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Dos jóvenes
periodistas han traído
de vuelta al universo
editorial cubano el
nombre del escritor
Guillermo Cabrera
Infante, uno de los tres
Premios Cervantes
cubanos. Sobre los
pasos del cronista,
(El quehacer
intelectual de Guillermo
Cabrera Infante en Cuba
hasta 1965), de
Elizabeth Mirabal y
Carlos Velazco, fue
presentado este jueves
en la sala Villena de la
Unión de Escritores y
Aristas de Cuba (UNEAC).
El volumen
publicado por Ediciones
UNIÓN es el resultado de
la tesis de Licenciatura
de los autores y mereció
el premio UNEAC de
Ensayo Enrique José
Varona en el año 2009.
Víctor Fowler,
presidente del jurado en
esa ocasión, señala en
la contraportada que
Mirabal y Velazco
“rastrean los años
cubanos de Guillermo
Cabrera Infante y trazan
el contorno del
renovador polémico, así
como de una época de
efervescencia,
confrontación y sueños
entre los creadores
cubanos, en especial los
jóvenes”.
Asimismo, el
ensayista celebra la
recuperación de la
memoria como “un acto de
justicia para con la
persona y su acción, un
ejercicio de salud que
mejora nuestra
comprensión del pasado”.
Un amplio uso de
fuentes vivas y
documentales ganan para
la obra, a decir de su
presentador Luis Álvarez
Álvarez, un discurso
polifónico de voces a
veces contrapuestas o
discordantes, que va más
allá del recorrido
biográfico de una figura
para profundizar en “el
significado del hecho
cultural protagonizado
por la nueva
generación”. Entre los
entrevistados se
encuentran escritores y
personalidades como
Antón Arrufat, Ambrosio
Fornet,
Pablo Armando
Fernández, Matías Montes Huidobro, Fausto Canel,
entre otros.
Desde su infancia en Gibara hasta la
salida de Cuba en 1965
en funciones de
diplomático, el libro
repasa etapas poco
conocidas en la vida de
G. Caín, seudónimo con
que firmaba sus críticas
de cine. Así examina su
condición de Consejero
del Instituto Cubano del
Arte e Industria
Cinematográficos, las
polémicas en torno al
semanario
Lunes de
Revolución que él
dirigía, su trayectoria
periodística en la
revista Carteles,
su obra como crítico de
cine, etcétera.
A decir de
Álvarez Álvarez, los
autores ofrecen con esto
una prueba tangible de
su capacidad
investigadora cabal y de
la comprensión crítica
de una de las más
grandes y controvertidas
figuras de las letras
cubanas.
Elizabeth Mirabal
y Carlos Velazco han
merecido en el género de
prensa escrita los
premios nacionales de
periodismo cultural
Monchy Font 2006 de la
UNEAC y Rubén Martínez
Villena 2006 y 2008 de
la Asociación Hermanos
Saíz. Para Mirabal, el
libro no es un alegato a
su favor o al de sus
detractores ni pretende
reivindicarlo como un
gran escritor porque no
es necesario. “No busca
sentar verdades eternas,
sino abrir mucho camino.
La única distinción que
quizá no nos abandone,
es que fue el primer
libro publicado en Cuba
dedicado por entero a
Guillermo Cabrera
Infante”, acentuó.
Narrador,
ensayista, crítico y
guionista de cine,
Cabrera Infante (Gibara,
Cuba, 22 de abril de
1929 -
Londres, 21 de
febrero de 2005) se
convirtió luego de
instalarse en Londres en
1968 en detractor del
proceso revolucionario
cubano.
Ello le llevó a
negar que sus obras
fueran publicadas en
Cuba, una labor que aún
después de su muerte
permanece infructuosa
pese al interés mostrado
por algunas editoriales
en el país.
Su primera
novela, Tres tristes
tigres, fue
publicada en 1966 y
deslumbró a lectores y
críticos debido a la
ingeniosa utilización
del lenguaje coloquial y
de la intertextualidad y
junto con La Habana
para un infante difunto
(1979), se encuentra
entre sus obras más
logradas. Entre sus
textos publicados en
Cuba está
“En el gran ecbó”, aparecido en
La ínsula fabulante,
compilación de cuentos
incluida en la colección
50 aniversario, con la
que el Instituto Cubano
del Libro celebró el
medio siglo de la
Revolución.
Otros de sus
títulos más
significativos son
Vista del amanecer en el
trópico (1974),
Exorcismos de esti(l)o
(1976) y ensayos como
Vidas para leerlas
(1998). En 1997 recibió
el Premio Cervantes, uno
de los más importantes
de la Lengua Española,
que también fueron
concedidos a sus
compatriotas Alejo
Carpentier y Dulce María
Loynaz.
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