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El pintor cubano René
César
Portocarrero Villiers es
uno de los artistas
emblemáticos de
la plástica
del siglo XX. Su
vinculación con la
gráfica creada por la
Revolución se inició con
la contribución de una
pintura para el cartel
que comunicó la
celebración del Primer
Congreso Nacional de
Escritores y Artistas de
Cuba (1961). Su primera
obra pictórica incluía el
texto “Primer Congreso
Nacional de Escritores y
Artistas. Agosto 18, 19,
20, 21, 22.
Defender la Revolución
es defender la Cultura”;
la configuración
visual consistió en el
dibujo de un arbusto
retoñando hojas de
diversas coloraciones,
que emergen de un tallo
erguido, símbolo de la
fuerza y la unidad entre
los intelectuales que
concurren a su congreso
en defensa de la
Revolución y la cultura.
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En ese congreso se
acordó crear la Unión
Nacional de Escritores y
Artistas de Cuba
(UNEAC), que agrupa en
su seno los más
prestigiosos artistas y
escritores del país y
que desde hace 50 años
labora para favorecer el
trabajo intelectual,
vincular sus obras con
las grandes tareas de la
Revolución, organizar
debates sobre la
creación literaria y
artística, defender la
nacionalidad cubana,
incrementar la
relaciones culturales
con otros países y
favorecer la formación
de nuevos talentos.
Esta organización contó
con el aporte de otros
destacados artistas de
las artes plásticas y
diseñadores gráficos.
Entre los creadores que
desde un primer momento,
al igual que René
Portocarrero, brindaron
su contribución gráfica
para la UNEAC,
estuvieron Raúl
Martínez, quien diseñó
el logotipo de identidad
de esa institución
cultural y Umberto Peña,
autor del cartel de
preeminentes
influencias políticas
para la primera
convocatoria en 1962,
del Primer Salón Anual
de la Unión de
Escritores y Artistas de
Cuba 26 de Julio
(Pintura, Grabado,
Escultura, Caricatura,
Foto. Galería de Bellas
Artes- julio 24 a agosto
30/62), donde situó el
logotipo de esa
institución fusionado
con los colores rojo y
negro, identificativos
del Movimiento 26 de
Julio, que bajo la
dirección de Fidel
Castro condujo a los
revolucionarios cubanos
a la victoria.
Este ejemplo de efectos
ideológicos en el cartel
cultural cubano fue
reflejo de las
condiciones que desde
los primeros años del
triunfo revolucionario
enfrentó el país,
bloqueado y hostigado
por la potencia
imperialista más
poderosa del mundo, y la
firme decisión de los
intelectuales de
mantenerse unidos,
defender a la
Revolución, y continuar
proyectando un arte al
servicio de los
intereses de las masas
populares, contra la
intromisión ideológica y
los patrones impuestos
del mundo occidental.
A mediados de la década
del 60, período de
máximo empleo y notable
ascenso
gráfico-comunicativo en
las nuevas versiones de
los carteles de la UNEAC
—al igual que de otras
instituciones
culturales— se asumieron
las influencias
plásticas y los códigos
gráficos polacos,
japoneses y
norteamericanos, con la
presencia en los diseños
del art pop,
art nouveau y el
op, de signos
abstractos o figurativos
y una metáfora visual
que traduce la
naturaleza de un mensaje
revolucionario, un
acontecimiento cultural
o la esencia de un filme
con mayor calidad
artística y eficacia
comunicativa.
En ese período además de
René Portocarrero, Raúl
Martínez y Umberto Peña
concurrieron con sus
aportes para la UNEAC
otros creadores como
Luis Martínez Pedro,
Salvador Corragé,
Carmelo González,
Alfredo Rostgaard,
Rafael Morante Boyerizo,
Pablo Casanueva, Héctor
Villaverde, Rolando Oraá
y Esteban Ayala Ferrer,
quienes contribuyeron a
enriquecer la cultura
visual de la población y
aportaron al diseño
gráfico una expresión
estética, estrechamente
fusionada con la
pintura, el dibujo y la
fotografía y vinculada a
las masas populares a
través de su relación
arte-pueblo. |