señalado que desde los intelectuales que fundaron nuestra nacionalidad hasta quienes empuñaron las armas para defender nuestra Revolución socialista existía una continuidad. Un mismo latido, una misma razón, un mismo ímpetu es el que ha definido a nuestros creadores en su búsqueda de una transformación de la vida. Hubo escritores y artistas en Yara y en el Moncada, los hubo en Baire y en Girón, los hubo en la milicia y en la zafra, los hubo en las líneas antifascistas de España, en el Escambray, en las brozas de África, los hubo en todos los enfrentamientos, en todas las trincheras, en todas las lidias ideológicas. Y con ese mismo espíritu combativo y resuelto, la UNEAC continúa. 


Roberto Fernández Retamar 

No puedo en tan poco espacio intentar meter la historia inicial de la UNEAC: siglas que, entre paréntesis, no corresponden a “Unión Nacional, etc.”. La ene está allí para hacer pronunciable las iniciales, que de lo contrario parecerían una arcada. Recuerdo que auspicié su uso, mientras Luis Martínez Pedro diseñó su sello. Ya existían a la sazón el ICAIC y el ICAP, y luego nacería una fauna letrosa de la que iba a burlarse Titón en Muerte de un burócrata. Voy a limitarme a evocar dos momentos: Uno, la conferencia que en 1962 ofreció en los locales de la UNEAC un tal Roger Garaudy, quien, a una pregunta mía sobre por qué era tan mala la pintura soviética del realismo socialista, respondió desfachatadamente que en la Rusia de principios de la Revolución de Octubre no había una rica tradición plástica. Cuando le mencioné nombres como los de Chagall, los futuristas, los constructivistas y muchos más, replicó airado que así hablaban en su país los contrarrevolucionarios, a lo que yo correspondí diciéndole que así hablaban en el mío los ignorantes. La noche se puso tensa. El otro momento fue la Crisis de Octubre de ese 1962. Con motivo de la situación tan amenazante que vivíamos, propuse a Nicolás crear un Taller para producir los escritores y artistas obras emergentes. Nicolás acogió con entusiasmo la propuesta y encabezó dicho Taller, el cual, entre no pocas cosas, contó con un pequeño periódico así llamado, dirigido, creo, por Félix Pita Rodríguez. Nicolás, Pablo Armando, Luis Marré y yo estuvimos entre los muchos que escribimos entonces poemas de ocasión, el más bello de los cuales fue uno breve hecho por Marré.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.